1991: El Papa Juan Pablo II visita la iglesia de San Alfonso de Roma

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En la mañana del domingo, 30 de junio de 1991, el Papa Juan Pablo 11 ha visitado nuestraiglesia y comunidadde San Alfonso de Roma. La invitación para esta visita se la hizo el Go­bierno General, pero ya el mismo Juan Pablo II había expresado su deseo de visitar nuestra iglesia en la que se venera el icono de la Vir­gen del Perpetuo Socorro.

El punto principal del programa de visita ha consistido en la celebración de la Euca­ristía; con él han concelebrado el P. Lasso, Superior General, P. Kratz, Vicario General, los Superiores provinciales de Roma y de Ná­poles, el P.Cannon, presidente de la Academia Alfonsiana y el P. Boutin, rector de la casa. Otros Redentoristas de la Provincia romana y napolitana se añadieron a la comunidad para la ocasión. Estaba presente el Cardenal Ruini, Vicario del Papa para la Diócesis de Roma desde el 29 de junio, y el Cardenal Bevilacqua, arzobispo de Filadelfia, designado como titu­lar de nuestra iglesia.

En su homilía dijo el Papa: Saludo con afecto a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas que tomáis parte en esa celebración litúrgica. En particular saludo al Superior Ge­neral de los Redentoristas, P. Juan M. Lasso de la Vega, los Consejeros generales, los reli­giosos de esta comunidad y, a través de ellos, a todas las comunidades de vuestro Instituto esparcidas por el mundo. Os expreso mi sin­cero aprecio por la obra que realizáis, fieles a las enseñanzas de San Alfonso, el cantor de las “Glorias de María”. Y doy gracias a la Vir­gen por la oportunidad que hoy me es dada de encontrarme bajo su bendita mirada.

Han pasado 125 años desde aquel 26 de abril de 1966, en que el Papa Pío IX confió a vuestro Instituto la difusión del culto a la Vir­gen del Perpetuo Socorro. Desde entonces no habéis cesado de velar con amor por este icono bizantino, venido del Oriente y llegado a ser punto de referencia para los fieles que vienen a rezar en ese templo [ … ].

El icono pone delante el misterio de la di­vina maternidad mientras invita a la con­fianza, resalta el papel que la Virgen ejerce en cada creyente. María es madre de la espe­ranza y de la bondad, madre de misericordia y de gracia [ … ).

A todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, que frecuentáis este lugar sagrado, os digo: tomad estímulo de esta celebración para renovar vuestra devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro, que contempláis delante. No olvidéis que la Virgen ocupa, después de Cristo, el lugar más alto y más cercano a nosotras (Lumen gentium, 56) y “está comprome­tida con todos los necesitados de salvación” (ídem, 53).

No olvidéis las palabras de San Alfonso María de Liguori, que observa que “todo bien, toda ayuda, toda gracia que los hombres han recibido o recibirán en el futuro, todo viene y vendrá por intercesión y por medio de María” (Opere Ascetiche, Roma 1936, vol. VI, p.110).

Al final de su homilía, el Papa rogó:

“Signo grandioso de nuestra esperanza, te in­vocamos/ Oh, Virgen del Perpetuo Socorro/ Santa Madre del Redentor/ socorre a tu pue­blo, que anhela resurgir/ da a todos el gozo de caminar hacia el tercer milenio/ en consciente y activa solidaridad con los más pobres/ anun­ciando de un modo nuevo y valiente/ el Evan­gelio de tu Hijo/ fundamento y cima de toda humana convivencia/ que aspira a una paz verdadera, justa, y duradera./ Como el Niño Jesús, que admiramos en este venerado ico­no/ también nosotros queremos estrechar tu mano derecha./ No te falta a ti ni poder ni bondad/ para socorrernos en cualquier nece­sidad y situación./ i La hora actual es tu hora!/ Ven, pues, en nuestra ayuda/ y sé para todos el refugio y la esperanza./ Amén”.

Después de la misa, los Redentoristas se reunieron en la sala común con el Papa, que saludó a cada uno de ellos.

El Padre General dirigió un saludo al Papa, expresando el gozo por la visita y la gra­titud por la misma. Después resaltó lo mucho que hemos hecho por la propagación de la de­voción a la Virgen del Perpetuo Socorro, como el Papa mismo se ha podido dar cuenta al visitar nuestra iglesia de Baclaran, Filipinas. En las palabras que nos ha dicho en la homi­lía, hallamos la renovación del encargo dado por Pío IX, el único Papa que hasta ahora ha­bía visitado nuestra iglesia: “Dadla a conocer en el mundo entero”.

Y el Padre General continuó: “¡Reden­ción, Redentoristas, Congregación del Santísi­mo Redentor! San Alfonso nos ha fundado para que, siguiendo al Redentor, busquemos

‘ el hacer efectiva la copiosa redención, que salva y libera los hombres, todo el hombre. En la fidelidad a este empeño, durante los últimos años hemos buscado valorar y cribar, desde la misma Congregación, la realización concreta de la misión que tenemos confiada, con el in­tento de descubrir nuevas iniciativas para acercarnos a los más abandonados y más po­bres, “evangelizare pauperibus misit me”. Y también en esto la Virgen nos es un modelo.”

Luego aludió el orador a algunos hechos del Juan Pablo II que le ponen en referencia con nuestra Congregación. Efectivamente, fue elegido Papa el 16 de octubre, fiesta de San Gerardo; publicó su primera encíclica “Re­demptor hominis” el 15 de marzo, fiesta de San Clemente; y ha titulado otras encíclicas suyas “Redemptoris Mater”, “Redemptoris missio” .

El Padre General concluyó así: “Los aquí presentes, representantes de los 6000 Reden­toristas esparcidos por el mundo, forman di­versas secciones de esta gran comunidad de la casa generalicia: Consejo general, Academia Alfonsiana, Colegio internacional, Instituto Histórico, Archivo general, a los que se han añadido hoy miembros de Italia y de otros países, unidos todos en torno a Vuestra Santi­dad con el común deseo de llevar al mundo una redención copiosa, invitar a los hombres a abrir las puertas a Cristo, Redentor del hom­bre, bajo la protección socorredora de la Ma­dre del Redentor.

¡Gracias, Santo Padre! Dígnese Su Santi­dad acoger el humilde homenaje de nuestra Congregación, es decir, la afirmación de nues­tra fidelidad y de nuestro compromiso al servi­cio de la Iglesia”.

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En su respuesta, Juan Pablo II dijo: Que­rría añadir una palabra muy personal sobre el encargo que os dio el Papa Pío IX. Recuerdo que durante la última guerra, en el período de ocupación nacista de Polonia, era yo obrero en una fábrica de Cracovia. Por la tarde, al volver de la fábrica a casa, me paraba siempre en una iglesia, precisamente la de los Redentoristas, que se encontraba en mi camino de vuelta. En aquella iglesia había una imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro. Cuántas veces me detuve ante ella, y no sólo porque me caía de paso, sino también porque la hallaba muy bella. Volvía visitar tal iglesia aún después de ser obispo y Cardenal de Cracovia. He predi­cado en ella muchas veces y he administrado sacramentos, sobre todo el de la confirmación. Por eso, es fácil de entender que, al venir hoy aquí, es como si hiciese un viaje hacia mi pa­sado, hacia mi juventud.

Agradezco a la Providencia divina, agra­dezco a la Virgen del Perpetuo Socorro que se me ha mostrado Perpetuo Socorro en cir­cunstancias tan difíciles.

El Papa recordó a San Alfonso, maestro de espiritualidad, teólogo moralista Doctor de la Iglesia. Después mostró su aprecio de la labor de los Redentoristas que ya conocía en su patria Polonia, y se refirió especialmente a la actividad de los Redentoristas en Ucrania.

Hablando a todos, dijo: “Tenéis vuestro puesto, vuestra tarea y vuestra responsabili­dad pastoral y doctrinal en la Iglesia. Os deseo continuéis bien, aquí en Roma y en todo el mundo vuestra misión para la redención de los hombres. ¡La mies es mucha!”

El Padre General regaló al Papa una re­producción del icono de la Virgen del Perpe­tuo Socorro y una edición, la de 1779, en tres volúmenes, de la Teología Moral de San Al­fonso.

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