Orígenes de la presencia redentorista en el corazón de Brasil

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“Cristianizar la Peregrinación de “Barro Preto””. Con este objetivo, Mons. Eduardo Duarte da Silva, obispo de Goiás, centro de Brasil, viajó hasta Alemania hacia 1891 para pedir ayuda a los misioneros de la Congregación del Santísimo Redentor. El 12 de diciembre de 1894, con la fundación de la residencia de “Campininha das Flores”, hoy Campinas, barrio de la capital Goiânia, estado de Goiás,  dio comienzo en esta ciudad la historia de amor, entrega y labor pastoral de los Redentoristas.

El 29 de mayo de 1895 tuvo lugar la entrada oficial de los Redentoristas en Barro Preto. Pero hasta 1924, los religiosos no pasaron a tener residencia permanente en la ciudad que, en aquel entonces, era ya conocida como Trinidad. La presencia de los Misioneros Redentoristas, sacerdotes y hermanos, y el espíritu de San Alfonso María de Liguori, fundador de la Congregación, transformaron poco a poco la fisonomía de las Peregrinaciones. Esto se hizo mediante un proceso de formación de la fe de los fieles, a través de la fundación de nuevas comunidades, mediante la labor de organización eclesial de la diócesis, a través de la fundación de nuevas parroquias, y atendiendo a todo el Pueblo de Dios sin ahorrarse esfuerzo alguno ni arredrarse ante las distancias que tenían que recorrer.

Mons. Eduardo Duarte da Silva asumió el gobierno pastoral de la Diócesis de Goiás en 1891. Conocía la realidad de la gente que vivía en lugares muy apartados de la costa y lejos de la civilización y, con especial atención, se preocupó pastoralmente de las peregrinaciones a Barro Preto que, cada primer fin de semana de julio, reunía a mucha gente sin la suficiente asistencia religiosa por parte de la Iglesia. El obispo fue a Europa en busca de una Congregación religiosa que atendiera a dichas peregrinaciones, que se hiciera cargo de predicar misiones en las tierras del sur de la diócesis, y que atendiera la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de Campininhas, Goiás, hoy ciudad de Goiânia y capital del estado.

El Obispo visitó a diversos superiores de distintas Congregaciones religiosas, entre ellas al entonces Superior General de los Redentoristas, P. Matías Raus, pero sin obtener la respuesta positiva que desaba. A estas alturas, Mons. Eduardo se encontraba ya muy desalentado. Según Mons. Francisco Ignacio de Souza, que acompañó al Obispo en su viaje, aquella noche el Padre Matías soñó con el fundador de la Congregación, San Alfonso María de Liguori. Al día siguiente  pidió ver a Mons. Eduardo y le recomendó que fuera a Baviera y hablara con el Superior Provincial, P. Antonio Shopf, que éste enviaría a Goias a un grupo de misioneros.

Mons. Eduardo fue a Alemania y concertó con los Redentoristas los detalles del viaje del grupo de Misioneros a Brasil. Después, tuvo conocimiento de que la mitad de aquel grupo debería quedarse en São Paulo. Para Goiás fueron destinados los Padres Gebbardo Wiggerman (Superior), Juan de Mata Spath, Miguel Siebler, y el clérigo Lorenzo Hubbauer además de los hermanos Norberto Waggenlehner, Ulrico Kammeier, Gebardo Konzet, y Floriano Grilhist.

El 20 de septiembre de 1894, el grupo pionero de  misioneros se reunió en el monasterio bávaro de Gars donde recibió la visita del Superior General que les dio orientaciones sobre los desafíos a los que tendrían que hacer frente en Brasil. El Padre Matías los bendijo con una bendición que fue, sin duda alguna, la bendición del propio Alfonso María de Liguori, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor destinada a atender a los más abandonados, en las montañas olvidadas de Nápoles  y (¿por qué no?) en las tierras del interior de Brasil, apartadas de la civilización. Ésta fue la impresión del propio Superior de la misión, P. Gebardo, un año después de su llegada al país: “Estoy seriamente tentado a decir que la Congregación fue fundada especialmente para Brasil”.

Fueron 16 días de travesía. La llegada a Río de Janeiro tuvo lugar el 21 de octubre de ese mismo año. Los que fueron destinados a Goiás abandonaron Río el 5 de noviembre. En compañía de Mons. Eduardo, siguieron por tren hasta Uberaba; fue un viaje que duró dos días. A lomos de caballo, partieron de allí hacia Campininhas de Goiás el 17 de noviembre. El viaje duró 26 días en los que recorrieron los 480 kilómetros que los separaban de su lugar de destino.

La odisea terminó a las 13 horas del 12 de diciembre de 1894. Llovía torrencialmente entonces. Completamente empapados, llegaron finalmente a su destino. Fueron recibidos por el Vicario, P. Ignacio de Souza. Ante la iglesia matriz de la “Senhora da Conceição”, entonaron un Te Deum de acción de gracias a Dios y a la Virgen María. El viaje terminaba entonces; comenzaba ya lo que sería la misión redentorista en Brasil Central.

 (Traducción: P. Porfirio Tejera, CSsR)

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