Deseos y Speranzas: Una historia vocacional desde Kenia

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Cuando era un jovencito, me preguntaba sobre lo que significaba que las personas hablaran del llamado de Dios y la dedicación a la vida consagrada como sacerdote religioso, hermano o hermana.  Con menorentendimiento, me sentía confundido.  ¿Cómo llama Dios a la gente?  ¿Habla Dios como normalmente hablamos nosotros? ¿Cómo sabe uno si está siendo llamado por Dios? Pasé un año con los Redentoristas discerniendo y reconociendo el llamado de Dios.  Poco a poco comprendí el propósito de mi vida. Recuerdo las lecciones que aprendí de las clases de catecismo, que Dios nos ha creado con un objetivo, para conocerlo, amarlo, servirle y finalmente llegar a vivir con él en la eternidad.  Los planes de Dios para nosotros son para nuestro bienestar, no para nuestra destrucción, y que están llenos de esperanza para el futuro (Jer 29, 11).  Allí aprendí que el propósito de mi vida es cumplir con la invitación tripartita, es decir, estar con Él, amarlo y servirle de todo corazón.

Después de mi escuela secundaria, muchos me preguntaban: ¿Qué vas a hacer?  Para responder a esta pregunta tuve que ir profundamente a mi interior para reconocer y seguir el anhelo natural que Dios había puesto en mí, es decir, estar con él, amarlo y servirle.  Aquí quiero recordar las palabras del difunto padre Cothurai Congan: “Tomás, si tú quieres servir a Dios debes dedicarte a él.”  Una verdadera dedicación a Dios me ayudó a responder a la invitación tripartita.  De modo que, no importa cuál sea tu propósito en la vida, puede alcanzarse mediante la dedicación genuina.

La dedicación verdadera y el compromiso con Dios no es una tarea fácil.  Hubo momentos en que me encuentro moviéndome de orientación a la desorientación, y luego algunas veces a la reorientación.  Aquí es que la palabra de Dios me nutre y me guía.  “Mi hijo, cuando vienes a servir al Señor, prepárate para las pruebas, se sincero de corazón y constante, imperturbable en los momentos de adversidad, agárrate de Él, no lo abandones, y entonces tu futuro sea grandioso (Sir 2, 1-3).  La palabra de Dios que está viva y activa me anima y ayuda a cumplir mi propósito en la vida.  Nuestro formador frecuentemente dice: “Sin la oración y siendo insinceros con uno mismo, con Dios y con los demás, no hay formación.  Más bien hay deformación.”

Aprender a ser obediente es un gran reto.  Fallo muchas veces pero estoy listo y dispuesto a caminar por el camino de Cristo con corazón humilde.  Dios dice: “Yo iré delante de ti y haré llana la montaña, derrumbare las puertas de hierro, y romperé las barras de hierro.  Te daré tesoros desde la oscuridad, y riquezas que han sido ocultadas.  Para que sepas que yo soy el Señor, Dios de Israel, quien te llama por tu nombre” (Isa 45, 23).  Como aspirante, estoy consciente de que estoy llamado a la viña de Cristo, para convertirme en Redentorista, quien sirve a Cristo predicando la Buena Nueva a los más abandonados.  Creyendo que “Con Él hay abundante redención”, abrazo mi llamado de todo corazón.

BRO. THOMAS MBOGO. M.

 (Traducción: P. Jorge R. Colón, CSsR)

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