1999: Una viceprovincia joven y con mucha resistencia en el norte de Argentina

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Durante la última cuaresma, dos miembros del Gobierno General hicieron la Visita de la Viceprovincia de Resistencia; aprovecharon también para encontrarse con los gobiernos provinciales de Buenos Aires y de Santiago de Chile.

Resistencia es una ciudad del norte de Argenti­na, en pleno “Chaco” o llanura extensa y cálida, a la altura del trópico de Capricornio. Allí está la sede de la misión fundada por los cohermanos polacos hace 60 años y creada como Viceprovincia en fe­brero de 1955.

Los primeros que llegaron fueron los Padres Müller y Misiaszek, que habían trabajado antes en­tre los emigrantes polacos en Brasil. El 15 de mar­zo de 1938 se establecieron en Charata donde han venido atendiendo pastoralmente una vasta zona del Chaco. Posteriormente, ampliaron su trabajo hasta Villa Angela (1940), cubriendo así gran parte de la Provincia del Chaco e incluso de la vecina Provin­cia de Formosa donde las comunidades indígenas eran más numerosas. En los años sesenta, la Viceprovincia inició su presencia en la zona de Misiones, Provincia de Argentina. El nombre se lo debe a las reducciones que allí tuvieron los jesui­tas. En Misiones se formaron tres comunidades: Po­sadas, San Pedro y San Vicente.

Vino, después, la ampliación hacia el sur con las comunidades de Quilmes y La Plata, cerca de Buenos Aires, y, más al sur, Darregueira. Durante un quinquenio, a partir de 1993, se realizó un espe­cial trabajo misionero en Matará, diócesis de Añatuya. Para hacerse una idea de las distancias entre las diversas casas, baste decir que, de norte a sur (entre Darregueira y San Pedro, p.e.), hay unos 2.000 kilómetros.

En este momento, la Viceprovincia está consti­tuida por 52 profesos (de ellos, 39 presbíteros, 1 diácono, 2 hermanos y 1 O estudiantes de votos tem­porales), y 6 Postulantes. De los 52 profesos, 19 son argentinos y el resto polacos. La media de edad de los profesos es de 48 años.

Desde el principio, en los años cuarenta, se im­pulsó la creación del seminario menor en Charata; posteriormente estuvo en Resistencia y en San Pe­dro. Ninguno de estos intentos, sin embargo, dio los resultados apetecidos. Los pocos candidatos que perseveraban iban a la vecina Provincia de Buenos Aires para formarse allí.

A partir de 1986, la formación se organizó en la misma Viceprovincia. La Casa de Formación se construyó, precisamente por esto, en La Plata. Fun­ciona allí, desde el 15 de marzo de 1989, como “Es­tudiantado del Santísimo Redentor”. Se encuen­tran allí los profesos (teólogos) y los postulantes (filósofos y de propedéutico). Los seminaristas ha­cen su preparación académica en el Seminario Archidiocesano de La Plata. El Noviciado se en­cuentra en la comunidad de San Pedro (Misiones).

Lo más característico de esta Viceprovincia ha sido su atención pastoral, desde el principio, a las numerosas familias diseminadas en extensas zonas de colonización del Chaco y de Misiones. A los pocos nativos de la zona fueron agregándose, poco a poco, inmigrantes italianos, alemanes y polacos, dedicados a la agricultura. Más recientemente, los inmigrantes han venido de Brasil y de Paraguay. Es decir, la pastoral ha tenido que hacer frente a una realidad multiétnica y con los problemas pro­pios de los emigrantes: desarraigo, improvisación, desconfianza, grupismo. Pero también con grandes cualidades como: deseo de superarse, colaboración, austeridad.

Caso típico es el de San Vicente. Hace 30 años, apenas si era un punto en la carretera que entonces se construía. Poco a poco, algunas familias comen­zaron a talar árboles y a comenzar a cultivar terre­no para instalarse allí. Los redentoristas iban, en algunas ocasiones, a celebrarles la misa. Finalmen­te, el Padre Jorge Maniakdecidió quedarse de for­ma definitiva entre ellos a fin de organizarlos y crear lo que después sería la parroquia. Aún no le habían dado nombre. Dadao que en la Catedral de Posadas se regalaban algunas estatuas que algún párroco ico­noclasta dejara por allí, el Padre Jorge fue a ver lo que conseguía. Le tocó una estatua, no muy gran­de, de San Vicente. La gente, al verla, se enamoró del santo y quiso su nombre para el pueblo que es­taba naciendo. Se llamaría, por lo mismo, “San Vi­cente”. La casa parroquial hacía de escuela, deban­co, de residencia de maestras, de correos, en fin, de todo. Ahora, San Vicente tiene unos 30.000 habi­tantes; cuenta con calles bien trazadas y tiene va­rios centr.os de educación primaria y media. Es toda una ciudad del interior. Tiene, además, una inmen­sa y hermosa iglesia que todos llama “la catedral”. La gente reconoce que sin el Padre Manik no exis­tiría San Vicente. Le han dedicado, en reconoci­miento, una de las calles principales, la que atra­viesa la plaza central, entre la casa parroquial y la iglesia.

Al igual que en San Vicente, en Charata, en Vi­lla Angela, en San Pedro, etc., la Congregación del Santísimo Redentor está en el centro de la plaza y del corazón de todos sus habitantes.

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