Giuseppe Orlandi: Una vida vivida con espíritu de observación y con pasión

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GIUSEPPE ORLANDI (1935-2013)

(L ‘Ace. NazSciLett. Arti di Modena Memorie Scientifiche, Giuridiche, Letterarie Ser. VIII, v. XVI (2013), “Atti” (Actas) ha publicado el siguiente artículo firmado por Matteo Al Kalak, que reproducimos fielmente)

El Padre Orlandi es uno de esos personajes prestos a adentrarse en los intrincados  vericuetos, formales e históricos, de una singular época de la cultura católica italiana. Nacido e1 8 de julio de 1935, fue ordenado sacerdote el 25 de octubre de 1959. Concluida su especialización en Historia Eclesiástica, Arqueología Cristiana  y Archivística, desempeñó, primero, el cometido de docente en Cortona y, posteriormente, el de Profesor en la Pontificia Universidad Lateranense.

Clérigo y estudioso, se formó al abrigo del Concilio Vaticano II y fue heredero – como otros religiosos de su tiempo –  de una tradición erudita, surgida a la sombra de los archivos y, tras los importantes cambios conciliares, francamente abierta a los nuevos métodos de investigación a los que la “primavera de la Iglesia” dio finalmente legitimidad. Signos de esta herencia fueron la minuciosa  precisión en el dato, a veces de cirugía documental, la búsqueda de la noticia puntual, las  referencias archivísticas que permitían descender a lo profundo de la investigación realizada, y la posesión de una visión de conjunto capaz de situar pequeños y grandes acontecimientos en un marco amplio, en el contexto de una historia leída e interpretada al margen de los moldes de la apologética, aunque sí sometida a la horma de la ortodoxia. En este sentido, son los propios temas de su investigación los que revelan aquello que atraía su interés y, quizás también, los que sugieren por qué sus investigaciones se centraron ante todo en una época de transición – para la Iglesia y para la humanidad – , una época que abandonaba el antiguo régimen del Setecientos para adentrarse en una modernidad atormentada  como la del Ochocientos, compuesta de extraordinarias fugas hacia adelante – la de Napoleón en  1848 – y las de los fallidos intentos de Restauración. Y si quiere hallarse en los estudios de Orlandi  una clave unificadora, ésta se encuentra en el intrincado trabajo sobre la sociedad estense (N. del T.: sociedad de la zona de Módena y demás territorios vinculados al título del Este) y en los repliegues de sus “religiosidades”, políticas y espirituales, que hay que abordar: la masonería, el quietismo, el satanismo, los cultos revolucionarios, y la fe popular que alcanza a veces los límites de la superstición. Todos esos temas son cualquier cosa menos fáciles de comprender  y, mucho menos aún, de desentrañar para un sacerdote que lleva a cabo sus estudios en unos años de fuertes tensiones dentro de la Iglesia sobre cómo afrontar lo moderno,  en el sentido de “aggiornamento” conciliar, y cómo abordar la relación entre historia del hombre e historia de la salvación.

Como en todo estudioso, en Orlandi se encadenaba la curiosidad personal con los intereses del investigador y las conexiones problemáticas que planteaba el pasado para poder descifrar el presente. Trató de encontrar en la historia ideas para hacer frente a lo nuevo en una sociedad cambiante.

Importantes a este respecto son sus profundos estudios sobre las misiones populares, la atención prestada a la dimensión rural y – no olvidemos ya – el inevitable parangón con la figura y enseñanzas de Alfonso María de Liguori, fundador de la Orden a la que pertenecía Orlandi. Pero los orígenes modeneses del redentorista, tan amante del Setecientos que lo hizo punto focal de muchas de sus investigaciones, no podían sino inclinarlo a abordar otro parangón: el de Ludovico Antonio Muratori, sacerdote, historiador y estudioso, abierto  a las demandas de renovación religiosa y cultural de su época pero dentro de una complicada relación de fidelidad a la Iglesia.

Dentro de estas coordenadas intelectuales, con una mirada franca sobre la historia, se consumó la historia de Giuseppe Orlandi que, hasta su muerte ocurrida el 11 de agosto de 2013, continuó  esforzándose en el cometido que jamás abandonó a pesar de su implicación en labores pastorales.

Una vida vivida con espíritu de observación y, sobre todo, con la pasión de alguien que sabe que la historia – tanto sea en los archivos como en el mundo – siempre tiene algo que decir y que enseñar.

 (Tradución: P. Porfirio Tejera, CSsR)

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