Sor Bárbara y Nuestra Madre del Perpetuo Socorro

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No tardó en aflorar y empezar a crecer el talento artístico de la pequeña Bárbara Gwendolyn Armstrong. Sus infantiles bocetos y dibujos comenzaron a ser cada vez mejores. En el colegio, ganaba premios y concursos.

“Me sentía atraída por la pintura y el dibujo;  me gustaban mucho” – decía Bárbara. Durante su adolescencia ese don fue desarrollándose.

 Siendo joven adulta se convirtió al catolicismo y se bautizó en la iglesia francesa de la Inmaculada Concepción en Windsor, Ontario, Canadá. Le resultó fácil adoptar la fe católica pues ya era una cristiana. Como le gustaba el canto y pronto aprendió todos los himnos, se incorporó al coro de la iglesia y comenzó a unirse a las prácticas devocionales al Perpetuo Socorro. “Al principio no me gustaba el Icono porque yo no estaba acostumbrada a los iconos, sólo a las imágenes” – dijo. “Le presenté a la Santísima Madre una intención especial que había estado pesándome en el corazón y recibí respuesta. Esto me dio confianza en ella y que amara a Nuestra Madre del Perpetuo Socorro”.

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Bárbara, jamás hubiera imaginado que un día se encontraría copiando el Icono. Cuando en 1947 ingresó como postulante en las Madres Redentoristas de Toronto, Ontario, Canadá, comenzó para ella un nuevo capítulo en su vida.

La Superiora, Madre María Celeste, le preguntó por sus aptitudes y por lo que le gustaba hacer. Bárbara le respondió que lo que le gustaba era dibujar, el dibujo y la pintura. Para comprobar sus cualidades, la Madre María Celeste le dio a Bárbara una imagen de San José que guardaba uno de sus benefactores  y le pidió que pintara un cuadro como aquel. Bárbara lo hizo tan bien que la Superiora continuó dándole  más y más obras de arte. Como era  versada en arte, la Superiora entonces miraba un cuadro y sugería un trazo aquí, un color más oscuro allá, un toque en el otro lado o un retoque final.

 Al trasladarse la comunidad de Toronto a Barrie, Ontario, la Hermana Bárbara aceptó afrontar el reto del Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro. Éste fue el trabajo que se le asignó para lograr ingresos destinados a la reciente fundación que entonces acababa de llegar de Chudleigh, Inglaterra. El P. John Lockwood, Redentorista de la Provincia de Toronto, hizo de “representante” suyo no formal. La Hermana decía cómo iba aumentando  continuamente su admiración por el Icono.

 Al igual que el Santo Padre encargara a los Redentoristas dar a conocer el Icono, la Madre María  Celeste dijo a la Hermana Bárbara: “Tu vocación es pintar cuadros de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro”. Y lo hizo en más de 20 ocasiones. La mayoría de sus iconos son del tamaño del original. “Había visto algunas fotos en las que el icono llevaba una corona de joyas artificiales, pero nunca encontré la forma de ponerle  una corona. Además, yo quería que el icono se pareciera  al original” – decía.

 El Hermano Dan Korn, de la Provincia de Denver y especialista en iconos, elogia el trabajo de Sor Bárbara y dice que está impresionado por los detalles y exactitud de sus iconos, especialmente no habiendo tenido antes ninguna formación especializada  en iconos.

 Aunque Sor Bárbara se muestra un tanto tímida cuando se habla de copiar el Icono, dice que ha sido una experiencia muy de oración – aunque, en ocasiones, exigente –. Desde entonces han disminuido  sus pinturas, pero lo producido como fruto de su labor de amor puede contemplarse, no obstante, en diversos lugares de Estados Unidos y Canadá.

 Sor Ann Marie, O.Ss.R.

   (Traducción: P. Porfirio Tejera CSSR)

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