Un Solo Cuerpo: San Clemente, Apóstol Mariano

0
561

Introducción

El Gobierno General ha proclamado el año 2020 – 2021 como año jubilar en honor del “segundo fundador” de la Congregación, San Clemente María Hofbauer. Los años jubilares evocan muchas emociones. Para la Congregación señalan la forma cómo ella ha venido creciendo en el tiempo, y para nosotros como redentoristas despiertan emociones que conecta nuestras vidas con nuestros cimientos espirituales. En esta reflexión me gustaría centrar la atención en la devoción Eucarístico-Mariana de San Clemente, en la cual cualquier redentorista (consagrado, sacerdote, laico asociado) puede encontrar también la fuente de inspiración, fortaleza, esperanza y redención.  Los frutos de esta devoción pueden ser cosechados por igual, tanto por los destinatarios de nuestro ministerio pastoral, como por nosotros mismos.

Cuatro características fundamentales de la oración cristiana es que sea sincera (Sal. 17, 1 – 2), humilde (Lc 18, 9-14), confiada y perseverante (Lc 18, 1 – 8). Esto es cierto también para cualquier discípulo que sigue a su maestro: debe ser sincero, humilde, confiado y perseverante. Una mirada cercana a la vida de San Clemente María Hofbauer nos deja ver a un alma que también busca la voluntad de Dios con humildad, sinceridad, confianza y con un auténtico espíritu de perseverancia. El mundo del tiempo de Clemente era un mundo agitado y turbulento. Pero a pesar de los innumerables desafíos y dificultades que San Clemente tuvo que soportar como “auténtico discípulo de San Alfonso,” siguió gozosamente a Cristo Salvador, renunciando a sí mismo y siempre dispuesto a lo arduo (cf. Const. 20). Cada vez que una puerta se cerraba, Clemente Hofbauer lograba superar sus límites o lograba abrirse paso atravesando las altas murallas que obstruían el camino y le impedían llevar la Abundante Redención al pueblo de Dios. Escribiendo a sus compañeros en Varsovia decía: “Si ustedes pudieran ver con cuánto entusiasmo estudiamos los mapas de América del Norte pensarían que hemos perdido la cabeza.” Esa era la pasión indomable de este Redentorista por llegar hasta el fin del mundo.

San Clemente, el apóstol eucarístico-mariano

San Clemente era incansable en la búsqueda de las almas apartadas de la vida de la gracia, especialmente los más abandonados y los que se encontraban en el lecho de muerte.  No esperaba a que los ambientes políticos se pacificaran para predicar el Evangelio. En cambio, convertía un tiempo difícil y hostil en un terreno fértil para predicar el Evangelio. Una herramienta utilizada por el Santo fue su cercanía al Santísimo Sacramento y a la celebración de la Eucaristía. Por ejemplo, durante su estancia en Varsovia, introdujo lo que él llamó las misiones perpetuas. Las misiones perpetuas eran centros eucarísticos donde se predicaban cinco sermones cada día, acompañados de tres misas principales. Las tardes, durante algunos días, eran dedicados al Viacrucis y la visita al Santísimo Sacramento y a María Santísima. Estas misiones cambiaron la ciudad de Varsovia.  La iglesia de San Benón se convirtió en un oasis espiritual, y en una fuente de esperanza para los “sin esperanza,” los pobres, los abandonados y los perseguidos. La inestabilidad política llevaba a mucha gente a las puertas de la Iglesia Redentorista para participar de “la fracción del pan y el compartir del Cáliz de la Sangre de Cristo:” Algunos llegaban a acompañar al santo redentorista en la adoración de Cristo en el Santísimo Sacramento, mientras que otros lo hacían en búsqueda de la confesión y la dirección espiritual. San Clemente estableció la Iglesia de San Benón como un testigo fiel y amado de la Iglesia de Cristo. Durante los días de semana la Iglesia estaba siempre llena, pero en los fines de semana se abarrotaba.

Se dice que un día una monja entró donde Clemente trabajaba como pastor de almas y lo encontró arrodillado ante el altar. Sin que el devoto amante de Cristo en la Eucaristía se percatara, la monja miraba las lágrimas en sus mejillas mientras que suplicaba por la conversión de algún pecador descarriado: “Señor, salva esta alma; ¡si no lo haces tendré qué recurrir a tu Madre!” Para Clemente, el hijo Jesucristo y su madre María, no eran figuras devocionales superfluas, sino las personas fundamentales en el ámbito de la fe. De ahí que ese amor apasionado por el Hijo y por la Madre constituían ya para él momentos de redención y de salvación en sí mismos: Iré al encuentro con tu madre, la misma Madre a quien hoy nos dirigimos como Perpetuo Socorro. Por los frutos de su vida podemos reconocer su vida de oración: de rodillas en casa, o en el campo de misión siempre fue un hombre apostólico.

Redentorista – Hoy

La Familia redentorista, desde sus orígenes humiles ha llegado a extenderse por más de ochenta y cinco países, muchos de los cuales sufren la inestabilidad política. Algunos de ellos, por ejemplo, debido a la erupción incontrolada de grupos terroristas que siembran el odio entre pueblos y credos. Algunos de estos países se enfrentan a una crisis económica, en la que los dirigentes estatales y los que ocupan puestos de autoridad amontonan riquezas para sí mismos y olvidan a los pobres y a los abandonados. La brecha entre los que tienen y los que no tienen es cada vez mayor (Carta pastoral de los obispos de Zimbabwe, enero de 2019). Otros países se encuentran desgarrados a causa de la emigración de quienes buscan una vida mejor o de quienes huyen de las guerras que amenazan sus vidas, y de las dificultades económicas (Christus Vivit). Al mismo tiempo dentro de estos mismos países se experimenta la escasez de vocaciones que puedan sostener la misión.

Aunque Clemente haya vivido dos siglos antes que nosotros, en muchos sentidos la situación social, política y económica son parecidas a la nuestra hoy. Las atrocidades de nuestro tiempo, mencionadas atrás también estaban presentes, incluso peor, en los tiempos de San Clemente. Ningún momento es mejor que otro para trabajar y marcar la diferencia, para llevar la Buena Nueva a los pobres y abandonados. Las verdades eternas no conocen espacio ni tiempo. Como San Clemente, estamos llamados a transformar nuestros tiempos de desesperación en tiempos de esperanza. Y lo hacemos permaneciendo unidos al verdadero maestro de la Misión – Cristo Redentor, que nos espera siempre en la Eucaristía. Frente a la Eucaristía Clemente oraba de esta manera:

Oh Divino Mediador, mira el amor de aquellas almas que elevan sus corazones a Ti e imploran sin cesar por el sostenimiento de aquel don precioso: una fe auténtica. Consérvanos en tu santa fe, porque si somos ricos de este don precioso, podremos soportar complacidos cualquier pena, y nada podrá quitarnos la felicidad. Sin este tesoro de la fe viviríamos en eterna e indecible desdicha.

En diálogo con un cohermano de la COREAM hace un tiempo, éste comentaba que provenía de un país donde la situación política era muy frágil y la economía paupérrima. Ahí, los cortes de la electricidad duran veinte horas y no hay agua potable en los hogares de las personas. Es un país sin estado de derecho.

Esto es lo que lleva a tantos pobres a morir sin haber recibido ayuda médica. Las escuelas se cierran porque el gobierno no puede pagar los salarios de los profesores, negando así el derecho a la educación y llevando al lamentable fenómeno de la prostitución infantil. Estas son algunas de aquellas terribles situaciones que apenas podemos imaginar puedan existir en algún país.

Esto es lo que lleva a tantos pobres a morir sin ayuda médica. Las escuelas se cierran porque el gobierno no puede pagar los salarios de los profesores, negando así el derecho a la educación y llevando al lamentable fenómeno de la prostitución infantil. Estas son algunas de aquellas terribles situaciones que apenas podemos imaginar puedan existir en algún país. Es una de esas situaciones deprimentes que cuando la escuchas te preguntas sobre el tipo de vida que se vive en ese país. Le pregunté al hermano, “¿cómo sobrevives en medio de tanta desesperanza?” Él respondió, “Nuestra esperanza es la gente pobre que encuentra esperanza en nosotros, cada vez que celebramos la misa por ellos, cada vez que predicamos el amor paciente de Dios por la humanidad. Nuestra esperanza es que no estamos solos. Nuestra Madre María siempre provee lo que necesitamos en el ministerio”. La respuesta del cohermano hace eco de la identidad de un Redentorista que da testimonio en un mundo herido.

Como San Clemente, estos redentoristas construyen puentes y abren caminos a través de obstáculos, todo por amor a la misión. No hay lugar para el desánimo, no hay razón para estar ociosos, no hay motivos para renunciar.  Siempre hay un camino alrededor de cada obstáculo y a través de cada uno de los desafíos de hoy. San Clemente nos dejó una herencia espiritual, la de testimoniar a Cristo en la Eucaristía a cada momento.

Ante todo, San Clemente nos recuerda que compartimos la misma misión de Jesucristo, en el espíritu y carisma de la Congregación. Jesucristo es el fundamento, y nosotros somos únicamente constructores. Caminamos por la fe.  Todo depende de Dios. San Clemente oraba con estas palabras: “que sobresalga nuestra fe como lo hace el sol y que nunca se apague hasta que haya cumplido su cometido.” Quizá la pintura que mejor describe esta actitud de Clemente sea aquella en la que él se encuentra tocando a la puerta del tabernáculo en un momento de gran necesidad como signo de esa confianza en Jesús Eucaristía.

Preguntas para la reflexión

  1. ¿Cuál es el puesto que ocupa la Eucaristía dentro de mi vida como redentorista y en mi comunidad?
  2. De frente a los desafíos que no puedo controlar, ¿cuál es mi actitud como Redentorista y la de mi comunidad?
  3. ¿Qué papel ocupa la devoción eucarística y a nuestra Madre del Perpetuo Socorro dentro de la vivencia de fe personal y comunitaria?

Oración

Dios, Tu eres bueno, compasivo y misericordioso con todos. Tu infundiste en San Clemente María Hofbauer un celo extraordinario por el bien de tu pueblo, especialmente de los pobres atribulados y abandonados del auxilio espiritual y material.

En San Clemente nos has revelado la riqueza amorosa de tu misericordia. Con su intercesión y su ejemplo, ayúdanos a permanecer fieles a la Iglesia Católica en el cumplimiento de la misión de la Congregación. Ayúdanos a seguir el camino que San Clemente nos señaló y que él recorrió primero. Escucha nuestra súplica, Señor Dios nuestro, por Jesucristo Redentor. ¡Amén!


UN SOLO CUERPO es un texto de oración propuesto por el Centro de Espiritualidad Redentorista.

Esta reflexión fue escrita en alemán por: Gideon Sidinga CSsR

Para más información: Piotr Chyla CSsR (Director del Centro de Espiritualidad, Roma) – fr.chyla@gmail.com.

Traducción: Cristian Bueno, CSsR

Documento PDF: Un solo cuerpo ES

Print Friendly, PDF & Email