Leer ‘Fratelli Tutti’ desde Albania

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P. Laureano Del Otero Sevillano C.Ss.R.

Hace unos días tenía la oportunidad de despedirme del Nuncio Apostólico en Albania, que, tras tres años de servicio en el llamado ‘País de las Águilas’, ha sido destinado a Filipinas. En este encuentro de despedida, el Nuncio resaltaba los valores de la sociedad albanesa, en comparación con su sociedad de origen, la norteamericana. Es cierto, Albania, como una especie de isla, aún conserva muchos valores sociales que están desapareciendo en el occidente más desarrollado: la fortaleza de los vínculos familiares y el respeto a las tradiciones.

Se podría añadir, con una mirada nada ingenua, que unos lazos familiares fuertes y extendidos, también favorecen una sociedad corrupta y clientelista, porque adquirir un empleo o recibir una ayuda depende de los lazos de parentesco y amistad que tengas con los que ostentan el poder. Pero, por otro lado, parafraseando a San Pablo, “cuando un miembro sufre, todos sufren”, y sorprenden las redes de solidaridad que sostienen a las personas más débiles, enfermas o con problemas de una familia en este país.

Por ejemplo, cuando alguien está enfermo, recibe la visita de un pariente o amigo, a quien se le ofrece un café. El café siempre es signo de acogida en las culturas del oriente de Europa. Cuando el visitante abandona la casa, deja amablemente un billete en la taza, aportando así su contribución a la pronta recuperación del enfermo. Es un sencillo gesto de solidaridad y compromiso, que fortalece a la vez el intercambio de gestos de ayuda entre las dos familias, la que sufre y la que visita. No se ignora el dolor de los parientes, hasta en un grado muy lejano, o las necesidades que tendrán en la celebración de una boda o un funeral. Albania, aunque es un país pobre en cifras macroeconómicas, se aleja de la miseria y el abandono con la conservación de estos lazos de solidaridad y fraternidad.

Otro de detalles que siempre impresionan a los cohermanos o a los jóvenes voluntarios que nos visitan cada verano es la convivencia de religiones. En muchos lugares de Europa se usa la palabra ‘tolerancia’, pero tolerar siempre implica un desnivel: el que tolera está convencido de que, con ayuda, el otro podrá cambiar y mejorar. En Albania hay convivencia y fraternidad. En Albania hay un gran respeto a las tradiciones religiosas. Contaré tres detalles de mi experiencia personal.

El primero, en un encuentro de jóvenes organizado por el Movimiento de los Focolares, los jóvenes se dividieron por diversos lugares religiosos de la capital del país, Tirana. Yo acompañé a un grupo que visitó la Madraza Islámica, es decir, la escuela donde se aprende el Corán. En el grupo había jóvenes católicos, protestantes y musulmanes. El responsable nos habló amistosamente, nos explicó el Corán y cómo era el proceso de convertirse en imán de una mezquita. Y respondió a las preguntas de los jóvenes, que hablaron de Jesús, del único

Dios y algunas curiosidades sobre prescripciones alimenticias. Al final, rezamos juntos. La segunda es el encuentro del Movimiento Fe y Luz, una comunidad donde comparten la vida y la fe personas con discapacidad, sus familias y amigos. Soy miembro de este movimiento desde hace más de 20 años, y en Albania hemos creado la primera comunidad del país hace 5 años. Somos unas 30 personas, entre ortodoxos, católicos, evangélicos, musulmanes suníes, musulmanes Bektashí y ateos. Comparto con una religiosa católica la labor de ser su asistente espiritual. Todos me llaman ‘padre’ y me tratan como su líder espiritual, sin atender a que sea católico. Me siento bien con ellos, y nadie tiene miedo de hablar de Dios desde su tradición o su libro sagrado. Rezamos unidos y nos reunimos en la catedral católica. Lo que nos une es el amor y Dios. Una tercera experiencia ha tenido lugar hace poco. Ha sido la ordenación episcopal del obispo auxiliar de Tirana, en la que han participado, como sucede en otros eventos religiosos, los líderes de las demás confesiones que hay en este país: musulmanes suníes, Bektashí, el patriarca ortodoxo y el líder de los reformados. Participan en la Eucaristía, con respeto y realmente con cariño, porque tienen reuniones muy frecuentemente y además sus apariciones públicas son casi siempre unidos en una misma mesa.

Papa Francisco señala al comienzo de la Encíclica que “nos impresiona que ochocientos años atrás Francisco invitara a evitar toda forma de agresión o contienda y también a vivir un humilde y fraterno “sometimiento”, incluso ante quienes no compartían su fe” (nº 3). En Albania, la sociedad es tan plural desde el punto de vista de la fe que, una familia puede tener miembros que profesen varias religiones, pero por encima de todo son familia. Son hermanos. Los católicos que atendemos en nuestra misión trabajan normalmente con musulmanes, así como los niños y los jóvenes, no tienen muchos compañeros católicos en su clase (o probablemente ninguno). Pero crecen jugando juntos, aprendiendo juntos, soñando un futuro mejor juntos. El Santo Padre señala: “seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras” (nº 6). Y eso es lo que podemos testimoniar desde la Misión interprovincial de Albania. Aquí no hay palabras, como ecumenismo o diálogo interreligioso, ni tampoco participamos en encuentros con otras religiones a nivel formal. En la calle, en las casas hay vida: una fraternidad y una amistad que no está escrita en documentos sino en el corazón de la gente. Ojalá que esta dimensión tan preciosa y particular de Albania pudiera trasladarse a tantos pueblos que han perdido el horizonte común a consta de sobrevalorizar la individualidad y los beneficios. Gracias, Papa Francisco, por lanzarnos de nuevo hace la fraternidad que Cristo ha conseguido a precio de su sangre.

P. Laureano Del Otero Sevillano C.Ss.R.
Misión Redentorista de Albania

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