La pandemia del Covid-19 como lugar de aprendizaje

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(del Blog de la Academia Alfonsiana)

Recomenzar desde las crisis, en las crisis y mediante las crisis

Una de las formas que los humanos tenemos de asumir realidades, que de alguna manera nos superan y que no llegamos a comprender del todo, es el sentido del humor; bromear nos hace asumir la paradoja desarmante de una realidad que se nos escapa de las manos. El Covid-19 no ha escapado a esta norma, y de todas las bromas que hemos podido ver circular por las redes quizás la más elocuente podría ser la que decía más o menos así: «Dios: ¿podrías desinstalar el 2020, y reinstalarlo de nuevo? ¡El actual tiene virus!». La salida fácil, o recomenzar desde las crisis, en las crisis y mediante las crisis…

Estamos atravesando una crisis en varios sentidos global, una crisis que golpea diversos niveles de nuestras existencias, es transversal en todos los sentidos; produce perplejidades, desarma afectiva y efectivamente. Decimos crisis porque es una realidad que rompe esquemas, que desinstala, reclama respuestas, toma de decisiones nuevas, quizás inéditas. En general, porque se presenta como una mala situación, en gran parte inesperada que reclama saber discernir, juzgar y poder dar respuestas en vistas de posibles soluciones. Es claro que desde la fe se trata de escuchar qué pueden enseñarnos estas experiencias a la hora de la realización del proyecto de Dios en nuestra historia. Las crisis ponen de manifiesto las miserias de nuestros sistemas de vida, tanto a nivel personal como social y sistémico. En efecto, se trata de una crisis que, junto a todas las demás crisis ya existentes, no hace más que poner de manifiesto las fragilidades y vulnerabilidades de nuestros sistemas de vida. Pues se percibe como una bofetada a ciertas pretensiones de una humanidad que aspira a controlarlo todo sin que nada le detenga en su avance implacable sobre todas las cosas; una bofetada a ciertos paradigmas soberbios, egoístas e individualistas (Piénsese solo a uno de los datos más evidentes, los menos ricos son más ricos con esta crisis y los pobres son más pobres y muchos se han empobrecido). Paradigmas que producen y sostienen sistemas injustos que se tornan violentos y que sostienen violencias de todo tipo. Como suele suceder, nuestra humanidad no claudica sin más, así como se encuentra envuelta en sus propias miserias, al mismo tiempo, en gran parte, es capaz de reaccionar generando actitudes y espacios alternativos de vida, más profunda y solidaria, intentando darle no solo la otra mejilla a la bofetada de las crisis, sino ponerle todo el cuerpo, afirmando que la presencia de la vida no se resigna a los golpes deshumanizantes de todo tipo y color.

Así las cosas, entre tantas cuestiones abiertas, se nos impone responder: qué tipo de humanidad estamos dispuestos/as a generar? Si queremos seguir respondiendo con los viejos paradigmas o generar nuevos

La pregunta no sería tanto dónde está Dios en medio de estas crisis, sino dónde está nuestra respuesta a Dios, cómo podemos ser capaces de repensar nuestras modalidades de realizar el proyecto de Dios, el cual es siempre de vida en abundancia en medio de las vicisitudes de la historia. Aquí entonces está en juego nuestro aprendizaje, nuestro quehacer teológico, espiritual y de compromiso profundo con la realización de nuestra historia en sentido profundamente evangélico. La tarea sería asumir las crisis sociales, económicas, políticas, religiosas, ecológicas y morales, como oportunidades para repensarlo todo, sin miedos ni cobardías, con humildad y sinceridad, con el coraje de saber que desde el Espíritu todo puede ser constantemente recreado, abriendo horizontes nuevos de comprensión y desplegando inéditas formas de realización.

«No tengan miedo» y «Yo estoy con ustedes hasta el fin» son palabras evangélicas que pueden alentarnos a seguir andando, y hacer de un nuevo año académico, seguramente muy peculiar, la oportunidad para un aprendizaje completamente nuevo, profético, sapiencial y liberador. Pues como bien decía poéticamente Emily Dickinson: «Todas las cosas arrasadas. Eso- es la inmensidad-// Quien no ha encontrado el Cielo- aquí abajo- Fracasará allí arriba-… pues alquilan los Ángeles la Casa de al lado, doquiera nos mudemos».

Padre Antonio Gerardo Fidalgo, CSsR

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