Desde los inicios de la Congregación del Santísimo Redentor, la vocación del Hermano ha sido una expresión vital e integral de nuestra identidad redentorista. Sin embargo, esta vocación única y maravillosa a veces se ve eclipsada, malinterpretada o incluso olvidada. El Hermano puede aparecer como una figura misteriosa dentro de la Congregación, una figura cuyo papel a menudo se explora fragmentariamente en lugar de comprenderse plenamente. En realidad, el Hermano no es una adición secundaria, sino cofundador, comisionado y coheredero del carisma redentorista. A través de su testimonio singular, nos recuerda la simplicidad radical del Evangelio: la llamada a servir, amar y seguir a Cristo con un corazón indiviso.
El legado de San Gerardo Majella: Patrón y modelo
Uno de los ejemplos más claros e inspiradores de la vocación del Hermano se encuentra en San Gerardo Majella. Hermano redentorista canonizado por su santidad y amor a los pobres, San Gerardo sigue siendo un icono de humildad y servicio gozoso. Nos enseña que la santidad no es dominio exclusivo de sacerdotes o eruditos, sino fruto de decir sí a Dios en momentos cotidianos y extraordinarios. La conexión de Gerardo con los enfermos, los que sufren y los pobres no se componía de actos ocasionales de caridad: era su estilo de vida. Hoy, como Redentoristas, estamos llamados a emular su espíritu misionero. ¿Cómo podemos acercarnos a las personas con la misma ternura que demostró Gerardo? ¿Cómo podemos estar presentes ante las heridas del mundo, no como observadores distantes, sino como hermanos que pertenecen a este mundo?
Viviendo la Vocación Hoy
Entonces, ¿cómo podemos promover la vocación de Hermano en la Iglesia hoy? La mejor manera es vivirla. Cuando los Redentoristas, ya sean hermanos o sacerdotes, abrazan su identidad misionera con alegría y fidelidad, la vocación habla por sí sola. Demostramos que no es necesario ser ordenado para proclamar el Evangelio con fuerza. Jesús nos recuerda: «Todos sois hermanos» (Mt 23,8). Esta verdad revolucionaria subvierte las jerarquías del mundo. Ser Hermano no significa tener menos, sino compartir más: compartir la vida, el amor, la comunidad y la misión.
Fundamento Bíblico y Espiritual
La vocación del Hermano es profundamente cristológica. Como Cristo, quien «se despojó de sí mismo, tomando la condición de siervo» (Flp 2,7), el Hermano Redentorista vive una vida de kénosis, de entrega. Puede que no predique desde el altar, pero su vida es una homilía. Puede que no consagre la Eucaristía, pero esta se convierte en Eucaristía para los demás: partida, compartida y enviada.
Como nos recuerda la Constitución n.º 1, 20:
«Fuertes en la fe, gozosos en la esperanza, ardientes en la caridad, fervientes en el celo, humildes de corazón y perseverantes en la oración, los Redentoristas, como hombres apostólicos y verdaderos discípulos de San Alfonso, siguen a Cristo Redentor con corazones llenos de alegría».
Este no es un ideal poético, sino un reto diario, aceptado con la gracia de Dios.
Una Misión Compartida: Hermanos y Sacerdotes Juntos
La Congregación Redentorista existe para “seguir el ejemplo de Jesucristo Redentor, anunciando la Palabra de Dios a los pobres” (Constitución n.º 1). Tanto hermano como sacerdote, cada miembro está vinculado a esta misión. Un hermano puede trabajar en la pastoral técnica, la educación, el servicio pastoral o incluso la agricultura, pero todo esto es proclamación del Evangelio cuando se hace con amor. Las comunidades redentoristas deben fomentar el respeto mutuo y la colaboración entre hermanos y sacerdotes. Esto incluye compartir el liderazgo, el discernimiento y la planificación del ministerio. Se debe animar a los hermanos a realizar estudios académicos y teológicos para enriquecer su formación y capacitarlos para roles de liderazgo dentro de la Congregación.
A los jóvenes: ¿Te llama Dios a ser hermano redentorista?
Quizás eres un joven que lee estas palabras y se pregunta si Dios te está llamando. Quizás amas a la Iglesia, pero no estás seguro de tu llamado al sacerdocio. ¿Podrías ser llamado a ser Hermano?
Pregúntate:
• ¿Deseo vivir en comunidad?
• ¿Me siento atraído a servir a los pobres y abandonados?
• ¿Quiero que mi vida proclame el amor de Dios, incluso sin llevar alzacuellos?
Si es así, no estás solo. Habla con un Hermano Redentorista. Visita una comunidad. ¡Ven a ver, ven a servir!
Conclusión: Redención Abundante a través de Vidas Humildes
En definitiva, ya sea Hermano o sacerdote, todo Redentorista participa en el misterio del amor redentor de Cristo. El Hermano lo hace con sencillez evangélica, con un servicio silencioso y con un testimonio que habla más fuerte que muchas palabras. No lo olvidemos nunca: Hermano o sacerdote, cada uno es un Redentorista que sigue a Cristo para dar a conocer al Redentor.
hermano Tendai H. Tamai, C.Ss.R.



