(del blog de la Academia Alfonsiana)
Albert R. Jonsen, uno de los pioneros de la disciplina, planteó esta pregunta ya en el año 2000: “¿Por qué se ha vuelto tan aburrida la bioética?”. En un artículo riguroso, pero no sin ironía, señaló cómo la exaltación intelectual, la astucia política y la valentía moral de sus inicios en la década de 1970 habían dado paso a un enfoque formal, respetado y repetitivo, basado en la aplicación servil de metodologías consolidadas[1].
Veinticinco años después de aquella publicación, la situación no parece haber cambiado mucho para la bioética; de hecho, quizás ha empeorado, pues el aburrimiento se ha transformado en una especie de letargo, similar a un coma terminal: ¿está la bioética destinada a un lento pero inexorable proceso de extinción? Le planteamos esta pregunta sobre el incierto destino y las perspectivas futuras de la disciplina al profesor Henk Ten Have (Universidad Duquesne, Pittsburgh, EE. UU.), uno de los principales expertos en este campo, quien inaugurará la Conferencia Internacional de Bioética, que se celebrará en la Accademia Alfonsiana de Roma los días 17 y 18 de marzo de 2026, con su Lectio magistralis.
Jonsen sugirió en una ocasión la necesidad de abandonar los ámbitos que se han vuelto demasiado familiares para aventurarse y descubrir nuevos territorios: «La bioética ha permanecido en casa demasiado tiempo y debe empezar a viajar»[2], indicando la necesidad de explorar los campos de disciplinas afines —medicina, economía, política, derecho, ciencias sociales y ambientales, etc.— para integrar sus hallazgos más significativos en argumentos morales, recuperando con mayor decisión la vocación interdisciplinaria de la bioética global de Van Rensselaer Potter. Un segundo consejo se refería a la necesidad de viajar intelectualmente al extranjero para comprender los enfoques de otras culturas y relacionarse con sus formas de formular argumentos morales basados en diferentes creencias y valores, así como para ser más consciente de la propia tradición y la especificidad de la propia reflexión moral. Y sin temor a equivocarme, se puede afirmar que Henk ten Have, en las últimas décadas, ha buscado guiar la bioética por nuevos caminos previamente inexplorados.
Un primer ámbito en el que ha trabajado con éxito es el contexto internacional y las intersecciones entre la reflexión moral y jurídica internacional, el bioderecho y la política. De hecho, como director del Departamento de Ética de la Ciencia y la Tecnología, impulsó la inesperada redacción de la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, aprobada sin voto particular por la Conferencia General de la UNESCO el 19 de octubre de 2005 en París, y adoptada por unanimidad por todos los Estados Miembros. Desde entonces, ha constituido una referencia fundamental para definir un marco ético global para las ciencias de la vida y las tecnologías biomédicas, respetando la dignidad humana y los derechos fundamentales, con especial énfasis en los países en desarrollo.
En una obra académica posterior (2016), recientemente traducida al italiano (2024), exploró la vulnerabilidad como una categoría capaz de desafiar y revitalizar la reflexión bioética. Este enfoque integra, dentro de la corriente dominante del principismo norteamericano, una constante antropológica fundamental que nos hace a todos interdependientes y necesitados de relaciones significativas para que nuestra humanidad más auténtica florezca, especialmente en situaciones donde las limitaciones y discapacidades de nuestra condición frágil, limitada y finita como criaturas se hacen más evidentes.
Por último, y no menos importante, abrió la perspectiva de la bioética a un horizonte global (originalmente en inglés, 2016 – traducción al italiano, 2020), demostrando cómo los problemas que enfrentamos hoy requieren una conciencia y una metodología bioéticas mucho más matizadas y complejas que las de sus inicios. Esto se debe a la creciente globalización de ciertas cuestiones (por ejemplo, el turismo sanitario, la gestación subrogada, el tráfico de órganos, el acceso a la atención sanitaria básica, etc.) y a su inevitable interrelación con otras que cuestionan flagrantes injusticias y desigualdades entre el Norte y el Sur global, así como las relaciones económicas, financieras, políticas y jurídicas internacionales que exacerban la desigualdad social (interseccionalidad). Por lo tanto, las cuestiones morales trascienden el ámbito de la vida, la salud y la aplicación de la biotecnología en la atención sanitaria, lo que implica, más allá del discurso teórico, la necesidad de acciones concretas para una gobernanza sanitaria justa y eficaz a escala global, como lo demuestra, entre otras cosas, la crucial gestión de la pandemia de la COVID-19.
Un llamamiento competente, amplio y detallado que supone una llamada de atención para los bioeticistas más cansados, asediados por la tentación de dormirse, para que reanuden la investigación académica con renovado entusiasmo, atreviéndose a trascender los límites tradicionales y a aceptar nuevos retos y estímulos interdisciplinares sin precedentes. Y una razón más para considerar seriamente la inscripción a la Conferencia de Bioética de la Academia Alfonsiana (Roma, 17-18 de marzo de 2026), que ofrece un rico programa al que nuestro BLOG volverá pronto.
prof. G. Del Missier
[1] Cf. A.R. Jonsen, «Why has Bioethics become so boring?», in Journal of Medicine and Philosophy 25/6 (2000) 689-699.
[2] Jonsen, «Why has Bioethics become so boring?»…, 691 (trad. nostra).




