Dilexi te: el amor hacia los pobres – La opción preferencial por los pobres

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Foto di Dulana Kodithuwakku / Unsplash.com

Un artículo del Prof. M.P. Dalbem CSsR, publicado en el blog de la Academia Alfonsiana

Un elemento que impregna todo el documento del papa León XIV es sin duda la «opción preferencial por los pobres». No se trata de un concepto marginal en la construcción del mensaje del texto, sino de un punto central que resume en clave misionera el contenido de Dilexi te [= DT].

Como subraya el propio documento, el cuidado de los pobres es una característica presente desde los albores de la fe cristiana. De hecho, el papa Prevost dedica un amplio espacio dentro del documento a una especie de «historia» del cuidado que la comunidad cristiana tiene hacia los pobres, recopilando ejemplos de la vida de varios santos y santas y de experiencias eclesiales. Se trata de un auténtico movimiento del Espíritu que configura, en el orden de la compasión, el «cuerpo-comunidad» al «Cristo-cabeza». Sin embargo, aunque el cuidado de los pobres siempre ha estado presente en la historia de la Iglesia (cf. DT, n. 15), su formulación como «opción preferencial» es moderna. Impulsada por la reafirmación en la Gaudium et spes del compromiso de la Iglesia con los más pobres y la justicia social, la Iglesia latinoamericana, en las Asambleas Episcopales de Puebla (1968) y Medellín (1979), habla explícitamente de la opción preferencial como respuesta a las desigualdades estructurales presentes en el continente.

La opción preferencial por los pobres es, en realidad, la concreción de la acogida del «rostro sufriente de Cristo», dolorosamente manifiesto en la vida de quienes son marginados y crucificados diariamente por fuerzas sociales injustas y excluyentes. No se trata de una mera opción humana o de una caridad superficial, sino que toca el núcleo mismo de la Revelación cristiana: «No estamos en el horizonte de la caridad, sino de la Revelación: el contacto con quienes no tienen poder ni grandeza es una forma fundamental de encuentro con el Señor de la historia. En los pobres, Él todavía tiene algo que decirnos» (DT, n. 5).

Gustavo Gutiérrez, gran nombre de la teología latinoamericana, afirma que «la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se hizo pobre por nosotros»[1]. En el orden de la Revelación, el reconocimiento del rostro de Cristo en los pobres es comunicación de Dios. «Los pobres nos evangelizan»[2]. Para León XIV, la opción preferencial por los pobres no es algo marginal, sino un elemento central, porque el amor de Dios se manifiesta de manera privilegiada en el compromiso con los pobres y los abandonados que, a su vez, no son reducibles a una mera categoría sociológica, sino que son «carne de Cristo».

«Para nosotros, los cristianos, la cuestión de los pobres nos remite a lo esencial de nuestra fe. […] La realidad es que los pobres, para los cristianos, no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo. De hecho, no basta con enunciar de manera general la doctrina de la encarnación de Dios; para entrar verdaderamente en este misterio, hay que especificar que el Señor se hace carne que tiene hambre, que tiene sed, que está enferma, encarcelada. «Una Iglesia pobre para los pobres comienza por ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a comprender algo, a comprender qué es esta pobreza del Señor. Y esto no es fácil» (DT, n. 110).

El uso de esta imagen eclesiológico-eucarística, «carne de Cristo», para referirse a los pobres tiene una gran fuerza teológica: ellos llevan la dignidad filial maltratada por los sufrimientos infligidos por las injusticias. Así, podemos afirmar que no se puede comprender verdaderamente el Misterio de la Encarnación de Cristo sin que los pobres estén presentes en el horizonte comprensivo.

Desde el punto de vista eclesiológico, León XIV profundiza aún más en esta relación afirmando que «el cristiano no puede considerar a los pobres solo como un problema social: son una “cuestión familiar”. Son “de los nuestros”» (DT, n. 104). Con esta afirmación, el Papa parece llevar la cuestión al nivel de la unidad del cuerpo de Cristo, donde cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre. De este modo, la cuestión social adquiere densidad, porque ya no se trata de un espacio para la mera teorización o el análisis de cifras estadísticas, a menudo terreno propicio para las generalizaciones y las masificaciones, sino que está en juego la vida de un hermano/hermana, parte viva del cuerpo de Cristo del que forma parte todo discípulo.

En tiempos marcados por falacias neoliberales, por visiones erróneas basadas en teorías meritocráticas, en contextos de crisis medioambientales y guerras que llevan a cada vez más personas a vivir por debajo del umbral de la pobreza, en culturas que fomentan el individualismo y el cierre hacia el otro, recuperar la opción preferencial por los pobres como elemento esencial de la identidad de los discípulos de Cristo es condición sine qua non para que la fe se viva de manera auténtica y profética (continúa 2/5).

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[1] G. Gutiérrez, Teología de la liberación. Perspectivas, Sígueme, Salamanca 1972, 307. [«La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en ese Dios que se hizo pobre por nosotros»].

[2] G. Gutiérrez, Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente, Sígueme, Salamanca 1986, 21. [«Los pobres nos evangelizan»].