(del blog de la Academia Alfonsiana)
Esta contribución concluye la serie de cinco artículos publicados en el blog de la Academia Alfonsiana dedicados a la Exhortación Apostólica Dilexi te, documento iniciado por el Papa Francisco y posteriormente completado y promulgado por el Papa León XIV. Esta serie es el resultado de las reflexiones desarrolladas por tres profesores de la Alfonsiana activos en el campo de la Teología Moral Social: los profesores Dalbem, McKeever y Salutati, cada uno según su propia experiencia y perspectivas de investigación.
En la primera contribución, el profesor Dalbem presentó brevemente el documento, centrándose en sus características formales y enfoques temáticos clave. En la segunda contribución, el mismo autor exploró el contenido y las raíces de lo que parece ser el eje central y la clave misionera para comprender la exhortación: la opción preferencial por los pobres. El profesor McKeever, en su tercera contribución, examinó la contribución de Dilexi te al debate actual sobre la Teología de la Liberación, un campo en el que la opción preferencial por los pobres ha asumido un papel central y ha experimentado un desarrollo significativo como categoría teológica contemporánea. Finalmente, el profesor Salutati ofrece una cuarta reflexión sobre la importancia de la dimensión política de la fe, tal como surge de la exhortación y el Magisterio reciente, así como su impacto concreto en la acción moral cristiana.
Al final de este breve recorrido reflexivo, el clamor de tantos hermanos y hermanas que sufren pobreza emerge con renovada fuerza. Este clamor no puede idealizarse ni interpretarse de forma alienante, sino que debe afrontarse en su cruda realidad. Según datos del Grupo del Banco Mundial, en 2024, el 10% de la población mundial vivía en extrema pobreza, sobreviviendo con un ingreso diario de tan solo 3 dólares. Este porcentaje se eleva a un asombroso 47% si consideramos un umbral ligeramente superior de 8,30 dólares al día, que la misma institución define como la línea de pobreza. En concreto, aproximadamente 3.700 millones de personas se ven obligadas a cubrir todas sus necesidades básicas a diario con una cantidad equivalente al coste de una simple porción de pizza en una tienda de las afueras de Roma. Y esto considerando únicamente la llamada pobreza material.
Por lo tanto, el Papa Francisco y el Papa León instan a una perspectiva compleja y realista de la realidad, capaz de ofrecer respuestas adecuadas al contexto concreto que se presenta como un desafío a la experiencia vivida de fe en Jesús de Nazaret.
Si consideramos la complejidad que caracteriza el fenómeno real de la pobreza —ni idealizada ni reducida a una mera abstracción teórica—, queda claro que no se limita a la dimensión material. La pobreza también se manifiesta como pobreza relacional, experimentada en el abandono, la soledad, la invisibilidad social y la indiferencia; está arraigada y se perpetúa en estructuras y sistemas sociales injustos que excluyen, mantienen desigualdades persistentes a lo largo del tiempo, silencian a segmentos enteros de la población y los excluyen del acceso a los medios más básicos de desarrollo y crecimiento. Todo esto conduce progresivamente a la pérdida de sentido, la desesperación y, en última instancia, la deshumanización.
En la vida del santo patrono de nuestro Instituto, San Alfonso María de Ligorio, es posible identificar rasgos significativos que apuntan a un enfoque concreto y redentor para interpretar la realidad en toda su complejidad. Ante el sufrimiento concreto de su pueblo, como obispo, respondió a la urgente necesidad del hambre sin ceder a la demagogia, distribuyendo bienes a quienes carecían de ellos; como jurista y teólogo moral, supo interpretar y aplicar los instrumentos jurídicos a su disposición con equilibrio y destreza en beneficio de los más pequeños y vulnerables; como místico, dio testimonio de la cercanía de un Rey que desciende de su castillo para morar junto a su siervo por amor, un Dios que no hace distinciones entre personas, sino que ama incondicionalmente. Ante una realidad tan compleja y multiforme, que nuestras respuestas tengan la fragancia, el color y la consistencia propios de la complejidad de la Encarnación: «Ya sea a través de vuestro trabajo, ya sea a través de vuestro compromiso por cambiar las estructuras sociales injustas, o a través de ese gesto sencillo, profundamente personal y cercano de ayuda, será posible para ese pobre percibir que las palabras de Jesús se dirigen precisamente a él: “Yo te he amado”» (DT, 121).
Prof. M.P. Dalbem CSsR



