Con la firme intención de romper con la rutina diaria y reconectarse con Dios y la vida redentorista, un grupo de 11 cohermanos de la Provincia Madre del Perpetuo Socorro (Centroamérica y el Caribe) se reunieron del 4 al 8 de mayo en la Casa de Retiros “Cristo Redentor” en Aguas Buenas, Puerto Rico. En el contexto de la Pascua y en respuesta a la invitación de la Congregación para este año 2026, los religiosos vivieron un tiempo de gracia y fraternidad enfocado en profundizar su liderazgo cristiano. Debido a la complejidad logística de una provincia que abarca 11 países, esta experiencia en Puerto Rico culmina una serie de retiros regionales que también se realizaron en Haití, Panamá y El Salvador.
Artículo del P. Máximo De Los Santos Otaño, C.Ss.R.
El retiro anual para las personas consagradas es fundamental, pues nos ayuda a desapegarnos de la vida cotidiana, de las tareas diarias, para reconectarnos con Dios y nuestra vida redentorista. Siguiendo esta lógica, los Redentoristas de la Provincia Madre del Perpetuo Socorro, en el contexto de la Pascua, durante los meses de abril y mayo, realizaron retiros en diversos lugares (Haití, Panamá, El Salvador y Puerto Rico). Dado que nuestra provincia abarca 11 países, resulta logísticamente complejo planificar un retiro en un solo país, pues, como dice el dicho popular, «no hay camas para tanta gente». Este último retiro tuvo lugar del 4 al 8 de mayo en nuestra Casa de Retiros Cristo Redentor, ubicada en Aguas Buenas, Puerto Rico. Participaron once cohermanos que trabajan en Puerto Rico, Cuba, República Dominicana y Centroamérica. Fue un tiempo de verdadera gracia. Un tiempo para ir a Betania como lugar de descanso y discernir la voluntad de Dios. Un tiempo para crecer en nuestro espíritu de unidad y vislumbrar juntos el horizonte misionero.

Fueron días de compartir, marcados por la cercanía y la sencillez, la fraternidad evangélica, así como la reflexión y la exploración del liderazgo, tema que la Congregación nos invita a abordar en este año 2026. La oradora nos dijo que a los redentoristas se nos pide ser líderes, líderes que sigan a Jesús. Debemos ser conscientes de esto, porque dondequiera que estemos, estamos llamados a ser líderes. Una palabra clave del retiro fue ARMONÍA. La armonía es la coherencia de cuatro elementos: lo que decimos, lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos.
Los ejercicios del retiro fueron dirigidos por la Hermana Blanca Cecilia Cely Ruiz, religiosa colombiana de la Compañía de María. Es doctora en teología con especialización en antropología teológica. Doctora en Bioética por la Pontificia Universidad Javeriana, profesora del CELAM, coordinadora de la Comisión Plenitud CLAR y Vicaria para la Vida Religiosa de la Arquidiócesis de Bogotá, comenzó invitándonos a recordar a los cohermanos que estuvieron presentes el año pasado pero no este año, algunos de los cuales han fallecido, como el Padre Damián Wall, así como los Padres Antonio y José Rached, ausentes por motivos de salud.
Desde el primer día, la directora nos proporcionó madera, herramientas y pintura para construir una casa, nuestro hogar. De fondo aparecía el texto del Salmo 127:3: «Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican».
Además, como buena antropóloga teológica, nos animó a considerar que todo proceso que comienza requiere tiempo y perseverancia, ya que aún no estamos completos; de ahí la importancia de seguir configurándonos a la persona de Jesús.
Durante el segundo día, nos invitó a comprender que cada persona es responsable de lo que piensa y hace. No debemos dejarnos llevar por los afectos y las emociones; en el retiro y en nuestra vida, el protagonista es el Espíritu. Es el Espíritu quien da forma al rostro de la Iglesia y al tejido relacional que hace posible la comunión. El encuentro puede ser una nueva oportunidad para la conversión, un nuevo nacimiento. La novedad la crea el Espíritu, y por lo tanto la clave es: ESCUCHARLO.
Volver a lo esencial y dejar que el amor nos construya. Y hablando de amor, fuimos invitados a emprender un viaje que consiste en: mirar con fe, mirar con realismo, mirar a todos, mirar con todos, mirar con creatividad; mirar conscientemente el Don recibido, donde la oración juega un papel importante y esencial.
En este sentido, fuimos invitados a construir la casa de la redención. Ver la bienvenida en las paredes: ¿quién entra y cómo los recibimos? ¿Tiene nuestra casa ventanas abiertas a los más abandonados? Nuestra casa tiene grietas (fragilidad) por donde debe entrar la redención. Nuestras grietas tienen defectos, como la falta de comunicación, el cansancio, el individualismo; no se trata de ocultarlas, sino de reconocer que a través de esas grietas entra la luz de la Redención Abundante, porque donde abunda la debilidad humana, rebosa la gracia de la Redención.
En este viaje, el tema del liderazgo se nos presentó desde la perspectiva del ESQUEMA: ESCUCHA. Evitando el juicio severo. Se nos presentó el ejemplo de Ubuntu, una práctica de una tribu africana según la cual, si alguien comete un error, la comunidad lo señala y todos comienzan a destacar sus virtudes y cualidades. El error no se menciona. Hoy más que nunca, se necesita un liderazgo espiritualmente transformador, pues en nuestras vidas abundan las referencias que vinculan el liderazgo con el ámbito económico, empresarial o emprendedor. Estas conexiones refuerzan la idea de que el líder es quien ha alcanzado el éxito. Sin embargo, desde una perspectiva teológica, el liderazgo se entiende como una ACCIÓN y una práctica que surge de un Don recibido, es decir, se descubre en la capacidad de cada ser humano para escuchar su voz interior. Vocación y Don que se nutren mutuamente, que brotan de una vida de oración. Y, en efecto, el líder redentorista se conmueve profundamente porque es capaz de SENTIR COMPASIÓN.
Para nosotros, los redentoristas, que a menudo enfrentamos realidades sociales desgarradoras (pobreza, violencia), el liderazgo requiere una «serenidad contemplativa», la capacidad de escuchar este clamor en nuestra comunidad y entre la gente.
El liderazgo redentorista se ejerce mediante la predicación de la Palabra que libera y trae paz. En medio de conflictos comunitarios o crisis institucionales, el líder redentorista debe ser portador de una palabra que trae abundante redención, no una que aumente el caos. Un líder es aquel que trabaja por el reino de Dios. Un líder de Jesús trabaja por la justicia. Trabaja por la paz.
Si hay justicia, hay paz, y si hay paz, hay unidad. Un redentorista debe trabajar por la justicia, la paz y la unidad, comenzando desde su propio hogar. Para ello, naturalmente, debemos preguntarnos: ¿Soy feliz? ¿Qué necesito para revitalizarme? Con estas preguntas, después de escuchar la canción «Hoy puede ser tu gran día» de Joan Manuel Serrat, fuimos invitados a encontrar la armonía. La armonía interior, a menudo llamada paz interior o equilibrio emocional, es un estado de bienestar que surge de la alineación de pensamientos y emociones. Alcanzar la armonía interior puede conducir a un mayor equilibrio interno, una mejor salud mental y una vida más plena. En términos bíblicos, significa que Dios espera que todos tengamos un mismo sentimiento.
Se nos invitó a no cansarnos jamás de sembrar. Sembrar es un arte que requiere conocimiento de las características del suelo, las variaciones climáticas, pero sobre todo, el potencial de las semillas. Lo esencial siempre se encuentra primero en la etapa germinal. Sembrar es un reto, y aún más si se pretende sembrar de noche. Nuestra misión es ser sembradores como líderes transformadores, nutridos por la experiencia de la oración.
El último día, se nos invitó a contemplar la pequeña casa que habíamos construido durante la semana y nuestro nombre, nuestro mismo nombre; así como a identificar los elementos que implican ser auténticos hijos de San Alfonso, a contemplar nuestra genealogía espiritual. En efecto, en el ADN redentorista, el liderazgo nacido de la cercanía es evidente. Un líder auténtico es un comunicador de esperanza. En el gen de la cercanía, la BONDAD se manifiesta como autoridad. El verdadero hijo de Alfonso no se distingue por su llanto, sino por su bondad. Ser verdaderos hijos de San Alfonso significa evitar los extremos. El verdadero hijo siempre busca la misericordia. Su pregunta siempre será: ¿qué llevará a esta persona al encuentro del Redentor?
En este camino, se nos invita a la cercanía y al equilibrio. Porque podemos ser personas de triple A que: Animan, Acompañan, Aman. Por eso, la integración vital es importante a nivel personal: mente, corazón y manos. A nivel provincial, un Proyecto Personal. Con la lógica del bien común: Participación, sentido de pertenencia y Paciencia. A nivel personal, necesitamos coherencia entre teoría y práctica. Debemos combinar trabajo y oración; debemos ser signos que no necesiten explicación. Para hacer y recibir el bien, sanar, dar vida.
Finalmente, la casita que construimos durante la semana fue llevada a la Misa del último día para ser ofrendada, junto con una rosa para nuestra Madre del Perpetuo Socorro. Naturalmente, fueron días de oración y descanso en el Señor a través de la celebración de la fraternidad, acompañada por las lecturas bíblicas semanales que fomentaban el amor fraterno y la amistad evangélica entre los hermanos.





