Descubriendo la Dimensión Ecológica del Carisma Redentorista
La semana Laudato si’ conmemora la Encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la Casa Común, publicada en el 2015. En cierto sentido, la encíclica continúa escribiéndose a través de la acción transformadora de los creyentes que buscan integrar los valores y principios de la Laudato si’ dentro de la vida diaria. Esta conmemoración nos invita a traducir la esperanza que anima nuestro seguimiento del Redentor, en acciones concretas. La esperanza que anima nuestro seguimiento misionero del Redentor alimenta la acción transformadora que, a su vez, manifiesta la redención abundante. La primera de estas acciones es quizá «la conversión ecológica», la cual nos permite desplegar las consecuencias de nuestra fe en Aquel que ha venido a darnos vida en abundancia (cf. Jn 10,10). Es una esperanza que se traduce también en la adopción de estilos de vida sostenibles, la promoción de la educación ambiental y las acciones comunitarias que fomentan el cuidado de la Casa Común.
Para los Redentoristas, esta semana se convierte en una oportunidad para imaginar nuestro ser-redentoristas-hoy, explorando una dimensión aún desconocida de nuestro carisma: la dimensión ecológica. En los últimos años ha venido creciendo en la Iglesia una nueva conciencia, más holística de la realidad, más sensible a las correlaciones, a las interacciones, a las redes que se establecen en la naturaleza, en el planeta. Porque no solamente el género humano es beneficiario de la obra de la Redención y de la Vida Abundante en Jesucristo, sino también todos los demás géneros de vida y la creación en general. Porque «todo está conectado» (LS, 117, 138), y esto equivale a decir que todos somos beneficiarios y partícipes de la vida abundante que brota del misterio de Cristo Redentor. De tal modo que, como apóstoles de la reconciliación estamos llamados a restablecer también las relaciones rotas con la naturaleza, como una expresión de nuestra comunión con Dios. Esta nueva conciencia nos está llevando a una comprensión renovada de nuestra identidad redentorista y de nuestra misión. La dimensión ecológica de la vida religiosa sitúa nuestros votos y compromisos en el corazón del misterio Pascual «que responde al proyecto inicial del Creador y que se recupera desde la cruz redentora. Quien tiene conciencia ecológica vive los consejos evangélicos en relación con el todo y nunca en aislamiento» (cf. García Paredes). En un mundo cambiante, descubrimos que nuestra vocación es a la integración, a sanar las relaciones rotas y a ser promotores de la vida abundante que brota del Redentor. Esto no significa renunciar a nuestros valores y a la manera como hasta ahora hemos realizado la misión redentorista; antes bien, significa redescubrir nuestro carisma y misión en nuevos contextos.
De la misma manera, una reflexión del carisma redentorista en perspectiva ecológica nos ayuda a ver que la degradación ambiental de nuestro planeta es el síntoma de un problema más profundo: de una crisis espiritual que nos divide y nos desintegra. De tal modo que, el deterioro de la naturaleza y de los ecosistemas se puede ver como un reflejo del desequilibrio interior y de nuestra desconexión con nuestro Creador. Si toda la vida cristiana y nuestra vida religiosa consisten en responder al amor de Dios, la degradación ambiental sería la expresión de un rechazo frontal a dicho amor, que se revela en la belleza de la Creación, pues una adecuada relación con el ecosistema es una consecuencia del amor a Dios. Así podemos comprender mejor la razón por la que nuestro padre san Alfonso buscó establecer un jardín en cada una de las primeras casas de la congregación. No es exagerado pensar que el Amor a Jesucristo que predicó con tanta pasión encontrara su inspiración en estos espacios para la oración y la contemplación.
Es evidente que los retos medioambientales a los que nos enfrentamos hoy en día son el resultado de paradigmas de desarrollo ambientalmente insostenibles, que la humanidad ha venido adoptando desde la Revolución Industrial, especialmente en las naciones industrializadas. Estudios e informes recientes se refieren a estos retos como la era del Antropoceno, que se caracteriza por poner al ser humano como el principal responsable de los cambios globales. El extractivismo, la urbanización desmedida, la sobrepesca, la contaminación industrial y muchos otros factores son algunas de las causas del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Estas son las causas más evidentes, pero existen otros mecanismos subyacentes que a menudo no se reconocen, no se comprenden ni se tienen en cuenta. Podríamos mencionar la codicia, la apatía y la indiferencia de las instituciones y los individuos, que conducen a la producción y al consumo excesivos, y a lo que el papa Francisco denominó «la cultura del descarte». Estos comportamientos se ven reforzados por narrativas de crecimiento ilimitado y capitalismo salvaje que moldean la opinión pública y las actitudes individuales.
Se trata de un paradigma que ha dado lugar a la aparición de prácticas y actitudes insostenibles y que, a menudo se contrapone al ideal de vida cristiana. Las personas que ven mejorar sus ingresos tienden a consumir más y a aumentar su huella ambiental (cf. Hui-Ting Chang, 2016). Lo cierto es que solo existe un planeta como el nuestro, y es limitado como única fuente de recursos naturales. Mientras la población crece y muchos países experimentan un progreso económico, se hace necesario adoptar un paradigma en el que no se agoten los bienes del planeta y sea posible un desarrollo sostenible. Durante esta semana estamos invitados a estudiar el paradigma de la Ecología Integral propuesto por Laudato si’. Este es un paradigma que aborda la crisis ambiental no como un problema aislado, sino vinculado profundamente a las realidades sociales, económicas, políticas y espirituales. La ecología integral va más allá del paradigma tecnocrático, al reconocer la dignidad de cada creatura y el particular rol del ser humano en la creación y sus relaciones con la realidad que lo rodea; es un paradigma que busca escuchar tanto «el clamor de la tierra» como «el clamor del pobre», promoviendo un desarrollo sostenible y justo, y la integridad de la Casa Común.
¿Qué podemos hacer?
En los últimos años ha venido creciendo la cantidad de información y literatura relacionada con el cuidado de la Casa Común y, por tanto, se hace necesario identificar algunas prioridades y pasos concretos que realmente podamos dar. Desde la comisión general de JPIC nos permitimos sugerir algunas maneras en las que podemos responder como redentoristas al llamado de la Laudato si’.
• Los dos últimos Capítulos Generales han hecho un llamado a adoptar las enseñanzas de Laudato si’, de tal modo que un primer paso sería el conocer el contenido de esta encíclica y las orientaciones dadas por los Capítulos a este respecto.
• La «conversión ecológica» comienza también por cada uno de nosotros como sujetos. En nuestra formación continua y nuestra oración personal podemos explorar los puntos de contacto entre nuestra tradición espiritual redentorista de la Redención Abundante, y los desafíos ambientales actuales. Nuestro carisma redentorista tiene un potencial ecológico enorme todavía por explorar. El actual contexto de crisis ecológica nos ofrece la oportunidad para renovar y enriquecer nuestro ministerio misionero y nuestra forma de ser misión en el mundo de hoy.
• Desde nuestro ministerio y nuestra predicación podemos ayudar a crear una conciencia ambiental y ecológica junto con nuestros interlocutores y comunidades. Nuestras comunidades tienen el potencial de convertirse en focos de esta nueva conciencia.
• Una pequeña acción puede desencadenar una ola de cambios a nuestro alrededor. Nosotros podemos marcar la diferencia en nuestra comunidad y contexto particular con las pequeñas acciones que realicemos en favor del cuidado de la Creación.
• A nivel personal o de nuestra comunidad, podemos apoyar y cooperar con proyectos ambientales locales y organizaciones que ya están trabajando por esta causa, muchos de ellos dentro del ámbito eclesial.
La Redención, posee un alcance cósmico que nos abre al asombro, a dejarnos evangelizar por las maravillosas obras de Dios en la creación y a maravillarnos de las múltiples maneras en que la obra de Cristo Redentor toca a cada persona, a cada criatura y a todo lo creado.
(Communicanda sobre la misión, 20)
Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC)
Vea también los recursos del Dicasterio pare el servicio del desarollo humano integral




