«Voy a hacerme santo». Una frase sencilla, casi desarmante, la de San Gerardo Maiella, que del 6 al 9 de agosto acompañó a un centenar de jóvenes, sacerdotes y religiosos llegados de Italia y España para el primer encuentro de la Pastoral Juvenil Vocacional Redentorista (PJVR) de la Provincia Europa Sur.
Cuatro días vividos en Materdomini, entre oración, encuentros, música, fraternidad, silencio, fiesta y muchas ganas de estar juntos. Cuatro días para conocer mejor a San Gerardo, pero sobre todo para dejarse interpelar por su vida y preguntarse: ¿qué significa, hoy en día, elegir ser santos?
La respuesta fue llegando poco a poco, a través de las numerosas experiencias vividas juntos. Porque la santidad, como han descubierto los jóvenes estos días, no es algo lejano o reservado a unos pocos, sino un camino concreto, hecho de elecciones cotidianas, de relaciones, de caídas y de nuevos comienzos.
Empezamos: Materdomini nos acoge
El jueves 6 de agosto fue el día de la llegada y de los primeros encuentros. Jóvenes procedentes de diversas comunidades italianas y españolas se reunieron en Materdomini y, entre saludos, presentaciones y alguna que otra sonrisa un poco tímida, comenzaron a conocerse.
La acogida, sencilla y festiva, ayudó a todos a sentirse inmediatamente parte de algo más grande: una sola familia, unida por el mismo carisma redentorista.
Tras la oración inicial en la basílica y la visita a los lugares más significativos del santuario, llegó el momento de la procesión por las calles de Materdomini y de la misa de apertura, presidida por monseñor Pasquale Cascio, obispo de la diócesis de Sant’Angelo dei Lombardi-Conza-Nusco-Bisaccia.
En su homilía, el obispo invitó a los jóvenes a no tener miedo a la santidad y, sobre todo, a no conformarse con una vida vivida a medias. Una invitación a dejarse guiar por el Evangelio y a tomarse en serio los sueños que Dios pone en el corazón de cada uno.
La primera jornada concluyó con una velada de presentaciones, testimonios, fiesta y fraternidad: la mejor manera de empezar a forjar nuevas amistades.
Por los caminos de San Gerardo
El viernes 7 de agosto fue el día dedicado a los orígenes. El destino era Muro Lucano, pueblo natal de San Gerardo.
Caminar por esas calles, entrar en los lugares de su infancia y conocer más de cerca su historia permitió a los jóvenes descubrir a un Gerardo muy real: un joven como tantos otros, con un trabajo, dificultades, deseos y también muchos malentendidos.
Fue precisamente aquí donde quedó aún más claro el significado de su «Voy a hacerme santo». Gerardo no esperó a que las condiciones fueran perfectas para iniciar su camino de búsqueda. Eligió vivir con Dios en el día a día.
Tras la comida compartida en Muro Lucano, preparada con cariño por la gente del lugar, el grupo regresó a Materdomini para celebrar juntos la misa.
Por la noche, la basílica acogió una vigilia de oración, la adoración de la Cruz, con la posibilidad de celebrar el sacramento de la Reconciliación. Fue uno de los momentos más intensos del encuentro: en el silencio y la oración, muchos jóvenes pudieron detenerse, confiar a Dios sus fatigas y experimentar una vez más la belleza de un perdón que levanta el ánimo y vuelve a poner en marcha.
Detenerse, escuchar, compartir
El sábado 8 de agosto fue el día del descubrimiento y del discernimiento.
La mañana comenzó con la oración en la basílica y con una catequesis que preparó a los jóvenes para el trabajo en grupos. Se dio espacio al silencio y a la reflexión personal, antes de reunirse para compartir lo que cada uno llevaba en el corazón.
Y aquí ocurrió algo bonito: el italiano y el español no fueron un obstáculo, sino una riqueza.
Entre palabras, gestos, traducciones improvisadas y alguna que otra sonrisa, surgieron sueños, miedos, preguntas y deseos muy similares. Porque, más allá del idioma y del país de origen, hay preguntas que nos pertenecen a todos: ¿Qué es lo que realmente quiero de mi vida? ¿A dónde me llama Dios? ¿Cómo puedo ser feliz?
Por la tarde, el grupo se desplazó a Caposele para participar en algunos talleres relacionados con la vida de San Gerardo.
Y tras una jornada tan intensa, no podía faltar una gran velada de fiesta, porque reír, cantar y estar juntos también forma parte del camino.
Una llamada para vivir
El domingo 9 de agosto llegó casi demasiado pronto. El último día se dedicó al testimonio y al mandato misionero.
Tras la oración, la catequesis y el último momento de intercambio en los grupos, todos se reunieron en la basílica para la misa de clausura, presidida por el P. Provincial, el P. Gennaro Sorrentino.
En su homilía, el Provincial recordó que elegir la santidad no significa renunciar a la alegría de la juventud. Al contrario, significa aprender a vivir cada cosa con un sentido más profundo, dejando que el Evangelio dé sabor a nuestros días.
La celebración vivió un momento especialmente intenso cuando cinco jóvenes redentoristas recibieron los ministerios de acólito y lector. Entre ellos se encontraba también quien escribe estas líneas, llamado a vivir este momento junto a otros cuatro hermanos. Esperamos que nuestro «aquí estoy», pronunciado ante el altar, se convierta para todos en un testimonio concreto de cómo la respuesta a la llamada de Dios toma forma en el servicio a la Iglesia, a la Palabra y a la Eucaristía.
No es un punto de llegada
Luego llegó la comida de despedida. Los últimos momentos juntos, las fotos, los abrazos, las despedidas y esa extraña sensación que siempre acompaña al final de una experiencia bonita: las ganas de quedarnos un poco más.
Los jóvenes han partido hacia sus comunidades en Italia y en España llevándose consigo mucho más que unos simples recuerdos. Este primer encuentro de la PJVR de la Provincia Europa Sur ha sido, sobre todo, un comienzo. Un comienzo hecho de nuevas relaciones, preguntas, sueños y del deseo de seguir caminando juntos.
Quizá, al final, la frase de San Gerardo siga siendo la síntesis más hermosa de estos días: «Voy a hacerme santo». Todavía no soy santo. No lo he entendido todo. No tengo todas las respuestas. Voy. Me pongo en camino. Lo intento, caigo, vuelvo a levantarme, busco a Dios en las cosas del día a día y aprendo a hacerlo junto a los demás. Y entonces sí: la santidad puede ser realmente una aventura al alcance de todos.
Una aventura para vivir juntos, con alegría en el corazón y el Evangelio en las manos.
Estudiante Francesco Di Lorenzo, C.Ss.R
















