{"id":1452,"date":"2015-04-26T10:12:42","date_gmt":"2015-04-26T10:12:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cssr.news\/spanish\/?p=1452"},"modified":"2016-04-26T10:13:04","modified_gmt":"2016-04-26T10:13:04","slug":"descubrir-el-mejor-vino-al-final-reflexiones-sobre-la-tercera-edad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cssr.news\/spanish\/2015\/04\/descubrir-el-mejor-vino-al-final-reflexiones-sobre-la-tercera-edad\/","title":{"rendered":"Descubrir el mejor vino al final Reflexiones sobre la Tercera Edad"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #008080; font-size: large;\"><b>Communicanda III &#8211; 1997-2003<\/b><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>COMMUNICANDA N\u00b0 3<br \/>\n<\/em><\/strong>8 de diciembre de 2000<br \/>\nProt. N\u00b0 0000 0265\/99<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queridos Cohermanos:<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Saludo a todos y a cada uno fraternalmente en Cristo Jes\u00fas. Tambi\u00e9n los miembros del Consejo General se unen a m\u00ed para expresar los mejores deseos de un A\u00f1o Nuevo lleno de abundantes bendiciones. Que la gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo os acompa\u00f1e siempre.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la segunda <em>Communicanda<\/em> de este Consejo General, <em>Y \u00a1Ay de m\u00ed si no predicara el Evangelio! <\/em>(14 de enero de 1999), expresaba mi intenci\u00f3n de dedicar m\u00e1s adelante una carta al tema de <em>las necesidades espirituales de la \u201ctercera edad\u201d<\/em> (n. 41). Estas reflexiones son un esfuerzo por cumplir aquel compromiso.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Comienzo por explicar lo que entiendo por <em>tercera edad<\/em>. Si es cierto que la <em>primera edad<\/em> de la vida se caracteriza por la educaci\u00f3n y que la <em>segunda<\/em> est\u00e1 marcada por la producci\u00f3n y el trabajo, la <em>tercera edad <\/em>se usa a menudo para referirse a ese per\u00edodo de la vida en el que el trabajo principal ya ha concluido. Aunque estoy pensando principalmente en los que ya han empezado a vivir la tercera edad, escribo este mensaje tambi\u00e9n para todos los cohermanos de la Congrega-ci\u00f3n. Sin tener en cuenta la edad, como la Constituci\u00f3n 55 nos recuerda, todos somos hermanos de la misma familia y compartimos la misma vocaci\u00f3n; todos somos misioneros y continuaremos si\u00e9ndolo por el resto de nuestras vidas. En cada etapa de nuestra existencia, y en todas las circunstancias en que nos encontremos, debemos intentar vivir siempre de forma m\u00e1s intensa nuestra consagraci\u00f3n religiosa. M\u00e1s a\u00fan, <em>vivir en comunidad y realizar la obra apost\u00f3lica a trav\u00e9s de la comunidad<\/em> es una <em>ley esencial<\/em> para nosotros (Constituci\u00f3n 21). Esta misma Constituci\u00f3n nos dice que <em>la comunidad no consiste tan s\u00f3lo en la cohabitaci\u00f3n material de los cohermanos, sino a la vez en la comuni\u00f3n de esp\u00edritu y de hermandad<\/em>. Estamos llamados a poner en com\u00fan nuestros \u00e9xitos y fracasos, nuestros dones y nuestras limitaciones en servicio de la misi\u00f3n, o del carisma que da sentido a nuestra vida. Cada comunidad, por consiguiente, debe hacer frente al tema de la vejez y sus consecuencias en los misioneros redentoristas.<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>\u00bfPor qu\u00e9 debemos plantearnos este tema?<\/strong><\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Como otros muchos institutos, tambi\u00e9n nuestra Congregaci\u00f3n se enfrenta a una nueva realidad: el creciente aumento de cohermanos ancianos. Nunca antes hab\u00eda contado la Congregaci\u00f3n entre sus miembros con un n\u00famero tan importante de ancianos. Al momento de escribir estas l\u00edneas, de los 5.569 miembros profesos de la Congregaci\u00f3n, 520 tienen ochenta o m\u00e1s a\u00f1os, y 948 se encuentran en la d\u00e9cada de los setenta. Esto significa que el 26% de la Congregaci\u00f3n sobrepasa los setenta a\u00f1os. Y aunque contamos con la bendici\u00f3n de muchos miembros j\u00f3venes \u2013 hay m\u00e1s profesos redentoristas en la veintena que con 80 o m\u00e1s a\u00f1os, y m\u00e1s en la treintena que en la d\u00e9cada de los 70 a\u00f1os \u2013 aqu\u00e9l es un hecho que ninguno de nosotros puede ignorar. Esto nos coloca ante desaf\u00edos que hay que afrontar para madurar juntos, fieles como comunidad enviada a predicar y a dar testimonio de la buena nueva del Reino.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Los redentoristas no s\u00f3lo viven m\u00e1s tiempo, sino que muchos cohermanos alcanzan los setenta o los ochenta a\u00f1os con bastante m\u00e1s salud y con mayor vigor que en el pasado. Por otra parte, hay una creciente necesidad de prestar atenci\u00f3n m\u00e9dica a los que se encuentran gravemente enfermos. El mayor reto de los redentoristas ancianos, sin embargo, no consiste en atender sus problemas de salud, sino en vivir su consagraci\u00f3n religiosa, especialmente cuando se ven obligados a disminuir, o incluso a suspender, sus normales actividades pastorales. En esta etapa de la vida, redefinir o reformular la identidad como misionero puede poner en crisis la propia autoestima.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Las culturas adoptan actitudes diferentes ante el envejecimiento y la ancianidad. Algunas veneran a sus miembros m\u00e1s ancianos. El mismo hecho de alcanzar una cierta edad dota a una persona de una dignidad que exige el respeto de la comunidad. Lo que me preocupa es la cultura que se va imponiendo cada vez m\u00e1s a nivel mundial y que idolatra la juventud, el vigor y la agilidad, mientras descuida, o trata de \u2018esconder\u2019, al anciano. Esta perspectiva cultural ocasiona tanta ansiedad que muchos har\u00e1n todo lo posible por \u201cpermanecer\u201d j\u00f3venes. Se anima a los que van siendo mayores, y a los ancianos, a que dejen el mundo laboral y el terreno de la pol\u00edtica. Se les invita a una vida sosegada y tranquila, pero sin tom\u00e1rseles en serio y sobre todo sin invitarles a que contin\u00faen siendo \u00fatiles a la sociedad. Especialmente en el caso de los varones, trabajo y val\u00eda propia son dos realidades que se viven estrechamente vinculadas entre s\u00ed. Cuando se est\u00e1 incapacitado para el trabajo parece que la vida ha perdido todo su significado. En fin, la muerte se ha convertido en tab\u00fa. Por motivos de cortes\u00eda no se la puede jam\u00e1s nombrar en una sociedad refinada y, ciertamente, nunca como trance para el que uno deba conscientemente prepararse.<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>Situaci\u00f3n en la Congregaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Debemos reconocer que la Congregaci\u00f3n se ve influenciada por esta ambivalencia ante la vejez. En algunas partes del mundo, el concepto social de \u201cjubilaci\u00f3n\u201d marca fuertemente la vida de los redentoristas. Se piensa que deben atenuarse las obligaciones del cohermano que alcanza una cierta edad. En algunos casos, sin que importe el estado real de su salud f\u00edsica o mental, al redentorista anciano se le descarga de toda responsabilidad importante en la comunidad. Por otra parte, algunos conciben la jubilaci\u00f3n como un derecho adquirido y cuando llegan a ancianos, esperan, por consiguiente, ser eximidos de sus deberes en comunidad a fin de atender mejor a sus intereses particulares. Hay Provincias del mundo desarrollado donde el pago de pensiones se convierte en un espinoso problema cuando el cohermano considera que este ingreso es de su propiedad. Por otro lado, la atenci\u00f3n a los cohermanos ancianos se centra, a veces, casi exclusivamente en los problemas de salud, descuidando las necesidades espec\u00edficamente espirituales de esta etapa de la vida.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Cuando visitamos las Provincias, los otros miembros del Consejo General y yo mismo quedamos frecuentemente edificados por los cohermanos m\u00e1s ancianos. Con los a\u00f1os, han afianzado su identidad misionera. Hay, adem\u00e1s, quienes tienen la habilidad de compartir con los otros, sobre todo los j\u00f3venes, la sabidur\u00eda que adquirieron. Todos los a\u00f1os recibo cartas de nuestros jubilares, hermanos y sacerdotes, que celebran cincuenta o m\u00e1s a\u00f1os de vida en la Congregaci\u00f3n; estas cartas desbordan gratitud, humildad y celo. Con frecuencia siento el impulso de com-partir ese testimonio con los miembros del Gobierno General.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Desgraciadamente, el hecho de envejecer no es de por s\u00ed garant\u00eda de estos sentimientos. Durante las visitas, nos encontramos tambi\u00e9n con redentoristas que se sienten defraudados, desilusionados, incluso amargados. M\u00e1s triste todav\u00eda es el hecho de los cohermanos que se sienten angustiados debido a los r\u00e1pidos cambios que se han producido en la Iglesia y en nuestro Instituto. Algunos juzgan que la Congregaci\u00f3n ha sido infiel a su carisma y a su misi\u00f3n en la Iglesia, y concluyen que Dios ha retirado su favor a la Congregaci\u00f3n.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Esas son algunas de las situaciones y preocupaciones que me llevan a escribir esta carta. Querr\u00eda, por lo mismo, ofrecer algunas reflexiones a la luz del \u00faltimo Cap\u00edtulo General que nos inst\u00f3 a que consider\u00e1ramos la espiritualidad como <em>el prisma a trav\u00e9s del cual veamos todas las dimensiones de nuestra vida<\/em> (<u>Mensaje final<\/u>, n. 5). Mi prop\u00f3sito tambi\u00e9n es invitar a todos a reflexionar sobre <em>la forma como nutrimos y expresamos nuestra relaci\u00f3n de fe con Jes\u00fas<\/em> (<u>Mensaje final<\/u>, n. 3) en la edad madura, y en el desaf\u00edo de conversi\u00f3n a fin de seguir a Jes\u00fas m\u00e1s de cerca, cualquiera sea la etapa de vida misionera en que nos encontremos.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Hay tambi\u00e9n razones personales que motivan esta carta. Tuve el privilegio y la gracia de pasar mis primeros a\u00f1os de Congregaci\u00f3n entre varios cohermanos maravillosos de la tercera edad. Sus palabras y ejemplo contin\u00faan, a\u00fan hoy, influyendo en m\u00ed. Estos redentoristas compartieron conmigo sus secretos al predicar la Palabra de Dios, me conectaron con la historia de mi Provincia y me ense\u00f1aron a amar la Congregaci\u00f3n y a confiar en su futuro. La mayor\u00eda de estos cohermanos ha muerto ya; y oro para que gocen plenamente de la dulzura de Dios. Con mucha gratitud dedico esta carta a todos esos testimonios de fidelidad, mientras espero que estas reflexiones me ayuden tambi\u00e9n a m\u00ed a ser un buen redentorista en mis postreros a\u00f1os y a que tambi\u00e9n yo pueda ayudar al cohermano joven que comienza su propia peregrinaci\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La vida como peregrinaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<ol start=\"11\">\n<li style=\"text-align: justify;\">La peregrinaci\u00f3n es una experiencia sagrada que se encuentra tanto en la mayor\u00eda de las grandes religiones como en numerosas culturas. Es interesante constatar c\u00f3mo el concepto de peregrinaci\u00f3n persiste en algunas sociedades donde el resto de manifestaciones religiosas tradicionales ha desaparecido a causa de la secularizaci\u00f3n. Quiz\u00e1s esto se deba a que la peregrinaci\u00f3n es algo as\u00ed como un paradigma de lo que el ser humano experimenta en su vida. Nosotros constatamos o, al menos, esperamos que nuestra vida no sea el simple producto de una fortuita colisi\u00f3n de \u00e1tomos, del destino ciego o, sencillamente, de impulsos biol\u00f3gicos; percibimos que nuestras vidas comenzaron en un determinado lugar y se dirigen a un destino concreto. Como peregrinos que avanzaran siguiendo la direcci\u00f3n de un santuario invisible, tratamos de encontrar el sentido a nuestro peregrinar a trav\u00e9s de una vida \u201cen marcha\u201d hacia una determinada meta, o hacia una Persona, a la que adivinamos <em>como en un espejo, en enigma<\/em> (1 Cor 13,11).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">La santidad de la peregrinaci\u00f3n no se experimenta simplemente con la llegada a la meta deseada. La vocaci\u00f3n de peregrino se vive cada d\u00eda, a cada hora y a cada minuto de la jornada; a cada paso dado con fe. Cuando peregrinamos por el sendero de la vida, somos conscientes de una paradoja: que cambiamos radicalmente a lo largo del camino en tanto seguimos siendo los mismos. Es decir, que podemos reconocer etapas importantes o fases diversas por las que atravesamos, mientras el n\u00facleo de nuestra identidad permanece misteriosamente invariable. Una met\u00e1fora com\u00fan para esta paradoja es la del d\u00eda: tiene ma\u00f1ana, mediod\u00eda y tarde, distintamente percibidos aunque fundidos en una \u00fanica entidad. Aunque unidas entre s\u00ed, cada etapa de la vida tiene un valor independiente que debe apreciarse como tal, y no simplemente como preparaci\u00f3n para la siguiente etapa.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Sucede, a veces, que las circunstancias fuerzan a la persona a pasar prematuramente a la siguiente etapa de la vida. Pensemos en lo tremendo de los ni\u00f1os a los que la pobreza obliga a asumir responsabilidades de adultos, como la carga de alimentar a su familia o tomar el puesto de un padre enfermo. Nosotros consideramos una tragedia que una vida humana acabe prematuramente, antes de que haya tenido la oportunidad de desarrollarse y de haber sido \u201cvivida\u201d plenamente. Puede darse tambi\u00e9n que, en nuestro avanzar, uno se resista a dar el paso a la etapa siguiente, como el adulto que se empe\u00f1a en seguir siendo siempre adolescente. Pero tal pretensi\u00f3n, adem\u00e1s de in\u00fatil, es frustrante. Constantemente estamos abocados a enfrentarnos con la evidencia de que, nos guste o no, debemos pasar por las diferentes etapas de la vida. En otras palabras, constantemente se nos recuerda que envejecemos.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">La percepci\u00f3n de que uno envejece ha influido en autores espirituales tan distintos como el ap\u00f3stol Pablo y el Papa Juan Pablo II. Pablo us\u00f3 la met\u00e1fora del crecimiento humano, o del envejecimiento, para describir el progreso en el discipulado (cf. 1 Cor 3,1-2; 13,11). En su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <em>Vita Consecrata<\/em> (1996), Juan Pablo II anima a los religiosos a reconocer las diferentes etapas de la vida y a no dejar nunca de esforzarse por crecer humanamente y como personas consagradas, puesto que <em>ninguna etapa de la vida puede ser considerada tan segura y fervorosa como para excluir toda oportunidad de ser asistida y poder de este modo tener mayores garant\u00edas de perseverancia en la fidelidad, ni existe edad alguna en la que se pueda dar por concluida la completa madurez de la persona<\/em> (n. 69).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 significado tiene ser redentorista cuando uno ya no puede ejercer la clase de apostolado, o las responsabilidades que desempe\u00f1\u00f3, siendo m\u00e1s joven? Gracias a Dios, la respuesta de la Congregaci\u00f3n a esta nueva situaci\u00f3n no empieza con la presente carta. Muchas (Vice)Provincias han dise\u00f1ado ya pol\u00edticas especiales para responder a las exigencias f\u00edsicas y afectivas de los cohermanos ancianos. Es posible ofrecer una extensa bibliograf\u00eda de autores espirituales contempor\u00e1neos, tambi\u00e9n redentoristas, que tratan de los especiales retos del seguimiento de Cristo en la tercera edad. Espero que tanto los cohermanos como los gobiernos (Vice)Provinci-ales sean conscientes de estos recursos y los usen. Tal vez esta carta sirva para hacernos pensar en el creciente n\u00famero de cohermanos ancianos que hay en la Congregaci\u00f3n, y a que caigamos en la cuenta de que sus necesidades van m\u00e1s all\u00e1 de la mera atenci\u00f3n a su salud f\u00edsica y aficiones, puesto que nunca nos jubilamos de nuestra profesi\u00f3n religiosa, <em>el acto definitivo de toda la vida misionera de los redentoristas<\/em> (Const. 54).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Desear\u00eda ce\u00f1irme al prop\u00f3sito de estas reflexiones, sin pretender abarcar en toda su amplitud lo que significa envejecer. Me centrar\u00e9, pues, en primer lugar, en la vejez bajo el aspecto de p\u00e9rdida y, luego, ver si esta experiencia puede ser tambi\u00e9n una ocasi\u00f3n para el crecimiento espiritual. Lo que sigue, puede ser ampliado y enriquecido por cada uno, particularmente por los cohermanos m\u00e1s ancianos que son los que pueden contemplar las experiencias de la vida con una especie de sabidur\u00eda que s\u00f3lo les est\u00e1 reservada a las personas de la tercera edad. Ojal\u00e1 la Congregaci\u00f3n siga mejorando en la forma de ayudar a los cohermanos mayores para que profundicen en su compromiso con el Redentor y apreciando la manera particular como ellos viven nuestro carisma.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Llevado a donde uno no quiere ir<\/strong><\/p>\n<ol start=\"17\">\n<li style=\"text-align: justify;\">De entre los encuentros de los disc\u00edpulos con su Se\u00f1or resucitado, uno de los m\u00e1s conmovedores es, sin duda alguna, aquel que se relata al final del evangelio de Juan. El pasaje trata de la aparici\u00f3n de Jes\u00fas a orillas del mar de Tiber\u00edades. Contiene detalles llamativos: el error de identidad, la pesca milagrosa, el tirarse al agua y la comida casera. La narraci\u00f3n contin\u00faa con la triple profesi\u00f3n de amor de Pedro, y el encargo del Se\u00f1or de una vida de caridad apost\u00f3lica.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Luego habla Jes\u00fas de c\u00f3mo esa vida terminar\u00e1, para gloria de Dios:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>En verdad, en verdad te digo:<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>cuando eras joven,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>t\u00fa mismo te ce\u00f1\u00edas,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>e ibas adonde quer\u00edas;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>pero cuando llegues a viejo,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>extender\u00e1s tus manos<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y otro te ce\u00f1ir\u00e1<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>y te llevar\u00e1 adonde t\u00fa no quieras<\/em> (Jn 21,18).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando medito esta escena, trato de imaginarme c\u00f3mo dir\u00eda Jes\u00fas a Pedro estas \u00faltimas palabras. Veo al Se\u00f1or mirando a los ojos de su amigo mientras le habla con ternura y con una calma que lo tranquiliza. Dios Padre tiene un plan para Pedro: no ser\u00e1 f\u00e1cil, pero su vida tendr\u00e1 sentido y valor. A Pedro se le encarga una vida de caridad pastoral; pero lo que, de hecho, \u201cglorificar\u00e1 a Dios\u201d ser\u00e1 su muerte. Finalmente, las \u00faltimas palabras de Jes\u00fas a Pedro (Jn 21,19; repetidas en el vers\u00edculo 22) son las mismas que le dirigi\u00f3 al inicio del evangelio (Mc 1,17); es decir, <em>S\u00edgueme<\/em>.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"18\">\n<li>Hay aqu\u00ed muchos rasgos propios de la etapa de la vida que consideramos en esta reflexi\u00f3n. Y me pregunto si la descripci\u00f3n prof\u00e9tica de la vejez de Pedro: <em>cuando llegues a viejo, extender\u00e1s tus manos y otro te ce\u00f1ir\u00e1 y te llevar\u00e1 adonde t\u00fa no quieras<\/em>, no nos habla claramente de una caracter\u00edstica esencial de esta etapa de la vida. La met\u00e1fora de <em>estar ce\u00f1ido<\/em> y de <em>ser llevado adonde uno no querr\u00eda ir<\/em> parece una descripci\u00f3n ajustada a la experiencia inevitable de p\u00e9rdida que sienten las personas de la tercera edad.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u201cSaber perder\u201d en la tercera edad<\/strong><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"19\">\n<li>Es f\u00e1cil reconocer este sentimiento de p\u00e9rdida en los padecimientos de algunos cohermanos, para quienes envejecer ha significado el comienzo de una enfermedad que les debilita, les postra en el lecho y les hace depender enteramente de los dem\u00e1s. Pero \u00bfacaso no es cierto que para toda persona, independientemente de su salud, la vejez comporta una serie de limitaciones? A\u00fan el anciano m\u00e1s vigoroso toma profunda conciencia de la transitoriedad de las cosas. El tiempo parece transcurrir m\u00e1s deprisa. Los d\u00edas, las semanas, los a\u00f1os parecen volar, sin que uno casi perciba su paso fugaz. Se tiene la sensaci\u00f3n reiterativa de que algo se est\u00e1 acabando, y hablamos del \u201catardecer\u201d de la vida, o del \u201coto\u00f1o\u201d de la vida. El viaje nos lleva adonde no querr\u00edamos. Porque antes de que nos enfrentemos al \u00faltimo tramo, que es la muerte, hay otras muchas muertes menores que marcan nuestra sendero de peregrinos.<\/li>\n<li>Tercera edad significa tener que saber perder, porque la p\u00e9rdida llega de muchas maneras y de diversas formas. Est\u00e1 la decadencia f\u00edsica, ocasionada por el propio envejecimiento, que trae incomodidades e incluso grandes sufrimientos. Est\u00e1 el deterioro de nuestra capacidad mental y hasta, en ocasiones, la demencia. La muerte de nuestros seres queridos y de nuestros m\u00e1s \u00edntimos amigos en la Congregaci\u00f3n hace que aumente cada vez m\u00e1s nuestra sensaci\u00f3n de estar solos. Los achaques de la vejez, por consiguiente, no se reducen al cuerpo, sino que llegan tambi\u00e9n al esp\u00edritu y a las relaciones humanas. Afectan incluso nuestra propia comprensi\u00f3n de la vida misionera, forz\u00e1ndonos inexorablemente a replantearnos el significado de nuestra profesi\u00f3n religiosa en las \u00faltimas etapas de la vida. Nuestro fundador, ciertamente, tuvo que confrontarse tambi\u00e9n con esta realidad.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>La experiencia de Alfonso<\/strong><\/p>\n<ol start=\"21\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Quienes han podido visitar Scala, donde naci\u00f3 nuestra Congregaci\u00f3n, habr\u00e1n hecho seguramente una pausa para orar en la capilla de la gruta de Alfonso. All\u00ed nuestro padre tuvo un oasis durante las semanas y meses agitados que siguieron al importante acontecimiento del 9 de noviembre de 1732. Alfonso sol\u00eda venir a esta peque\u00f1a gruta y en ella pasaba horas enteras en oraci\u00f3n. Pensaba en los primeros y vacilantes pasos de su Congregaci\u00f3n; lamentaba la salida de pr\u00e1cticamente todos sus compa\u00f1eros; buscaba la fuerza de Dios y de la Virgen Mar\u00eda. Hoy, el visitante ve una sencilla placa de madera en una esquina de la gruta. En ella se leen las palabras que Tannoia, su primer bi\u00f3grafo, atribuye a Alfonso: \u201cO mi gruta, mi gruta; ojal\u00e1 pudiera deleitarme en mi gruta\u201d (II, 97). Estas palabras se atribuyen a un Alfonso anciano que sue\u00f1a con volver a aquella \u201ccelda m\u00edstica de la que sali\u00f3 embriagado de amor a Dios y de una pasi\u00f3n incontenida por la salvaci\u00f3n de las almas\u201d (Tannoia, ibid.).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Yo pienso que Alfonso no anhelaba simplemente un lugar especial para orar; a\u00f1orar\u00eda al hombre de treinta y ocho a\u00f1os que or\u00f3 en esa gruta. Tal vez a la mente del anciano Alfonso todo aparec\u00eda mucho m\u00e1s claro desde la perspectiva de su peque\u00f1a gruta. En ella estaba la n\u00edtida idea de qui\u00e9n era \u00e9l y de lo que se hab\u00eda propuesto hacer. Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, tras haber dejado su di\u00f3cesis y vuelto a Pagani, Alfonso deber\u00e1 redescubrir lo que significa ser redentorista. Ahora no pod\u00eda basar su identidad en la predicaci\u00f3n de misiones \u2013 no lo hab\u00eda hecho en los \u00faltimos veinte a\u00f1os. Tampoco pod\u00eda esperar tener como anta\u00f1o la \u00faltima palabra entre sus hermanos: Andrea Villani, el vicario general, hab\u00eda estado gobernando la Congregaci\u00f3n durante la larga ausencia de su fundador y no abandon\u00f3 esta tarea cuando Alfonso volvi\u00f3 de Santa \u00c1gueda de los Godos. Es verdad que Alfonso continu\u00f3 escribiendo y, ciertamente, en algunas cosas sigui\u00f3 su propio parecer, como cuando rechaz\u00f3 categ\u00f3ricamente la celda engalanada que se le hab\u00eda preparado para, a cambio, tomar una de las sencillas habitaciones de Pagani. Tener un cuarto como los dem\u00e1s, sin embargo, no iba a ser todo. Alfonso tendr\u00eda que volver a definir el significado de su ser redentorista en la tercera edad, especialmente, en qu\u00e9 consist\u00eda ahora ser hermano entre sus hermanos de comunidad.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">La mayor\u00eda de nosotros ha encontrado ya \u2013 o encontrar\u00e1 \u2013 su propia \u201cgruta\u201d. M\u00e1s que un lugar, esta \u201cgruta\u201d es el recuerdo de uno mismo en un momento de la vida en el que se sent\u00eda con m\u00e1s entusiasmo, m\u00e1s misionero, m\u00e1s comprometido con los proyectos de la vida. Ver irremediablemente hundirse en el pasado aquella etapa de nuestra vida y saber que nunca m\u00e1s podr\u00e1 recuperarse puede producir aquella suerte de emoci\u00f3n agridulce que Alfonso experimenta ante su propia \u201cgruta\u201d. Esta p\u00e9rdida es parte del ser humano y es lamentable. Pero lo que parece un obst\u00e1culo para el crecimiento espiritual es la incapacidad de aceptar, o la renuencia a aceptar, las limitaciones de la vejez, sobre todo las que se experimentan cuando ya no se puede hacer el trabajo apost\u00f3lico de antes, o desempe\u00f1ar las mismas responsabilidades que se tuvieron en la Provincia.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Todos los maestros de espiritualidad insisten en que el conocimiento propio es requisito indispensable para que se d\u00e9 y crezca la vida de uni\u00f3n con Dios. El gran enemigo del esp\u00edritu, por tanto, es el autoenga\u00f1o de no querer aceptarse uno a s\u00ed mismo, con sus circunstancias. En el caso del redentorista que envejece, dicha negativa pudiera llevarlo a pretender recuperar su \u201cgruta\u201d, aferr\u00e1ndose obstinadamente a aquello que piensa fue su momento de gloria. Tal actitud negativa es dif\u00edcil o imposible de sostener por mucho tiempo, pero hay cohermanos que se resisten con todas sus fuerzas a disminuir su actividad apost\u00f3lica, incluso cuando est\u00e1 claro que ya no poseen la energ\u00eda, o la formaci\u00f3n, para proseguirla. A veces un superior debe tomar la dif\u00edcil decisi\u00f3n de apartar a un cohermano de un ministerio que excede sus capacidades. Otras veces sucede que, tras dejar apostolados que se ejercieron durante gran parte de la vida, los cohermanos se vuelven obsesivos con su propia salud f\u00edsica, con las consultas a los m\u00e9dicos, con la televisi\u00f3n o con cualquier otro g\u00e9nero de pasatiempo. Inconscientemente pueden llegar a sentir verdadera envidia de la juventud, y esto se manifiesta, a veces, en una maliciosa alegr\u00eda al se\u00f1alar defectos y fracasos de religiosos m\u00e1s j\u00f3venes. El hecho de que algunos cohermanos de edad avanzada se vuelvan tiranos en el trato con los dem\u00e1s se debe menos al propio proceso de envejecimiento que a su incapacidad en asumir esta nueva etapa de la peregrinaci\u00f3n, as\u00ed como al no haber acertado a encontrar una sana espiritualidad propia del redentorista anciano.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">A lo largo de nuestra peregrinaci\u00f3n por la vida, cada vez somos m\u00e1s conscientes de que nos llevan adonde no querr\u00edamos ir. El decaer de la salud f\u00edsica y mental, la muerte de amigos y familiares, as\u00ed como el final de empe\u00f1os apost\u00f3licos que se ejercieron por largos a\u00f1os, son especiales desaf\u00edos espirituales que se presentan en la \u00faltima etapa de la vida. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1n los cohermanos, en esta etapa de la peregrinaci\u00f3n, encontrar serenidad y gozo al enfrentar estas p\u00e9rdidas?<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u201cConsiderando todo lo dem\u00e1s como p\u00e9rdida\u201d\u2026no como derrota<\/strong><\/p>\n<ol start=\"26\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Hay una paradoja estimulante en la tercera edad. Es \u00e9sta: cuando un redentorista se ve <em>ce\u00f1ido<\/em> y <em>llevado all\u00ed adonde \u00e9l no querr\u00eda ir<\/em>, en vez de derrumbarse y rodar por la pendiente que desemboca en la muerte, es invitado a alcanzar una mayor libertad. Da la impresi\u00f3n de que a las personas que han tomado en serio su peregrinar hacia Dios les llega un momento en que han de afrontar lo que significa la fuerza del apego a cosas que est\u00e1n llamadas a desaparecer. Alfonso propone que la manera de alcanzar esa mayor libertad de esp\u00edritu est\u00e1 en reducir el excesivo influjo que ejercen sobre uno las circunstancias de la vida, a fin de sen-tirse cada vez m\u00e1s libre para amar Dios. A este doble movimiento \u2013 de desprendimiento de ataduras terrenas y de acercamiento al Dios del amor \u2013 Alfonso lo llama <em>distacco<\/em>, y es un tema de capital importancia en el camino espiritual que \u00e9l propone en la <em>Pr\u00e1ctica del Amor a Jesucristo<\/em>. El cap\u00edtulo 17 de esta obra nos ofrece un resumen impactante de esta doctrina alfonsiana:<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El apego a nuestras propias y desenfrenadas inclinaciones es el mayor obst\u00e1culo para la verdadera uni\u00f3n con Dios. Por consiguiente, cuando Dios piensa atraer un alma a su amor perfecto, intenta desasirla de todo afecto hacia las cosas creadas. As\u00ed, puede que \u00e9l la despoje de los bienes materiales, de los placeres mundanos, de la propiedad, del honor, de amigos, de relaciones o de la salud corporal. Por medio de estas p\u00e9rdidas, problemas, abandono, desamparos y enfermedades desata \u00e9l, poco a poco, las ataduras de todo lo terrenal para que todos los afectos puedan centrarse solo en \u00e9l<\/em>.<\/p>\n<ol start=\"27\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Tal vez la palabra <em>distacco<\/em> (desprendimiento) nos traiga a la memoria las muchas conferencias que nos hac\u00edan durante el noviciado. Y puede ser que los concretos obst\u00e1culos a los que tuvieron que hacer frente Alfonso y sus contempor\u00e1neos napolitanos para lograr una mayor uni\u00f3n con Dios \u2013 las ataduras de una familia dominante, el se\u00f1uelo del honor mundano y el canto de sirena de las riquezas \u2013 no sean, de hecho, nuestros problemas. Pero lo que Alfonso trata de decirnos es que hay que examinar honestamente nuestras vidas y ver qui\u00e9n, o qu\u00e9, ocupa el primer puesto en nuestro coraz\u00f3n. Porque es all\u00ed donde Dios desea morar de forma absoluta. En el cap\u00edtulo 11 de la <em>Pr\u00e1ctica<\/em>, Alfonso pregunta: <em>\u00bfTienes un coraz\u00f3n tan vac\u00edo como para que el Esp\u00edritu Santo te lo llene?<\/em><\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Evidentemente, no es f\u00e1cil unirse completamente a Dios. Muchos de nosotros tenemos miedo a seguir este camino porque supone sufrimiento. Pero \u00bfcu\u00e1l es la alternativa? Podr\u00edamos intentar anestesiarnos con el trabajo, el prestigio, las relaciones humanas, la bebida, el miedo o el resentimiento, para olvidarnos del paso del tiempo y de sus consecuencias. En nuestros momentos de lucidez, sin embargo, no tendr\u00edamos m\u00e1s remedio que ver con terror que la vida se nos escapa de las manos, y que el tiempo no vivido como <em>kairos<\/em> en el que Dios se revela, se convierte en nuestro enemigo.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">A\u00fan cuando lo pretendi\u00e9ramos, no podr\u00edamos cambiar la mayor\u00eda de las cosas que nos suceden. Esta verdad, v\u00e1lida en cualquier momento de la vida, parece ser a\u00fan m\u00e1s evidente cuando envejecemos. Lo que s\u00ed est\u00e1 en nuestras manos es determinar la medida en que nos afectan las personas, los lugares y las cosas. Alfonso nos ayuda a ver c\u00f3mo las limitaciones que acompa\u00f1an a la tercera edad pueden convertirse en otras tantas oportunidades para abandonarnos a la providencia de Dios, experimentando y reviviendo la profundidad de su fiel amor hacia nosotros.<\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>Una senda para el distacco<\/strong><\/p>\n<ol start=\"30\">\n<li style=\"text-align: justify;\">En su Carta a los Filipenses, Pablo propone el camino del <em>distacco<\/em>. El tercer cap\u00edtulo podr\u00eda ser una excelente fuente de meditaci\u00f3n para la tercera edad. \u00bfC\u00f3mo describe Pablo su peregrinaci\u00f3n hacia Dios? Comienza con una pr\u00e1ctica com\u00fan a las personas ancianas: hace el inventario de su vida (Flp 3,4-6). No se excusa de su pasado, sino que tiene una forma distinta de verlo: <em>Pero lo que era para m\u00ed ganancia, lo he juzgado una p\u00e9rdida a causa de Cristo<\/em> (v. 7). Lejos de tomar el camino m\u00e1s seguro, Pablo lo arriesga todo:<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>M\u00e1s a\u00fan: juzgo que todo es p\u00e9rdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jes\u00fas, mi Se\u00f1or, por quien perd\u00ed todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo y estar unido a \u00e9l, no con la justicia m\u00eda, la que viene de la ley, sino la que viene por la fe en Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe. Lo que quiero es conocer a Cristo y tener el poder de su resurrecci\u00f3n y la comuni\u00f3n en sus padecimientos hasta hacerme semejante a \u00e9l en su muerte, para llegar a la resurrecci\u00f3n de entre los muertos<\/em>. (Flp 3,8-11)<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"31\">\n<li>Pablo es consciente de que no ha alcanzado a\u00fan la meta, pero que va corriendo en la direcci\u00f3n correcta. Escoge aceptar lo que le pasa, incluso la p\u00e9rdida de todo lo que pensaba que era de mayor valor en su vida, con tal de ganar a Cristo Jes\u00fas. No desprecia de antemano lo que pierde; sencillamente, no lo puede comparar con el inestimable valor de su relaci\u00f3n con Cristo Jes\u00fas.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Libertad para amar<\/strong><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"32\">\n<li>Pablo y Alfonso nos ense\u00f1an que esta p\u00e9rdida puede aportar una mayor libertad de esp\u00edritu; es decir, liberaci\u00f3n de s\u00ed mismo para amar cada vez m\u00e1s y sin reserva alguna. Hay una peculiar forma redentorista de amar a la que nuestras Constituciones llaman: <em>caridad apost\u00f3lica<\/em>. Es nuestra participaci\u00f3n en la misi\u00f3n de Cristo y el principio unificador de nuestras vidas (cf. Const. 52). La caridad apost\u00f3lica supone que \u201cla gloria de Dios y la salvaci\u00f3n del mundo .son una \u00fanica realidad\u201d y que \u201cel amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo son una misma cosa\u201d (Const. 53). Por consiguiente, en todas y cada una de las etapas de nuestra peregrinaci\u00f3n, estamos llamados a \u201cvivir la uni\u00f3n con el Se\u00f1or bajo la forma de caridad apost\u00f3lica y, mediante la caridad misionera, buscar la gloria divina\u201d. El XXII Cap\u00edtulo General reconoci\u00f3 la llamada a la caridad apost\u00f3lica durante toda la vida cuando recomend\u00f3:<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Que cada miembro de la Congregaci\u00f3n, no importa su edad, busque ser fiel al servicio de los m\u00e1s abandonados, y especialmente de los pobres, por quienes hemos optado el d\u00eda de nuestra profesi\u00f3n<\/em> (<u>Orientaciones<\/u>, 2.4).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"33\">\n<li>Hay, sin duda alguna, ministerios que los redentoristas ancianos pueden realizar entre los m\u00e1s abandonados, sobre todo los pobres. Pienso, por ejemplo, que son muy eficaces a la hora de brindar compasi\u00f3n, consuelo y esperanza a otros ancianos o enfermos. Pero all\u00ed donde todos los redentoristas de la tercera edad est\u00e1n llamados a ejercitar la caridad apost\u00f3lica es, sin duda alguna, en el seno de la propia comunidad local, cuya vida <em>es la principal forma de la proclamaci\u00f3n del Evangelio<\/em> (XXII Cap\u00edtulo General, <u>Orientaciones<\/u>, 3). Creo que hay dos servicios especiales que los redentoristas ancianos pueden prestar a nuestras comunidades.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primero de estos servicios es el que el mismo Alfonso trat\u00f3 de prestar. En noviembre de 1774, al preparar su salida de Santa Agueda, escribi\u00f3: <em>Cuando haya vuelto a una de nuestras casas, podr\u00eda ser \u00fatil a los cohermanos, especialmente a los j\u00f3venes<\/em>. Tal vez Alfonso pensaba en s\u00ed mismo como tutor para los estudiantes en homil\u00e9tica o teolog\u00eda moral. Sus bi\u00f3grafos comentan que el ejemplo de su vida en la tercera edad impact\u00f3 a los cohermanos m\u00e1s j\u00f3venes. Un redentorista anciano que no se deja abatir por el sufrimiento o los achaques de la edad, sino que manifiesta gozo, amor y esperanza, es un gu\u00eda inestimable para los cohermanos j\u00f3venes.<\/p>\n<ol start=\"34\">\n<li style=\"text-align: justify;\">El segundo servicio tiene que ver con los detalles simples de nuestra vida diaria. Se dice que, por hacer cosas fabulosas, perdemos la oportunidad de hacer algo verdaderamente importante, por la sencilla raz\u00f3n de que nos parece que aquello no es digno de mayor atenci\u00f3n. El anciano, en cambio, puede contribuir mucho a la calidad de nuestra vida en com\u00fan al realizar las tareas m\u00e1s ordinarias. Recuerdo c\u00f3mo la generosidad de un sacerdote anciano ayud\u00f3 al trabajo de los miembros de toda una comunidad muy empe\u00f1ada; y aunque una trombosis cere-bral le hab\u00eda dejado medio paral\u00edtico, todas las tardes atend\u00eda al tel\u00e9fono mientras el resto de los cohermanos se ocupaba en las actividades pastorales de una complicada parroquia. Evoco tambi\u00e9n mi primera visita a Roma en la que vi a un anciano Bernhard H\u00e4ring cultivando las flores en el jard\u00edn de la comunidad. Y estoy seguro que la mayor\u00eda de los redentoristas ha podido admirar la generosidad de alg\u00fan cohermano anciano.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Descubriendo el mejor vino al final (Jn 2,10)<\/strong><\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"35\">\n<li>San Juan de la Cruz nos recuerda que en el atardecer de la vida seremos juzgados en el amor. Tal vez esto sea as\u00ed porque en el crep\u00fasculo de nuestra peregrinaci\u00f3n por la vida estamos especialmente llamados al desprendimiento, a fin de ser m\u00e1s libres para amar. Como misioneros, no debemos llevar excesivo equipaje. Al final de la peregrinaci\u00f3n, todo lo que realmente necesitaremos es el amor; amar a Dios como merece ser amado y amarnos mutuamente como hermanos. El amor de un redentorista anciano, aunque expresado de forma muy sencilla, puede dejar un impacto duradero en sus cohermanos, especialmente los j\u00f3venes.<\/li>\n<li>Es el amor lo que <em>da solera<\/em> a nuestro esp\u00edritu, como la acci\u00f3n del tiempo al buen vino. Al final de la vida, el amor nos dar\u00e1 calidad y aroma, no el sabor acerbo del vinagre. Esta clase de amor, sin embargo, no est\u00e1 totalmente a nuestro alcance, sino que ha de ser el resultado <em>de toda una vida cotidiana<\/em> <em>de conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y de incesante renovaci\u00f3n de los criterios<\/em> (Const. 41). El 24 de noviembre de 2000, el padre Josef Pfab, superior general em\u00e9rito, acab\u00f3 su peregrinaci\u00f3n. En su funeral, un sacerdote joven me cont\u00f3 su \u00faltimo encuentro con \u00e9l. Fue un d\u00eda o dos antes de su muerte, cuando estaban para celebrar la eucarist\u00eda en la habitaci\u00f3n del hospital. El padre joven le pregunt\u00f3 si ten\u00eda alguna intenci\u00f3n especial. El padre Pfab le contest\u00f3: \u201cOrar para que est\u00e9 convertido a la hora de mi muerte\u201d. Pablo ten\u00eda el mismo deseo:<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todav\u00eda. Pero una cosa hago: olvido lo que dej\u00e9 atr\u00e1s y me lanzo a lo que est\u00e1 por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jes\u00fas<\/em> (Flp 3,13-14).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"37\">\n<li>Que Mar\u00eda, nuestra Madre, cuya presencia piadosa acompa\u00f1\u00f3 a la primitiva comunidad apost\u00f3lica y que no dud\u00f3 en entregarse al servicio de los dem\u00e1s, nos ayude a ser siempre fieles pero, especialmente, cuando \u201csuframos y muramos por la salvaci\u00f3n del mundo\u201d (Const. 55).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fraternalmente en Cristo Redentor,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Joseph W. Tobin, C.Ss.R.<br \/>\nSuperior General<\/p>\n<p><em>(El texto original es el ingl\u00e9s.)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Communicanda III &#8211; 1997-2003 &nbsp; COMMUNICANDA N\u00b0 3 8 de diciembre de 2000 Prot. 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