{"id":1464,"date":"2015-04-26T10:26:54","date_gmt":"2015-04-26T10:26:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cssr.news\/spanish\/?p=1464"},"modified":"2016-04-26T10:27:10","modified_gmt":"2016-04-26T10:27:10","slug":"hacer-vivir-y-crecer-lo-esencial-de-nuestra-vida-apostolica","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.cssr.news\/spanish\/2015\/04\/hacer-vivir-y-crecer-lo-esencial-de-nuestra-vida-apostolica\/","title":{"rendered":"Hacer vivir y crecer lo esencial de nuestra &#8220;vida apost\u00f3lica&#8221;"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #008080; font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: large;\"><b>Communicanda &#8211; 1991-1997<\/b><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Communicanda 1<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Roma, l de agosto de 1992<br \/>\n0000 0230\/92<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queridos cohermanos,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los \u00faltimos meses, el Gobierno General ha reflexionado conjuntamente sobre algunos puntos propuestos en el Documento Final del Cap\u00edtulo General. AI mismo tiempo que enviamos nuestra reflexi\u00f3n, os saludamos y deseamos que el Documento Final y nuestra communicanda sean tambi\u00e9n objeto de reflexi\u00f3n para vuestras comunidades.<\/p>\n<p><strong>0.Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un Cap\u00edtulo General ha de hacer crecer nuestra vida apost\u00f3lica, reforzar nuestros compromisos y adaptarnos a las necesidades de la Iglesia y de los hombres y mujeres de nuestro tiempo (Const. 107). Este es el sentido del mensaje que nos ha transmitido, para los pr\u00f3ximos seis a\u00f1os, el XXI Cap\u00edtulo General celebrado 1991 en Itaici, Brasil. Un mensaje que hunde sus ra\u00edces en:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">0.1.\u00a0\u00a0\u00a0 La vida del mundo en que los Redentoristas estamos presentes. En efecto, nos afectan los problemas de este mundo: tensiones entre las naciones y en el interior de un mismo pa\u00eds, ausencia de verdadera democracia, diferencias crecientes entre ricos y pobres, hambres, migraciones forzosas, injusticia social, situaci\u00f3n de la mujer, crisis de la salud, espectro del sida, racismo, destrucci\u00f3n de la naturaleza. Pero tambi\u00e9n participamos de sus esperanzas cuando los derechos humanos se respetan mejor, cuando en especial los m\u00e1s d\u00e9biles: ni\u00f1os, personas ancianas, desempleados, encuentran su lugar en la sociedad. Cuando la libertad y la democracia se ampl\u00edan, cuando el amor y la lealtad se han dado cita, cuando la justicia y la paz se besan&#8221; (Sal. 85,11).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">0.2.\u00a0\u00a0\u00a0 La vida de la Iglesia a la que pertenecemos. En efecto, la Iglesia es sacramento universal de la Redenci\u00f3n, en camino hacia el Reino de Dios. AI mismo tiempo que participamos en su misi\u00f3n a nivel universal y local, participamos tambi\u00e9n, por un lado, de su testimonio prof\u00e9tico y liberador, pero, por el otro, de sus debilidades y ambig\u00fcedades. Para nosotros es un reto constante el buscar las formas concretas de contribuir de modo espec\u00edfico a la vida de la Iglesia en los periodos dif\u00edciles y en las situaciones concretas. Pero podremos enriquecer la vida de la Iglesia en la medida de nuestra fidelidad al carisma de San Alfonso y a la herencia de toda nuestra Congregaci\u00f3n. Ellas ser\u00e1n fuentes de creatividad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">0.3.\u00a0\u00a0\u00a0 La vida de la Congregaci\u00f3n a trav\u00e9s de las comunidades, las viceprovincias y las provincias. Sombras y luces se cruzan en nuestras vidas. Avances y, a veces, retrocesos, momentos de desaliento y des\u00e1nimo, necesidad de reiniciar el camino en la esperanza&#8230; todo se entremezcla, como en la vida de los seres humanos que nos est\u00e1n cerca. Respiramos el mismo ambiente de nuestros contempor\u00e1neos, Como ellos, estamos influenciados por el contexto general de este final del siglo XX, e igualmente marcados por el pasado, por la tradici\u00f3n, con sus riquezas y su peso muerto. Tambi\u00e9n tenemos el gozo de poder compartir los retos y las esperanzas de esta gran familia misionera de 6.000 cohermanos, pertenecientes a casi 60 naciones y presentes en 68 pa\u00edses del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">0.4.\u00a0\u00a0\u00a0 En este contexto, el Consejo General quiere ofrecer a cada cohermano y a cada comunidad local y provincial algunas reflexiones, tomando como punto de partida aquello que le parece ser el coraz\u00f3n del Documento Final del \u00faltimo Cap\u00edtulo General. Es un primer acercamiento que no pretende retomar todos los puntos del Documento. Queremos, en un primer momento, reafirmar el tema escogido para este sexenio &lt;1&gt;. A continuaci\u00f3n, explicitaremos el deseo y la necesidad de interiorizaci\u00f3n, de unificaci\u00f3n en &#8220;nuestra vida a la manera de los ap\u00f3stoles&#8221; &lt;2&gt;. Finalmente, mostraremos como nuestro env\u00edo a los m\u00e1s abandonados, especialmente a los pobres, quiere dar unidad al conjunto de nuestra existencia, encarnarla en formas concretas y vivir la inculturaci\u00f3n &lt;3&gt;.<\/p>\n<ol>\n<li><strong> El tema del sexenio<br \/>\n<\/strong><strong> \u00a0 \u00a0(la continuidad entre los temas<br \/>\nde los tres \u00faltimos cap\u00edtulos)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.1.\u00a0\u00a0\u00a0 El XXI Capitulo General no supone ninguna ruptura en nuestro caminar juntos. Deliberadamente se ha situado en la prolongaci\u00f3n tem\u00e1tica, pues &#8220;hemos sentido el esp\u00edritu unificador y apost\u00f3lico que el tema del sexenio pasado signific\u00f3 para la Congregaci\u00f3n&#8221; (DF, n. 6). El nos ha ayudado a vivir mejor en la fidelidad nuestra propia vocaci\u00f3n, a avanzar juntos. La evaluaci\u00f3n realizada por las (V)Provincias y las regiones ha permitido a los capitulares discernir lo positivo, especialmente en la selecci\u00f3n de nuestras prioridades pastorales, en la proclamaci\u00f3n de la Buena Nueva cerca de los destinatarios privilegiados de este anuncio y en la participaci\u00f3n de estos \u00faltimos en nuestra propia conversi\u00f3n. Pero el Capitulo ha reconocido tambi\u00e9n la presencia de sombras en nuestras vidas. El Documento Final en su n\u00famero 8 lo dice claramente. Con insistencia se nos invita a continuar juntos nuestra reflexi\u00f3n y nuestra praxis m\u00e1s comprometida del \u00faltimo sexenio. El discernimiento y la profundizaci\u00f3n nos permitir\u00e1n dar un paso adelante en la respuesta a los retos del presente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.2.\u00a0\u00a0\u00a0 Nos parece muy importante recalcar lo que es el centro de este Documento &#8220;Final, en cierto modo el faro que ilumina todo el texto. En efecto, el deseo de los capitulares ha sido insistir en lo que se dice en los nn. 11 y 12. &#8220;Queremos acentuar el anuncio expl\u00edcito, prof\u00e9tico y liberador del evangelio a los pobres, dej\u00e1ndonos interpelar por ellos (evangelizare pauperibus et a pauperibus evangelizari)&#8221;. Para que este tema se encarne en nuestra vida personal y comunitaria, queremos \u00abahondar m\u00e1s en el\u00bb, \u00abacentuar su coherencia\u00bb, \u00absu articulaci\u00f3n\u00bb, el nexo \u00edntimo &#8220;entre la tarea evangelizadora, la vida comunitaria y la espiritualidad de la Congregaci\u00f3n&#8221;. Y este deseo de unificaci\u00f3n de toda nuestra vida de Redentoristas quiere traducirse en formas muy concretas &#8220;que expresen la opci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n por los m\u00e1s abandonados, en especial por los pobres&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.3.\u00a0\u00a0\u00a0 De este modo el Cap\u00edtulo ha querido reafirmar nuestro lugar en la misi\u00f3n de la Iglesia, aquello que constituye nuestro carisma, claramente afirmado en la Constituci\u00f3n n. 5: &#8220;La preferencia por las situaciones de necesidad pastoral o de la evangelizaci\u00f3n propiamente dicha y la opci\u00f3n por los pobres constituyen para la Congregaci\u00f3n su misma raz\u00f3n de ser en la Iglesia y el sello de su fidelidad a la vocaci\u00f3n recibida, Su misi\u00f3n de evangelizar a los pobres comprende la liberaci\u00f3n y salvaci\u00f3n de toda la persona humana. Los congregados deben proclamar expl\u00edcitamente el Evangelio, solidarizarse con los pobres y promover sus derechos fundamentales de justicia y de libertad&#8221;. Es esta, pues, la direcci\u00f3n en la que el Cap\u00edtulo nos invita a avanzar. Cuando alguien, un joven por ejemplo, nos pregunte: &#8220;\u00bfQui\u00e9nes son los Redentoristas?&#8221;, es necesario que seamos capaces de responderle y que se nos pueda creer, present\u00e1ndole esta tarjeta de identidad tan claramente afirmada en los textos citados. Esta es \u00abnuestra raz\u00f3n de ser\u00bb, la \u00abpiedra de toque de nuestra fidelidad\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.4.\u00a0\u00a0\u00a0 A los Redentoristas, misioneros del Evangelio entre los m\u00e1s abandonados, especialmente los pobres, nos interpela la insistencia del Papa Juan Pablo II a trav\u00e9s de todos los continentes en \u00abla nueva evangelizaci\u00f3n\u00bb. El Papa vuelve una y otra vez sobre una nueva calidad evangelizadora que corresponda a los cambios profundes de nuestro mundo. Ya en su \u00e9poca, san Clemente hablaba de &#8220;proclamar el Evangelio de una manera nueva&#8221;. Hoy como ayer, nuestra misi\u00f3n consiste en responder a las necesidades de la humanidad. &#8220;Interpretando fraternamente los angustiosos interrogantes de los hombres, procuren discernir los signos ver\u00eddicos que ellos dejan traslucir de la presencia y de los designios de Dios&#8221; (Const. 19). \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los angustiosos interrogantes de nuestro tiempo? \u00bfNo son frecuentemente los j\u00f3venes, las poblaciones pobres de las grandes ciudades secularizadas y de las zonas rurales, y todos los abandonados, los que tienen necesidad de escuchar esta proclamaci\u00f3n evang\u00e9lica que lleva a Jes\u00fas, el Viviente? Pero, &#8220;\u00bfc\u00f3mo creer\u00e1n en aquel a quien no han o\u00eddo? \u00bfc\u00f3mo oir\u00e1n sin que se les predique?&#8221; (Rom. 10,14). Suscitemos en nuestros contempor\u00e1neos la sed de Dios y proclamemos la Buena Nueva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.5.\u00a0\u00a0\u00a0 Vivimos en el siglo de la comunicaci\u00f3n. Nuestro mundo tiende a convertirse en una \u00abgran aldea\u00bb en la que las noticias se divulgan casi instant\u00e1neamente. Pero al mismo tempo percibimos la soledad de la gente, constatamos a distancia creciente entre ricos y pobres, la desesperaci\u00f3n que lleva a buscar para\u00edsos artificiales. Nuestra misi\u00f3n es ahora m\u00e1s apremiante pues somos ap\u00f3stoles de esa Buena Noticia, la que ha tra\u00eddo Jes\u00fas a todos los hombres y mujeres para colmar su deseo de realizaci\u00f3n plena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Digamos de nuevo que el Dios de los cristianos es un Dios cercano a los seres humanos. Vino a nosotros y para nosotros. Es un Dios de amor que nos ha amado el primero: &#8220;En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos am\u00f3 y nos envi\u00f3 a su Hijo como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados&#8221; (1Jn. 4,10). A tiempo y a destiempo repitamos que el Dios de Jes\u00fas es un Dios bueno y misericordioso: &#8220;el Padre de las misericordias y Dios de toda consolaci\u00f3n&#8221; (2 Cor. 1,3). El Dios de Jes\u00fas es el Dios de a comunicaci\u00f3n: Padre, Hijo y Esp\u00edritu. Es un Dios que nos; habla y nos llama a la responsabilidad en el lugar que da a cada uno Todos podemos llegar a El en la oraci\u00f3n y la solidaridad con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.6.\u00a0\u00a0\u00a0 Esta proclamaci\u00f3n de Buenas Noticias a los pobres es nuestro modo propio de realizar el seguimiento de Jes\u00fas, expresado en una vida cercana y solidaria con los necesitados, un amor compartido, una dignidad recobrada, una liberaci\u00f3n en marcha. As\u00ed queremos participar en la vida de la Iglesia pues &#8220;la Iglesia en el mundo entero&#8230; quiere ser la Iglesia de los pobres. Ella quiere sacar a la luz toda la verdad contenida en las Bienaventuranzas de Cristo&#8230; Las Iglesias j\u00f3venes, que viven la mayor parte en medio de poblaciones que sufren una gran pobreza, expresan con frecuencia esta preocupaci\u00f3n como una parte integrante de su misi\u00f3n&#8221; (Redemptoris Missio n. 60).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Redentoristas que viven en el tercer mundo est\u00e1n all\u00ed para recordarnos constantemente esta urgencia y esta coherencia que es fundamental para nosotros. Ellos nos estimulan, como lo hace Juan Pablo II en la Redemptoris Missio: &#8220;Fiel al esp\u00edritu de las Bienaventuranzas, la Iglesia est\u00e1 llamada a compartir con los pobres y los oprimidos de cualquier clase. Por eso, yo exhorto a todos los disc\u00edpulos de Cristo y a todas las comunidades cristianas, desde las familias a las di\u00f3cesis, desde las parroquias a los Institutos religiosos, a hacer una revisi\u00f3n de vida sincera, en el sentido de la solidaridad con los pobres&#8221; (RM, n. 60).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.7.\u00a0\u00a0\u00a0 Nuestra solidaridad con los m\u00e1s abandonados, especialmente los pobres, nos acerca al Jes\u00fas de las Bienaventuranzas. Es entonces cuando comprendemos que los pobres son algo m\u00e1s que los destinatarios de nuestro anuncio del Evangelio. Ellos son el signo viviente de Jes\u00fas hoy. Porque en su Hijo, Dios ha tomado el rostro de pobre. Desde su nacimiento Jesucristo estuvo con los excluidos, con los que no tienen lugar. &#8220;El cual, siendo rico, por nosotros se hizo pobre, a fin de que nos enriqueci\u00e9ramos con su pobreza&#8221; (2Cor. 8,9). (Cfr. el comentario que de este texto hace san Alfonso en la Novena de Navidad, Discurso VIII). Los pobres son los no-amados que hemos de amar y de evangelizar. Pero esta llamada evang\u00e9lica no es una glorificaci\u00f3n de la miseria, que siempre debe ser combatida. Por otra parte, el pobre no est\u00e1 llamado a hacerse rico, sino a ser &#8220;otro&#8221;, a convertirse. Porque el Evangelio no tiene como objetivo el construir una sociedad de satisfechos que se complazcan en su autosuficiencia. Lo que quiere es que todos nosotros tendamos a una esperanza gozosa y a una libertad en camino hacia lo esencial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.8\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Recordemos aqu\u00ed los tres encuentros fundamentales de san Alfonso, que conmocionaron y pusieron en marcha su vida de ap\u00f3stol: a los 19 anos en \u00abLos Incurables\u00bb, a los 32 con los pobres de las Capillas del Atardecer y cuando tenia 35 anos con los pastores de Scala. A ejemplo del fundador, nuestra opci\u00f3n por los pobres, por los ignorados y abandonados de la Iglesia, implica encuentros, disponibilidad, un cuestionamiento de nuestras certezas demasiado absolutas, una solidaridad, una conversi\u00f3n, un \u00e9xodo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.9\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nosotros sabemos muy bien que los pobres no son perfectos. Sobre todo si vivimos cerca de ellos. Pero frecuentemente nos sorprendemos al descubrir en ellos valores evang\u00e9licos: la generosidad; el compartir a pesar de lo poco que tienen; la alegr\u00eda a pesar de las condiciones muy duras en que viven; la esperanza y la tenacidad cuando los dem\u00e1s ya hace mucho tiempo que la han perdido; la confianza&#8230; Son estos los valores desde los que ellos viven y con los que nos evangelizan. De ese modo los pobres nos invitan a cambiar de actitud. Esta uni\u00f3n privilegiada con ellos podr\u00e1 cambiar nuestra manera de ver las cosas, nuestro coraz\u00f3n, nuestro modo de hablar y de vivir. Por ejemplo, su vida nos har\u00e1 reflexionar y modificar nuestra b\u00fasqueda exagerada de seguridad, nuestras adhesiones demasiado fijas a las estructuras, nuestro miedo al riesgo&#8230; &#8220;Evangelizare pauperibus et a pauperibus evangelizari&#8221;. Los pobres nos hacen encontrar a Cristo en nuestra propia vida (Mt. 25,31). Personal y comunitariamente. &#8220;La comunidad no puede evangelizar si al mismo tiempo ella no se deja evangelizar: desde el exterior de ella misma: es decir, por aquellos a los que somos enviados, singularmente los pobres&#8221; (DP, n.24). Con ellos leemos la palabra de Dios y juntos caminamos en el seguimiento de Jes\u00fas.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"2\">\n<li><strong> Nuestra &#8220;Vida apost\u00f3lica11: unidad y coherencia<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.1.\u00a0\u00a0\u00a0 Nuestra Congregaci\u00f3n &#8220;sigue el ejemplo de Cristo por la profesi\u00f3n de la vida apost\u00f3lica, la cual comprende a la vez la vida especialmente consagrada a Dios y la actividad misionera de los Redentoristas&#8221; (Const. 1). &#8220;Movidos por el esp\u00edritu apost\u00f3lico e imbuidos del celo del Fundador, fieles a la tradici\u00f3n marcada por sus antepasados y atentos a los signos de los tiempos, todos los Redentoristas, como cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la Redenci\u00f3n son enviados a predicar el Evangelio de salvaci\u00f3n a los pobres y forman una comunidad apost\u00f3lica especialmente consagrada al Se\u00f1or&#8221; (Const. 2).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas dos constituciones, p\u00f3rtico de nuestro Libro de vida, han nutrido y enriquecido el tema del sexenio que quiere ayudarnos a orientar nuestros esfuerzos hacia una interiorizaci\u00f3n, basada en la unificaci\u00f3n de nuestra vida de ap\u00f3stoles. La segunda parte del n. 11 del Documento Final lo expresa claramente: &#8220;Pedimos que la Congregaci\u00f3n contin\u00fae con este tema profundizando nuestra vida comunitaria apost\u00f3lica como una fuerza prof\u00e9tica que abre nuevos caminos a una misi\u00f3n encarnada; para alcanzarlo, sentimos la necesidad de acentuar la coherencia entre nuestra evangelizaci\u00f3n inculturada, nuestra vida comunitaria y nuestra espiritualidad&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.2.\u00a0\u00a0\u00a0 Actualmente experimentamos m\u00e1s fuertemente que en el pasado esta necesidad de unidad entre lo que hacemos y lo que somos, entre \u00abnuestra vida toda en Dios\u00bb y nuestro \u00abtrabajo misionero\u00bb, entre nuestra experiencia espiritual enraizada en una historia y la necesidad de compartir esta experiencia. Esta unidad, para que no sea mera ilusi\u00f3n, necesita encarnarse en la unidad con los otros, en esa comunidad de ap\u00f3stoles. Porque la llamada evang\u00e9lica que cada uno de nosotros ha escuchado la ha vivido y compartido desde el principio con sus compa\u00f1eros, en comunidad; con hermanos que no hemos elegido nosotros, pero que como nosotros han sido elegidos por el Se\u00f1or. Es esta vida compartida, a la manera de los ap\u00f3stoles, la que constituye una fuerza prof\u00e9tica que es mucho m\u00e1s que la suma de los individuos, pues es una din\u00e1mica de amor que trasciende la comunidad local. Esta vida juntos nos permite vivir la experiencia de Dios no en un deseo te\u00f3rico, sino en el concreto de la vida diaria. En la comunidad, cada uno es llamado a ser evangelizado por sus propios compa\u00f1eros y a ser un estimulo para ellos. &#8220;Los cohermanos son \u00abevangelizadores\u00bb los unos de los otros y son \u00abevangelizados\u00bb los unos por los otros&#8221; (DF, n. 24).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.3.\u00a0\u00a0\u00a0 No olvidemos nunca que esta vida en comunidad tiene por centro a Cristo Redentor. Fundamentada de este modo, ella podr\u00e1 hacerse presencia eficaz del Reino de Dios en medio de nuestros contempor\u00e1neos (DF, n. 23). La creatividad nos permitir\u00e1 buscar y encontrar &#8220;formas y espacios adecuados para compartir la fe, los gozos, las experiencias m\u00e1s profundamente humanas y las inquietudes de la acci\u00f3n evangelizadora.&#8221; (DF, n. 24). Como disc\u00edpulos de san Alfonso, doctor de la oraci\u00f3n, comprendemos la urgencia de la llamada de las constituciones nn. 26 a 33 sobre la comunidad de oraci\u00f3n, a fin de combatir el \u00abvac\u00edo\u00bb de que habla el n. 33 del Documento Final. Para seguir a Cristo Redentor y continuar su pr\u00e1ctica liberadora meditamos, sobre todo, los misterios de la Encarnaci\u00f3n, de la Pasi\u00f3n, de la Resurrecci\u00f3n y de la Eucarist\u00eda (Cfr. DF, n. 36), De este modo, &#8220;siendo hombres de oraci\u00f3n, y compartiendo tambi\u00e9n la plegaria con el pueblo cristiano dentro de una religiosidad popular bien encauzada&#8221; (DF, n. 41a), realizamos juntos nuestro caminar en la fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.4.\u00a0\u00a0\u00a0 Esta conversi\u00f3n mutua en comunidad, en el amor sol\u00edcito y fraterno, es ya predicaci\u00f3n, testimonio, encarnaci\u00f3n de nuestra misi\u00f3n, coherencia entre lo que somos en profundidad y lo que decimos y vivimos con los dem\u00e1s, especialmente con los pobres. El Documento Final en su n. 23 lo expresa as\u00ed: &#8220;La comunidad redentorista ha de constituir el primer signo de nuestro quehacer evangelizador&#8221;, es &#8220;una presencia eficaz del Reino de Dios en medio de los hombres y mujeres nuestros hermanos, los cuales, a su vez, nos revelan tambi\u00e9n el rostro de Dios&#8221;. Esta vida juntos en nombre del Evangelio, es &#8220;la vivencia pr\u00e1ctica de que es Dios Padre quien nos congrega, y es el Esp\u00edritu de Cristo quien nos reconcilia y nos conduce a una comuni\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda&#8221; (DF, n. 26). En medio del pueblo, toda comunidad redentorista desea ser signo de la presencia del Reino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.5.\u00a0\u00a0\u00a0 Conocemos perfectamente las dificultades que han tenido que afrontar determinados pa\u00edses en estos \u00faltimos anos. Por ejemplo, la falta de convocaci\u00f3n por parte de la Iglesia local, para llevar a cabo una misi\u00f3n de conjunto, muchas veces ha tenido como consecuencia la disgregaci\u00f3n de las comunidades locales. A veces cada uno se ha ido por su lado para ejercer un ministerio sacerdotal diocesano. Otros se han comprometido en una misi\u00f3n m\u00e1s cercana a los pobres, pero sin el apoyo y la colaboraci\u00f3n activa de una comunidad local. Otros han adoptado algunos valores de la sociedad de hoy, como el crecimiento individual de la persona, y sus opciones apost\u00f3licas se han hecho desde este criterio, olvidando \u00abla ley esencial\u00bb de que habla la Constituci\u00f3n 21. En algunos pa\u00edses, por falta de libertad religiosa, los cohermanos han respondido individualmente, a veces incluso con el riesgo de su propia libertad, a un ministerio en favor del pueblo, en uni\u00f3n con el Obispo, para suplir la falta de personal de la Iglesia local. Como consecuencia de todo esto se han ido adquiriendo ciertas costumbres no-comunitarias. Cada uno ha llevado su vida personal comprometi\u00e9ndose m\u00e1s o menos estrechamente con un determinado grupo humano. Y al final, toda la dimensi\u00f3n del compartir (el carisma, la oraci\u00f3n, la amistad fraterna, los recursos materiales) ha podido desvanecerse con el transcurrir de los anos. Lo \u00fanico que permanece son unos lazos hist\u00f3ricos, anclados en el pasado pero no cultivados en el presente. No es un juicio lo que estamos haciendo sino una descripci\u00f3n de una determinada realidad vivida en la Congregaci\u00f3n. Por eso es bueno que cada provincia o viceprovincia vuelva hoy a asumir seriamente aquello de que &#8220;la comunidad redentorista debe constituir el primer signo de nuestro anuncio misionero&#8221; (DF, n. 23).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.6.\u00a0\u00a0\u00a0 A pesar de todo esto, desde hace algunos anos y en toda la Congregaci\u00f3n, se ha llevado a cabo un gran esfuerzo por comprender la unidad de nuestra vida. En la actualidad, como en tiempos de nuestro fundador, debemos luchar contra el peligro del dualismo entre ser y hacer. (Cfr. Avisos sobre la vocaci\u00f3n religiosa, Consideraci\u00f3n XIII). &#8220;La coherencia de la vida se logra cuando el apostolado brota de la vivencia personal y comunitaria de la profesi\u00f3n religiosa y, a su vez, la forma de vivir los consejos evang\u00e9licos se realiza en la misma tarea evangelizadora. El capitulo pide a la Congregaci\u00f3n un esfuerzo especial para integrar cada vez m\u00e1s, en la experiencia personal y comunitaria, la fe y la vida&#8221; (DF, n. 35). En su profundo realismo, la vida comunitaria nos ayuda a evitar esa separaci\u00f3n entre el apostolado y la espiritualidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.7.\u00a0\u00a0\u00a0 En todas partes debemos revisar constantemente nuestras prioridades, analizando bien las urgencias pastorales del pa\u00eds o de la regi\u00f3n en la que vivimos. Para ello, debemos elegir los lugares m\u00e1s adecuados a nuestro carisma. Tambi\u00e9n se nos invita a la creatividad para vigorizar nuestra vida fraterna y &#8220;buscar nuevos modelos de comunidad&#8221; (DF, n. 28). Pues es la vida comunitaria misma la que nos permitir\u00e1, en la reflexi\u00f3n y la oraci\u00f3n, discernir los lugares y los grupos humanos a los que debemos ir. Tenemos dos indicadores que nos ayudan en este discernimiento: la proximidad del pueblo y la fuerza de testimonio de la misma comunidad (DF, n. 29).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.8.\u00a0\u00a0\u00a0 Esta b\u00fasqueda conjunta esta siempre dirigida a una &#8220;proclamaci\u00f3n prof\u00e9tica y liberadora de la Buena Nueva. Un Instituto misionero, en el seno de la Iglesia local, debe ser siempre una presencia dinamizadora de su esp\u00edritu misionero, un poco como la vanguardia. De este modo nuestra proclamaci\u00f3n gozosa verdaderamente encarnada y orante, ser\u00e1 un signo de esperanza para los j\u00f3venes que aspiran a vivir en la comuni\u00f3n y que buscan una alternativa a los mecanismos del tener y del poder.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"3\">\n<li><strong> Esta vida apost\u00f3lica unificada debe estar inculturada<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.1.\u00a0\u00a0\u00a0 Los Redentoristas estamos condicionados por ambientes culturales diversos. En cada uno de ellos debemos vivir seg\u00fan la Buena Nueva de Cristo. A ello se debe que el Cap\u00edtulo General nos haga esta invitaci\u00f3n apremiante y exigente: &#8220;Para encarnar hist\u00f3ricamente nuestra presencia misionera necesitamos someterla continuamente a un proceso de inculturaci\u00f3n, realizando as\u00ed uno de los componentes del gran misterio de la encarnaci\u00f3n&#8221; (DF, n. 13).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2.\u00a0\u00a0\u00a0 Efectivamente, la inculturaci\u00f3n encuentra su ra\u00edz en la Encarnaci\u00f3n del Verbo de Dios. &#8220;Porque ha sido integral y completa, la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios ha sido una &#8220;encarnaci\u00f3n cultural&#8221; (Juan Pablo II en 1982). Tambi\u00e9n la primera predicaci\u00f3n evang\u00e9lica respond\u00eda a las culturas de su tiempo; los evangelistas eran hombres marcados por el medio ambiente de sus comunidades respectivas. En la Iglesia naciente se planteaba el mismo problema, porque cada naci\u00f3n, cada lengua de la tierra esta llamada a confesar y a expresar en su propio &#8220;idioma&#8221; el Evangelio de la salvaci\u00f3n (Hech. 2,8). AI ejercer su acci\u00f3n misionera entre los pueblos, la Iglesia entra en contacto con diversas culturas y se encuentra comprometida en el proceso de inculturaci\u00f3n. Es \u00e9sta una exigencia que ha marcado todo su recorrido a lo largo de la historia y que se hace hoy en d\u00eda especialmente sensible y urgente&#8221; (RM, n. 52).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.3.\u00a0\u00a0\u00a0 Esta inculturaci\u00f3n es un movimiento en profundidad que exige tiempo y que no es una simple adaptaci\u00f3n. Por eso conviene distinguir bien dos realidades complementarias que pueden expresarse con dos t\u00e9rminos diferentes: la \u00abaculturaci\u00f3n\u00bb y la \u00abInculturaci\u00f3n\u00bb. La aculturaci\u00f3n se traduce en concreto en el aprendizaje de las lenguas, en el conocimiento de las costumbres, en la adaptaci\u00f3n a las condiciones de vida de un pueblo. Tarea con frecuencia dif\u00edcil para un misionero que va a otro pa\u00eds o que se introduce en un medio que no es el suyo. La aculturaci\u00f3n es una necesidad de estos tiempos en que se multiplican los intercambios entre los continentes y entre ambientes culturales diversos. Pero la inculturaci\u00f3n es otra cosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.4\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Inculturaci\u00f3n es la encarnaci\u00f3n de la vida y del mensaje cristiano en una cultura concreta. Expres\u00e1ndose con los elementos propios de una cultura, el Evangelio la transforma y la recrea, El t\u00e9rmino engloba la idea de crecimiento y de enriquecimiento rec\u00edproco de las personas y de los grupos por el encuentro del Evangelio con un medio social. Comprendemos entonces que la inculturaci\u00f3n no consiste en la sacralizaci\u00f3n de la cultura en su pasado. Es, sobre todo, b\u00fasqueda de \u00ablas semillas del Verbo\u00bb, germinaci\u00f3n y fecundaci\u00f3n en el presente de un pueblo, en todas sus dimensiones, incluidas las sociales y pol\u00edticas, con las tensiones y conflictos que se siguen. La cultura de un pueblo es algo vivo. Y nuestra evangelizaci\u00f3n debe penetrar en este proceso vital que permite a un pueblo el reencontrar su memoria de una forma abierta, din\u00e1mica, para el momento presente. Evangelio y cultura se encuentran, se confrontan, se implican mutuamente como el oro y el fuego en la fragua del herrero. La inculturaci\u00f3n introduce a Cristo en el coraz\u00f3n mismo de la vida de una cultura y lleva esta vida a Cristo. As\u00ed podr\u00e1n surgir, partiendo de tradiciones culturales particulares, expresiones originales de vida, de celebraci\u00f3n y de pensamiento cristiano. Brotar\u00e1 una vida eclesial transformada y transformante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.5.\u00a0\u00a0\u00a0 Este encuentro del Evangelio con una cultura es un enriquecimiento para toda la Iglesia, pues el mensaje cristiano se reexpresa bajo formas nuevas. El papel central en este proceso de inculturaci\u00f3n no le incumbe inicialmente al simple misionero, sino que es tarea de toda la Iglesia local. Se trata de la inculturaci\u00f3n de toda la Iglesia y son necesarios los esfuerzos de toda la comunidad. La imagen b\u00edblica subyacente a este proceso no es la del injerto, sino la de la semilla, porque el mensaje cristiano que crece en el interior de una cultura, implica, al mismo tiempo, su muerte y su resurrecci\u00f3n. Este proceso de inculturaci\u00f3n es tan necesario en las Iglesias m\u00e1s antiguas, enfrentadas de una manera especial a la modernidad y a la secularizaci\u00f3n, como en las Iglesias j\u00f3venes que viven tal vez en un ambiente m\u00e1s \u00abreligioso\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.6.\u00a0\u00a0\u00a0 Redentoristas esparcidos por todo el mundo, vivimos tambi6n en culturas marcadas por otras tradiciones religiosas distintas de la cristiana, como son el budismo, el hinduismo, el islam&#8230; Nos gustar\u00eda vernos a nosotros mismos como personas a la escucha de estas comunidad es de creyentes, para poder as\u00ed reconocer que &#8220;todo lo que hay de bueno y santo en las tradiciones religiosas del budismo, del hinduismo y del islamismo, es como un reflejo de la verdad que ilumina a todos los hombres&#8230;&#8221; (RM, n. 55). Los cristianos de los pa\u00edses en los que estas religiones son preponderantes est\u00e1n sumergidos en una determinada atm\u00f3sfera, en una cultura a veces fuertemente distinta de lo cristiano. Creemos importante entrar en di\u00e1logo, sobre todo en un di\u00e1logo vital, con estos otros creyentes. Este di\u00e1logo ser\u00e1 para nosotros un enriquecimiento, una purificaci\u00f3n, una llamada a la conversi\u00f3n interior. Este es el sentido del n. 41e del Documento Final, el cual nos invita a &#8220;abrirnos a lo v\u00e1lido de las tradiciones espirituales no cristianas&#8221;. Este di\u00e1logo puede ayudarnos a superar dificultades muy actuales, incomprensiones y, a veces, persecuciones. En toda la congregaci\u00f3n debe hacerse un gran esfuerzo en este sentido, ya que hasta ahora, salvo excepciones, no hemos aportado demasiado en este campo. Puede hacerse una gran labor en Asia, en \u00c1frica y en otros continentes, pues actualmente asistimos a un gran intercambio de pueblos y razas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.7.\u00a0\u00a0\u00a0 Debemos buscar, juntos y con otros, como inculturar concretamente nuestra tarea evangelizadora, nuestra vida comunitaria y nuestra espiritualidad, expresando la opci\u00f3n de nuestra congregaci\u00f3n por los m\u00e1s abandonados, especialmente por los pobres. Nuestra experiencia de compartir en peque\u00f1os grupos, comunidades de base, puede, ciertamente, ayudarnos a ello (Cfr. RM, n. 51). Esta b\u00fasqueda debe ampliarse en la Iglesia local, con laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, pues tomamos conciencia de las exigencias de una evangelizaci\u00f3n nueva, que es reto para toda la Iglesia&#8221;. Aqu\u00ed y all\u00e1, en nuestras iglesias respectivas, hay experiencias interesantes sobre c\u00f3mo inculturar nuestra labor evangelizadora. Debemos conocerlas y colaborar en ellas, desde nuestro carisma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.8.\u00a0\u00a0\u00a0 Respecto a la vida comunitaria, el Cap\u00edtulo nos dice que &#8220;es necesario seguir buscando&#8230; modelos estructurales adaptados a la vida apost\u00f3lica en comunidad&#8221; (DF, n. 30). Donde vivamos, participemos en esta b\u00fasqueda junto con otros institutos misioneros que nos sean afines. El cap\u00edtulo nos se\u00f1ala algunas pistas cuando dice: &#8220;La opci\u00f3n por los abandonados, especialmente los pobres, nos exige una encarnaci\u00f3n o inculturaci\u00f3n en zonas geogr\u00e1ficas, en \u00e1mbitos sociales, en sectores culturales y en puestos eclesiales que sean coherentes con el dinamismo peculiar de nuestra misi\u00f3n&#8221; (DF, n. 27). Es una llamada a llevar a cabo, en cap\u00edtulo provincial, opciones prioritarias en armon\u00eda con nuestro carisma propio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.9.\u00a0\u00a0\u00a0 Por otra parte, la vida religiosa apost\u00f3lica, en general, esta fuertemente condicionada por sus or\u00edgenes, con frecuencia europeos. Este es nuestro caso. Si queremos vivir juntos nuestra vocaci\u00f3n de ap\u00f3stoles de forma que se adapte a las diversas expresiones culturales del mundo, pensamos que es necesario reflexionar en profundidad sobre la forma de vivir esta consagraci\u00f3n. \u00bfPodr\u00edamos, junto con otros religiosos y religiosas de nuestro pa\u00eds o continente, buscar la mejor forma de expresar, en nuestra propia cultura, los votos de pobreza, castidad y obediencia? Una vez m\u00e1s se nos invita a la creatividad, a buscar con profundidad \u00aben lo nuevo y en lo viejo\u00bb, en las realidades actuales, en las tradiciones vivas de nuestros pueblos y en el Evangelio siempre vivificante.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"4\">\n<li><strong> Conclusi\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.1.\u00a0\u00a0\u00a0 Esta diversidad de la congregaci\u00f3n a trav\u00e9s de los continentes, que se expresa tambi\u00e9n en diferentes ritos, es buena e incluso necesaria. Es el signo de que establecemos comuni\u00f3n con los pueblos a los que pertenecemos. Es el reflejo de la catolicidad de la Iglesia, presente en las diversas culturas. Es una llamada a cada uno de nosotros a abrir su mente y su coraz\u00f3n al Esp\u00edritu presente en todos los continentes. La Buena Nueva es acogida en todos los caminos del mundo: En \u00c1frica, en Asia, en Ocean\u00eda, en Am\u00e9rica, en Europa. A veces en un mismo continente, en un mismo pa\u00eds, en el seno de una misma provincia, se expresa en formas distintas. Pero lo que nos une es el Evangelio del Se\u00f1or Jes\u00fas vivido como redentoristas. El nos cuestiona y nos purifica, a nosotros y a nuestras culturas. El nos invita permanentemente a la fraternidad, a la apertura al otro distinto de nosotros, al di\u00e1logo purificador y siempre fuente de enriquecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.2.\u00a0\u00a0\u00a0 Las grandes l\u00edneas del mensaje de este XXI Capitulo general son una llamada a la conversi\u00f3n dirigida a los ap\u00f3stoles de la conversi\u00f3n. Expresan la voluntad de dar un paso adelante en los pr\u00f3ximos seis a\u00f1os para ser misioneros m\u00e1s \u00abaut\u00e9nticos\u00bb, m\u00e1s \u00abaudaces\u00bb. Ojala crezcan esas semillas de esperanza que vamos encontrando en todos los continentes. &#8220;Hemos experimentado con gratitud c\u00f3mo los redentoristas en todo el mundo tienen confianza en que nuestro carisma todav\u00eda sigue siendo un don para el pueblo de Dios&#8221; (DF, n. 6). Deseamos compartirlo en Iglesia. Que todos unidos seamos unos apasionados del Evangelio, seg\u00fan el ejemplo de san Alfonso, para anunciar a los m\u00e1s abandonados, especialmente a los pobres esta Buena Noticia: \u00ab\u00a1Dios nos ama!\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">AI final de esta reflexi\u00f3n, deseamos tambi\u00e9n que Mar\u00eda, la primera disc\u00edpula del Redentor, nos gu\u00ede en el camino de nuestra identificaci\u00f3n con Cristo Redentor. Ella es el &#8220;icono m\u00e1s perfecto de la libertad y de la liberaci\u00f3n&#8221; que estamos llamados a llevar al mundo como una abundante Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con nuestros saludos fraternos en nombre del Gobierno General.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Juan M. Lasso de la Vega, C.Ss.R.<br \/>\nSuperior General<\/p>\n<p><em>El texto original de esta communicanda es el franc\u00e9s.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Communicanda &#8211; 1991-1997 &nbsp; Communicanda 1 Roma, l de agosto de 1992 0000 0230\/92 Queridos cohermanos, Durante los \u00faltimos meses, el Gobierno General ha reflexionado conjuntamente sobre algunos puntos propuestos en el Documento Final del Cap\u00edtulo General. 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