A un año de la partida de nuestro Cardenal Julio Terrazas Sandoval, C.Ss.R.

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A un año de la muerte del Cardenal Julio Terrazas Sandoval, C.Ss.R., el 9 de diciembre de 2015, Scala News desea compartir el mensaje-testimonio del padre Boris Calzadilla Arteaga, C.Ss.R.

“Antes de compartir con ustedes algunos recuerdos que considero relevantes, al conmemorar un año de la partida de nuestro querido Cardenal Julio a la Casa del Padre, quiero unirme a la oración de mi pueblo, que se ha congregado para esta  celebración de acción de gracias”.

 “Te damos gracias Padre,
por la vida de tu hijo + Julio Terrazas Sandoval,
a quien llamaste de este mundo a tu presencia,
concédele que así como ha compartido la muerte de Jesucristo,
comparta también con Él, la gloria de la resurrección” (Oración por los difuntos, misal).

Recuerdo que el 11 de diciembre de 2015, un grupo de amigos del Cardenal nos reunimos en su casa para animarnos, reconfortarnos y para orar juntos por el tata Julio, entramos a su capilla, que por cierto es el centro de su casa, en la capilla uno puede encontrar los elementos centrales que guiaron la vida del Cardenal (el altar, el Santísimo, la cruz, el cuadro de la Virgen María, los vitrales, etc.), espacio sagrado  donde el Cardenal pasó muchas horas en oración, celebrando la Eucaristía y la Liturgia de las Horas. En resumen, allí se puede percibir que toda su vida espiritual, fue una estrecha comunión de un hijo con su Padre.

En la capilla del Cardenal está su escudo y su lema: “Servidor de todos”

escudo_del_cardenal

Si queremos saber la fuente de inspiración del Cardenal y el origen de una vida hecha don, simplemente abriendo la puerta de su capilla, podremos ver el vitral donde Jesús está de rodillas lavando los pies de sus discípulos.

vitral_cardenal

“Durante la cena… sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en una vasija y se puso a lavar los pies de los discípulos”. (Juan 13, 2-5)

Bíblicamente los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, nos relatan a Jesús celebrando la Pascua judía (la fiesta de los panes sin levadura), esta es una de las celebraciones más grandes del  pueblo elegido, que conmemora la salida de Egipto.

El Evangelio de San Juan, no hace una alusión directa a la Pascua judía o a la última cena, sin embargo, él nos habla de otro signo, de otro gesto, que es de suma importancia para nosotros, se trata del lavado de los pies. Es posible que San Juan haya dejado del lado el relato de la última cena para hacerle entender a los primeros cristianos que la celebración de la Eucaristía tenía el riesgo de convertirse en un simple rito, si no va unida a un ágape coherente, esto quiere decir amor y servicio; y este amor y servicio debe ser a ejemplo de Jesús… hasta dar la vida.

San Juan reactualiza el mensaje de la Eucaristía, recordando a los cristianos que la celebración de la Fracción del Pan,  nos invita a un compromiso que debe concretizarse en el servicio a los pobres y a los sencillos, hecho por amor; estos son los dos elementos centrales de nuestra participación en el Misterio Pascual.

La imagen del lavado de los pies es a su vez tan grande y tan sencilla, tan sublime y tan cercana, pues se trata del Hijo de Dios de rodillas lavando y sirviendo al ser humano. Esto es amor y servicio.

Ahora podemos entender por qué Jesús se pasó toda su vida haciendo el bien, curando a los enfermos, expulsando demonios, perdonando pecados, multiplicando los panes y los peces; todo esto porque Él ha sido enviado por su Padre para que todos tengamos vida plena y abundante.

Jesús es el mensajero del Dios de la vida y de la historia, del Dios que ama con locura al ser humano y que a lo largo de toda nuestra historia, nos regala su gracia, su vida, su amor, su misericordia y su abundante redención.

Ahora está más claro porqué Jesús dijo: “El que quiera ser primero que se haga el último y el servidor de todos”. (Mc. 9, 35). Esto nos hace entender por qué nuestro Cardenal Julio asumió este mensaje, y lo asumió con todas sus consecuencias.

Tengo presente el día 15 de enero del 2000, cuando de manos del Cardenal Julio recibí la ordenación sacerdotal, la lectura del Evangelio fue Mateo 20, 25-27  “Ustedes saben que los jefes de la naciones dominan sobre ellas, y los poderosos le hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiere ser grande, que se haga servidor de ustedes; el que quiera ser el primero, que se haga su esclavo”. Recuerdo su cercanía, la elocuencia de sus palabras y la profundidad de su mensaje, cuando nos repitió a todos la importancia de la dimensión del servicio, que se debe desarrollar de una manera humilde y sencilla para que no se transforme en arrogancia, ni atropello hacia los demás.

Al terminar nuestra oración en la capilla pasamos al comedor para compartir algunas ideas. Lo interesante es que en el centro de su comedor  está un hermoso cuadro pintado por la Sra. Ejti Stih, en el cual Jesús está presidiendo la Última Cena,  en la mesa hay hombres y mujeres, que representan los diferentes pueblos y culturas de Bolivia, hay “un supuesto Judas” que mira hacia otro lado, hay un niño que ofrece los panes y ahora es el Cardenal quien está lavando los pies.

imagen_cardenal_mesa

La Sra. Ejti Stih, como sólo saben hacerlo los artistas, ha sido capaz de expresar de una manera armoniosa y bella, al discípulo que continúa la obra del Maestro.

De este cuadro he escuchado muchísimos comentarios que tienen una riqueza extraordinaria, pero un episodio que me sorprendió, fue el de una voluntaria española, que al ver el cuadro derramó lágrimas de alegría porque se sintió representada por las mujeres entorno a la mesa con Jesús; y también del hecho de que sea un niño el que presenta los panes, es una hermosa alegoría de la familia, de la vida y del pan nuestro de cada día.

El 1 de septiembre del 2004, el Cardenal Julio Terrazas fue delegado del Santo Padre Juan pablo II, al X Congreso Eucarístico Nacional, en Corrientes, Argentina, donde pronunció dos homilías que fueron las más aplaudidas y comentadas, textualmente dijo: “Hay aún entre nosotros muchísimos hermanos y hermanas que no han recibido el Pan de Vida, hay hambre de la Palabra, hambre del Cuerpo y la Sangre del Señor. Hambre de dignidad, libertad, respeto, justicia, trabajo y educación. Hambre que no se sacia con actos de terrorismos, ni con enfrentamientos entre hermanos. En una palabra, hambre de dignidad humana y de hijos de Dios. Hambre de la Palabra, la de Jesús que marca el camino, que da seguridad, valentía y esperanza; Palabra que no defrauda en medio de tantas palabras vacías, llenas de mentiras, ilusiones que confunden, desorientan, originan crisis de valores, eliminando los principios básicos de la moral y la ética”.

Tengo presente, la sintonía automática que se creó entre el pueblo argentino y el Cardenal boliviano, un Cardenal que decía las cosas claras y que era capaz de hacer suyo el clamor de un pueblo que tiene hambre, que sólo puede ser saciado por Jesús que tiene palabras de vida eterna. A pesar de ser interrumpido por los aplausos, el Cardenal  continuó: “Nuestra fe en la Eucaristía no debe ceder ante el desconcierto de ciertos ritualismos vacíos que privan nuestra vida y compromiso de la fuerza que brota de esta fuente de vida eterna. El Señor de la Eucaristía nos vuelve a decir: El que venga a mí no tendrá hambre, el que cree en mí no tendrá sed”. (Juan 6, 35)

Para el Cardenal Julio era impensable celebrar una Eucaristía sin que esta  transforme nuestras vidas y nos lleve a un compromiso. El concebía la Eucaristía como la celebración en torno a la mesa del Señor, pero: “Una mesa abierta a todos, con manjares de vida abundante, que no solo reconfortan, sino urgen a la unidad, a la reconciliación, a la solidaridad, y a nuevos compromisos exigidos por los desafíos del hoy de nuestra historia… porque los que tienen hambre y sed de justicia no pueden esperar indefinidamente”.

Nuestro Cardenal de la manera más sencilla y elocuente unificó Eucaristía y misión como un binomio inseparable. Remarcando que la Eucaristía sin misión se reduce a meros intimismos, y la misión sin Eucaristía son activismos estériles.

Estar sentados en la mesa del Cardenal, era traer a nuestra memoria cantidades de recuerdos, anécdotas, acontecimientos que marcaron nuestra vida, y a pesar de la tristeza que había en nuestros corazones, brotaba de nuestro ser una profunda gratitud: “Gracias padre Julio por su amistad, por su cercanía, sus gestos, su sonrisa, su buen humor, e incluso gracias por sus llamadas de atención”.

Gracias por habernos recibido siempre con los brazos  abiertos, símbolo de la generosidad de su corazón, amistades que supo construir  y cuidar a largo de todo el territorio nacional y fuera de nuestras fronteras, como la  amistad que cultivó con el Cardenal Jorge Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires.

A pesar de la distancia, de la diferencia de lugares y situaciones particulares, el Espíritu de Dios ha guiado la vida de los cardenales Bergoglio y  Terrazas de una manera extraordinaria o mejor dicho ellos dejaron que el Espíritu de Dios transforme sus vidas.

Lo anecdótico es que uno de los anfitriones del X Congreso Eucarístico en Argentina, fue el Cardenal Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, con quien nuestro Cardenal construyó una auténtica amistad. Podemos ver en ellos asombrosas coincidencias de pensamiento, compromisos, líneas pastorales y voz profética. Por ejemplo en una homilía en Santa Marta (Ciudad del Vaticano), el Papa tuvo el coraje de llamar la atención a los Ministros de la Iglesia, recordándonos que estamos llamados a vencer las tentaciones mundanas que hoy arruinan el testimonio de la Iglesia. El camino que todos tenemos que seguir, es el que nos presenta Jesús, cuando nos dice: “El que quiera ser el más grande que sea haga el último y el servidor de todos”. (Mc. 9, 35)

“El más grande es el que sirve, el que está al servicio de los otros, no el que se vanagloria, que busca poder, dinero… vanidad, orgullo. No, estos no son los grandes. Jesús afirma que ha venido al mundo para servir, no para ser servido” (P. Francisco).

En su visita a Cuba, el Santo Padre insistió diciendo, que la invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos, servir significa en gran parte, cuidar la fragilidad: “Cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestros pueblos. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados, a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Amor que se plasma en acciones y decisiones… el servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos, la padece y busca su promoción. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”. (P. Francisco)

Ahora recordarán la visita del Papa Francisco al Cardenal Julio que se encontraba en una clínica, no fue una visita protocolar, sino el encuentro de dos amigos, hermanos en la fe y servidores del Reino.

El Cardenal Julio, ha sido un hombre de fe, un Redentorista, un hermano, un amigo, un Obispo, un profeta, un pastor; su compromiso, su obra, sus mensajes, fueron una clara respuesta a este Jesús que nos dijo que: “No hay alegría más grande que el de dar la vida por sus amigos” (Juan 15, 13).  De ahí que su vida ha dado tantos frutos, en tantos diversos aspectos que han iluminado la vida de nuestra Iglesia y la vida de nuestro país.

El Cardenal Julio, fue un vallegrandino que por amor a Dios y a su pueblo realizó un servicio no solamente a la Iglesia local y nacional sino, latinoamericana y universal.

El Cardenal es un mensajero de Buenas Nuevas para los sencillos y los humildes y ha sido un testigo firme y lleno de coraje frente a las dificultades, los conflictos, los insultos y las calumnias.

La prioridad y la urgencia era para él, la construcción del Reino de Dios, una vida plena, una paz con justicia social, una libertad sin ningún tipo de cadenas y una fraternidad sin odios ni racismos.

Finalmente entre el grupo reunido para compartir entorno a la mesa del Tata Julio, se suscita una interrogante, ¿Qué hacer con la riqueza de este legado?, de ahí el reto de crear la “Casa del Padre Julio”, que no es solamente para guardar algunos objetos personales que son de valor espiritual, sino para que juntos podamos investigar, reflexionar y apropiarnos de su legado, iluminar nuestra realidad y compartirlo con las futuras generaciones.

En muchos aspectos de nuestra vida su mensaje y testimonio nos pueden iluminar, nos interpelan y nos ayudan a construir una Bolivia digna para todos y sin ningún tipo de exclusión.

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Es un reto que juntos reflexionemos temas tan fundamentales como:

  •  El Cardenal y el Reino de Dios
  •  El Cardenal y la Iglesia
  •  El Cardenal y la Justicia Social
  •  El Cardenal y los Laicos
  •  El Cardenal y los Movimientos Cívicos
  •  El Cardenal y la Pastoral Juvenil
  •  El Cardenal y los Sínodos
  •  El Cardenal y la Pastoral Social
  •  El Cardenal y los Derechos humanos
  •  El Cardenal y la Profecía
  •  El Cardenal y las comunidades de base…

Hoy podemos dar gracias a Dios porque nos envió un profeta, testigo del Dios de la Vida, de la Misericordia y de la Paz. Un testigo que vivió de la manera más radical y creativa las palabras que están grabadas en su lema y en su corazón. “Servidor de todos”.

padre Boris Calzadilla Arteaga, C.Ss.R.

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