El silencio de las lágrimas: Dios es salvación

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Durante 15 días se ha realizado la campaña ‘Compartir con Ucrania’, en la parroquia del Santísimo Redentor de Madrid. El resultado ha sido la carga de un camión enorme con más de 24.000Kg de comida no perecedera.

El martes 7 de junio se cargaron, en Humanes de Madrid, 32 palets de comida para Ucrania vía Polonia. La mayoría alubias, arroz, harina, espaguetis, macarrón… unas 150 bolsas de comida variada y más de cien piezas de tela junto a algo de ropita de punto para recién nacidos. El camión llegó a Varsovia el lunes 13 de junio, y se descargó a mano.

En la realización del envío han colaborado Cáritas parroquial, muchos feligreses de la parroquia y la Asociación Acoger y Compartir.  El punto de destino ha sido la parroquia redentorista de San Clemente, en Varsovia, Polonia, lugar martirial en el que un 6 de agosto de 1944 fueron asesinados 30 redentoristas, así porque sí, y más de sesenta mil polacos de esa zona. El barrio fue arrasado. Una gran foto en la fachada del templo hace memoria de esa masacre. Ese virus del mal ha vuelto a despertar con las mismas o mayores ansias destructivas. Es evidente “que hemos de hacer algo en este combate responsable contra el mal… sin caer en el error de creer que la ética puede bastar contra el mal” (A. Gesché).

La carga depositada en esa parroquia de San Clemente ya está siendo distribuida para las comunidades que están acogiendo ucranianos: Tuchów, Glogów, Lublin, Zamosc, Kraków, Wroclaw … y un redentorista que con un grupo de ambulancias acoge y ayuda en la frontera con Ucrania y más allá.

Hemos visitado los tres lugares de acogida en Varsovia: la estación central, la estación Oeste y la Expo que hace de lanzadera para los distintos países de Europa. En las dos primeras estaciones están las cocinas del español José Andrés: World Central Kitchen, donde se da de comer gratis a los refugiados que llegan, y sobre cada mesa hay un pequeño jarro con flores naturales.  En la Expo encontramos una gran sala acristalada a la que no fue posible acceder pese a ir con el hábito redentorista. Ahí estaban los que nadie quiere, los que no tienen dónde ir. Es el lugar de las lágrimas tragadas, donde se sufre en silencio.

José, un español casado con una polaca, nos habla de las tres olas de llegada de los ucranianos: los de alto poder adquisitivo que vieron venir el problema y se adelantaron alquilando o adquiriendo viviendas a las que se vino la familia mientras ellos seguían en Ucrania. En un segundo momento llegaron los que tienen en otras ciudades polacas o en Varsovia, algunos conocidos, amigos o familiares. En la tercera ola han llegado, están llegando, los que no tienen nada y vienen sin otra cosa que el empuje del horror y el pánico a la guerra.

Hay que decir que el gobierno polaco lo está haciendo muy bien. Por sus fronteras han pasado más de cuatro millones de refugiados. En el país se han quedado unos dos millones. De ellos, seiscientos mil en Varsovia. Todo tipo de ayudas han permitido que la acogida funcione, pero los primeros tres meses tocan a su fin. ¿Qué va a pasar ahora?

Hablo con un redentorista que al terminar la conversación me pide que no publique su nombre. Simplemente, porque conoce muy bien la situación de Rusia y bastaría una palabra crítica con Putin para que pudiese afectar a los redentoristas que están trabajando en ese país. No le he preguntado nada. He dedicado toda mi atención a escucharlo hablar de los compañeros que están en Rusia, Bielorrusia, Kazajistán … Y siento una gran admiración por los redentoristas que con tanta sabiduría están sabiendo ser presencia de la salvación. En la oración, en la cripta de San Clemente, todo parece complejo; pero recordando su combate, siento que Dios es salvación. Cuando abandono ese lugar y vuelvo a caminar por la calle, la persona que me acompaña me hace consciente de la fragancia que envuelve la plaza. Los tilos están impregnando el aire con su perfume.

P. José Miguel de Haro, CSsR

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