Mis queridos cohermanos, hermanas Redentoristas, hermanas que comparten nuestro carisma y misión redentorista, nuestros laicos misioneros redentoristas, asociados, colaboradores y benefactores, y ustedes, queridos amigos:
Les doy la bienvenida a nuestro triduo en preparación para la fiesta de San Alfonso María de Ligorio de este año.
En este Año Jubilar, bajo el lema Peregrinos de la Esperanza, nos unimos como familia redentorista para celebrar la fiesta de nuestro fundador, San Alfonso María de Liguori. Durante estos tres días de Triduo, meditaremos aspectos esenciales de su vida y espiritualidad que siguen iluminando nuestro camino hoy:
Introduction:
En este Año Jubilar, bajo el lema Peregrinos de la Esperanza, nos unimos como familia redentorista para celebrar la fiesta de nuestro fundador, San Alfonso María de Liguori.
Introducción:
- Día 1: San Alfonso, peregrino de la esperanza, que supo confiar en Dios en medio de las pruebas.
En este primer día del Triduo, reconocemos en San Alfonso María de Liguori a un auténtico peregrino de la esperanza. Su vida fue una travesía marcada por desafíos, crisis personales, oposiciones familiares, incomprensiones e incluso traiciones, pero siempre sostuvo una fe firme en que Dios nunca abandona a quienes le confían su vida. Desde el momento en que renunció a una carrera jurídica brillante por causa de la corrupción, hasta su incansable servicio como sacerdote entre los más pobres, Alfonso avanzó con la mirada fija en el Redentor. Fundó la Congregación del Santísimo Redentor en medio de enormes pruebas y permaneció fiel incluso cuando fue marginado por su propia obra. San Alfonso nos muestra que la esperanza no es una emoción pasajera, sino una virtud activa y valiente, que se forja en la fidelidad cotidiana y se mantiene viva aun cuando todo parece derrumbarse. Su testimonio nos anima hoy a seguir caminando con confianza, como peregrinos de la esperanza en tiempos de incertidumbre.
- Día 2: San Alfonso, misionero de la esperanza, que salió de sí mismo para anunciar la redención a los más pobres.
En el segundo día del Triduo, celebramos a San Alfonso como un incansable misionero de la esperanza, que supo dejar atrás las seguridades y comodidades de su entorno noble para abrazar sin reservas a los más necesitados. Ya como joven sacerdote, vivió entre los pobres del centro de Nápoles, promoviendo espacios de encuentro, formación y oración para quienes eran ignorados por la Iglesia. Su compromiso con los campesinos y pastores del sur lo llevó a fundar una congregación que tuviera como prioridad anunciar la redención a los olvidados de la sociedad. Incluso cuando fue nombrado obispo, no dejó de vivir con sencillez evangélica: vendió bienes para alimentar a los hambrientos, recorrió su diócesis a pie y transformó su ministerio episcopal en una auténtica misión. En todos estos “éxodos” personales, Alfonso vivió movido por una esperanza activa: la convicción profunda de que el amor redentor de Cristo debía llegar a todos, sin exclusiones. Su vida nos impulsa a ser hoy misioneros de esperanza, con valentía, cercanía y ternura.
- Día 3: San Alfonso y las fuentes de su esperanza, enraizadas en Cristo Redentor, María, la oración y la fraternidad.
En este tercer día del Triduo, nos detenemos a contemplar las fuentes espirituales que sostuvieron la esperanza de San Alfonso a lo largo de su vida. Su unión profunda con Jesucristo Redentor fue el centro de todo: en Él encontraba sentido, fuerza y consuelo. Desde esa relación brotaron devociones fundamentales como el amor al pesebre, al Crucificado y a la Eucaristía, signos concretos de un Dios cercano, compasivo y siempre presente. Alfonso vivió también una intensa confianza en el Espíritu Santo y una tierna devoción a María, a quien llamaba “nuestra esperanza”. La oración fue el oxígeno de su alma: conversaba con Dios como con un amigo y enseñó a todos a hacer de la oración un medio vital para perseverar en el amor. Además, su esperanza se alimentaba del estudio serio, del acompañamiento espiritual y de la fraternidad con sus hermanos redentoristas y amigos fieles. Incluso en los momentos más oscuros, supo confiar en que la obra era de Dios y no suya. Hoy, San Alfonso nos recuerda que la esperanza nace y se fortalece en la oración, la comunión y la fidelidad al Evangelio.
- Fiesta de San Alfonso: Misionero de la Esperanza tras las huellas del Redentor
Llegamos al día culminante del Triduo celebrando la fiesta de San Alfonso María de Liguori, verdadero misionero de la esperanza en los pasos del Redentor. Su vida fue una ofrenda generosa y total al servicio del Evangelio, marcada por una profunda cercanía al pueblo, especialmente a los más pobres y marginados. Fue un hombre de múltiples talentos —abogado, músico, pintor, teólogo—, que puso todo al servicio de la redención. Fundó una Congregación misionera que se extendió por todo el mundo, llevando la Buena Noticia con sencillez, compasión y firmeza. Vivió una espiritualidad encarnada, afectiva y práctica, alejada de extremos y centrada en el amor de Dios. Hoy, su testimonio interpela a la Iglesia a ser más humana, más cercana, más audaz en el anuncio del Evangelio. En este Año Jubilar, bajo el lema Misioneros de la Esperanza, su figura nos anima a renovar nuestro compromiso con los pobres, a confiar en el poder de la oración, y a vivir con la certeza de que, en todo, Dios actúa y no nos abandona. ¡San Alfonso sigue caminando con nosotros, como faro y compañero en el camino de la esperanza!
Que este Triduo nos renueve en el amor al Redentor y en el compromiso de ser, como San Alfonso, signos de esperanza en los pasos del Redentor.
P. Edward Julián CHACÓN DÍAZ, CSsR.
Secretario general
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