{"id":1401,"date":"2015-04-26T09:52:56","date_gmt":"2015-04-26T09:52:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cssr.news\/spanish\/?p=1401"},"modified":"2025-02-05T10:44:52","modified_gmt":"2025-02-05T08:44:52","slug":"espiritualidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cssr.news\/spanish\/2015\/04\/espiritualidad\/","title":{"rendered":"ESPIRITUALIDAD Nuestro m\u00e1s importante desaf\u00edo"},"content":{"rendered":"<table width=\"100%\">\n<tbody>\n<tr>\n<td><strong>Communicanda I &#8211; 1997-2003<\/strong><\/td>\n<td><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong><br \/>\n<\/strong><\/h3>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>COMMUNICANDA N. 1<\/strong><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\">Roma, 25 de febrero de 1998<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nr. Prot. 0000 0028\/98<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Queridos Cohermanos,<\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">\u201cEn todo momento damos gracia a Dios por todos vosotros, recor-d\u00e1ndoos sin cesar en nuestras oraciones. Tenemos presente ante nuestro Dios y Padre la obra de vuestra fe, los trabajos de vuestra caridad, y la tenacidad de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Se\u00f1or\u201d (1 Tes 1,2-3). Han transcurrido cinco meses desde la clau-sura del XXII Cap\u00edtulo General y, en este d\u00eda aniversario de la apro-baci\u00f3n de nuestras Constituciones, os hacemos llegar este docu-mento que quiere ser como una prolongaci\u00f3n del Cap\u00edtulo y, al mis-mo tiempo, una indicaci\u00f3n de la l\u00ednea a seguir durante nuestro servi-cio a la Congregaci\u00f3n.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo confi\u00f3 al Gobierno General la redacci\u00f3n de esta <em>Com-municanda <\/em> a fin de que profundizara en el Mensaje y en la Orien-taciones ya enviadas a toda la Congregaci\u00f3n (<em>Postulado del XXII Cap\u00edtulo General, 1,1.4<\/em>). Como bien sab\u00e9is, el centro de estos do-cumentos capitulares lo ocupa la espiritualidad, asumida como tema para el actual sexenio, y, a cuya luz, la Congregaci\u00f3n quiere com-prender y vivir todos los aspectos de su propia vida. La petici\u00f3n, sin embargo, de que se tratara este tema, fue recurrente en algunas Re-uniones Regionales preparatorias del Cap\u00edtulo, confirmando as\u00ed, que era una necesidad sentida en gran parte de nuestra Familia misio-nera.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Creemos, adem\u00e1s, que la elecci\u00f3n de la espiritualidad ha tenido en cuenta el camino recorrido en los \u00faltimos decenios y que fue trazado en los Cap\u00edtulos Generales, con los respectivos documentos finales y, en particular, con el empe\u00f1o de \u201cacentuar el anuncio expl\u00edcito, pro-f\u00e9tico y liberador del Evangelio a los pobres, al mismo tiempo que nos dejamos interpelar por ellos\u201d (XXI Cap\u00edtulo General, <em>Documento Final, 11<\/em>). Dentro de este contexto es como la opci\u00f3n por la espiri-tualidad se nos revela en toda su profundidad y urgencia.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Esta <em>Communicanda <\/em>no pretende abordar el tema de la espirituali-dad de forma exhaustiva o doctrinal. Queremos dirigir una reflexi\u00f3n sobre el tema propuesto por el Cap\u00edtulo General ofreciendo a cada uno de vosotros ayuda para ser redentorista hoy. Por una parte, esta-mos convencidos de que la espiritualidad es esencialmente \u201cexpe-riencia personal y comunitaria de Dios en Cristo Redentor por medio del Esp\u00edritu Santo\u201d, y, por otra, que debemos tener presentes las ne-cesidades de las diversas Regiones. Deseamos, adem\u00e1s, que cada Unidad haga de este documento un uso \u201ccompartido\u201d en la forma y manera que le sea posible.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Notamos el grave riesgo \u2013 que el propio Cap\u00edtulo General ya se temi\u00f3 \u2013 de que el tema de la espiritualidad nos llevara lejos del ter-reno propio de la misi\u00f3n y de donde est\u00e1n las graves urgencias de la misma. Aclaremos en seguida, que \u201cespiritualidad\u201d no significa inti-mismo, ni abandono de las propias responsabilidades personales o del necesario compromiso con nuestra historia. No queremos teori-zar sobre la espiritualidad, sino fijarnos de forma muy concreta tanto en las obligaciones normales como en aquellas otras necesidades que requieren nuestra efectiva atenci\u00f3n. Adem\u00e1s de nuestros bue-nos deseos, contamos tambi\u00e9n con la colaboraci\u00f3n de los laicos, que en los \u00faltimos tiempos se ha ido afianzando cada vez m\u00e1s en los proyectos de las diversas Unidades. Si ellos, por una parte, pueden \u201casimilar\u201d nuestra espiritualidad viviendo con nosotros, frecuentando nuestro ambiente y trabajando con nosotros, tambi\u00e9n pueden, por otra, &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ayudarnos a mantenernos en un contacto m\u00e1s estrecho con la realidad y con la dimensi\u00f3n cotidiana de la vida.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Otro peligro que deseamos evitar: afrontar el tema de la espirituali-dad simplemente porque as\u00ed lo exija una cultura en boga. Somos conscientes de hasta qu\u00e9 punto la espiritualidad es un tema que est\u00e1 hoy d\u00eda de moda, incluso como fen\u00f3meno de \u00e9xito comercial. Un ver-dadero y aut\u00e9ntico \u201csupermercado de la espiritualidad\u201d, que va de la <em>new<\/em><em> age<\/em> a las sectas esot\u00e9ricas, seduciendo a muchos de nuestros contempor\u00e1neos; este fen\u00f3meno tiene muy poco en com\u00fan con las exigencias propias de una fe revelada que parte &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; de una \u201cescucha\u201d obediente a la Palabra y tiende al encuentro responsable con una persona, Jesucristo.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">La espiritualidad es fuente de unidad para toda la Congregaci\u00f3n. No podemos olvidar, sin embargo, la gran diversidad de situaciones y de intereses que se dan dentro de ella: tanto con respecto a Regio-nes y culturas, como a personas. Entre los cohermanos, unos, afortu-nadamente, poseen una espiritualidad m\u00e1s consolidada, otros ex-perimentan una especie de \u201cdesmorona-miento\u201d interior, mientras otros, finalmente, est\u00e1n a la b\u00fasqueda de algo que a\u00fan no han encon-trado. Se trata de situaciones interiores que no dependen de la edad y en las que se entrelazan misteriosamente la gracia de Dios y las circunstancias de la vida; pues bien, teniendo en cuenta esta diver-sidad de situaciones, rogamos a cada Unidad que haga a estas nuestras reflexiones aquellas acomodaciones que crea oportunas.<\/li>\n<\/ol>\n<h3>Motivos de una elecci\u00f3n<\/h3>\n<ol start=\"8\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Ante todo, consideramos fundamental preguntarnos: \u00bfPor qu\u00e9 el Cap\u00edtulo General eligi\u00f3 la espiritualidad como el m\u00e1s importante de-saf\u00edo para toda la Congregaci\u00f3n durante los pr\u00f3ximos seis a\u00f1os? La respuesta que demos a esta pregunta ser\u00e1 la que nos permita abor-dar de forma adecuada este tema. Exponemos algunos motivos que son, a nuestro parecer, los que m\u00e1s se aproximan a la realidad; y nos gustar\u00eda que esta propuesta fuera analizada y profundizada tam-bi\u00e9n a nivel local.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Nuestra primera impresi\u00f3n es que en la Congregaci\u00f3n se ha con-statado un exagerado activismo o, al menos, una desproporci\u00f3n en-tre la reflexi\u00f3n y las numerosas actividades que tenemos. En otras palabras, que todos necesitamos darle a la actividad sus \u00faltimos y verdaderos m\u00f3viles, y sabemos que para nosotros, redentoristas, los m\u00f3viles se orientan esencialmente a una persona, \u201cla \u00fanica de la que hay necesidad\u201d (<em>Lc<\/em> 10, 42), Jesucristo Redentor. Esta necesidad vie-ne confirmada claramente por el mismo Cap\u00edtulo General cuando dice que nuestra \u201cprincipal preocupaci\u00f3n debe ser el puesto que ocupa Dios en nuestra existencia\u201d (<em>Mensaje final, n.3<\/em>). Es \u00e9sta una observaci\u00f3n que no podemos olvidar y cuyo contenido se convierte para cada uno de nosotros en fuente de gozo: en la medida en que nos esforcemos por situar a Dios en el centro de nuestra vida, en esa misma medida nos realizaremos en plenitud.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Creemos oportuno avanzar otra hip\u00f3tesis que esclarece la elecci\u00f3n del Cap\u00edtulo: se encuentra claramente vinculada al momento hist\u00f3rico en que vivimos. Muchos de los nuestros conservan la impronta de una formaci\u00f3n \u2013 nos referimos a los a\u00f1os anteriores al Concilio Ecu-m\u00e9nico Vaticano II \u2013 que se inspir\u00f3, en gran parte, en las normas y en los valores propios de la <em>observancia<\/em>. Los a\u00f1os siguientes han visto afianzarse una antropolog\u00eda diversa y una formaci\u00f3n en conso-nancia con ella, cuyo centro lo ocupaba la realizaci\u00f3n de la persona y su <em>libertad<\/em>. El balance de estos \u00faltimos a\u00f1os nos ha hecho compren-der que estos modelos no se exclu\u00edan mutuamente. Ahora bien, mi-entras para algunos el primer modelo ha favorecido tal vez una \u201cob-servancia sin coraz\u00f3n\u201d, para otros el segundo modelo ha dado lugar a veces una \u201clibertad sin metas\u201d. Con frecuencia, el di\u00e1logo ha sido in\u00fatil o ha hecho detener la marcha, los proyectos apost\u00f3licos han revelado ser de corto alcance, la identidad de las personas ha en-trado en crisis. Creemos que el Cap\u00edtulo General ha visto en la espi-ritualidad el elemento capaz de dar sentido <em>a la libertad dentro de la comunidad<\/em>, delineando un posible y m\u00e1s cre\u00edble camino para el pr\u00f3ximo futuro.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Nuestra \u201cnecesidad\u201d de espiritualidad puede tener todav\u00eda otra ex-plicaci\u00f3n. Vivimos un tiempo de \u201ccontinuo cambio&#8221; y de progreso tecnol\u00f3gico acelerado (aunque este desarrollo no sea igual en todas las Regiones). Nos cuesta seguir el ritmo de nuestro tiempo. Inno-vaciones no s\u00f3lo tecnol\u00f3gicas o cient\u00edficas, sino, m\u00e1s a\u00fan, profunda-mente culturales, ponen a dura prueba nuestros horizontes mentales. Si en el pasado nuestra Regla de vida, nuestras tradiciones, nue-stros \u201cmodelos\u201d ordinarios, o los santos de nuestros altares consti-tu\u00edan para nosotros puntos de referencia bastante plausibles y cre\u00edbles, hoy, por el contrario, nos encontramos en el umbral de un futuro que no sabemos qu\u00e9 nos deparar\u00e1. Vemos lo dif\u00edcil que es hablar del <em>seguimiento de Cristo<\/em> a un mundo que parece no tener a quien seguir. Necesitamos, por consiguiente, como un \u201ccontrapeso\u201d que nos impida vivir constantemente en la superficialidad. Necesi-tamos algo que nos ayude a lograr una s\u00edntesis interior, independi-ente de factores externos siempre cambiantes, y este \u201calgo\u201d lo ha visto el Cap\u00edtulo en la espiritualidad.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">En todo caso, este esfuerzo por ir al ritmo de los tiempos lo vemos en la teolog\u00eda. Por ejemplo, \u00bfhasta qu\u00e9 punto, en los \u00faltimos tiempos, no ha ensanchado su horizonte el concepto de redenci\u00f3n? Si mu-chos de los nuestros se formaron en una rigurosa atenci\u00f3n a la \u201csal-vaci\u00f3n del alma\u201d, vemos tambi\u00e9n c\u00f3mo este concepto ha ido am-pli\u00e1ndose gradualmente hasta abarcar la salvaci\u00f3n integral de la persona (cfr. <em>Const.<\/em> 5); hemos comprendido, igualmente, que la <em>Copiosa Redemptio<\/em> nos pon\u00eda ante una nueva relaci\u00f3n con otras culturas y religiones, al tiempo que ve\u00edamos que tampoco pod\u00edan excluirse de nuestros intereses ciertos problemas como la ecolog\u00eda, la defensa de los derechos humanos, etc. En un plano exclusiva-mente te\u00f3rico, no nos resulta dif\u00edcil comprender esta relaci\u00f3n, pero en la pr\u00e1ctica, \u00bfcu\u00e1ntos no han acusado un decaimiento en el \u201ccelo misionero\u201d, justamente por ver que se encontraban ante un compro-miso nuevo superior a sus fuerzas?<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Es cierto que contamos con numerosos medios de estudio y de formaci\u00f3n mientras se multiplican iniciativas en el \u00e1mbito de la for-maci\u00f3n permanente, bien con motivo de ocasiones extraordinarias (centenarios de nuestros Santos, beatificaciones, etc.), bien en el \u201cordinario\u201d proceder de las diversas Unidades, a\u00fan as\u00ed, reconoce-mos que la renovaci\u00f3n profunda de nuestra vida no siempre ha ido en consonancia con el enorme esfuerzo que ha supuesto organizar estas iniciativas. Sufrimos tambi\u00e9n en lo m\u00e1s profundo de nosotros mismos la ruptura entre fe y vida que contin\u00faa siendo uno de los s\u00edntomas de nuestro tiempo. Al multiplicarse las ocasiones de toma conciencia y de animaci\u00f3n, advertimos de forma a\u00fan m\u00e1s lacerante la dificultad que entra\u00f1a encarnar en la vida diaria aquello que des-cubrimos.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Esta ruptura interior y existencial se refleja indudablemente tambi\u00e9n en nuestro modo de orar. El Cap\u00edtulo General de 1991 recordaba ya entonces: \u201cAbandonadas las que se consideraban \u201cpr\u00e1cticas espiri-tuales\u201d inaut\u00e9nticas o no adaptadas a la situaci\u00f3n actual, no han sur-gido otras capaces de llenar del todo el vac\u00edo producido\u201d (<em>Documen-to Final, 33<\/em>). El resultado de esto, en las comunidades, ha sido la general ausencia de un programa de oraci\u00f3n y, de forma m\u00e1s am-plia, el \u201cvac\u00edo\u201d espiritual que muchos cohermanos padecen. Ante determinados ambientes nuestros &#8211; espiritualmente \u201can\u00e9micos\u201d &#8211; cabr\u00eda preguntarse si puede hablarse en ellos de comunidad reli-giosa. Cabr\u00eda preguntarse, igualmente, si a la luz de la \u201cconsagra-ci\u00f3n\u201d, es leg\u00edtimo dejarse arrastrar por un contexto secularizado. Hay que preguntarse tambi\u00e9n si esta forma de proyectarse (o de no pro-yectarse) la comunidad, ofrece un m\u00ednimo de atractivo a las nuevas generaciones. Es \u00e9ste un punto sobre el que cada uno deber\u00eda ex-aminar su propia cuota de responsabilidad.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Frecuentemente, este \u201cvac\u00edo\u201d espiritual ha dado pie a los coher-manos para una \u201cfuga\u201d hacia otras espiritualidades o movimientos eclesiales a fin de buscar, tal vez fuera, lo que no encontraban dentro de la comunidad. Estamos convencidos de que a ninguno se le pue-de negar el derecho al propio desarrollo personal y espiritual, pero ese fen\u00f3meno invita a hacerse algunas preguntas muy concretas: \u00bfEst\u00e1 en condiciones la comunidad de crear el ambiente id\u00f3neo para la plena realizaci\u00f3n de los cohermanos? \u00bfOfrece a las perso-nas el espacio \u201chumano\u201d adecuado para que expresen sus m\u00e1s pro-fundo anhelos? \u00bfSe da respuesta a esos anhelos dentro de un con-texto de \u201ccomunidad con una organizaci\u00f3n adecuada\u201d (<em>Const. <\/em>44-45; <em>Est<\/em>. 041) y un proyecto apropiado de oraci\u00f3n?<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">No deben dejarnos indiferentes el n\u00famero de cohermanos que, tras algunos a\u00f1os de consagraci\u00f3n o de ministerio, abandonan la Con-gregaci\u00f3n: el propio hecho de que algunos manifiesten despu\u00e9s su insatisfacci\u00f3n por la salida, hace que nos preguntemos si en su mo-mento les ayudamos a realizarse humana y espiritualmente. A\u00fan cuando en tiempos anteriores a los nuestros se dieran tambi\u00e9n ca-sos como \u00e9stos, o suceda algo parecido en otras familias religiosas, no por ello debemos dejar de hacernos algunas preguntas: \u00bfQu\u00e9 buscaron y no encontraron estos cohermanos en la comunidad re-dentorista? \u00bfNos consideramos mutua y fraternalmente respon-sables de la vocaci\u00f3n de los dem\u00e1s? Estas preguntas deben llevar-nos a pensar no s\u00f3lo en los cohermanos que nos abandonaron, sino tambi\u00e9n en los que, a\u00fan permaneciendo en la Congregaci\u00f3n, van de modo imperceptible y muy a pesar suyo, acomod\u00e1ndose a un estilo de vida sin coraje y que pone en tela de juicio las motivaciones m\u00e1s hondas de nuestra vida en com\u00fan.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">De modo general, vemos que en nuestra vida diaria, en las relacio-nes interpersonales, en la cura pastoral, no siempre nos animan los verdaderos m\u00f3viles de nuestra consagraci\u00f3n y de nuestro ministerio, ni estamos dispuestos \u201ca dar respuesta a todo el que nos pida raz\u00f3n de nuestra esperanza\u201d (1<em>Ped<\/em> 3,15). \u00bfCompartimos nuestras expe-riencias espirituales? \u00bfDe qu\u00e9 carecer\u00eda el mundo de hoy si de im-proviso le faltara el carisma redentorista? \u00bfQu\u00e9 puede decirle a nue-stra cultura la intuici\u00f3n &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; de Alfonso? \u00bfEstamos preparados para co-municar la evidente actualidad de la espiritualidad redentorista y pro-ponerla a los laicos para que la compartan con nosotros, y a los j\u00f3venes para que hagan de ella un proyecto de vida? \u00bfNos mostra-mos como \u201cescuela de verdadera espiritualidad evang\u00e9lica (<em>Vita<\/em><em> consecrata, <\/em>93)?<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Estas preguntas requieren no s\u00f3lo un serio compromiso auto-formaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n recuperar la \u201cidentidad\u201d personal y un aut\u00e9ntico clima de familia. En este sentido, tal vez sea fiel \u201cter-m\u00f3metro\u201d del problema de la espiritualidad el gozo que habitual-mente vemos como presente, o ausente, a nivel de personas y de comunidad. Todos deberemos recuperar un <em>sentido de pertenencia y de sano orgullo de ser redentoristas<\/em>. Quiz\u00e1 sea \u00e9sta la raz\u00f3n que resume todas las dem\u00e1s y que indujo al Cap\u00edtulo General a optar por el tema de la espiritualidad.<\/li>\n<\/ol>\n<h3>Elementos de la espiritualidad redentorista<\/h3>\n<ol start=\"19\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Quienes participaron en el XXII Cap\u00edtulo General, o lo siguieron a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n, o con la lectura, por ejemplo, del Mensaje final, las Orientaciones y los Postulados, compartir\u00e1n con nosotros la siguiente impresi\u00f3n: en la mayor\u00eda de los casos, la atenci\u00f3n del Cap\u00edtulo se centr\u00f3 m\u00e1s en la \u201cespiritualidad\u201d como tal que en la \u201cespiritualidad redentorista\u201d. No queremos sugerir con esto, en modo alguno, la idea de una dicotom\u00eda entre estas dos reali-dades; la espiritualidad se ha &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; desarrollado en nuestra concreta vo-caci\u00f3n y lo ha hecho en cuanto \u201credentoristas\u201d y, por consiguiente, no puede concebirse aqu\u00e9lla prescindiendo de esta connotaci\u00f3n. Pero conviene tener en cuenta el lenguaje usado por el Cap\u00edtulo. La insis-tencia con que all\u00ed se trat\u00f3 una y otra vez de \u201cespiritualidad\u201d en ge-neral nos lleva a sacar, al menos, tres consecuencias.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Primera: que se van redescubriendo los \u201cfundamentos\u201d de nuestra vida espiritual. Mucho m\u00e1s que un conocimiento espec\u00edfico de nue-stro carisma, necesitamos comprender la estructura de una vida de fe y el sentido elemental de la consagraci\u00f3n. Pues si ese conoci-miento espec\u00edfico se volviera fin en s\u00ed mismo, correr\u00eda el peligro de ser un ejercicio puramente acad\u00e9mico.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Segunda consecuencia: no debemos ser miopes centr\u00e1ndonos exclusivamente en lo espec\u00edficamente nuestro, olvidando el amplio y exigente horizonte de la espiritualidad &nbsp; &nbsp; &nbsp; en la que se inserta el caris-ma redentorista. \u201cEn la Iglesia, santa y grande, la Congregaci\u00f3n no es una capilla lateral. Su misi\u00f3n la coloca en el centro de la iglesia, all\u00ed donde se encuentra el altar en el que se celebra el misterio de la Pascua de Cristo por la salvaci\u00f3n del mundo. Est\u00e1 llamada a realizar lo que es central, a continuar a Cristo y el acontecimiento de la salva-ci\u00f3n que est\u00e1 en Cristo. \u00bfCu\u00e1l es, por consiguiente, su especificidad en el conjunto de la Iglesia? <em>Su especificidad consiste en la realiza-ci\u00f3n de lo esencial de acuerdo con una vigorosa plenitud<\/em>\u201d (F.X. Durwell cssr). No debemos pretender, por consiguiente, que nuestra espiritualidad posea elementos exclusivos en la Iglesia. Gran parte de los elementos tradicionalmente considerados como \u201credento-ristas\u201d (predicar a los pobres, misiones populares, <em>Vida devota<\/em>, etc.) tienen su r\u00e9plica en otras espiritualidades y en otras Familias Re-ligiosas; lo que en cierto sentido nos caracteriza, se encuentra, m\u00e1s bien, en el modo como estos elementos se conjuntan. Este modo, a su vez, supone otros muchos factores: estilo de vida personal, forma de comportarse y de hablar, un cierto clima comunitario, etc., ele-mentos todos que &#8211; a cuantos se acercan a nosotros y nos conocen &#8211; hacen que de forma espont\u00e1nea digan: \u201c\u00e9ste es un redentorista\u201d.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Una tercera consecuencia: &#8211; hay que se\u00f1alar que se trata de la m\u00e1s importante &#8211; el que se haya elegido el tema de la espiritualidad (todav\u00eda antes que el de \u201cespiritualidad redentorista\u201d) pretende que nos examinemos acerca de nuestra relaci\u00f3n personal con Cristo a fin de ver si \u00e9sta \u201cinspira efectivamente y de modo privilegiado nuestro estilo de vida\u201d (<em>Mensaje final<\/em>, 1). \u201cEn cualquier contexto en que se viva, creemos que todos los redentoristas estamos llamados a cen-trar hoy nuestra atenci\u00f3n en un aspecto fundamental de nuestra espi-ritualidad, es decir, en la forma en que nutrimos y expresamos nue-stra relaci\u00f3n de fe con Jes\u00fas\u201d (<em>Mensaje final<\/em>, 3). En esta relaci\u00f3n, el Esp\u00edritu Santo es quien incesantemente nos atrae y nos anima. Es \u00e9l quien suscita el deseo de una respuesta plena, haciendo de cada uno de nosotros una persona \u201ccristiforme\u201d (<em>Vita<\/em><em> consecrata<\/em>, 19). Es \u00e9l quien \u201cpersuade\u201d nuestra inteligencia, haci\u00e9ndola aceptar con gozo y por amor, lo que a los ojos humanos aparece simplemente como \u201clocura\u201d.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Con respecto a la espiritualidad redentorista, nuestras Constitu-ciones nos ofrecen material suficiente para definirla. Orando con ellas, estudi\u00e1ndolas, comprenderemos el porqu\u00e9 de nuestra voca-ci\u00f3n y los rasgos esenciales que la caracterizan. En sus p\u00e1ginas en-contramos c\u00f3mo entender los distintos aspectos de la identidad re-dentorista que, substancialmente, consiste en el \u201cseguir el ejemplo de Jesucristo Salvador, en la predicaci\u00f3n de la divina Palabra a los pobres\u201d (<em>Cons<\/em>. 1). Una creciente familiaridad con nuestra \u201cRegla de vida\u201d nos permitir\u00e1 abarcar, en una visi\u00f3n de conjunto, nuestra espiri-tualidad, que, de otra forma, quedar\u00eda difusa.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">A la luz de la tradici\u00f3n en la que esta espiritualidad ha nacido, podemos individualizar, distinguiendo lo esencial de lo secundario, algunos elementos constitutivos de la misma que, a continuaci\u00f3n, proponemos a vuestra consideraci\u00f3n sin pretender con ello ni abarcarlo todo, ni tampoco hacerlo con un rigor metodol\u00f3gico:<\/li>\n<\/ol>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">somos redentoristas: nuestra espiritualidad se sit\u00faa en la teolog\u00eda de la encarnaci\u00f3n;<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">somos misioneros y, por lo mismo, esencialmente anunciadores del Evangelio cuyo coraz\u00f3n es la miseri-cordia;<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">el redentorista tiene un sentido \u201cpopular\u201d, una habili-dad para aproximarse f\u00e1cilmente a la gente y utiliza un lenguaje sencillo;<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">la espiritualidad redentorista es fuente y fruto de la misi\u00f3n (<em>Mensaje final<\/em>, n. 6);<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">el redentorista siente compasi\u00f3n por los pobres;<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">nuestro compromiso pastoral, especialmente con los pobres y abandonados, es constitutivo de nuestra espiritualidad (<em>Mensaje final<\/em>, n. 8).<\/li>\n<\/ul>\n<ol start=\"25\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Creemos, igualmente, que a la Virgen del Perpetuo Socorro hay que otorgarle un lugar m\u00e1s amplio y expl\u00edcito en nuestra espiritua-lidad. El celo y la creatividad de los redentoristas han hecho que \u00e9ste sea el icono m\u00e1s difundido del mundo; tambi\u00e9n puede ayudarnos a descubrir nuestro carisma. El t\u00edtulo de \u201cPerpetuo Socorro\u201d, por otra parte, se encuentra &nbsp; en total consonancia con el tema de la <em>Copiosa Redemptio.<\/em><\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">No debemos olvidar, sin embargo, que la nuestra, es tambi\u00e9n una espiritualidad comunitaria, se encuentra en la comunidad y debe manifestarse, por lo mismo, en estructuras concretas comunitarias, otorg\u00e1ndole el debido espacio ante todo a la Palabra de Dios, a la liturgia y a la Eucarist\u00eda (cfr. <em>Const<\/em>. 27). Si consideramos el proceso de nuestra vocaci\u00f3n, constatamos que la espiritualidad no la hemos aprendido en los libros, sino en los cohermanos, en su estilo de vida, en un determinado m\u00e9todo de trabajo y de apostolado sostenido en el tiempo y que nosotros poco a poco hemos \u201casimilado\u201d. Volviendo todav\u00eda m\u00e1s atr\u00e1s en el tiempo, vemos c\u00f3mo nuestra propia Congre-gaci\u00f3n se ha caracterizado, desde su nacimiento, por unas determi-nadas opciones concretas y operativas (por ejemplo, la \u201cencarna-ci\u00f3n\u201d, la predilecci\u00f3n de Cristo por los pobres, el fundar nuestras ca-sas entre los m\u00e1s abandonados). En todo caso, al abordar el tema de la espiritualidad debemos hacernos algunas preguntas: como la de si nuestro testimonio es real y, de alguna forma, perceptible; o la de si nuestras estructuras comunitarias y apost\u00f3licas est\u00e1n al servi-cio de este testimonio.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Por todo esto, la opci\u00f3n que el Cap\u00edtulo hizo a favor de la espiritua-lidad redentorista nos es de vital importancia, y esto, al menos por tres motivos fundamentales:<\/li>\n<\/ol>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">un motivo <em>psicol\u00f3gico<\/em> implica que en la espiritualidad est\u00e1 en juego nuestra propia identidad. Es en el carisma redentorista hemos apostado nuestra existencia; en esa \u201cintuici\u00f3n en el Esp\u00edritu\u201d hemos descubierto nuestro propio rostro. Las dificultades inherentes a nuestro tiempo, as\u00ed como lo inadecuado de las estructuras, suponen cierta-mente un problema, pero superable si este objetivo encuen-tra en nuestro interior la importancia que debe;<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">una raz\u00f3n <em>teol\u00f3gica <\/em>nos recuerda lo que nuestro Fun-dador dice: \u201cDios quiere que todos sean santos, y cada uno en su estado, el religioso como religioso, el seglar como seglar, el sacerdote como sacerdote, el casado como ca-sado, el comerciante como comerciante, el soldado como soldado, y as\u00ed refiri\u00e9ndose a cualquier otro estado\u201d (<em>Pr\u00e1ctica del amor a Jesucristo<\/em>, cap. VIII). Si cada uno est\u00e1 llamado a ser santo en el propio estado, igualmente lo estamos noso-tros al \u201cabrazar\u201d el nuestro y buscando la voluntad de Dios como<em> redentorista hoy<\/em>;<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">un motivo <em>apost\u00f3lico<\/em> nos dice que andar entre los pobres sin llevar a Dios con nosotros conlleva el peligro de aprovecharse de ellos. Desde la experiencia del amor de Dios fue como San Alfonso comprendi\u00f3 mejor las necesi-dades de los pobres. Rebajar el nivel de nuestra espirituali-dad y pretender al mismo tiempo ser cre\u00edbles a la mirada de los pobres, es algo ilusorio por nuestra parte y un enga\u00f1o hacia los mismo Es nuestro mismo proyecto apo-st\u00f3lico el que se expone al fracaso.<\/li>\n<\/ul>\n<h3>Algunas consecuencias para nuestra vida<\/h3>\n<ol start=\"28\">\n<li style=\"text-align: justify;\">\u201cCreemos que a la Congregaci\u00f3n se le est\u00e1 ofreciendo una espe-cial gracia de conversi\u00f3n al Redentor\u201d. Esta afirmaci\u00f3n del Mensaje final del Cap\u00edtulo (n. 5) corre el peligro de ser tomada como una de tantas recomendaciones que pasan inadvertidas en orden a la reno-vaci\u00f3n de nuestra vida. En determinados ambientes nuestros se hace dif\u00edcil encarar el tema de la conversi\u00f3n por temor a poner en peligro derechos adquiridos o un determinado estilo de vida que se ha llegado a ser \u201cintocable\u201d. Pero ese puesto central de la espirituali-dad en nuestra existencia no es para favorecer un sentimiento de culpa o a crear des\u00e1nimo, sino para la apertura a la novedad de Dios. \u201cPues bien, he aqu\u00ed que yo lo renuevo: ya est\u00e1 en marcha, \u00bfno lo reconoc\u00e9is? (<em>Is<\/em> 43,19).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Toda conversi\u00f3n es para el <em>hoy<\/em>. \u201cEscuchad <em>hoy <\/em>su voz: \u00abNo endu-rezc\u00e1is el coraz\u00f3n\u00bb\u201d (Sal 95,8). Una atenta mirada a nuestro tiempo nos har\u00e1 comprender que dar largas a esta conversi\u00f3n puede ser nefasto para el futuro de la Congregaci\u00f3n y para el propio significado de nuestra misi\u00f3n. <em>Hoy <\/em>entendemos mejor lo que significa \u201ccontinuar al Redentor\u201d entre los m\u00e1s abandonados, as\u00ed como el hambre espiri-tual que tiene la humanidad, tantas veces disimulado o instrumenta-lizado. <em>Hoy <\/em> disponemos todav\u00eda de suficientes energ\u00edas personales y morales para una determinaci\u00f3n concreta y valiente.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">La elecci\u00f3n de la espiritualidad supone reconocer la necesidad urgente de recuperar aquella actitud capaz de sostener un proyecto apost\u00f3lico. Debemos fomentar una \u201cmirada contemplativa de la vida\u201d (<em>Orientaciones sobre el tema de la espiritualidad<\/em>, Introducci\u00f3n), de forma que descubramos la riqueza de nuestro mundo interior (cfr. <em>Cons<\/em>. 24). En sinton\u00eda con este mundo, podremos dialogar entonces con Dios como hijos y alentar en nosotros una memoria de los \u201cpasos\u201d que Dios ha dado en nuestra historia para hacernos suyos. Despu\u00e9s, tendremos que redescubrirnos personal-mente como \u201cre-dimidos\u201d para ser, de modo convincente, \u201credentoristas\u201d. Adem\u00e1s, un estilo de vida perennemente \u201csuperficial\u201d, incapaz de meditar, de centrarse en la palabra de Dios y del silencio, no es base s\u00f3lida para sostener un proyecto de espiritualidad. El problema, en fin, se agu-diza cuando esta incapacidad llega a convertirse en \u201cestilo de vida comunitario\u201d. Es cierto, por otra parte, que se dan situaciones comu-nitarias en las que resulta dif\u00edcil salvaguardar un clima de silencio y de oraci\u00f3n; y en algunas ocasiones es justo que sea as\u00ed. Sin embar-go, toda comunidad deber\u00eda examinarse sobre este punto a fin de encontrar soluciones adecuadas que corrijan el evidente desequi-librio que, en ocasiones, se da entre la necesidad de espiritualidad y los momentos o medios que se ofrecen para satisfacer esta necesi-dad a nivel personal y comunitario.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Si la conversi\u00f3n exige un compromiso <em>ad intra<\/em>, tampoco debemos olvidar que debemos proyectarnos igualmente<em> ad extra<\/em>, al doble compromiso con la Iglesia y con el reino de Dios, dentro del cual encuentra sentido nuestro carisma. Esto requiere articular las justas relaciones con las estructuras eclesiales locales, conocer mejor los otros carismas e inspirar cada vez m\u00e1s nuestro servicio en la gratui-dad. Esto pide, igualmente, un mayor empe\u00f1o por conocer c\u00f3mo vive hoy la Congregaci\u00f3n su carisma y lo lleva a la pr\u00e1ctica \u2013 fre-cuentemente con hero\u00edsmo y creatividad \u2013 en las diversas Regiones del mundo. Esto supone, finalmente, un serio esfuerzo formativo a fin de revalorizar nuestro servicio a la Iglesia y al mundo.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">La conversi\u00f3n ad extra nos invita sobre todo a acercarnos al tema de la espiritualidad teniendo como criterio nuestro servicio a la mi-si\u00f3n. \u201cNuestra espiritualidad se configura tambi\u00e9n en el desaf\u00edo del compromiso con las luchas y sufrimientos de los pobres, en los que Jes\u00fas se nos revela como el Siervo Sufriente\u201d (<em>Mensaje final<\/em>, 6). Como los Capitulares, tambi\u00e9n nosotros debemos preguntarnos \u201cen qu\u00e9 medida el compromiso con los pobres es una expresi\u00f3n de nue-stra espiritualidad y de qu\u00e9 modo nos ayuda a desarrollar una espi-ritualidad m\u00e1s aut\u00e9ntica\u201d (<em>Mensaje final<\/em>, 8).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Estas preguntas deben acompa\u00f1ar nuestro habitual modo de con-siderar la espiritualidad y nuestro estilo de oraci\u00f3n personal y comu-nitaria. Una espiritualidad suele generalmente forjarse por medio de acontecimientos que nos impresionaron o que suscitaron en noso-tros determinadas preguntas profundas; noticias que nos conmo-cionaron, momentos de especial conflicto con nosotros mismos o con los dem\u00e1s, per\u00edodos de la vida particularmente conflictivos, etc. Pensamos que el redentorista debe poner en el centro de su oraci\u00f3n personal y comunitaria el clamor de los pobres, sus preocupaciones, los problemas de la vida cotidiana, las situaciones de injusticia y de opresi\u00f3n. Esto le permitir\u00e1 no s\u00f3lo contribuir a la <em>Copiosa Redem-ptio<\/em>, sino tambi\u00e9n mantener limpia su mirada al servicio de un apostolado generoso y concreto.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">El desaf\u00edo de la espiritualidad debe llevarnos al deseo de identifi-carnos con los pobres, ante los que muchos redentoristas, comen-zando por San Alfonso, tuvieron una aut\u00e9ntica conversi\u00f3n. Pero \u00bfesta conversi\u00f3n interior se refleja tambi\u00e9n en nuestro estilo de vida marcado por la simplicidad y la austeridad? \u00bfNos prevenimos sufi-cientemente ante el peligro del consumismo? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1n nue-stros sentidos estar atentos al clamor de los pobres si el ruido del mundo nos ha hecho sordos a ellos o nuestras costumbres son tan distintas de las suyas?<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Si esta espiritualidad \u201cse modela por nuestra dedicaci\u00f3n a los pobres\u201d, debe igualmente, ir acompa\u00f1ada de una formaci\u00f3n con-tinua. Todos debemos motivar teol\u00f3gica y apost\u00f3licamente nuestro servicio a los pobres en este per\u00edodo de nuestra historia en el que la ca\u00edda de las grandes ideolog\u00edas ha terminado finalmente por mar-ginar a los m\u00e1s abandonados. Debemos partir valientemente de preguntas como \u00e9stas: \u00bfhasta qu\u00e9 punto nuestra espiritualidad &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; es signo de contradicci\u00f3n para la sociedad en que vivimos? Nuestro estar en el mundo \u00bfnos hace mirar de modo acr\u00edtico y pasivo la l\u00f3gica del mundo (<em>Jn<\/em> 17, 11.14)? \u00bfNos acomodamos a la sociedad, o somos, m\u00e1s bien, un signo para ella? \u00bfQu\u00e9 sentido tiene nuestra \u201cprofec\u00eda\u201d al anunciar el Evangelio y el carisma redentorista? A los ojos de los j\u00f3venes \u00bfnuestro carisma es claro y convincente como propuesta vocacional? \u00bfQu\u00e9 actitud tenemos en el di\u00e1logo con las otras iglesias, religiones o culturas?<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Todas estas preguntas pueden parecernos, tal vez, exigentes hasta el punto de desanimarnos o de hacernos creer que el Gobier-no General mira el presente y el futuro de la Congregaci\u00f3n con un cierto pesimismo. Queremos resaltar, m\u00e1s bien, la gran confianza que anima tanto nuestro servicio como nuestra idea acerca del papel que la historia nos pide que llevemos a cabo. La espiritualidad, por su parte, nos permite hacer m\u00e1s convincente este cometido y m\u00e1s incisivo nuestro servicio. Esta confianza se fundamenta tambi\u00e9n en lo atractivo de nuestra historia: en ella encontramos ra\u00edces suficiente-mente profundas como para que el Esp\u00edritu Santo produzca hoy nueva savia. Muchos testigos de nuestra tradici\u00f3n, los extraordi-narios y los m\u00e1s comunes, ponen de relieve todav\u00eda hoy una santidad gozosa, no exenta de problemas, pero humanamente alentadora. Su comuni\u00f3n entusiasta con el Cristo Redentor y la apertura para reco-nocerlo en los pobres, nos indican que el \u201cdesaf\u00edo\u201d contin\u00faa siendo plenamente actual porque a Cristo (<em>Mt<\/em> 28,20) y a los pobres (<em>Mc<\/em> 14,7) los tendremos siempre con nosotros. \u00a1Jam\u00e1s nos faltar\u00e1 la \u201cmateria prima\u201d para una dedicaci\u00f3n generosa! La espiritualidad con la que siempre han afrontado los redentoristas esta dedicaci\u00f3n con-tin\u00faa siendo actual.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Este \u201cajetreo\u201d propio de nuestro tiempo han de afrontarlo en pri-mera l\u00ednea los superiores, tanto locales como (Vice)Provinciales. Ante la variada gama de servicios que exige su oficio y, sobre todo, a falta de los que en otro tiempo fueron puntos comunes de referen-cia (Regla, horario, obediencia absoluta, etc.), pueden sentirse a veces poco preparados o desanimados. La espiritualidad, en cam-bio, les lleva hasta las ra\u00edces m\u00e1s profundas de su servicio (y que no son otras que las del amor y preocupaci\u00f3n por las personas), les pide ser pastores antes que administradores. Sabemos que esto no es suficiente para el cumplimiento \u00f3ptimo de su mandato, pero con-tribuye, sin duda, a proporcionarles sentido y perspectivas de espe-ranza.<\/li>\n<\/ol>\n<h3>Conclusi\u00f3n<\/h3>\n<ol start=\"38\">\n<li style=\"text-align: justify;\">Pensamos que esta Communicanda debe mantener vivo un pro-ceso de discernimiento iniciado con el Cap\u00edtulo General, incluso all\u00ed donde a\u00fan no se ha manifestado mediante ninguna acci\u00f3n concreta. Se trata de un proceso del que nadie &#8211; incluido el propio &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Gobierno General &#8211; debe sentirse dispensado. El tema escogido por el Ca-p\u00edtulo General dar\u00e1 su fruto si encuentra eco a nivel local y viene actuado con buenas iniciativas. Y si a nivel (Vice)Provincial habr\u00e1 que ocuparse del programa que oportunamente haya organizado el Gobierno (Vive)Provincial (por ejemplo, promoci\u00f3n de cursos de for-maci\u00f3n, encuentros de reflexi\u00f3n, asambleas o Cap\u00edtulos provinciales, etc.), a nivel local, toda comunidad puede y debe prever momentos de reflexi\u00f3n y de decisi\u00f3n sobre la espiritualidad (revisi\u00f3n de vida, organizaci\u00f3n y sentido de la oraci\u00f3n, etc.); momentos que ser\u00e1 opor-tuno introducir en el \u201cproyecto de vida comunitaria\u201d que pidi\u00f3 el Ca-p\u00edtulo General (<em>Postulado<\/em> 3.1).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">En orden a la puesta en pr\u00e1ctica de la elecci\u00f3n hecha por el Ca-p\u00edtulo General, son de gran ayuda las Orientaciones sobre el tema de la espiritualidad, que se consideran org\u00e1nicamente unidas a esta Communicanda. Creemos que con estas Orientaciones, el Cap\u00edtulo ha proporcionado a las diversas Unidades un material rico en posibi-lidades y en iniciativas concretas a nivel local. Cada (Vice)Provincia puede encontrar en ellas lo necesario para confeccionar un progra-ma que se adapte a su propia situaci\u00f3n, y para cuya concreci\u00f3n ser\u00e1 oportuno contar tambi\u00e9n con la ayuda de las Religiosas de la Orden del Sant\u00edsimo Redentor y de los Misioneros y Cooperadores Laicos Redentoristas.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">El Gobierno General, por su parte, se propone desarrollar \u201cun pro-grama de renovaci\u00f3n para los cohermanos basado en las fuentes alfonsianas y redentoristas, si fuera posible en los lugares hist\u00f3ricos alfonsianos\u201d (Postulados aprobados por el XII Cap\u00edtulo General, 4,1) y \u201cproseguir con la idea de promover con mayor frecuencia cursos de espiritualidad de la manera que se juzgue m\u00e1s oportuna\u201d (4,2). Re-cordamos, igualmente, que est\u00e1n previstas \u201cen las Regiones y hacia la mitad del sexenio, reuniones de Superiores Mayores y de Supe-riores Regionales a fin de evaluar la respuesta de las unidades al XXII Cap\u00edtulo General (Orientaciones sobre el tema de la espiritua-lidad, 10.1) y el encuentro \u2013 considerado ya como positivo en el pasado sexenio \u2013 de los neoelectos Superiores Mayores de las diversas (Vice)Provin-cias. Creemos, adem\u00e1s, que esta Communi-canda puede y debe ser \u00fatil durante la visita del Gobierno General a las Provincias en vistas &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; a un di\u00e1logo sobre los temas tratados y su aplicaci\u00f3n a las situaciones concretas. No obstante, consideramos indispensable la colaboraci\u00f3n de las (Vice)Provincias en la realiza-ci\u00f3n concreta de estos programas y \u2013 cosa todav\u00eda m\u00e1s importante \u2013 nos urge ya desde ahora una respuesta de las diferentes (Vice)Pro-vincias a las siguientes preguntas: \u00bfQu\u00e9 puntos de la Communican-da reflejan mejor los problemas a nivel local? \u00bfQu\u00e9 decisiones con-cretas a adoptar se proponen en ella? \u00bfQu\u00e9 ayuda se espera del Gobierno General?<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Queridos cohermanos, en este a\u00f1o 1998, que la Iglesia quiere que se dedique de modo particular a la Tercera Persona de la Sant\u00edsima Trinidad, confiamos a la acci\u00f3n fecunda y creadora del Esp\u00edritu San-to estas pautas de reflexi\u00f3n. Que \u00e9l \u201cnos haga gustar de su amistad, nos llene de su alegr\u00eda y de su consuelo, nos ayude a superar los mo-mentos de dificultad y a levantarnos con confianza tras las ca\u00eddas, haga que seamos espejo de la belleza divina. Que nos d\u00e9 el arrojo para hacer frente a los retos de nuestro tiempo y la gracia de llevar a los hombres la benevolencia y la humanidad de nuestro Salvador Jesucristo\u201d (cfr. <em>Vita<\/em><em> consecrata,<\/em> 111).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">A todos vosotros nuestros saludos m\u00e1s cordiales y fraternos, que os rogamos hacer extensivos a las cohermanas de la Orden del SS. Re-dentor, a las dem\u00e1s Religiosas de la familia Alfonsiana, a los Misi-oneros y Cooperadores Laicos Redentoristas.<\/p>\n<p>En nombre del Consejo General<\/p>\n<p>Joseph W. Tobin, C.Ss.R.<\/p>\n<p>Superior General<\/p>\n<p>(El texto original es el italiano.)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Communicanda I &#8211; 1997-2003 COMMUNICANDA N. 1 Roma, 25 de febrero de 1998 Nr. Prot. 0000 0028\/98 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Queridos Cohermanos, \u201cEn todo momento damos gracia a Dios por todos vosotros, recor-d\u00e1ndoos sin cesar en nuestras oraciones. 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