Un nuevo camino en la Familia Redentorista
En el espléndido marco de la Casa Madre en Ciorani, en una celebración llena de espiritualidad y significado, José Madruga Madruga, de la Provincia de Europa Meridional, y Klemens Schobesberger, de la Provincia de Viena-Múnich, iniciaron oficialmente su noviciado con los Misioneros Redentoristas. Este momento tan esperado y emotivo marca el inicio de un camino de dedicación, formación e intensa oración.
Una celebración de fraternidad
La liturgia, que reunió a la comunidad religiosa y parroquial, fue presidida por el Provincial de Europa Meridional, Padre Gennaro Sorrentino. Junto a él concelebraron el Provincial de Viena-Múnich, Padre Martin Leitgöb, y el Maestro de Novicios, Padre Antonio Perillo. La presencia de los superiores y guías espirituales reforzó aún más el sentido de pertenencia y comunión que caracteriza a la familia redentorista.
Tres palabras para el camino
En el corazón de la celebración, durante su homilía, el Padre Sorrentino se dirigió directamente a José y Klemens, encomendándoles tres palabras clave para guiarlos en su noviciado: oración, perseverancia y alegría. Una triple invitación a cultivar un diálogo profundo con Dios, a no desanimarse ante las dificultades y a vivir cada día con una sonrisa y gratitud por la llamada recibida. Estas palabras servirán de luz y apoyo a lo largo del camino, ofreciendo a los novicios bases sólidas sobre las que construir su crecimiento humano y espiritual.
La Señal de la Cruz Misionera
Al final de la celebración, en un gesto simbólico de profundo significado, se entregó a los novicios la Cruz Misionera Redentorista. Esta señal, que portarán hasta el final de su noviciado, representa no solo su pertenencia a la Congregación, sino también su disposición a seguir a Cristo por los caminos del mundo, llevando consigo el mensaje de esperanza y redención.
Un Nuevo Comienzo
Para José Madruga Madruga y Klemens Schobesberger, entrar en el noviciado no es solo el inicio de un período de formación, sino también el abrazo de una nueva familia espiritual. Toda la comunidad se reúne en torno a ellos, acompañándolos con oración y afecto, para que puedan vivir este precioso tiempo con fidelidad y entusiasmo, guiados por las palabras que les fueron confiadas y sostenidos por la gracia de Dios.











