Sínodo de Obispos XI Asamblea ordinaria general La relación entre el sacramento de la Penitencia y el Sacramento de la Eucaristía

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Su Santidad,

Hermanos y hermanas en Cristo,

Me dirijo a ustedes en nombre de la Unión de Superiores Generales. Mis comentarios parten de la discusión sobre la relación entre los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia que se encuentra en el no. 23 del Instrumentum Laboris.

El Instrumentum laboris hace referencia frecuente a la relación entre la Eucaristía y la Penitencia [1] , y es esta relación la que se ofrece como razón de que el sínodo le preste cuidadosa atención. El documento destaca algunas tendencias contemporáneas en algunas partes del mundo; por ejemplo, el descenso de la celebración del sacramento de la penitencia y el aumento de personas que reciben la eucaristía. Este hecho da paso a la especulación de que algunos fieles reciben la eucaristía sin cumplir el requisito canónico de acudir al sacramento de la penitencia si se ha cometido un pecado mortal. La relación entre la eucaristía y la penitencia nos plantea serios retos teológicos y pastorales. ¿Cómo podemos ayudar a la gente a recuperar lo que San Alfonso de Liguori llamaba el “afecto” por el sacramento de la penitencia [2] y la capacidad de poder apreciar el regalo de la eucaristía como la motivación suprema para amar a Dios que se nos ha entregado? [3]

Este reto se nos presenta a varios niveles. Están las normas canónicas que gobiernan la celebración de ambos sacramentos y los criterios prácticos que deberán seguirse en la praxis pastoral; [4] éstos, en algunos momentos, quedan ignorados o relegados. Existe también en algunas Iglesias locales una ignorancia de la fe que conduce a una comprensión superficial de estos dos grandes sacramentos. Para algunas personas en situaciones pastorales difíciles, existe el dilema di si están o no excluidas de los sacramentos. Sus pastores no saben muchas veces cómo deben responder a dichas situaciones. Y aunque la relación entre la Eucaristía y la Penitencia se les presenta como una situación terriblemente dolorosa a algunas personas, como es el caso de personas en segundas nupcias, la solución no debe comenzar por ahí.

Identificaré cuatro niveles del problema que he mencionado. Existen diferencias importantes entre dichos niveles así como implicaciones en la forma de cómo enraizar eventualmente la praxis pastoral en una doctrina y en una teología sólidas. Los niveles a que me refiero son la comprensión eclesial, sacramental, moral y jurídica de la eucaristía y de la penitencia.

La Iglesia, la comunidad de aquellos que por el poder del Espíritu creen que Jesús, por medio de su muerte y resurrección, es el Salvador, se la reconoce por su fidelidad a la Palabra de Dios y por su constante celebración de los sacramentos. [5] Si la Eucaristía no se celebra con frecuencia, o si sus miembros son equivocadamente excluidos de participar en su celebración, entonces, existe la dificultad eclesial de mostrar la unidad en Cristo de la Iglesia como anticipo de su futura unidad en el Reino de Dios. Si el sacramento de la penitencia está de facto ausente en muchas Iglesias locales, tenemos que preguntarnos si en dichos casos la Iglesia puede ser reconocida como la Iglesia deseada por Jesucristo. Por este motivo, nuestro interés fundamental es: cómo percibir a la Iglesia como una Iglesia que celebra los sacramentos. Todo lo demás ha de ser formulado a la luz de esta preocupación primordial. En discusiones públicas, la participación en la eucaristía o en el sacramento de la penitencia se presentan en términos que hacen referencia a los derechos de los individuos o a los deberes de los pastores. Estas categorías se pueden discutir, pero no en el puesto del tema central, que es el Misterio de la Iglesia en sí.

Es obvio que tanto la penitencia como la eucaristía tienen en común el ser parte de un mismo tema sacramental. Si bien también aquí se da una cierta confusión. La Eucaristía es un sacramento porque es una cena sagrada que simboliza y que actualiza eficazmente la unidad de la Iglesia en el amor, es decir, que el único sacrificio de Cristo se repite como memorial y se anticipa el futuro del reino. No es para menos que declaremos: “¡Misterio de fe!”

La Eucaristía jamás deberá instrumentalizarse para fines ideológicos; por ejemplo, cuando se usa para subrayar alguna posición personal o política que nada tiene que ver con el sacramento. El aspecto sacramental de la Eucaristía frecuentemente queda oscurecido por falta de una catequesis adecuada y debido a un estilo de celebración deficiente. Debemos ser dignos para participar en la Eucaristía [6] y ésta deberá ser celebrada de tal manera que quede de relieve su pleno poder sacramental. Con el sacramento de la penitencia hay un problema análogo. Frecuentemente se presenta este sacramento bien como una reconciliación privada e individual, carente del sentido de cómo somos reconciliados con Dios de una manera sacramental a través del ministerio del la Iglesia, bien como requisito para recibir la Eucaristía. Esta concepción errónea se expresa una vez que los fieles afirman “tengo que ir a confesarme”, “voy a recibir la comunión”, dándose así la impresión de que la penitencia es una obligación mientras que la eucaristía es un don. La crisis de la penitencia puede muy bien tener su origen en el hecho de que no hemos enseñado acertadamente que el perdón de los pecados no es ni una gracia “barata” ni un ejercicio de autoinculpación obsesiva, sino el ofrecimiento gratuito de la restauración de la Paz de Dios en Cristo para aquellos que han pecado gravemente y que están sinceramente arrepentidos.

El Instrumentum laboris trata el aspecto moral de la Eucaristía de una manera muy útil, mostrándonos su naturaleza como fuente de la moralidad cristiana. [7] Este énfasis recuerda la importancia de una compresión correcta de las dimensiones eclesiales y sacramentales de la Eucaristía: pero si la gente no comprende la eucaristía como un don a la Iglesia en la presencia sacramental de Cristo, de forma que la motive a la plena participación, entonces ¿cómo podemos decir que la Eucaristía es la fuente de la moralidad cristiana?

Hay muchas personas que no participan en la Eucaristía ya sea porque no pueden, o porque no quieren o porque se sienten excluidas. ¿Con qué lógica podemos esperar que ellas sean fieles a la moralidad cristiana si no son alimentadas por la fuente que la fundamenta? Tenemos que estar más resueltos a encontrar soluciones a los problemas prácticos de la exclusión de la Eucaristía precisamente por esta razón moral: todos necesitamos el alimento de la fuente y ninguno deberá ser excluido de la misma por razones que no puedan ser demostradas adecuadamente.

El aspecto moral del sacramento de la penitencia es evidente en sí mismo. En relación con la Eucaristía, sin embargo, hay un punto que deberá ser subrayado. No son nuestros esfuerzos humanos los que nos reforman, sino que tal transformación es obra de Cristo en nosotros. Una mejor celebración del rito penitencial en la misa no va en detrimento del sacramento de la penitencia. Más bien, colocando la confesión de nuestros pecados como parte integral de la liturgia eucarística en la que confesamos la grandeza de Dios, se nos recordará la necesidad de proseguir en el camino de la conversión acudiendo también a la celebración del sacramento de la Penitencia.

La Iglesia siempre ha tenido esta sensibilidad en orden al respeto que merecen la Eucaristía y la Penitencia. [8] Si bien es cierto que el aspecto disciplinario es importante para la celebración correcta de los sacramentos, dicho aspecto recibe su más profundo sentido de la aplicación práctica de las verdades que hemos presentado en los niveles anteriores.

Nosotros nos encontramos ante problemas graves respecto a la tensión existente entre la celebración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Dichos problemas no podrán ser resueltos ni de manera fácil ni rápida. El dolor de aquellos que se sienten excluidos es real y actual; la inquietud de la Iglesia porque estos dos sacramentos sean celebrados dignamente es también real y actual. Merece especial atención que consideremos cómo proceder en este tema a la luz del Instrumentum laboris. Debemos comenzar por la dimensión eclesial de los dos sacramentos y luego proceder a articular la forma para una mejor presentación sacramental de ambos. A la luz de estos dos aspectos fundamentales podremos proceder a hacer frente a los planteamientos morales y a los problemas jurídicos implicados. El procedimiento anterior representa un método mejor, por ser más fiel a la Tradición y a la Escritura, que la tendencia a acercarse al tema por la vía de las medidas morales y disciplinarias. Estas medidas pueden provocar división en la Iglesia. La metodología que propongo ofrece la ventaja de identificar los aspectos unificadores de ambos sacramentos. Las realidades humanas de dichos sacramentos son importantes, pero no son tan esenciales como el hecho de que los sacramentos reciben su más profundo significado del Misterio Pascual de Cristo, que es la clave para comprender la Presencia Real del mismo Cristo en la Eucaristía y la liberación de las ataduras del pecado grave, en el sacramento de la Penitencia.

Joseph W. Tobin, C.Ss.R.
Superior General

[1] Por ejemplo los números 22, 23, y 45.

[2] Un tema recurrente en la Pratica del Confessore (San Alfonso Maria de’ Liguori, 1755) es que el sacerdote se asegure que el penitente se mantenga affezionato dal sacramento.

[3] Consulte “L’amore che merita Gesù Cristo per il dono dell’Eucaristia” in Pratica di amar Gesù Cristo (Sant’Alfonso Maria de’ Liguori, 1768, capítulo 2).

[4] Consulte Codex Iuris Canonici Cánones 897 – 958 y 959 – 997.

[5] Consulte Lumen gentium (Concilio Vaticano II, 1964) 1-8 y 48-51.

[6] Desde los primeros tiempos en la Iglesia este tema sobre la participación y recepción digna era motivo de preocupación, esto se ve claramente en San Pablo, por ejemplo en I Corintios 10.

[7] Nos. 72-75.

[8] Ejemplos recientes son: Vademecum per i confessori su alcuni temi di morale attinenti alla vita coniugale (Pontificio Consejo para la Familia, 1997) con respecto al sacramento de la reconciliación, y Redemptionis Sacramentum: su alcune cose che si devono osservare ed evitare circa la Santissima Eucaristia (Congregación para el Culto Divino e la disciplina de los Sacramentos 2004) en relación a la Eucaristía.

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