Nuevo impulso de la Editorial Perpetuo Socorro en España

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pintor anónimo alemán del siglo XV, titulada el “Pequeño Jardín del Paraíso”

El pasado día 15 de abril, la Editorial Perpetuo Socorro de Madrid, recordando su origen de acercar la persona a la formación, y la formación a las personas, inauguró una nueva iniciativa denominada “Hortus conclusus” por la profunda trayectoria del término en la cultura, en general, y particularmente en la Sagrada Escritura y la tradición monástica.

Como sabemos, el Huerto Cerrado, es la forma típica de un jardín medieval, especialmente vinculado a monasterios y conventos. Como dice el propio nombre, es una “zona verde”, generalmente de tamaño pequeño, rodeada de muros altos, donde los monjes sembraban todo tipo de plantas con fines alimentarios, medicinales u ornamentales.

Desde el punto de vista artístico, el huerto cerrado está representado en multitud de pinturas, miniaturas y representaciones escultóricas. Es en el campo del arte sacro europeo, sobre todo en el Renacimiento, cuando se convierte en uno de los símbolos identificativos de la Virgen María y se representa, a menudo, incluso a través de unas pocas referencias simbólicas, en pinturas como las Anunciaciones y otras escenas de la vida de la Virgen, especialmente bello es el huerto cerrado que aparece en la Anunciación de Fray Angélico en el Museo del Prado. La imagen inspirativa que hemos utilizado, menos conocida, es un Huerto Cerrado de un pintor anónimo alemán del siglo XV, titulada el “Pequeño Jardín del Paraíso”, porque el Huerto Cerrado también evoca al Edén Perdido. Después de todo, esta imagen está inspirada en el pasaje bíblico del Cantar de los Cantares: “Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía, huerto cerrado” (C. Cantares 4,12).

Por eso, el “Hortus conclusus” se representa a menudo como un jardín impecable, prístino y protegido que evoca la idea de un corazón y una mente libres, dedicados a la contemplación. Dentro de este jardín, las plantas prosperan y florecen, lo mismo que lo hacen los hombres y mujeres que lo habitan dedicados a la vida espiritual.

Muchos Padres de la Iglesia han visto en esta imagen la figura de la pureza de María y de la misma Iglesia. “El huerto cerrado junto con el manantial sellado, se convirtió en un símbolo de María y de su estado virginal” (Manfred Lurkerd, Diccionario de imágenes y símbolos de la Biblia, Ed. El Almendro, Córdoba 1994, p. 120).

San Alfonso María Ligorio, nuestro fundador, por su parte, exclamó: “Quisiera que todo el mundo te reconociese y te aclamase como aquella hermosa aurora siempre iluminada por la divina luz; como el arca elegida de la salvación, libre del universal naufragio del pecado; por aquella perfecta e inmaculada paloma, como te llamó tu divino esposo; como aquel jardín cerrado que hizo las delicias de Dios; por aquella fuente sellada que jamás pudo enturbiar el enemigo; en fin, por aquella blanca azucena que eres tú, y que naciendo entre las espinas, que son los hijos de Adán, manchados por la culpa y enemigos de Dios, tú sola viniste pura y limpia, toda hermosa y del todo amiga del Creador” (Alfonso Mª de Ligorio, Las Glorias de María, Ed. Perpetuo Socorro, Madrid 1992, pp. 253-254).

Y es que nuestro mundo sigue teniendo “anhelo de infinito”, de una búsqueda constante de un “más allá”, de una trascendencia. Este liberarse del espacio real, siempre tiene como consecuencia un deseo de lejanía y de encuentro, de búsqueda del ideal inalcanzable y amor a lo cotidiano… silencio, contemplación y escucha son indispensables para esta búsqueda y para la que quiere servir este ciclo de reflexión.

Esta es nuestra idea, plantar un jardín –un huerto cerrado– que ayude a reavivar el origen, el medio y el fin del plan de Dios en su relación inquebrantable con las personas. Un lugar de paz, de reflexión, de crecimiento, humanidad y, por tanto, de divinidad. Un lugar donde sentirnos íntimamente unidos a la Palabra e interpelados por la necesidad de su anuncio y su propuesta a este mundo. Un lugar donde, como misioneros, anunciemos la alegría del encuentro y seamos pedagogos del camino cristiano con todos, un proceso de acogida y reflexión, de agradecimiento e inclusión, de perdón y misericordia.

Para empezar este ciclo hemos contado con la presencia de Pablo d’Ors, sacerdote, escritor y fundador de la red de meditadores “Amigos del desierto”.     

Su obra literaria, emparentada con la de Herman Hesse y Franc Jalis, ha sido traducida a las principales lenguas europeas y está siendo reeditada íntegramente por la editorial Galaxia Gutenberg. Su libro “Biografía del silencio” ha superado ya los 300.000 ejemplares, convirtiéndose en un hito en la historia del ensayo español. Su “Biografía de la luz, una lectura mística del evangelio, ha sido acogida en España como la mejor presentación del cristianismo para el mundo contemporáneo. En su última obra, “Los contemplativos”, se abordan, desde la vida de personajes anónimos, las grandes cuestiones del autoconocimiento y del crecimiento personal, y el perdón. El título de su reflexión fue “Autoconocimiento, identidad, contemplación y perdón”. En su exposición a través de los personajes anónimos de su último libro “Los contemplativos” fue desgranando las claves del autoconocimiento, para desde ahí encontrar la identidad como seres creados y amados por Dios y, por último, vivirnos en clave de agradecimiento y perdón.

Francisco Javier Caballero Ávila CSsR

En YouTube podemos encontrar su exposición: