BIOGRAFÍA DE LOS MÁRTIRES DE CUENCA

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1990

Una breve biografía de los Mártires de Cuenca:

José Javier Gorosterrazu Jaunarena, presbítero profeso, de 59 años. Investigador y misionero en castellano y vasco, aunó en su vida el anuncio del Evangelio con la erudición filosófica y la investigación histórica. Gran sensibilidad por la cultura local de los pueblos evangelizados. Predicó muchos retiros y ejercicios a monjas, especialmente a las Redentoristas. Murió junto al H. Victoriano. Ambos fueron atados el uno al otro del brazo.

Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren, presbítero profeso de 43 años. Misionero en México primeramente y después en España. Hombre simpático y extrovertido. Por su carácter se ganaba la gente. Estuvo en México, de donde tuvo que salir por la persecución de Plutarco Calles. Predicó muchos retiros y ejercicios a las Oblatas y a las chicas con ellas recogidas. Murió junto a Miguel Goñi. Uno al otro se dieron la absolución.

Miguel Goñi Áriz, presbítero profeso de 34 años. A pesar de su delicada salud y de tener un carácter más bien tímido, fue infatigable predicador de misiones populares y un confesor admirable. Hombre inteligente y valioso para la predicación y el culto en la Iglesia. Siempre estaba disponible para lo que fuera necesario. Fue ordenado sacerdote el 27 de septiembre de 1925.

Julián Pozo Ruiz de Samaniego, presbítero profeso de 33 años. Hombre extremadamente bueno, que cautivaba a todos con su sonrisa. Maduró su calidad humana y su profundidad espiritual mediante su enfermedad, pues desde antes de su ordenación estuvo enfermo de tuberculosis. Pero su corazón, su mirada y sobre todo su sonrisa en medio de la enfermedad, hablaban de Dios.

Victoriano Calvo Lozano, religioso profeso de 40 años. Segundo de los hermanos congregados que llega a los altares. Hombre con una formación muy sencilla pero gran sabiduría en el conocimiento de Dios. Dedicado a los trabajos sencillos como la portería, sacristía, huerta o sastrería, emplea mucho tiempo en el silencio y la oración. Se dedicará a la dirección espiritual.

Pedro Romero Espejo, presbítero profeso de 65 años. Fue misionero durante mucho tiempo, pero poco a poco lo fue dejando por dificultades personales. Tuvo que asumir sus limitaciones y, a causa de ello, llevó vida de monje en Cuenca. Cuando llegó la persecución, para continuar libre y poder vivir la fidelidad de su vida misionera, peregrinó como un mendigo por las calles de Cuenca y así facilitó la atención pastoral a quienes le reclamaban en medio de la persecución. Ingresó en prisión y murió a causa de las penalidades.

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