Al servicio de una teología moral católica madura, seria.

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(del Blog de la Academia Alfonsiana)

Discurso del Papa Francisco a los participantes en el capítulo general de los Redentoristas

“Están dando un servicio a una teología moral católica madura y seria. Y con un nivel impresionante, un nivel académico muy alto». Estas palabras, pronunciadas por el Papa Francisco en su improvisado discurso a los participantes en el capítulo general de los Redentoristas el pasado 1 de octubre, creo que enorgullecen no sólo al profesorado de la Academia Alfonsiana, sino a cualquiera que, en las aulas de esta gran institución académica, ha tenido y tiene la dicha de formarse.

Las palabras del pontífice, sin embargo, además de sonar halagüeñas, captan profundamente la peculiaridad del enfoque teológico-moral que, desde 1949 (año de su fundación), la Academia ofrece a sus alumnos, siguiendo el estilo de san Alfonso María de Liguori y, al mismo tiempo, ofrecer nuevas ideas para orientar la reflexión y la enseñanza de la ética teológica.

Una teología moral “madura”

La madurez de la reflexión teológica no se mide sólo sobre la base de los resultados producidos en términos de libros, artículos o cursos académicos. En la indicación del Papa, queda claro que es madura una teología moral que se entrelaza con la práctica pastoral: “Maestros de moral -dice Francisco-, maestros de moral también en la catequesis de los niños, en el confesionario…”.

Recordamos bien el despiadado diagnóstico que el mismo pontífice reservaba a la teología moral en Amoris laetitia -“una moral fría, desde el escritorio para tratar las cuestiones más delicadas”- esperando una conversión encaminada a un “discernimiento pastoral lleno de amor misericordioso”. (AL, 312); como resuena aún con más fuerza la advertencia expresada en la Evangelii gaudium de no hacer de los confesionarios “lugares de tortura” (EG, 44).

Por tanto, es verdaderamente madura una teología moral capaz de abandonar las “zonas de confort”, para ir en “misión”, anunciando el mensaje de amor y redención de Cristo a los más pequeños y a los últimos. Después de todo, es del entrelazamiento del estudio riguroso y del cuidado pastoral benigno que se desarrolla la moral alfonsiana. Del santo obispo de S. Agata dei Goti, uno de sus principales biógrafos, dice: «Alfonso, comprobando la voluntad de Dios, se animó y cobró valor; y haciendo un sacrificio total de la ciudad de Nápoles a Jesucristo, se ofreció a pasar sus días en proquoi y tugurios, y morir en aquellos rodeados de Villani y Pastori “[1].

Incluso hoy, precisamente de este entrelazamiento, nace la propuesta académica de la Alfonsiana, y sólo intensificando esta relación entre el estudio de la moral y la vida, la ética teológica podrá olvidar definitivamente ese estilo rígido y deductivo que, durante mucho tiempo, se ha arriesgado a afear esta disciplina.

Una teología moral “seria”

Los discursos y el magisterio de Francisco nos habían acostumbrado a una insistencia muy particular en el tema de la misericordia. En el discurso del 1 de octubre, sin embargo, el discernimiento entre el bien y el mal debe tener primacía en la enseñanza moral: “Que la gente entienda lo que es bueno y lo que es malo, para que luego sepan que la misericordia de Dios lo cubre todo”.

El llamamiento del Papa es a una enseñanza moral clara, que no ceda al “manganismo” -ser de manga ancha-, y que reafirme claramente los preceptos del Decálogo. En particular, el pontífice presta atención a esas normas “olvidadas” -la referencia es al octavo mandamiento- para denunciar esa “inmoralidad de pensamiento” que hoy hace casi natural oprimir a los pobres, destruir el medio ambiente, crear sistemas económicos injustos.

La seriedad de la propuesta moral alfonsiana encuentra aquí su raíz. En un clima fuertemente marcado por las disputas entre sistemas morales “rígidos” y sistemas morales “laxos”, Alfonso elabora una propuesta que rechaza tanto el objetivismo exasperado de los rigoristas como el siniestro subjetivismo de los laxistas, proponiendo una conciliación entre norma y conciencia que, si bien privilegia a esta última como “regla próxima y formal” de la moral, no descuida en absoluto la ley de Dios. Esta circularidad, aún hoy, sigue siendo la piedra angular de la propuesta moral de la Academia.

Una teología moral “católica”

La referencia al adjetivo “católico” ciertamente no se refiere a una ética confesional. Lejos de ahi. Estamos bien convencidos de que el Papa entiende el término en su sentido etimológico de “universal” y empuja hacia una teología moral capaz de llegar a todos. Por eso recuerda la tarea fundamental del teólogo moral de ser un “constructor de conciencias”. Ya en Amoris laetitia había resonado con cierta perentoria esta invitación: “Estamos llamados a formar conciencias, no a pretender sustituirlas” (AL, 37).

Creemos que este es precisamente el punto focal de la enseñanza de la teología moral de la Academia Alfonsiana. Siempre ha dedicado un lugar privilegiado en sus cursos a la conciencia moral, situándose no sólo en el lado especulativo, sino también en el de la diaconía hacia la conciencia de los fieles. La propuesta moral alfonsiana, en efecto, llama ante todo a una renovada confianza en el papel de la conciencia y en la reciprocidad de las conciencias en el camino hacia la verdad.

Emblemáticas, en este sentido, pueden ser las palabras de quienes han dedicado la mayor parte de sus estudios a la reflexión sobre la conciencia moral, ocupando, desde hace unos años, también el papel rector de nuestro instituto. Así, de hecho, escribe el padre Sabatino Majorano en un artículo: «Creo que es fundamental recuperar, a todos los niveles, la confianza en la conciencia. Sin ella no es posible construir una propuesta y una pedagogía moral que reflejen y construyan la dignidad de la persona. Además, esta es también la forma de desarrollar constructivamente el diálogo moral con la cultura contemporánea”[2].

Madurez, seriedad, catolicidad: un camino ya recorrido por la Academia Alfonsiana, pero seguir continuarlo para prestar un noble servicio no sólo al pensamiento teológico contemporáneo, sino también y sobre todo a todos aquellos que, en la vida cotidiana, buscan, lo mejor posible, para responder a su vocación de dar frutos de caridad para la vida del mundo (cf. OT, 16).

Roberto Masaro
Antiguo alumno de la Academia Alfonsiana;

Docente di Teologia Morale presso la Facoltà Teologica Pugliese


[1] A. Tannoia, Della vita ed istituto del Venerabile Servo di Dio Alfonso M. Liguori vescovo di S. Agata de’ Goti e fondatore della Congregazione de’ preti missionari del SS. Redentore, vol. 1, Materdomini 1982, 66.

[2] S. Majorano, «La formazione della coscienza in un contesto fortemente pluralista», in Frontiere 2011, 112.