Un Solo Cuerpo: Fortalecer el sentido de partenencia

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Nuestra vocación misionera nos llama a inserirnos en la historia de nuestros pueblos y de nuestras culturas. Esto nos plantea retos que nos obligan a vivir en una renovación constante, y en un continuo esfuerzo de contextualización y de proyección hacia el futuro. 

 El futuro se presenta como un “kairós” que, por un lado, nos lleva a “reinventarnos” y, por otro, nos pide volver a la fidelidad original y creativa de nuestro carisma. Esta realidad nos invita, por tanto, a no quedarnos anclados en esquemas fijos del pasado, sino a cultivar una actitud de apertura que exige cambios profundos. 


Anunciar el Evangelio a los pobres refuerza el sentido de pertenencia a la Congregación. Este es nuestro gran reto: ser fieles a nuestros principales destinatarios, porque como decía San Alfonso en su carta del 29 de julio de 1774:  

“Estoy seguro de que Jesucristo contempla nuestra pequeña Congregación con ojos muy amorosos. Y la experiencia enseña que, a pesar de tantas persecuciones, Él no cesa de ayudarnos a promover más y más su gloria en tantos lugares, multiplicando también sus gracias.

No dejemos nunca de encomendarnos a la divina Madre, ya que el Señor nos concede el honor y el placer de proclamar sus glorias por todas partes: esto me consuela mucho y me da la confianza de que esta buena Madre no dejará de cuidar de cada uno de nosotros y de obtenernos la gracia de llegar a ser santos.

Os bendigo a todos, y a cada uno en particular, en nombre de la Santísima Trinidad; y ruego a Jesucristo que, por sus méritos, haga crecer en su divino amor a todos los que viven y vivirán en la Congregación, para que todos, inflamados en el cielo como serafines, alabemos eternamente a Dios y cantemos sus misericordias”.

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