La fe se hace cultura y la cultura alienta la fe

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Editorial Perpetuo Socorro de Madrid

La Editorial y librería Perpetuo Socorro está en un itinerario interesante al servicio de la evangelización. Sin ceder un paso a su cometido fundamental que es acercar la sociedad a Dios y Dios a la sociedad, lo está haciendo desde una pedagogía muy alentadora. Evangeliza sin adoctrinar; abre el pensamiento, la búsqueda y la pregunta que lleva a la persona al encuentro con quien es la fuente original. Dentro del ciclo “El huerto cerrado” que, en sí, es la evocación del jardín privilegiado del encuentro del ser humano con Dios, donde se dan la contemplación, el autoconocimiento y el perdón, van sucediéndose autores de un espectro interdisciplinar que llama la atención por la acogida entre el público en general.

El último de ellos ha sido Eduardo Barba Gómez, un especialista cualificado en arte, jardinería y botánica. El autor ha desarrollado su vocación como investigador botánico en obras de arte colaborando con instituciones como el Museo Nacional del Prado, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo Lázaro Galdiano o el Museo de Bellas Artes de Bilbao, así como para numerosas colecciones de otros países europeos. También ha impartido conferencias y publicado artículos de investigación en catálogos de cada una de ellas. Además de trabajar en el periódico El País con la columna “Meterse en un jardín” o participar en programas de radio de la cadena Ser. Su profundo conocimiento y pasión por la jardinería le ha convertido en un referente indiscutible de todo lo que tiene que ver con la riqueza paisajística, la admiración y el cuidado de la naturaleza en toda Europa. Es autor de tres libros impecables: Un jardín en el asfalto, El jardín del Prado y El paraíso a pinceladas. En los tres además de mostrarnos una erudición que atrapa, deja entrever su mirada esperanzada de la humanidad y de toda la creación.

Así ha ocurrido en la última edición del “Huerto Cerrado”, donde Eduardo en una exposición vibrante de casi una hora no dejó de hacer referencias a la presencia constante de la Virgen María en la historia de la humanidad a través de la riquísima manifestación floral de las obras de arte del museo del Prado y de otros museos europeos como El pequeño jardín del paraíso del Maestro del alto Rin, La Anunciación de Fra Angelico, El Descanso en la huida a Egipto de Joachim Patinir. También hizo referencia a otras pinturas como El jardín de Villa Médicis de Velázquez, La buhardilla de Carl Spitzweg o Paisaje invernal de Rudolf Wacker. No es necesario cargar un texto de doctrina para que atrape. Eduardo logró con una exposición ágil y convincente, en la que lejos de sortear el argumento religioso, le dio centralidad y lo convirtió en el hilo argumental.

El público que abarrotó la editorial mostró no solo atención e interés objetivas, sino que participó amplísimamente en preguntas y comentarios.

La conclusión es que este tipo de actos donde el diálogo fe-cultura es el principio organizador son indispensables para este momento de la evangelización. La transformación para servir a este tiempo y esta cultura pasa por el acercamiento a la realidad desde otras miradas que acerquen la sociedad a un Dios que nunca se ha desentendido de los pasos del hombre y la mujer de cada época.

Francisco Javier Caballero, CSsR