Encuentro online del Padre General con la Orden del Santísimo Redentor

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El pasado 12 de septiembre, un día después de la celebración litúrgica de la memoria de la Beata María Celeste Crostarosa, fundadora de la Orden del Santísimo Redentor, se celebró un encuentro online entre el Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor, P. Rogério Gomes, C.Ss.R., y varias comunidades de monjas redentoristas de los cinco continentes.

Mensaje del Padre Generale

En un clima de fraternidad, las hermanas recibieron con alegría el mensaje del Padre General, quien expresó la gratitud de toda la Congregación hacia su vida consagrada contemplativa, a la que definió como “un tesoro precioso para la Iglesia y para nosotros, los misioneros redentoristas”. Subrayó que la oración de las redentoristas sostiene la misión apostólica, fortalece a los evangelizadores y ofrece consuelo a los pobres y abandonados.

Valoración de la cercanía y el aporte recíproco

Las comunidades de la Orden agradecieron profundamente esta cercanía, que las hace sentirse parte viva y reconocida dentro de la gran familia redentorista. El encuentro fue una oportunidad para reafirmar la riqueza del aporte mutuo: mientras la Congregación lleva la Palabra a los caminos del mundo, las hermanas contemplativas acompañan esta misión con la fuerza silenciosa de la oración, la intercesión y el testimonio de esperanza.

Desafío de la reestructuración

El P. Rogério destacó también el proceso de reestructuración que vive la Orden a través de las federaciones de monasterios. Este camino no debe entenderse solo como un ajuste administrativo, sino como “un verdadero tiempo del Espíritu”, llamado a renovar la vida comunitaria y a favorecer la comunión entre los distintos monasterios. Las hermanas reconocieron la importancia de abrirse a este dinamismo del Espíritu, que las impulsa a mantener vivo el carisma con creatividad y fidelidad.

Promoción vocacional: un compromiso compartido

Otro punto central fue la promoción vocacional. El Superior General recordó la necesidad de dar a conocer la belleza de la vida contemplativa redentorista a las nuevas generaciones, utilizando incluso los medios modernos de comunicación sin perder la esencia del silencio y la vida de clausura. Las hermanas acogieron este desafío como parte de su misión, conscientes de que el futuro de la Orden depende también de su testimonio alegre, visible y esperanzador.

Una luz en el corazón de la Iglesia

El encuentro dejó como fruto un renovado espíritu de comunión entre la Orden y la Congregación. En medio de los retos del presente, la vida contemplativa redentorista sigue siendo “memoria viva del Redentor”, signo de esperanza y fuente de fortaleza para la Iglesia y para quienes más sufren.


Mensaje para el Encuentro en línea de las Hermanas Redentoristas

Queridas Hermanas Redentoristinas, apreciados cohermanos presentes y quienes ofrecen el servicio de traducción:

  1. Comienzo expresando, en nombre de toda la Familia Redentorista, nuestra profunda gratitud por su vida consagrada contemplativa. Este encuentro es una manera de celebrar la memoria de Madre María Celeste Crostarosa (1696-1755), cuya fiesta recordamos el 11 de septiembre. Ustedes son un tesoro precioso para la Iglesia y para nosotros, los misioneros redentoristas. Su oración fortalece nuestra vida apostólica, consuela a los pobres, reconforta a quienes sufren y da esperanza a los evangelizadores. Si los misioneros recorren el mundo llevando la Palabra, es porque, en el corazón de la Iglesia, hay mujeres como ustedes que oran, interceden y mantienen viva la llama de la fe. “Sin ustedes, queridas hermanas contemplativas, ¿qué sería de la Iglesia y de quienes viven en las periferias humanas y trabajan en los puestos avanzados de la evangelización?” (Vultum Dei quaerere, n. 6).
  2. San Alfonso y Madre Celeste vivieron una existencia profundamente devota, marcada por la comunión con Dios. Ambos enfrentaron tiempos de grandes transformaciones y supieron dar respuestas nuevas. Alfonso fundó una congregación misionera cercana a los pobres y abandonados. Crostarosa comprendió que la Iglesia necesitaba una vida contemplativa que fuera memoria viva de la vida del Redentor. Ninguno de los dos se acomodó; ambos fueron dóciles al Espíritu y se atrevieron a dar pasos audaces.
  3. Ustedes están llamadas a ser “memoria viva del Redentor”, es decir, a hacer presente, aquí y ahora, la vida y misión de Jesús mediante el testimonio silencioso, la oración perseverante y la entrega total a Dios. “Por eso es necesario que las hermanas se dejen transformar por el Espíritu en retrato viviente del Redentor. Esta profunda experiencia y comunión íntima, vividas en el plano personal, permiten que la comunidad sea un testimonio que irradia esperanza para toda la Iglesia, especialmente para quienes más carecen de ella. La espiritualidad de Madre Celeste busca vivir la comunión con Cristo de un modo tan íntimo y transformador que la vida de los fieles se convierta en una prueba viviente del amor redentor de Dios. Es una espiritualidad de profunda contemplación, siempre caracterizada por la tensión de irradiar de manera significativa el amor redentor de Cristo, siempre presente y activo en el mundo”. (Carta del Superior General a las Redentoristinas, por ocasión de la memoria de la Beata Celeste Crostarosa, Roma, 11 de septiembre de 2024, Prot. N.: 0000 167/2024). La contemplación y la unión íntima con Cristo hacen que la oración y el silencio se expandan en favor de toda la humanidad, aunque permanezcan invisibles a los ojos del mundo.
  4. En el contexto actual, marcado por el ruido incesante, la prisa y la indiferencia, el testimonio de una vida escondida en Cristo se convierte en un grito profético capaz de tocar corazones y despertar conciencias. Esta entrega total, inspirada por el Espíritu, recuerda a todos que Dios basta, que su fidelidad es inquebrantable y que Él debe ser el centro de toda existencia. Como subraya la Constitución apostólica Vultum Dei quaerere, la vida contemplativa femenina no es una huida del mundo, sino una presencia transformadora que ofrece a la Iglesia y a la sociedad la fuerza silenciosa de la oración y del amor sin reservas. Permaneciendo firmes en la búsqueda del rostro de Dios, ustedes se convierten en signos visibles de esperanza, intercesoras constantes e instrumentos de reconciliación y paz. Por medio de la contemplación participan de la misión redentora de Cristo, haciendo de la vida contemplativa una luz que nunca se apaga, incluso en medio de las tinieblas cotidianas.
  5. Hoy, Madre Celeste sigue inspirando a cada hermana redentoristina. Su vida estuvo marcada por desarraigos, cambios, desafíos e incluso persecuciones, pero nunca perdió la certeza de que el Espíritu la guiaba. Esa misma confianza es un don para ustedes hoy, cuando también están llamadas a vivir tiempos de cambio.
  6. El mundo actual necesita esperanza. Muchos han perdido la fe en el futuro y viven inmersos en crisis personales y sociales, mirando la realidad con pesimismo y sin color. Ustedes, hermanas, están llamadas a ser memoria viva de la esperanza, testimoniando que vale la pena entregar la vida a Cristo. El claustro no es una prisión, sino una puerta abierta a la eternidad, desde donde brota la oración esperanzada por el mundo. Spe salvi n. 32 afirma: “Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios”.
  7. Creo que, mediante la oración, se pueden rescatar tres dimensiones esenciales de la esperanza: la teológica, la antropológica y la esperanza en el mundo.
    • La esperanza teológica se fundamenta en Dios y en su Palabra. “Dios es el fundamento de la esperanza, no un dios cualquiera, sino aquel que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el final: a cada individuo y a la humanidad en su conjunto” (Spe salvi n. 31). La vida contemplativa proclama que la esperanza última no está en los poderes humanos, en las riquezas ni en los avances científicos, sino en el amor fiel del Redentor, que transforma a la humanidad y, con ella, al mundo. Ante el Señor, ustedes repiten a la Iglesia entera: “El Señor es mi herencia, en él pongo mi confianza” (Sal 16,5); “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 23,1). La vida contemplativa recuerda que nuestra esperanza no es una idea vaga, sino una Persona viva: Jesucristo, resucitado y presente entre nosotros. “En la esperanza ya hemos sido salvados” (Rom 8,24). Spe salvi n. 27 afirma: “Quien no conoce a Dios, aunque tenga muchas esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida” (cf. Ef 2,12). La verdadera y gran esperanza del ser humano, que permanece incluso frente a las desilusiones, solo puede ser Dios, aquel que nos amó y nos sigue amando “hasta el final” (Jn 13,1; 19,30).
    • La esperanza antropológica es la capacidad de creer en el ser humano, aun con sus contradicciones. Aunque herido por el pecado, el hombre conserva la dignidad de hijo e hija de Dios. Su vida contemplativa sostiene a quienes ya no creen en sí mismos, a los que se sienten descartados, frágiles o sin valor. Al orar por la humanidad, las contemplativas proclaman la bondad de Dios, que creó al ser humano a su imagen y semejanza, le dio libertad y nunca lo abandona, incluso cuando peca y deja de reconocer su voz (cf. Gn 1,26-27; Gn 3). Esta mirada orante y llena de esperanza es un testimonio profético, especialmente en medio de la cultura del descarte.
    • La esperanza en el mundo es la confianza de que, a pesar del sufrimiento, la injusticia, la violencia y la muerte, el Espíritu sigue actuando en la historia, renovando todas las cosas (Sal 104 [103],30; Ez 37,1-14; Ap 21,5). Su oración es como el aceite que mantiene viva la lámpara de la esperanza, incluso en tiempos oscuros y sin horizonte. Asimismo, recuerda que el mundo no está perdido, que la creación sigue siendo obra buena de Dios y que el futuro está abierto a la novedad del Espíritu. Esta esperanza nos impulsa a resistir, creer y luchar por días mejores. Como afirma el filósofo Byung-Chul Han: “La esperanza se presenta como un movimiento de búsqueda. La esperanza es un intento de conquistar, alcanzar, ocupar una posición y encontrar una dirección” (Contro la società dell’angoscia: speranza e rivoluzione, p. 12). Ustedes, hermanas redentoristas, pueden cantar a la humanidad la hermosa plegaria de Teresa de Ávila: “Nada te turbe, nada te espante, todo pasa; Dios no cambia. La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta”.
  8. La vida contemplativa no es alienación ni pasividad ante el mundo; al contrario, permite acoger con hondura las alegrías y los sufrimientos de la humanidad. No constituye un espacio aislado dentro de la Iglesia, sino una expresión viva de su comunión con la misión. Por eso, en un mundo en constante transformación, también la vida contemplativa está llamada a un proceso de renovación. Esta actualización no concierne solo a la vida contemplativa, sino que alcanza igualmente a la vida activa y a toda la Iglesia.
  9. La Orden del Santísimo Redentor vive hoy un fuerte movimiento de reestructuración en Federaciones. La Vultum Dei quaerere, n. 30 afirma que la “federación es una estructura importante de comunión entre los monasterios que comparten el mismo carisma para que no se queden aislados. Las federaciones tienen como principal finalidad promover la vida contemplativa en los monasterios que las componen, según las exigencias del propio carisma, y garantizar la ayuda en la formación permanente e inicial, como también en las necesidades concretas, intercambiando monjas y compartiendo los bienes materiales; y tendrán que favorecerse y multiplicarse en función de estas finalidades”.
  10. No se trata simplemente de ajustes administrativos, sino de un verdadero tiempo del Espíritu, una invitación a la renovación interior y comunitaria. Es el Espíritu Santo quien impulsa a la vida consagrada a actualizarse, a abrirse a nuevas formas de presencia y misión, permaneciendo fiel a su identidad y vocación. ¿Qué palabras dirige hoy el Espíritu a la Orden? ¿Qué suscita en cada monasterio? ¿Cómo mueve el corazón de cada monja hacia nuevos caminos de fidelidad y entrega?
  11. Jesús nos recuerda en Mateo 9,17: “Vino nuevo en odres nuevos”. La vida contemplativa no puede instalarse en rutinas vacías ni en gestos repetidos sin sentido; está llamada a renovarse continuamente, dejando que el Espíritu transforme lo ordinario en vida fecunda y significativa. Este proceso no es solo un desafío, sino también una gracia: la ocasión de profundizar la comunión con Dios, irradiar su presencia al mundo y testimoniar la belleza de la vida consagrada. Cada monasterio y cada hermana están llamadas a abrirse a esta acción transformadora, para que la contemplación permanezca siempre viva, vibrante y misionera, fruto del Espíritu que renueva todas las cosas.
  12. Así como Madre Celeste afrontó cambios y desafíos, también ustedes están llamadas hoy a acoger los vientos del Espíritu con audacia, creatividad y confianza. No teman dar pasos nuevos, aunque el camino parezca exigente. Recuerden: lo que no se renueva corre el riesgo de estancarse. La renovación es signo de vida, de fidelidad a Dios y de apertura al Espíritu que transforma cada comunidad y cada corazón.
  13. Finalmente, no descuiden las vocaciones. La renovación también pasa por la promoción vocacional. El mundo necesita descubrir la belleza de la vida contemplativa de las redentoristas: un don precioso, pero a menudo escondido. Sin perder el silencio y la intimidad del claustro, es posible usar los medios modernos, como las redes sociales, para dar testimonio de esta vocación. Es necesario hacerse visibles, para que las jóvenes escuchen la llamada y se enamoren del carisma. La vida contemplativa no es una huida, sino un encuentro profundo con Dios y con la humanidad en sus alegrías y sufrimientos.
  14. Queridas Hermanas, la Beata Madre María Celeste nos enseña que la vida consagrada es un camino de continuo desarraigo. No significa “permanecer en el mismo lugar”, sino dejarse guiar por el Espíritu con confianza y entrega. La contemplativa nunca permanece estática: está llamada a descubrir nuevas moradas de oración, a profundizar en la unión con Dios y a irradiar su presencia en el mundo. Que ustedes sigan siendo siempre memoria viva del Redentor, signo de esperanza y luz en el corazón de la Iglesia. Que la oración, el silencio fecundo y la entrega cotidiana fortalezcan la misión de la Iglesia y la de la Congregación del Santísimo Redentor. ¡Así sea!
  15. Concluyo con esta oración: “Redentor del mundo, Señor de la mies y Pastor del rebaño, te damos gracias por el don de la vocación redentorista de las monjas, los hermanos y los sacerdotes. Renueva en nosotros el ardor del Espíritu, para que seamos memoria viva de tu amor en el mundo de hoy. Concédenos valor para ser signos de esperanza y ayúdanos a vivir la fidelidad creativa que inspiró a san Alfonso y a Madre Celeste. Que María, Madre del Perpetuo Socorro, nos acompañe siempre en este camino de renovación. Amén”.

P. Rogério Gomes, C.Ss.R

Superior General

Roma, 12 de septiembre de 2025