La situación actual de Haití se caracteriza por una crisis humanitaria, política y de seguridad sin precedentes, donde las pandillas armadas controlan vastas zonas, especialmente en Puerto Príncipe, provocando violencia generalizada, asesinatos, secuestros y desplazamientos masivos. El estado está colapsado, con servicios básicos como salud y educación gravemente afectados, una economía en ruinas y una gran parte de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza. En esta cruda realidad, los misioneros redentoristas trabajan en medio a un pueblo que sufre mucho, pero que vive en la esperanza del Redentor.
Compartimos un escrito del misionero redentorista, padre Renold Antoine CSsR, que trabaja desde siempre en estas tierras que han padecido mucho.
LA OLA DE VIOLENCIA QUE SACUDE LA CAPITAL HAITIANA SUSCITA NUEVA RESPUESTA PASTORAL.
El código del derecho Canónico de 1983 en los numerales 515 § 1 define una parroquia de la siguiente manera: “La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio.” Y desde su larga historia, es lo que se ha venido experimentando en la Iglesia Católica.
Sin embargo, debido a la ola de violencia que se vive en Puerto Príncipe desde los últimos tiempos, en algunas parroquias de la capital y de otras zonas fuera de ella se han reportado ataques directos y vandalismo. En otras circunstancias también, pese a la gravedad de la situación, hay muchos miembros del clero diocesano y religiosos han decidido permanecer en medio de la población para seguir acompañando a los feligreses y los más necesitados.
Hay que resaltar también, que todavía hay algunas parroquias que no han sido atacadas, y que aún se encuentran en zonas más o menos contraladas por el Gobierno nacional donde se pueden congregar las feligreses. Estas parroquias sirven como lugares de refugios espirituales donde tanto los feligreses y sacerdotes desplazados buscan y ofrecen apoyo espiritual. Dentro de esta categoría de parroquias desplazadas podemos citar por ejemplo: Santa Ana de Morne à Tuff, San Alejandro de Place Carl Brouard, Inmaculada Concepción de l’Hôpital Général, Sagrado Corazón de Turgeau, San Gerardo de Carrefour-Feuilles.
San Ignacio de Antioquía en su tiempo escribió esta frase muy conocida: “Dondequiera que aparezca el Obispo, allí estará también la multitud [el pueblo]; así como dondequiera que esté Jesucristo, allí está la Iglesia Católica.” (Cf. Epístola a los Esmirna Capítulo 8. Escrita a principios del siglo II d.C). Hoy con esta realidad que se vive en la capital haitiana y su alrededor se puede decir: “Dondequiera que aparezca el pueblo de Dios; así como dondequiera que esté Jesucristo, allí está la Iglesia Católica.” En base a eso, los sacerdotes de las parroquias desplazadas hacen todo lo posible para acompañar a sus feligreses, no solamente en la administración de los Sacramentos, también apoyando en lo más que se pueda a los desplazados en diferentes ámbitos ( Kits alimentarios y sanitarios, carpas, atención médica, etc.)
Es el caso de la parroquia san Gerardo que debido a esta ola de violencia que sacudió el barrio Carrefour-Feuilles se refugia actualmente en la Capilla san Padre Pío en Delmas que pertenece a la parroquia Nuestra Señora de la Altagracia. Allí, los feligreses dispersados por toda la zona metropolitana se congregan para la celebración de la misa dominical. Para los bautizos, que se celebran cada 2do y 4to sábado en la Capilla San Clemente en Canapé Vert que pertenece al Seminario de los Redentoristas. En cuanto a los funerales, el clero de la parroquia se desplaza en la parroquia elegida por los parientes del difunto para celebrarlos. Eso nos hace ver la dinamicidad de esta nueva respuesta pastoral.
El tema de una Iglesia en salida que fue desarrollado por el Papa Francisco en su Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, se vive realmente en Haití. En esta realidad difícil se nota una Iglesia comprometida, una Iglesia en salida que se descentra, porque se centra en Cristo, en su Evangelio, y en el ser humano necesitado. Esta es la figura del discípulo misionero del que habla el Papa Francisco, ya que experimentamos una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, y no sometida a estructuras anquilosantes. (Cf. Evangelii Gaudium, 20-33).
Como bien nos dice san Pablo en su Primera Carta a los Corintios: “Y si un miembro sufre, todos sufren con él” (Cf. 1 Co 12, 26). Quiere decir que esta realidad dolorosa que se vive en esta Iglesia particular debe ser el dolor de todo el cuerpo de la Iglesia Universal. Esperamos que esta ola de solidaridad que se vive entre las parroquias de las zonas afectadas por la violencia y aquellas que no lo son, se extienda fuera del territorio nacional. Según lo que entendemos como misioneros que viven y trabajan en esta realidad, se requiere una respuesta unida de toda la Iglesia ya que si un miembro de la Iglesia sufre, todos deben sufrir con él.
P. Renold ANTOINE, C.Ss.R.




