Roma, 16 de noviembre de 2025
Misioneros de la Esperanza tras las huellas del Redentor
AÑO DEDICADO A LA MISIÓN
El Señor nos envía como misioneros y peregrinos de la Esperanza en un mundo herido
Lc 4,16-19, Mc 6,7-12, Lc 9,2-6, Sal 130,7 Const. 1-20, Est. 01-020
Mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres
“Tú, Señor, eres mi esperanza” (Salmo 71,5)
- La novena Jornada Mundial de los Pobres, que celebramos este domingo y que fue instituida por el Papa Francisco en 2017 para recordarnos que los pobres están en el corazón del Evangelio, nos invita a renovar nuestra mirada y nuestro compromiso hacia los más pobres y abandonados.
- Nuestras Constituciones definen con claridad nuestra vocación: “seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador en la predicación de la Palabra de Dios a los pobres, como Él dijo de sí mismo: Me envió a anunciar la buena nueva a los pobres” (Const. 1). Entre los grupos humanos más necesitados de ayuda espiritual, “los redentoristas han de prestar atención especial a los pobres, a los de condición más humilde y a los oprimidos, cuya evangelización es signo de la llegada del Reino de Dios (cf. Lc 4,18) y con quienes Cristo ha querido, en cierto modo, identificarse (cf. Mt 25,40)” (Const. 4). Este llamado, por tanto, no es opcional ni secundario: está profundamente vinculado a la misión del Redentor y confirma que nuestra presencia misionera se realiza de forma más auténtica allí donde el mundo sufre, donde la pobreza es visible y donde la esperanza se debilita.
- El tema propuesto por el Papa León XIV “Tú, Señor, eres mi esperanza” nos invita a reconocer que la esperanza cristiana no nace de la abundancia, del poder ni de la seguridad material, sino de la necesidad, de la vulnerabilidad y de la confianza en Dios. En este contexto, los pobres no aparecen como sujetos pasivos, sino como testigos de una esperanza fuerte y confiable. Muchas veces privados de solidaridad humana y de medios materiales, ellos encuentran en Dios el único refugio seguro, Aquel que, por la fe y la esperanza, sostiene sus vidas[1]. Es esta confianza en Dios la que les permite soñar y no caer en la desesperación ante la precariedad de los recursos y la falta de oportunidades. Así, la confianza se convierte en refugio, consuelo, fuerza de lucha por la dignidad y la justicia.
- Para nosotros, redentoristas, esto reviste un significado particular: la opción por los pobres no es sociológica ni ideológica, sino evangélica, y está en el centro de nuestra vocación misionera. La Constitución 14 recuerda que “la obra apostólica de la Congregación se caracteriza, en efecto, más que por determinadas formas de actividad, por el dinamismo misionero, es decir, por la evangelización propiamente dicha y por el servicio en favor de los hombres y los grupos que, para la Iglesia y por las condiciones sociales, son más pobres y necesitados” (cf. Const. 3–5). Esto significa que el pobre no está fuera de la misión: es nuestro interlocutor y nos hace redescubrir el rostro del Redentor, que se manifiesta en los “numerosos rostros de los pobres y de la pobreza” (cf. Dilexi te, n. 9). Esto implica que la misión redentorista debe abrirse a la conversión de las estructuras, a la promoción integral de la persona humana y a la solidaridad creativa, que genera nuevos modos de ser Iglesia y comunidad.
- La Jornada Mundial de los Pobres nos invita a cultivar tres actitudes importantes:
- Revisitar nuestra vida consagrada redentorista a partir de la vivencia de la pobreza evangélica. Las Constituciones 61 a 70 nos ofrecen una rica fuente de discernimiento sobre este voto, recordándonos que nuestra pobreza es una configuración real y espiritual con Cristo pobre. Para nosotros, la pobreza se manifiesta en la fraternidad, el compartir, la sobriedad, la apertura a la movilidad y la disponibilidad misionera. Estamos llamados a vivir con coherencia, a trabajar con responsabilidad y a testimoniar, tanto personal como comunitariamente, la alegría y la libertad que brotan de una vida desprendida. De este modo, el revisitar atentamente estas Constituciones nos ayudará a reflexionar sobre nuestra propia identidad misionera y nos abrirá una oportunidad para la conversión persona.
- Como Institución, la Congregación es interpelada a fortalecer su compromiso con la Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación (JPIC). Nuestras obras sociales, parroquias, santuarios, centros de misión e instituciones educativas o de acogida son la expresión concreta de nuestro carisma junto a los pobres. Sin embargo, no podemos limitar nuestra respuesta únicamente a lo asistencial; debemos estructurar de manera eficaz nuestra presencia junto a los más vulnerables, garantizando que parte de nuestros recursos esté al servicio de la promoción de la dignidad humana. La JPIC es una expresión directa del Evangelio que anunciamos. Fortalecer estas estructuras, acompañar a los agentes de pastoral social y garantizar la sostenibilidad de nuestras obras son formas concretas de enraizar nuestro carisma en la realidad de los pobres de hoy. Además, debemos asumir la ardua tarea de formar la conciencia de las personas en sus distintos estratos sociales, para que sean verdaderos agentes de la construcción de un mundo que sea casa para todos.
- Como miembros profesos, somos invitados a reflexionar seriamente sobre nuestro estilo de vida a la luz de la simplicidad evangélica: cómo usamos los bienes, cómo consumimos, cómo compartimos. Vivir la pobreza hoy significa resistir a la cultura del exceso, del individualismo y de la acumulación. Es también cultivar una verdadera disponibilidad misionera, expresada en la prontitud para ir al encuentro de las necesidades más urgentes, aunque ello implique sacrificios, cambios o renuncias. La pobreza personal, vivida con alegría y autenticidad, se convierte en un signo profético en una sociedad marcada por la desigualdad y la indiferencia. Es una forma concreta de kenosis, de distacco, de comunión real con los pobres, que nos sensibiliza y nos hace testigos fieles del Redentor, quien se compadecía de las multitudes extenuadas que estaban “como ovejas sin pastor” (Mt 9,36); nos hace testigos de Aquel que “siendo rico, se hizo pobre por nosotros” (2Cor 8,9) y que “no tenía dónde reclinar la cabeza” (Mt 8,20).
- Queridos cohermanos, formandos y miembros de la Familia Redentorista: ante los desafíos del mundo contemporáneo, la exclusión, el miedo al otro, la aporofobia, la migración, la pobreza invisible, la fragilidad de los jóvenes y de los marginados, nos sentimos llamados a redoblar nuestro compromiso misionero, inspirados por Cristo Redentor, que se hizo pobre por nosotros (cf. Mt 5,3.11; Lc 6,20).
- Que esta Jornada Mundial de los Pobres sea para nosotros un momento de oración auténtica, de revisión vocacional y de audacia misionera. Que cada comunidad redentorista encuentre formas concretas de acogida, de escucha y de anuncio de la Buena Nueva a los más pobres, y, al mismo tiempo, de promoción de su dignidad.
- Utilicemos el subsidio de oración preparado por el Dicasterio para la Evangelización, disponible en diferentes idiomas: (https://www.evangelizatio.va/content/pcpne/en/attivita/gmdp/2024/sussidio.html), adaptándolo a nuestra realidad local. Dejemos que el pobre nos evangelice y nos impulse a vivir la misión con un vigor renovado.
- Que María, nuestro Perpetuo Socorro, presencia materna entre los humildes y signo de la ternura de Dios para con los pequeños, nos acompañe y fortalezca en el camino de la esperanza que no decepciona. Que nuestros santos, mártires y beatos nos ayuden a vivir con fidelidad la opción por los pobres, como signo distintivo de nuestra vocación y testimonio del Evangelio, para que logremos caminar como Misioneros de la Esperanza, tras las huellas del Redentor, en este mundo herido, pero lleno de posibilidades.
Fraternalmente,
P. Rogério Gomes, C.Ss.R.
Superior General
Original: español
[1]Mensaje del Santo Padre León XIV para la IX Jornada Mundial de los Pobres. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/poor/documents/20250613-messaggio-giornata-poveri.html




