La parroquia del Santísimo Redentor de Madrid celebra tres días de oración, testimonios y festejos populares en honor a la Virgen María.
Poco a poco vamos creando tradición en nuestra parroquia del Santísimo Redentor – Madrid. No programamos una novena, pero sí un Triduo que ayuda a llegar con ligereza a la fiesta de nuestra madre. la Virgen del Perpetuo Socorro.
Este año el previo al Triduo ha sido la visita del Papa León XIV a España, quien el 10 de junio, en el monasterio de Montserrat, rezó el rosario con la comunidad y citando a su antecesor, nos recordó que “delante de la Madre (…) se despiertan los sentimientos más nobles de una persona”.
Para preparar este Triduo hemos tenido en cuenta ese valor de los sentimientos sin caer en el sentimentalismo. En palabras del papa León, “María nos conduce hacia Cristo y nos enseña a escuchar su voz, obedecer su palabra y permitir que Él nos transforme”. “Cuando María nos dice: “Haced lo que Él os diga”, nos está invitando a alcanzar un corazón reconciliado con los criterios del Evangelio”. ¿Cómo traducir esto en estos tres días de oración parroquial y piedad mariana? Han sido días marcados por tres momentos de oración: Adoración en silencio ante la presencia eucarística en la custodia, Rezo del Santo Rosario llevado por laicos y celebración de la Eucaristía.
La verdad es que nuestra parroquia comenzó la fiesta el sábado 20 de junio con la ordenación diaconal de José, padre de familia y miembro de nuestro Consejo Parroquial. Después de tres años de formación ha sido ordenado Diácono Permanente en la catedral de la Almudena, por el cardenal de Madrid Mons. José Cobo.
El lunes 22, primer día de la semana de la Virgen, comenzamos celebrando dos actividades culturales para destacar la importancia de la Mirada, la Palabra y la Acogida en mujeres que durante años han sido ignoradas: las Beguinas. Silvia Bara Bancel, profesora en la universidad de Comillas, nos presentó su libro SABER A DIOS, Editorial Verbo Divino, sobre estas místicas y maestras en el seguimiento a Jesús ya en la Edad Media.
La presentación del libro culminó con un concierto-oración de Prado Pérez con poemas y textos de varias beguinas. Prado ha publicado un disco con esos textos musicalizados por ella. Se quería destacar la importancia de la mujer en la vivencia cristiana. Ahí estaba el libro MUJERES Y DIACONADO, de la misma editorial Verbo Divino sobre los ministerios en la Iglesia.
El programa ha tenido de fondo un texto habitual en la fiesta del Perpetuo Socorro: Juan 19, 27. La palabra del Redentor diciendo a María: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Palabras desarmadas del crucificado. Los comentarios – testimonios se hicieron en la homilía. Acercándonos así a la oración desde la escucha de la palabra en la Iglesia y el testimonio de dos mujeres.
Hemos tomado conciencia de que contemplando nuestro icono del Perpetuo Socorro comprendemos que no podemos separar a María de Jesús. Es Jesús quien “nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre”. Pero María “nos muestra a Jesús como un niño indefenso sostenido en su regazo”. Y el papa León nos ha recordado que “el Niño Dios que María sostiene en sus brazos, no lleva armadura …“luego, desnudo en la cruz, se abandona totalmente al Padre para salvarnos con la fuerza desarmada y desarmante del amor”. En el corazón del Redentor, en la cruz, hay una llamada a la plenitud de la amistad. No hay odio, hay afecto. Hay un ofrecimiento de amistad fraterna, tesoro de la Iglesia naciente, y María, que acoge a los amigos de su Hijo, es testigo de esa realidad. ¿Cómo llevar esto a nuestra celebración? ¿Cómo comprender esto sin escuchar a algunas mujeres en ese tiempo de oración de la comunidad parroquial?
La primera celebración eucarística del triduo la abrió el obispo auxiliar de Madrid, Mons. Vicente Martín, que nos llamó a ser una comunidad abierta, una parroquia en comunión con la diócesis. Una parroquia en misión. Animaron el canto un pequeño coro organizado por la doctora Prado Pérez y participantes en el coro de la eucaristía con el Papa el día del Corpus en Madrid.
El viernes 26, vigilia de la fiesta de la Virgen, durante la homilía, dio su testimonio la teóloga y psicóloga Rosa Ruiz, que compartió con la comunidad orante su vivencia ante el icono en sus días y noches de trabajo en el hospital. Acompañando a los enfermos en sus días y noches como profesional del cuidado. ¡Qué importante escuchar a las mujeres! Qué importante que no falte la música. El coro parroquial de las eucaristías de la tarde de los domingos nos ayudó a orar con sus cantos.
Con la ayuda de la Asociación Acoger y Compartir dábamos un sentido a la preocupación por quienes sufren. Esos días, desde Pamplona, se preparó el envío de un contenedor con más de 20.000 kilos de ayuda humanitaria con destino a Ucrania. Cuando escribo esto me comunican que ya ha llegado al almacén de reparto que el redentorista P. Adriy anima en Lviv (Leópolis)
El sábado 27, fiesta de la Virgen, otra mujer compartió su vivencia como abogada y actividad, sobre la importancia de la acogida. Si María hace posible la humanidad de Jesús y la vivencia de su acogida, contemplar su icono nos ayuda a comprender que ahí tenemos un indicador del seguimiento a Jesús. Amaya Valcárcel, abogada y activista, compartió su vivencia del Perpetuo Socorro en campos de refugiados.
La celebración que se inició en el templo, animada por el coro amigo “Brisas del Guadiana” llenó de alegría y piedad popular la celebración. La bendición final vino precedida de una pequeña procesión con el icono por el interior templo, portado por el nuevo Diácono José Martín. De esta manera quienes quisieron pudieron tocar el icono. Finalmente, recordando a las iglesias ortodoxas, terminamos la eucaristía dando la bendición con el icono.
Desde el inicio de la semana habíamos avisado que la eucaristía del día de la Virgen tendría como prolongación una fiesta en la puerta del templo.
Parte de la calle fue decorada con banderolas y luces, gracias a la ayuda de laicos amigos y jóvenes de la parroquia. Terminada la celebración religiosa pudimos iniciar la fiesta en la calle porque un equipo había preparado todo lo que nos habían regalado algunos establecimientos del barrio (tortillas, empanadas, helados), ah, también hubo cerveza, para tener un compartir amical a la vez que el coro parroquial nos animaba con su música a pintarnos “la cara color esperanza”. Y la oración se hizo danza casi inconsciente, alegría sencilla del compartir. La calle tomó el color de la amistad.
P. José Miguel de Haro Sánchez, C.Ss.R.
fotos: p. M. Raczkiewicz, C.Ss.R.
















