Fiesta del Santísimo Redentor 2026 en Roma

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La solemnidad del Santísimo Redentor, titular de la Congregación, celebrada cada tercer domingo de julio, reunió a la comunidad de los Redentoristas de la casa San Alfonso de vía Merulana, en el Santuario de la Virgen del Perpetuo Soccorso, para la celebración de la Eucaristía a las 11 horas, presidida por Mons. Alfonso Amarante C.Ss.R. y concelebrado por el cardenal Joseph Tobin C.Ss.R. y por los sacerdotes que allí residen.

En la homilía, Monseñor Amarante nos invitó a reflexionar sobre la figura de Nicodemo, el personaje evangélico que se encuentra con Jesús más de una vez, para ilustrar el camino de la fe. Nicodemo pasa por tres fases: el hombre curioso pero aún anclado a tradiciones y leyes; el hombre que encuentra el valor para defender a Cristo en el Sanedrín; y finalmente el hombre que hace un gesto de amor y ternura, ungiendo el cuerpo de Jesús después de su muerte en la cruz.

Mediante un observación del diálogo evangélico entre Jesús y Nicodemo, Mons. Amarante ilustró la transición fundamental de una religión basada en la ley a una fe fundada en la gracia divina. Mientras que Moisés levantó la serpiente en el desierto como signo de una alianza regida por la ley, Cristo es elevado para traer la salvación por medio de la gracia, que es el don.

Mons. Amarante recordó que el corazón del carisma redentorista, abrazado por san Alfonso María de Ligorio, es precisamente la proclamación de la abundancia de la misericordia de Dios, el recordatorio de que Cristo ya nos ha salvado. No se pide a los seres humanos que «ganen» la salvación, sino que vivan en la gracia, esforzándose por elegir el bien y adherir a ese amor que es el único camino a la salvación.

Por esta razón, el mensaje de Copiosa Redemptio es una proclamación de esperanza dirigida a todos. Mons. Amarante también lo definió como un «carisma de alegría». Este carisma permite a los fieles adentrarse en la humanidad de Cristo para contemplar su divinidad. Este misterio es una «presencia entre nosotros». Para nosotros, los cristianos, cuanto más nos adentramos en el misterio de Cristo, más nos adentramos en el misterio de la humanidad, en nuestro camino hacia Dios.