Piden a los equipos sinodales asiáticos que apoyen a las diócesis mediante acciones sinodales prácticas

0
195

Se ha alentado a los equipos sinodales nacionales de toda Asia a ayudar a las diócesis a abordar los desafíos pastorales existentes a través de métodos sinodales, en lugar de agregar nuevos programas, objetivos o cargas administrativas. Este mensaje surgió durante una discusión sobre el fortalecimiento del compromiso sinodal, celebrada el 2 de septiembre en la Sala de Conferencias Joseph Nattaya en Baan Phu Waan, Bangkok, como parte de una reunión de tres días de equipos sinodales nacionales.

La sesión estuvo dirigida por el padre Vimal Tirimanna, CSsR., de Sri Lanka, miembro de la Comisión para la sinodalidad. Los participantes reflexionaron sobre una pregunta práctica: “¿Qué cosa concreta puede hacer nuestro equipo sinodal nacional en los próximos seis meses para fortalecer el compromiso sinodal con nuestros obispos, clérigos y consejos pastorales?”

El debate subrayó que la sinodalidad debe ir más allá de reuniones y documentos y convertirse en parte integral de la vida ordinaria de las diócesis y parroquias. Se instó a los equipos de los países a centrarse en ayudar a las iglesias locales a trabajar de forma más colaborativa mediante la escucha, la participación, el discernimiento y la responsabilidad compartida.

Uno de los temas principales que surgieron fue la importancia de la formación. Los participantes enfatizaron que la formación sinodal debe comenzar durante el seminario. Varios señalaron que muchos sacerdotes se forman principalmente para llevar a cabo tareas y responsabilidades, a menudo sin prestar suficiente atención a los procesos participativos y al discernimiento comunitario. Integrar la sinodalidad en la formación sacerdotal ayudaría a los futuros sacerdotes a comprender la Iglesia como Pueblo de Dios, en la que todos los bautizados tienen un papel en su vida y misión.

El padre Tirimanna recordó que el Concilio Vaticano II ya había presentado esta visión de la Iglesia, pero reconoció que no siempre se ha integrado plenamente en los planes de estudio de los seminarios. Si bien algunos seminarios han comenzado a introducir prácticas sinodales, los participantes coincidieron en la necesidad de una implementación más amplia.

El debate también destacó la necesidad de una formación continua para los sacerdotes que ya sirven en diócesis y congregaciones religiosas. Los participantes enfatizaron que la cultura dentro del clero influye significativamente en la manera en que las parroquias escuchan, disciernen y toman decisiones. Por lo tanto, la sinodalidad debe convertirse en parte integral de la formación continua y del liderazgo pastoral.

Otro tema importante fue el papel de los equipos sinodales nacionales en el acompañamiento de las decisiones eclesiales trascendentales. Un participante citó el ejemplo del próximo proceso de selección de un nuevo arzobispo en su país. Sugirió que los equipos sinodales podrían facilitar asambleas con la participación del clero, religiosos y laicos, fomentando el discernimiento en oración y una amplia participación a lo largo del proceso.

Los participantes también exploraron maneras prácticas de integrar las prácticas sinodales en la vida parroquial. En lugar de crear estructuras completamente nuevas, propusieron utilizar métodos como el diálogo espiritual durante las reuniones parroquiales, los programas de Adviento y las actividades de Cuaresma. Argumentaron que la sinodalidad debería convertirse en una forma renovada de colaboración, en lugar de un compromiso adicional que se sume a una agenda pastoral ya de por sí ajetreada.

Una propuesta central que surgió fue la necesidad de que los equipos sinodales nacionales reconsideren cómo presentan su misión a las diócesis. En lugar de ser percibidos como grupos que aportan proyectos y expectativas adicionales, deberían posicionarse como socios que ayudan a las diócesis a alcanzar los objetivos pastorales que ya se han fijado.

Los participantes sugirieron que los equipos sinodales comiencen escuchando a los líderes diocesanos: comprendiendo sus prioridades, identificando sus desafíos y explorando dónde podrían surgir dificultades en las iniciativas pastorales. El papel del equipo sinodal sería entonces ofrecer asistencia concreta aplicando los métodos sinodales a estas situaciones.

En esta visión, los equipos sinodales nacionales actúan menos como gestores de programas y más como facilitadores de la sinodalidad. Su tarea es ayudar a las diócesis a descubrir cómo la escucha, la participación y el discernimiento compartido pueden fortalecer la eficacia pastoral y la misión.

Una pregunta clave que se repitió durante el debate fue: “¿Cómo puede la sinodalidad ayudarles a lograr lo que aún no han podido lograr en su diócesis o parroquia?”. Los participantes coincidieron en que cada Iglesia local tiene necesidades y prioridades únicas, y que el compromiso sinodal debe adaptarse a estas realidades en lugar de imponerse mediante soluciones uniformes.

La sesión concluyó con un fuerte énfasis en la acción práctica y alcanzable. Se animó a los equipos sinodales nacionales a identificar una iniciativa realista que pueda implementarse en los próximos seis meses y que responda directamente a una necesidad pastoral genuina.

El debate reflejó un tema recurrente en la reunión del Sínodo Asiático: la sinodalidad se arraigará no mediante la creación de nuevas estructuras, sino a través de una transformación en la manera en que la Iglesia escucha, discierne y colabora. El reto para los grupos nacionales consiste en ayudar a obispos, clérigos, religiosos y laicos a comprender que la sinodalidad no es un programa adicional que compite por la atención, sino una forma de fortalecer la misión pastoral ya encomendada a la Iglesia.

(Fuente: www.rvasia.org)
Foto da Radio Veritas