Triduo de San Alfonso, Día 1: pastor que guía y cuida

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Día 1: San Alfonso, pastor que guía y cuida

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas.” (Jn 10,11)

Cuando pensamos en un guía, fácilmente imaginamos a alguien que sabe el camino. Pero el Evangelio nos presenta algo mucho más profundo. Jesús no guía desde lejos; camina delante de su pueblo, conoce a cada uno por su nombre y nunca abandona a quien se ha perdido.

San Alfonso aprendió esta manera de conducir la vida contemplando el corazón del Redentor. Descubrió que Dios no gobierna desde la distancia. Dios se acerca. Escucha. Espera. Sale al encuentro. Esa experiencia cambió su vida y también cambió la historia de miles de personas que se sentían olvidadas por la Iglesia y por la sociedad.

No comenzó fundando una congregación. Primero dejó que Dios transformara su corazón. Solo quien ha aprendido a dejarse conducir por el Espíritu puede acompañar el camino de otros.

También nosotros vivimos en un mundo donde muchas personas caminan sin horizonte. Hay cansancio, incertidumbre, soledad. Muchos buscan respuestas, pero pocas veces encuentran alguien dispuesto simplemente a escucharlos. En medio de esa realidad, la Iglesia está llamada a ser una presencia que acompaña antes de juzgar, que abraza antes de exigir, que escucha antes de responder.

San Alfonso comprendió que cuidar de una persona es ayudarla a descubrir que nunca está sola. Cada misión popular, cada confesión, cada conversación con un campesino o un pastor de las montañas de Scala era una oportunidad para decir, con su vida: “El Redentor no se ha olvidado de ti.”

El cuidado auténtico nace de un corazón reconciliado con Dios. No consiste en resolver todos los problemas de los demás, sino en permanecer junto a ellos. Hay heridas que no necesitan grandes discursos; necesitan una presencia humilde que haga visible la ternura de Dios.

Quizá hoy el Señor nos invita a preguntarnos: ¿quién necesita que lo escuche? ¿Quién espera una palabra de esperanza? ¿Quién se siente abandonado cerca de mí?

La misión redentorista comienza precisamente allí donde alguien experimenta el abandono. Allí donde parece que Dios guarda silencio, estamos llamados a convertirnos en un signo de su cercanía.

San Alfonso nos recuerda que evangelizar no es solamente enseñar doctrinas. Es revelar, con la propia vida, el rostro misericordioso del Padre. El anuncio del Evangelio se vuelve creíble cuando nace de una comunidad que sabe cuidar, acompañar y sostener.

Como peregrinos de esperanza, no caminamos solos. Somos una Iglesia que avanza con los pobres, con quienes sufren, con quienes buscan nuevamente el sentido de vivir. Cada gesto de compasión abre un camino por donde puede pasar el Redentor.

Pidamos hoy la gracia de tener un corazón semejante al de Cristo Buen Pastor. Un corazón atento, paciente y cercano. Un corazón que no se canse de salir al encuentro de los más abandonados, porque allí nos espera siempre el Señor.

Momento de silencio:  Dejemos que el Señor nos pregunte interiormente: ¿A quién me está enviando hoy para cuidar con la ternura del Buen Pastor?

Oración

Señor Jesús, Buen Pastor,
Tú conoces nuestro nombre y nunca nos abandonas.

Haznos discípulos capaces de caminar junto a quienes están cansados, de escuchar a quienes nadie escucha y de llevar esperanza a quienes han perdido la alegría.

Que, siguiendo el ejemplo de San Alfonso, anunciemos con nuestra vida que tu amor es más grande que todo pecado, toda herida y toda soledad.

Enséñanos a cuidar sin dominar, a servir sin buscar reconocimiento y a amar con la paciencia de tu Corazón.

Haznos misioneros de la Abundante Redención.

Amén.

San Alfonso, ruega por nosotros.