La madre del Perpetuo Socorro y Albania en la JMJ Panamá 2019

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La Jornada Mundial de la Juventud de Panamá 2019 ha sido, verdaderamente, una JMJ latinoamericana. Ya destacó el Papa Francisco “el calor y el color” de este encuentro mundial de jóvenes con el Santo Padre, que se ha celebrado justamente cuando en Europa se experimenta lo más crudo del invierno. Por esa razón, pocos eran los participantes de las otras latitudes y muchos los centroamericanos, caribeños y sudamericanos.

He tenido la suerte de participar, como responsable del grupo de jóvenes albaneses, enviados por la Conferencia Episcopal de Albania. Eran 30 jóvenes, 5 de cada diócesis del país, de los cuales, 13 de ellos proceden de familias de tradición musulmana. Esto cambia completamente la experiencia de la JMJ, pues estos jóvenes pertenecen a comunidades católicas minoritarias y normalmente sin sacerdote en su comunidad. Les impresionaba mucho ver al Papa y a tantos sacerdotes y obispos. Pero mucho más les llenaba no saberse solos, cantando y rezando con miles y miles de jóvenes católicos de todo el mundo.

Fuimos acogidos con inmenso cariño en la Parroquia de Guadalupe de la calle 50, en ciudad de Panamá, donde también se reunían y vivían más de 300 italianos. Lo más importante de esos días fue la familia de acogida. Incluso el obispo auxiliar de Caracas me comentaba lo feliz que había sido no teniendo que vivir en un hotel, sino participando de la vida de una familia. Los jóvenes albaneses estaban impresionados, porque el estilo de vida, la exuberancia en el carácter y los gestos de amor hacia ellos no se parecen en nada a los de su cultura.

Por otro lado, Panamá fascina. La geografía natural y urbana llama poderosamente la atención al visitante. Además, el país entero estaba comprometido con la JMJ y no faltaban detalles: agua por todas partes para superar el calor, saludos de los coches con sus bocinas, banderas y música, e incluso una mezquita y una sinagoga abrieron sus puertas para recibir jóvenes peregrinos. A los albaneses les gustó mucho esa parte, ya que Albania es un país experto en convivencia de religiones.

Pero como Redentorista, debo confesar que el momento más emocionante fue el Via Crucis, rezando por cada nación de América en cada estación, por intercesión de la Virgen patrona del país. En la Séptima Estación apareció sobre la tarima la imagen de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, Patrona de Haití y Madre de las Misiones Redentoristas. Al final de la Estación, la oración invocaba su socorro maternal:

“Que la intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, venerada con tanto amor en Haití, nos enseñe a recoger con amor el clamor de tantos sufrimientos y nos enseñe el saludable camino del perdón y de la reconciliación, de la solidaridad fraterna que acude presurosa a todo dolor humano.”

Sin duda, Ella fue la presencia más redentorista de este gran encuentro, que tuvo por tema su “sí” incondicional y generoso. Ojalá que los jóvenes, de regreso a sus hogares, puedan también decir ese “sí” cada día.

Laureano Del Otero Sevillano CSSR
Misionero Redentorista de Albania

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