Apuntes de espiritualidad redentorista desde una perspectiva ecológica
En la primera creación, Dios me dio mi propio ser, como imagen y semejanza de su propio Ser. Pero en su Nueva Creación realizada en Jesucristo Dios me dio su Mismo Ser, restaurando así mi ser que se había perdido a causa del pecado. He sido creado y he sido restaurado. Así, me debo doblemente a mi Creador y Redentor. Pero, ¿qué puedo ofrecer, en pago de esos dones, si todo lo que tengo y soy lo he recibido de Él? Jesucristo Redentor ya lo hecho por mí.
(Inspirado en los pensamientos de San Bernardo).
El 1 de septiembre se celebra la décima jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, con el lema “semillas de paz y esperanza”, tema que sintoniza con la imagen “peregrinos de la esperanza” del año jubilar, y con el tema del sexenio dentro de la familia redentorista, “misioneros de la esperanza tras las huellas del redentor.” Este día marca también el inicio del Tiempo de la Creación, una iniciativa ecuménica que se extiende hasta el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís. Todo ello dentro del Año de la Misión Redentorista que nos llama a desarrollar y descubrir nuevos planteamientos y aproximaciones en la vivencia de nuestra vida apostólica.
En su mensaje para esta jornada, el papa León nos recuerda que, en Cristo, todos hemos sido creados y redimidos, y que como tales estamos llamados a ser semillas de paz y esperanza. Nos recuerda también, que la justicia ambiental es una exigencia teológica, una cuestión que no es opcional o secundario de la experiencia cristiana (Cfr. LS 217). Con la evidencia científica y los hechos claros de degradación ambiental, nuestra responsabilidad para con la tierra se hace cada vez más evidente. El Papa recuerda también que, en un mundo donde los más frágiles son los primeros en sufrir los efectos devastadores del cambio climático, de la deforestación y la contaminación, el cuidado de la creación se convierte en una cuestión de fe y humanidad.
Esta jornada nos ofrece la posibilidad de explorar la dimensión ecológica del carisma redentorista. Las preocupaciones ambientales se han convertido en un signo de nuestro tiempo, y por tanto un tema de discernimiento en el reimaginar el seguimiento del Redentor, como misioneros de la esperanza. En este contexto, vale la pena preguntarnos si nuestro anuncio de la Copiosa Redención logra abordar la realidad de la actual degradación medioambiental. La explotación mercantilista del medio ambiente nos interpela y nos mueve a no permanecer insensibles, sordos o mudos frente a lo que ya hemos identificado como pecado ecológico. Al preparar estas reflexiones reconocemos no solo la complejidad del tema ecológico, sino también el misterio insondable de la redención que alcanza a toda la creación; por eso, lo mejor que podamos formular en estos momentos son pistas para la reflexión y la reimaginación de nuestra misión.
El Secretariado para la Evangelización ya había señalado que, a partir de Laudato si’, los redentoristas nos hemos sentido cada vez más interpelados para encontrar nuevos matices y acentos en la formulación y experiencia de la obra redentora de la creación. De ahí el deseo de profundizar nuestros presupuestos de fe y nuestros valores como redentoristas, porque de la manera como los interpretemos, van a depender nuestras acciones, es decir, la vivencia de nuestra vita apostolica. Reconocer la manera en que la redención tiene efectos que se extienden más allá de la persona humana, nos ayudará a restablecer nuestras relaciones con el mundo creado y a mostrar la relevancia de nuestro mensaje y nuestra misión en la actualidad.
Parece que problemas emergentes como el de la crisis ambiental, nos ha encontrado desprevenidos, por lo que nos sentimos incapaces de ofrecer respuestas adecuadas. Y, precisamente por la significancia social y la urgencia del problema ecológico, es que nos gustaría comenzar a sacudirnos el letargo de nuestro desinterés para continuar explorando las posibilidades que estos retos ofrecen a la misión redentorista en el mundo hoy. Creemos que, a medida que caminamos como misioneros de la esperanza, los contornos y el alcance de la Redención se siguen expandiendo delante de nosotros.
Redención copiosa y vida abundante en Cristo
La mayoría de los redentoristas logra establece sin mayor dificultad una conexión fundamental entre la redención y las exigencias de la justicia social, ecológica y el respeto por la integridad de la creación. Sin embargo, el redentorista también es consciente de la necesidad de encontrar nuevos lenguajes e imágenes que le ayuden a expresar cómo opera la redención en todo el mundo creado. Ser misioneros de la esperanza que caminan tras las huellas del Redentor significa, como ha afirmado el Papa Francisco, el reconocer que no solo el hombre, sino toda la creación está implicada en la obra de la Redención (junio 25, 2024). Como misioneros de la esperanza queremos devolver al hombre el sentido de su existencia en el mundo (Cf. RH 10), pero también devolver al mundo su sentido de comunión con Dios y con el hombre. Se trata de recuperar el sentido de participación en la redención de toda la creación, de la que el ser humano forma parte. La redención es posterior a la creación, precisamente para que se cumpla el propósito de Dios en ella. Por eso, nuestra predicación de la abundante redención también tiene como objetivo devolver la Tierra a su propósito original.
Lo primero que necesitamos establecer, es que la redención del mundo creado es siempre iniciativa de Dios, quien por amor crea, recrea, redime y nos hace participes de la dinámica de su amor intratinitario. Por amor Dios crea y por amor Dios redime. Al crear, Dios se involucra de manera anticipada en la redención del mundo. El misterio de la redención no consiste en que nosotros nos hagamos dignos de Dios, sino más bien en que, en Cristo, hombre encarnado, Dios nos hace dignos de El (Cfr. Col 1, 12-14; Ef. 1, 3 – 14). De hecho, para san Alfonso, la totalidad de la vida cristiana se centra en la obra redentora de Jesucristo y en su amor para con nosotros.
El Redentor revela la verdadera esencia de Dios en toda su plenitud y el plan de amor para con la creación. Cristo Redentor del hombre es el centro del Cosmos y de la historia, ha afirmado Juan Pablo II (RH 1). Según la visión alfonsiana, es Dios quien desea transformarlo todo a través del amor. Esta es una visión que nos ayuda a comprender la naturaleza como un don de Dios y una expresión de su amor desbordante. De ahí que el concepto de redención no necesariamente deba ser antropocéntrico, sino mas bien cristocéntrico; es decir, se trata de una redención que abarca no solo al género humano, sino que a través de la encarnación abarca también a toda la creación, de la cual el ser humano es una parte. (Cfr. Communicanda 2, 4 junio 2006). Y jugando un poco con las palabras diríamos que ya que Cristo se revela como la Vida (Jn 14, 4; 11, 25), desde esa perspectiva podríamos afirmar también que el misterio de la redención es biocéntrico. Este planteamiento nos ayuda a superar el antropocentrismo que no reconoce el valor sagrado de vida en sus distintas expresiones, sino que la explota y la degrada. Todos hacemos parte de una comunidad biótica de sujetos que vive de manera interdependiente. El no ser capaz de vernos a nosotros mismos como parte de esta comunidad, es lo que nos ha llevado a asaltar como lo estamos haciendo hoy a las demás especies, los ecosistemas, ríos, etc y a cortar el flujo de la vida abundante que se nos ofrece gratuitamente. Esta es una ceguera que no nos ha permitido apreciar el mundo natural como otro destinatario y beneficiario de la redención copiosa.
Esta perspectiva nos lleva a reconocer que nuestro modo de ser en el mundo como creaturas es relacional, porque Dios es relacional. La mutualidad e interdependencia son características del mundo creado, así como lo es también del mundo redimido. La redención acontece no para los individuos aislados, sino para los individuos en cuanto parte de una comunidad, de un ecosistema. Esto nos permite apreciar que, tanto nuestro origen, como nuestro destino como especie humana están íntimamente entrelazados y, en muchos sentidos no son distintos a los de las demás especies, tanto bióticas y abióticas.
Cultivar una mirada contemplativa del mundo
El mundo creado no solo participa de la obra de la Redención en Cristo, sino que también nos revela el amor intratrinitario que se desborda en cada creatura. El amor es la razón primordial y la fuerza que da origen al mundo creado y por la cual la redención se realiza. Dios crea (ex amore), y al crear establece una relación fundamental de amor con su obra creada. Es un mundo que no aparece del caos o por casualidad, sino como una manifestación del amor sobreabundante de Dios Creador. El reconocimiento de que cada creatura en el universo es una expresión de ese amor intratrinitario que crea y recrea (y redime) nos ayuda a entrever también el valor y dignidad de cada creatura. Creación y redención no son hechos del pasado, sino un mismo acto dinámico de amor que afecta a nuestro presente y se proyecta hacia su plenificación futura.
Es así como necesitamos recuperar y ejercitar una mirada contemplativa del mundo, para descubrir en él “el amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos (Francisco, 4 octubre 2021). En el Trato Familiar con Dios, San Alfonso invita al orante a encontrar el amor de Dios en la contemplación del mundo creado: “cuando veas correr el agua… cuando contemples el mar tranquilo… cuando contemples las campiñas, riberas, flores y frutos que con olor y color recrean tus sentidos, exclama: ¡Cuan hermosas criaturas ha hecho Dios para regalarme y cautivar mi amor!. El cielo y la tierra, exclama San Agustín, me están diciendo que te ame a ti, Dios mío.” El Dios de la vida y la redención abundante es un Dios que nos sorprende por amor y su cercanía.
El misterio de Cristo, (encarnación, vida, muerte y resurrección) es el “Si” irrevocable de Dios a su creación, en la que Dios desde el principio ha encontrado su complacencia (Gen 1,2). Se trata de la misma Presencia que se cernía sobre las aguas, cuya gloria se manifestó en la creación, y que en Jesucristo se manifiesta ya de manera definitiva al ser humano; o como diría T. de Chardin, se trata de la cristificación del mundo, porque en Cristo Redentor se manifiesta la perfección a la que está llamada a participar toda la creación; Él nos revela la verdad definitiva de la creación. Y más aún, la vida, muerte y resurrección de Jesús es un acto Trinitario de proporciones cósmicas (Frank Macchia), que tiene a la base la obra del Padre que crea y llama a la existencia, la obra del Hijo que por amor redime y la obra del Espíritu que es dador de vida. Toda la Biblia en su conjunto es el testimonio de una creación redimida y orientada a su plenificación y a la vida abundante en Cristo. En Jesucristo Redentor el mundo creado se “re-crea,” la muerte y el mal son en El asumidos y la vida encuentra su plenitud. La obra de la redención operada a través la carne y la humanidad de Jesús, benefician primordialmente al género humano, pero también a todas las demás creaturas cuya carne Cristo también asumió. Pero para reconocerlo necesitamos cultivar una mirada contemplativa. Esta mirada se convertirá, a su vez, en una forma de estar en el mundo.
Llamados a la conversión ecológica
Nuestra fe en el Redentor es la plataforma que nos permite apreciar, lo que podríamos llamar “el alcance cósmico” del carisma redentorista. Parte del llamado a “reimaginar” nuestra vida apostólica hoy implica explorar precisamente la dimensión ecológica de nuestro carisma y articular la noción de una ecología integral en nuestra vida y apostolado. Y como el cuidado de la creación no solo tiene que ver solo con el quehacer, sino especialmente con nuestro ser misionero, estamos llamados a recuperar la mirada contemplativa del mundo que nos mueva a la conversión. Ser presencia del Redentor significa para nosotros ser promotores de la vida en todas sus expresiones, una vida que, por vocación, es rebosante y abundante en nuestra Casa Común.
De esta manera, la misión de los redentoristas implica hacer partícipe al mundo de la redención abundante en Cristo. Y como la tarea de la evangelización implica ante todo la evangelización de quien evangeliza, debemos preguntarnos al interior de nuestras comunidades si nuestra adhesión a Cristo Redentor es generadora de la conversión ecológica, en nosotros y en los demás. El llamado a la conversión ecológica implica comprender que nuestra misión no se reduce solo a un quehacer, sino que se manifiesta primariamente en nuestra manera de relacionarnos con el Redentor, es decir, en nuestra espiritualidad. Hay muchas maneras de abordar el tema medioambiental actual, pero quizá la mejor manera que nosotros podemos ofrecer sea a partir de los niveles más básicos; es decir, de cómo comprendemos y establecemos esa relación tripartita entre el Redentor, la creación y nosotros. Nuestro ministerio busca precisamente restaurar lo que T. Berry llamaba “relaciones mutuamente benéficas” entre estas partes.
Se trata de un llamado a una conversión interior que implica dejar brotar las consecuencias del encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea (LS 217) y que está atenta a la presencia de Dios en el mundo natural. Es una invitación a construir nuestra espiritualidad en la «amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal» (ibíd., 220).
Recurso de reflexión preparado por el Secretariado General para la evangelización
Comisión de JPIC
Algunos recursos
1. Vídeo «¿Qué es el Día de la Creación?» para compartir en sus redes sociales, disponible en:
o Facebook: https://facebook.com/reel/733190013088435
o YouTube: https://youtu.be/3kN1NtQM8Hw?list=PLI22eVXX9FYkZ-k_F8lB2rO8hOJE_fiOC
(También disponible en otros idiomas)
2. Nueva página web ecuménica con diversos recursos
(incluido el encuentro de oración online del lunes)
https://www.feastofcreation.com/es
3. Recursos gráficos para compartir también en sus redes sociales
acompañados del hashtag y la página web:
FeastOfCreation.com/it #FeastOfCreation #FestaCreazione




