Japón: anunciar el Evangelio en una tierra donde la fe cristiana es minoritaria

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El testimonio de P. Rodrigo Vélez, CSsR, de la Provincia Pedro Donders, en Argentina, sobre su misión y convivencia en la comunidad internacional redentorista en Japón.

La comunidad internacional redentorista en Japón comenzó oficialmente el 23 de febrero de 2025 en Tokio. En esa fecha el P. Hagiwara era el superior, P. Takeshi Inoue, CSsR., el Superior Viceprovincial y el P. Sebastian Ani Dato  el vicerrector de la comunidad. Dos nuevos miembros: el P. Rodrigo Vélez y el P. Clement Lee (de la Viceprovincia de Malasia-Singapur), se han unido a la nueva Comunidad Internacional exactamente ese mismo día.

En septiembre de 2022, en el XXVI Capítulo General celebrado en Roma, se aprobó la propuesta de misión presentada por Japón y la propuesta de establecer una nueva comunidad internacional en Japón y revitalizar las obras misioneras. Así, los Redentoristas en Japón se han involucrado con miembros de las Conferencias de Asia y Oceanía a las que pertenece, después de dejar su antigua provincia madre de Canadá.

Misión en Japón: Testimonio del P. Rodrigo Vélez (Provincia Pedro Donders)

Cuando llegué a Japón en enero de este año, tras más de 35 horas de viaje, supe que no solo estaba cruzando continentes, sino también adentrándome en una cultura milenaria que me desafiaría en todos los sentidos. La comunidad redentorista de Hatsudai, en el corazón de Tokio, me recibió con los brazos abiertos, como parte de este nuevo proyecto misionero internacional impulsado por nuestro último Capítulo General.

Un país de contrastes y desafíos

Japón es un país fascinante. Con más de 125 millones de habitantes, menos del 1% se identifica como católico. La religión predominante es una mezcla de sintoísmo, budismo y, en muchos casos, un secularismo moderno que se acentúa especialmente entre los jóvenes. Esta realidad nos interpela profundamente como misioneros: ¿cómo anunciar el Evangelio en una tierra donde la fe cristiana es minoritaria y, a veces, desconocida?

Inculturación: aprender para servir

Desde mi llegada, he comprendido que la inculturación no es opcional, sino esencial. Comencé mis estudios de japonés en Argentina, pero fue aquí donde me sumergí de lleno en el idioma, asistiendo a clases diarias en la reconocida escuela KAI. Aprender japonés es un camino exigente, pero también una puerta de entrada al alma de este pueblo.

Además del idioma, me he acercado a la cultura japonesa a través de visitas a templos, centros culturales y la práctica del Kendo, un arte marcial que combina disciplina física y formación espiritual. Todo esto me ayuda a comprender mejor la sensibilidad de quienes me rodean.

Vida en comunidad

Nuestra comunidad internacional está compuesta por hermanos de Japón, Indonesia, Singapur y Argentina. Compartimos la oración, la mesa y la misión. Cada día comienza a las 6:00 a.m. con la oración comunitaria, seguida de la misa y los momentos fraternos que tanto valoramos. En medio de nuestras diferencias culturales, nos une el mismo carisma redentorista y el deseo de servir.

Una pastoral al encuentro de los migrantes

La pastoral en Japón tiene un rostro multicultural. En la diócesis de Saitama, colaboro en la Iglesia de Joso, donde celebramos misas en español, portugués e inglés para comunidades migrantes de Perú, Brasil, Sri Lanka, Vietnam y Filipinas. También participo en la Iglesia San Ignacio de Tokio, acompañando espiritualmente a hispanohablantes junto al centro Loyola.

Formo parte del equipo APALA (Atención Pastoral Latinoamericana en Japón), que ofrece formación online y acompaña celebraciones devocionales de distintas culturas. Esta dimensión intercultural de la misión es un verdadero tesoro.

Una misión que interpela y transforma

La misión en Japón no es fácil. Requiere paciencia, escucha, humildad y una profunda confianza en que Dios ya está obrando en el corazón de este pueblo. He tenido la gracia de visitar también comunidades misioneras en Mongolia, Singapur e Indonesia, y en cada una he descubierto la riqueza de una Iglesia viva, creativa y profundamente comprometida.

Hoy más que nunca, necesitamos orar por nuevas vocaciones misioneras. Que el Buen Pastor siga llamando a hombres y mujeres dispuestos a poner sus pies descalzos en sus huellas benditas.

En Cristo Redentor, P. Rodrigo Vélez, CSsR