Venezuela: los Redentoristas relatan la situación después del terremoto

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“No están solos, hay un pueblo y una Iglesia que camina a su lado” (mensaje de la CEV)

El pasado 24 de junio de 2026, minutos después de las 6:00 p.m., Venezuela fue testigo de un acontecimiento sin precedentes. Casi la totalidad del territorio nacional se vio sacudida por dos movimientos sísmicos sucesivos, de magnitudes 7,2 y 7,5, con una diferencia de apenas 39 segundos, según los registros oficiales. Tras el impacto, el sistema eléctrico colapsó y las redes de telecomunicaciones quedaron inoperativas, imposibilitando una comunicación fluida en un momento crítico. Como bien señaló nuestro Padre General, este no es un momento sencillo, pues nuestro pueblo, que “ha soportado con admirable fortaleza tantos años de sufrimiento y que hoy vuelve a enfrentar una nueva catástrofe”.

Describir la escena es un desafío para el lenguaje, el movimiento telúrico, de una violencia extrema, estuvo acompañado por un estruendo inquietante que precedió al derrumbe de estructuras, la fractura de vidrios y el clamor angustiado de una población que buscaba desesperadamente ponerse a resguardo. El instinto natural de protección hacia nuestros seres queridos se manifestó con dolor en ciudades como Caracas, La Guaira, Puerto Cabello, Morón, Tucacas y otras localidades donde el colapso de edificaciones e infraestructuras ha dejado una estela de desesperación.

Ante la magnitud de la crisis, se activaron protocolos de emergencia y, en un esfuerzo conjunto, la ciudadanía y los organismos estatales iniciaron las labores de remoción de escombros. Con profundo pesar, debo informar que, al momento de escribir estas líneas, una joven de la PJVR continúa desaparecida junto a su madre, tras el colapso de su residencia. Asimismo, las cifras oficiales reportan trágicamente 920 fallecidos y 3.360 heridos. Estas escenas, imborrables para quienes las presenciamos, nos llaman a la oración y a la solidaridad.

En cuanto a nuestra labor pastoral, los cohermanos han buscado, en la medida de lo posible, contactar a nuestras comunidades para verificar su bienestar. Gracias a Dios, no tenemos que lamentar pérdidas humanas entre nosotros, aunque sí daños materiales significativos. En Valencia, hemos sufrido la caída de una pared y diversas estructuras de mampostería que han pedido reemplazar antes de abrir el templo a la feligresía. En Caracas, el Santuario ha registrado la pérdida de vitrales históricos, afectaciones en el campanario de la Iglesia, y por su parte la casa de la comunidad ha presentado afectaciones en algunas zonas como terrazas y leves fracturas de las paredes. El resto de las comunidades se encuentran bastante estables en su infraestructura.

Sin embargo, el pueblo venezolano ha respondido con una admirable capacidad de organización. Se han constituido comités de ayuda o de acopio y la Iglesia, a través de Cáritas en sus niveles nacional, diocesano y parroquial, ha desplegado esfuerzos logísticos para asistir a las zonas más vulnerables. Valoramos profundamente la cercanía de Su Santidad, el Papa León XIV, quien ha expresado su preocupación y ha enviado su primera ayuda humanitaria. A este esfuerzo se han sumado diversas naciones, aportando recursos y personal técnico para paliar esta emergencia.

Extendemos nuestra gratitud al Padre General, P. Rogério Gomes, C.Ss.R., quien sigue de cerca nuestra situación, y a los distintos provinciales cuyas oraciones y ofrecimientos de ayuda han sido un bálsamo. Un reconocimiento por la cercanía que ha tenido el provincial, Mauricio Monroy, y todos los cohermanos de la Provincia Andino-Caribeña, así como aquellos que, desde nuestras comunidades locales en Venezuela, se han volcado a acompañar al pueblo sufriente, primero, a través de la oración constante y segundo, transformando nuestras parroquias en centros de acopio y refugio para quienes han perdido su hogar. Para el día 28 de junio de 2026, la Conferencia Episcopal Venezolana ha pedido que se dedique una JORNADA NACIONAL DE ORACIÓN, por los estragos que han dejado los terremotos.

Elevemos nuestras súplicas a Dios y a Nuestra Madre, la Virgen de Coromoto, para que acompañen a nuestra nación en estos tiempos de convulsión. Que encontremos la paz, la armonía y la consolación del Padre Celestial, quien no nos abandona, sino que camina con nosotros en este momento de adversidad. Que conceda el descanso eterno a nuestros hermanos fallecidos y la pronta recuperación a los heridos; y que, como nación, logremos hallar el camino de la unidad y la reconciliación.

En Jesús, María y Alfonso,

Redentoristas de Venezuela.