SAN ALFONSO MISIONERO DE LOS POBRES Reflexión en el Bicentenario de la muerte de nuestro Fundador

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1887

Communicanda – 1985-1991

 

COMMUNICANDA 10

Roma, 1 de julio de 1987
Gen. 250/87

Queridos cohermanos,

“Accertato Alfonso della volontà di Dio, si animò e prese coraggio; e facendo a Gesù Cristo un sacrificio totale della Città di Napoli si offerse menar i suoi giorni dentro proquoi, e tuguri, e morire in quelli attorneato da’ villani e da’ pastori”.

(“Seguro de la voluntad de Dios, Alfonso se animó y se armó de valor; y haciendo a Jesucristo sacrificio total de la Ciudad de Nápoles, se ofreció a vivir entre chabolas y tugurios, y a morir rodeado de aldeanos y de pastores”.)

A.M. Tannoia, Della vita e istituto del Ven. S. di Dio Alfonso. M. de Liguori. I, 66.

  1. Estas palabras de Tannoia Inspiran la reflexión que el Consejo General ofrece a los miembros de nuestra Congregación, con ocasión del Bicentenario de la muerte de San Alfonso. Juzgamos oportuno en este año bicentenario, volver nuestras miradas hacia San Alfonso y formularnos una pregunta concreta: ¿Puede su vida ayudarnos a penetrar el sentido del tema principal de nuestro último Capítulo General, “evangelizare pauperibus et a pauperibus evangelizari“?
  2. Con los ojos puestos en San Alfonso debemos evitar con cuidado atribuirle afirmaciones que verdaderamente nunca hizo él. Los problemas y la visión del mundo de su tiempo no eran los de nuestros días. Podemos, sí, estudiar su vida y personalidad, procurando discernir las actitudes consonantes con nuestro tema. Haciéndolo, llegaremos a la conclusión de que, como Padre y Fundador nuestro, Alfonso consiguió unificar en su vida el amor a Cristo Redentor y el amor a los pobres. Y esta constancia podrá ayudarnos a celebrar los 200 años de herencia que nos legó el primer Redentorista.

CONVERSIÓN Y VOLUNTAD DE DIOS

  1. El recorrido vital de Alfonso, orientado hacia los pobres, puede ser estudiado a la luz de la importancia que él atribuía al “distacco” (desprendimiento) para seguir la voluntad de Dios. Este desprendimiento alfonsiano es una actitud que expresa su experiencia personal de “éxodo” y de conversión. Y esa conversión significaba la convergencia total de su vida con una nueva meta, que ya nunca perderá de vista.
  2. El desprendimiento de Alfonso era consecuencia de su deseo de descubrir la llamada del Padre Celestial. Alfonso no era hombre de una idea fija ni adepto de una utopía ideológica. Tuvo que buscar la voluntad de Dios entre los signos contradictorios de su tiempo. Sucesos, personas, sufrimientos, éxitos, sueños, inspiraciones… no bastaban para que él viera claro el camino. Alfonso lo tuvo que discernir en diálogo íntimo con el Señor. Llegaría a ser Maestro de la oración, porque sentía la necesidad vital de rezar. Se presentó ante el Señor con todos esos signos contradictorios y, a través de un diálogo de fe, brotaron las decisiones que transformarían su vida y la nuestra.
  3. Volviendo a nuestro tema, la conversión de Alfonso está resaltada en tres momentos importantes. Primero: Alfonso abandona los tribunales, gesto que no debe considerarse simplemente como fruto de la amargura por la derrota o el fracaso de la ambición. La verdad es que, en aquel momento, recibió de Dios una iluminación que provocó el desengaño del mundo en que vivía, la desilusión de una sociedad que prometía justicia pero consentía el triunfo de la injusticia precisamente en la sede del derecho. Aunque no debemos esperar de Alfonso un análisis crítico de la sociedad, ciertamente podemos divisar en su espíritu de desprendimiento una sensibilidad crítica originada por la comprensión del ambiente social en que vivía. Más allá del caso legal, se dio cuenta de la injusticia y corrupción vigentes, que invadían las costumbres, las normas y los valores de la sociedad dominante de su tiempo: “Mondo, ti ho conosciuto” (Mundo, te he conocido).
  4. El segundo momento importante de la conversión de Alfonso fue cuando asistía a los pacientes del Hospital de los incurables, un momento de profunda intensidad en que oyó pregonar las palabras: “Lascia il mondo, e datti a me” (abandona el mundo y entrégate a mí). Movido por esta voz, corrió al santuario de la Virgen a depositar su espada a los pies de la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. Un gesto profundo, con el que se separaba del mundo y cuanto él representaba. Fue un momento de apertura del corazón, de génesis de su disponibilidad a ir adonde quiera que el Señor le llevase.

7      El desprendimiento lo iba a conducir a otro mundo: el mundo de los espiritualmente abandonados. Abandonados porque eran marginados o porque no contaban para nada en la sociedad en que él habla vivido. No podemos pedir a Alfonso una comprensión de la pobreza y una opción por los pobres como hoy existe en la Iglesia. Sin embargo, no hay duda de que en su vida hizo una opción real por los pobres.

  1. Alfonso llegó a ese tercer momento de su conversión, cuando se encontraba en la región montañosa de Scala para un período de descanso. Allí descubrió otro mundo que hasta entonces casi desconocía. Allí fue donde Alfonso encontró la gente a cuyo servicio fue llamado, dedicándose a anunciar el Evangelio con todas sus fuerzas: los espiritualmente abandonados, por ser pobres. Ellos eran los destinados a ser la preocupación de toda su vida.
  2. Y así podemos ver el incentivo de su desprendimiento; fue uno de los elementos de su conversión-éxodo de un mundo, para consagrar su vida a otro mundo. Pasó del desengaño y renuncia total de un tipo de sociedad a la aceptación de otra como lugar de encuentro con Cristo Redentor.

PERPETUAR AL REDENTOR

  1. Alfonso descubrió que la voluntad de Dios referente a él se personificaba en Jesucristo. Jesús era la voluntad encarnada del Padre, la voluntad de amor salvador. Cristo será el centro de la espiritualidad de Alfonso. Cada uno de los momentos de la vida de Jesús será para él una manifestación admirable del amor salvador de Dios. Pesebre, cruz, eucaristía serán los símbolos que tornen manifiesta la fuerza pascual de la Encarnación, de la Muerte-Resurrección, del misterio del Altar que actúa en lo íntimo de la vida de Alfonso. Cristo no es para Alfonso meramente un modelo; existe entre los dos una relación profunda de amor, una especie de identificación sacramental. El vigor misionero de Alfonso crece enraizado en el de Cristo. Como la unión amorosa de Cristo con el Padre florece en el deseo de proclamar su amor a todos, así la unión amorosa de Alfonso con Jesucristo le llevó a desear que todos Lo amasen.
  2. En el ambiente de los pobres abandonados fue donde Alfonso descubrió que Cristo se había encarnado por él. Y se sintió llamado no a ver a Cristo en los pobres, sino a identificarse con el Redentor que se hizo pobre para que nosotros fuésemos ricos. La opción de Alfonso por los pobres abandonados brotaba de su identificación con Jesucristo, no de un compromiso ideológico con una clase social.
  3. Para Alfonso, María se presentaba siempre como el modelo supremo de esa “Cristificación” que él buscaba. Era el símbolo del amor misericordioso de Cristo a todos, especialmente los más abandonados. Ella, mejor que nadie, podía suscitar en otros una respuesta a ese amor.

EVANGELIZARE PAUPERIBUS

  1. Habiendo Alfonso descubierto aquéllos a cuyo servicio era llamado, comprendió que todas sus fuerzas y talentos debía dirigirlos a ese único objetivo: los pobres abandonados. Alfonso, músico y escritor, escribirá meditaciones y compondrá canciones populares; Alfonso teólogo concebirá la “vida devota” y enseñará a los confesores a ser ministros de misericordia y no de justicia con los abandonados; Alfonso rezador inventará un estilo simple de plegaria y la renovación de la misión; Alfonso obispo dará de comer a los hambrientos en tiempo de carestía. Todo en convergencia para la tarea de “evangelizare pauperibus“, llevar el Evangelio a los pobres abandonados.
  2. La opción preferencial de Alfonso por los pobres no admitía exclusiones. No rehusó su ministerio a ninguna otra clase: el clero, las religiosas y también lo nobles y los ricos. Siempre procuró estar disponible también para esos otros. Pero únicamente en vista de los más abandonados por ser pobres es por los que fue fundador. Precisamente por ellos emprenderá su acción más trabajosa: fundar una comunidad apostólica, la Congregación del Santísimo Redentor.
  3. Una comunidad destinada a hacer llegar a esa gente la forma de Alfonso de proclamación explícita, profética, liberadora del Evangelio. Debía ser una proclamación que lleva a la conversión, porque está impregnada de misericordia y de esperanza. Alfonso nunca se limitaba a denunciar el pecado; presentaba siempre un proyecto de vida nueva. No se contentaba con suscitar una respuesta inmediata; procuraba estructurar una nueva vida cristiana profunda. Aun no siendo tan consciente de la justicia social, como hoy lo somos, no se puede negar que hizo esfuerzos extraordinarios para basar la vida cristiana en la dignidad fundamental de la persona humana. Incluso tratándose de los más sencillos y más pobres. Esa dignidad inalienable de la persona humana, anterior a cualquier diferencia natural o convencional de los seres humanos, resplandece en la teología moral de Alfonso, en la que la santidad de la conciencia personal goza de primacía indiscutible sobre todas las leyes. Y, ¿no es precisamente esa afirmación de la dignidad personal de cada ser humano delante de Dios el primer acto de justicia debido a todos, y la base real de nuestra igualdad y de cualquier otro postulado de justicia social?

A PAUPERIBUS EVANGELIZARI

  1. La segunda parte del tema de este sexenio proviene de ideas y experiencias de nuestro tiempo. Pero encontramos en la vida de Alfonso cómo encontró él que los pobres tenían un mensaje para él y sus compañeros. En ese sentido podemos entender su insistencia de que los redentoristas vivieran entre aquéllos a los que son enviados. Alfonso preveía la ruina de la Congregación si ésta se desarraigaba de los pobres para plantarse en las cortes y en los palacios de la ciudad, que para él eran símbolos de una sociedad que rechazaba. Y eran símbolos poderosos capaces de perturbar las propias posiciones interiores. Lejos de los pobres, la Congregación abdicaría de su misión, porque vendría a perder la sensibilidad hacia aquéllos a cuyo servicio fue llamada, aquéllos que enseñarían a los miembros de la Congregación lo que significa la salvación para un Redentorista.
  2. Alfonso no intentó vivir una vida de solidariedad con los pobres, tal como hoy se entiende. Pero en la conducta de Alfonso tenemos tres hechos claros. Primeramente, hombre rico como era, igual que varios de sus compañeros de la primera generación, provenientes de capas altas de la sociedad de Nápoles, se exigió a sí mismo y a ellos un cambio de estilo de vida realmente significativo. Tal actitud era considerada por él no bajo el aspecto de identificación con los pobres, sino identificación con el Redentor pobre, que dejó todas sus cosas divinas para hacerse uno de nosotros. Para hallarlo, debemos volvernos pobres.
  3. En segundo lugar, Alfonso buscó siempre el contacto directo y personal con los pobres. Los pobres no eran solamente acogidos; el celo apostólico impulsaba a los misioneros a contactarlos, yendo al encuentro de los más abandonados. Alfonso tomó la iniciativa de fundar una Congregación para poder llegar a esos pobres abandonados. Su actitud pastoral era la de actuar, no sólo la de reaccionar.
  4. En tercer lugar, Alfonso no escogió una vida fundada en el pauperismo. Su sentido práctico, aliado al desprendimiento, le llevaba a discernir si los bienes materiales eran efectivamente empleados en ayudar a los congregados a acercarse a los pobres espiritualmente abandonados. Los bienes de la comunidad tenían por fin volver a ésta disponible para los pobres abandonados, a cuyo servicio era llamada. No debían constituir nunca un elemento de separación entre la comunidad y esa gente.

LA COMUNIDAD APOSTÓLICA

  1. Estos aspectos de la vida de San Alfonso van mucho más allá que una mera devoción personal; son signos de una auténtica dinámica espiritual que él dejó en herencia a la Congregación.
  2. “Seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador, en la predicación de la divina Palabra a los pobres” (Const. 1). Seguir al Redentor y vivir para los pobres constituyó siempre para Alfonso una única realidad que brotaba directamente de su experiencia viva y vivida. Ese es también el fin único de su Congregación.
  3. Pronto cayó en cuenta Alfonso de que el camino para la identificación con Cristo redentor no era una aventura individualista. Para él, fundar la Congregación no significaba simplemente crear un grupo de acción pastoral; más bien, significaba crear una comunidad apostólica que, en su ser y en su obrar, debería constituir una continua presencia salvadora del Redentor. Era la comunidad apostólica, no ya el Redentorista individualmente, quien debía ser un signo visible del Redentor. La comunidad debería esforzarse por crear en el propio ámbito una atmósfera de mutuo respeto, de reciproca ayuda y de santificación. Así es como podría convertirse en modelo vivo del Reino de Dios, reino de justicia y de paz. Y, como tal, podría predicar con autoridad y convicción a los pobres abandonados, para los que era enviada.

CONCLUSIÓN

  1. Este es nuestro San Alfonso, su retrato esbozado aquí con sólo algunos rasgos. Pero el cuadro nos parece suficiente para darnos algunas sugestiones sobre nuestra actitud referente al tema central del Capitulo General: “Evangelizare pauperibus et a pauperibus evangelizari“. Sin duda alguna, el sentido de nuestra herencia alfonsiana deba llevarnos a aceptar este lema como fruto genuino de su carisma.
  2. Estas son las ideas que el Consejo General ofrece a todos los cohermanos y a todas las comunidades con ocasión del Bicentenario de la muerte de San Alfonso. Confiamos en que sean apropiadas a este momento importante de nuestra historia.

Fraternalmente en J.M.J.A.

Juan M. Lasso de la Vega, C.Ss.R.
Superior General

El texto original de esta Communicanda es el texto inglés.

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