Un solo cuerpo: Clemente Maria Hofbauer El camino tortuoso de un misionero valiente y optimista

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No podemos hablar de “reestructuración para la misión” sin una relación directa con aquellas personas que ya la han vivido y han estado involucradas en la misión.  En esta mirada al pasado, uno de los puntos de referencia será siempre la vida misionera de nuestros predecesores y cuanto estos han hecho para llevar a cabo su vocación y misión redentorista. Y uno de estos puntos de referencia es San Clemente M. Hofbauer.

De hecho, toda su vida terrena fue un esfuerzo constante para realizar la misión recibida. No podemos enumerar, en esta breve reflexión, todos los acontecimientos -unos alegres y otros dolorosos- vividos en el cumplimiento de su misión; por eso nos limitaremos a considerar únicamente el “viaje hacia el norte” que San Clemente realizó, en su esfuerzo por llevar a la Congregación más allá de los Alpes, y que podría definirse como el “el camino tortuoso de un misionero valiente y optimista”. En particular, han llamado nuestra atención algunos acontecimientos en el camino de Roma a Varsovia y durante la estadía de Clemente en Varsovia (Cfr. Capítulos VIII-X y XIV en J. Heinzmann, S. Clemente Maria Hofbauer. Una Evangelizzazione Nuova, Verona 2009, pp. 51-63.78-80). A este respecto al final proponemos algunas preguntas que nos pueden ayudar a reflexionar sobre nuestra misión hoy.

Camino tortuoso

J. Heinzmann, nos ofrece una breve pero profunda descripción de la situación concreta del viaje de nuestro Santo hacia el Norte: “Hofbauer y Hübl, en octubre de 1785, partieron hacia el Norte, sin dinero ni destino preciso, con un propósito incierto”. (pág.51). ¿Cómo podía darse inicio a una misión (para Hofbauer y Hübl se trataba de la expansión de la Congregación) con un alcance tan incierto, un destino tan impreciso y con tan poco de dinero para vivir? Esta era verdaderamente una tarea llena de desafíos e incertidumbres. Un ejemplo concreto: en Viena -que fue la primera parada de su viaje- durante el reinado del emperador José II, se habían suprimido al menos 800 casas religiosas. Por eso, estos dos redentoristas se dieron cuenta de inmediato de que “era impensable fundar una nueva comunidad, tanto en Viena como en en Austria” (pág. 51).

Sin embargo, no se rindieron tan fácilmente ante las dificultades y Clemente y sus compañeros continuarian el trayecto hacia Varsovia. Para ellos, ese viaje fue terrible pues, como escribe Heinzmann, “avanzaban por caminos tortuosos”, y estos religiosos generalmente permanecían “empapados” durante aquel duro invierno (p. 53-54). Después de un largo viaje, llegaron a Varsovia, pero las dificultades aún no terminarían. Durante aquellos primeros días, en la casa de Varsovia donde lograron acomodarse, Clemente y sus compañeros, -dice Heinzmann-  no tenían dónde dormir, porque “faltaban camas” y había “goteras por todos lados” (p. 56). Carecían terriblemente de los elementos necesarios y los implementos básicos para vivir una vida normal. La vida misionera de este santo y sus compañeros, vivida en tal pobreza, nos puede ayudar a reflexionar sobre nuestra propia vida hoy.

Además de las dificultades cotidianas y materiales, Clemente y sus compañeros estuvieron sumergidos en un contexto histórico sombrío e inundado de animadversión. Heinzmann nos dice: “más que por la terrible situación económica de estos primeros años, la causa de sus sufrimientos eran las actitudes hostiles hacia ellos” (p. 56). Eran odiados a pesar de que no hacían nada malo, como escribió Hofbauer en Viena en enero de 1788: “Aquí nos odian porque somos alemanes” (p. 56). Sabemos bien que en ese momento se había dado una guerra terrible que involucró a muchos países (Rusia, Prusia, Austria, Alemania y Francia). En Varsovia, por ejemplo, en 1793, hubo un verdadero baño de sangre: “mucha sangre corre por las calles […]. Las plazas y los callejones están cubiertos de cadáveres” (p. 57).

Dicho esto no pretendemos hacer una simple comparación entre la misión de Clemente y la nuestra hoy: cada contexto histórico tiene sus propias dificultades y desafíos; pero es importante reconocer que la verdadera vida de todo misionero involucra un camino arduo y difícil, no solo hacia la redención propia y la de los demás, sino también a causa de los acontecimientos económicos y sociales de la vida cotidiana. Si bien, es innegable que la vida misionera no es fácil, también es cierto que es posible optar por vivir esta vida de manera audaz. La manera como Clemente vivió su vida, y todo cuanto hizo, son un testimonio de ello.

Misionero audaz y seguro de sí mismo

Sabemos que fue la casualidad la que hizo que los Redentoristas se detuvieran en Varsovia. Pero, más allá de un evento casual, también podemos descubrir la forma de actuar de Dios en sus vidas: de la perdición del hombre, Dios puede llevar a cabo su plan y otorgarle al hombre su victoria.

Cuando aceptaron trabajar en Varsovia, a los Redentoristas se les pidió reconstruir una iglesia, incluidos los edificios contiguos, que “estaba abandonada y en mal estado” (p. 55). Cuántas dificultades tuvieron que afrontar nuestros misioneros: un alojamiento pequeño y estrecho, limitaciones económicas; en relación con el trabajo pastoral, se les encargó también de reanimar una iglesia que estaba abandonada y de darle vida a una escuela para niños alemanes pobres. Pero, ¿cómo era posible trabajar en tales condiciones? Apenas se podía sobrevivir y cumplir con esta misión. Sin embargo, con fe, celo apostólico y dinámica pastoral, San Clemente y sus cohermanos, de aquello que estaba a punto de derrumbarse, construyeron el gran San Benón – “una iglesia, en la que uno tenía la impresión de estar en una continua fiesta ” (p. 66 ).

Aunque esta era una “época difícil”, los misioneros tenían qué buscar el camino de salida. En este sentido, San Clemente es un verdadero modelo para nosotros, especialmente en el ministerio pastoral. Según Heinzmann, Clemente supo “discernir las necesidades pastorales de la época y las situaciones concretas del lugar. El principio rector de sus iniciativas no se encontraba en los artículos de ley del Gobierno ni en la Regla de la comunidad. Este misionero auténtico recibía mucho más de la vida concreta. En las situaciones difíciles de la época sabía leer una llamada de Dios. Los hechos y la realidad eran para él expresión de la voluntad divina” (p. 79). Aquello que en realidad contaba para nuestro Santo no era tanto una determinada forma de actuar, sino el hecho de que la voluntad divina se encontraba en las situaciones difíciles del momento y en los acontecimientos cotidianos. Con este principio y con el amor a Dios y a los abandonados, San Clemente “encontró nuevos caminos para realizar el ideal del Redentorista” (p. 79), que es “la abundante Redención” que “alcanza a todo el hombre” y perfecciona y transfigura todos los valores humanos ”(Const. 6). En el modo dinámico y ferviente del ejercicio pastoral de San Clemente, es donde podemos encontrar verdaderamente uno de los puntos cruciales de la vida apostólica de los misioneros redentoristas: “Según las circunstancias se interrogarán constantemente qué es lo que conviene hacer o decir” (Const. 8). A pesar de todas las dificultades económicas y sociales a las que se enfrentaron durante cerca de veinte años en San Benón, San Clemente estaba plenamente convencido de que “el sustento de San Benón era el continuo milagro que otorgaba la divina Providencia”. (pág.63).

Hablando de San Clemente en el período 1787-1808, Heinzmann concluye de manera breve con estas palabras: “A pesar de sus limitaciones, este hombre llevaba dentro de sí un corazón sin fronteras” (p. 80). La expresión “un corazón sin fronteras” podría estimular también nuestra vida consagrada, nuestro ministerio pastoral y nuestras relaciones. En San Clemente, realmente vemos un corazón sin límites que tiende hacia Dios, hacia los cohermanos y hacia las personas. Tal “corazón sin fronteras” nos exige, ciertamente, una inmensa apertura al otro, la aceptación de las adversidades de la vida y del trabajo, una disponibilidad fraterna a las necesidades de los pobres y un compromiso ardiente con todo lo que Dios nos ofrece en los acontecimientos del diario vivir.

Preguntas para la reflexión

1. ¿Tenemos la audacia necesaria para emprender la misión redentorista en un lugar nuevo, sin seguridades ni garantías, como lo hicieron nuestros predecesores?

2. Si, como San Clemente lo veía, Dios nos pusiera en una situación adversa (económica, social o histórica) ¿cuál sería nuestra reacción?

3. En un mundo complejo y contradictorio como el de hoy, ¿cuáles serían las iniciativas de nuestra vida consagrada y misionera como redentoristas?

4. Como redentoristas en nuestro mundo herido (manipulado por los medios de comunicación e influenciado por el consumismo, etc.), ¿qué podríamos hacer en concreto (hic et nunc) para vivir realmente nuestra vocación?

Oración

Oh Dios, tu providencia permite que
el reino de Cristo se extiende hasta los confines de la tierra
y haces partícipe a todos los hombres de los beneficios de la redención.
Enciende con tu fuego el corazón de cada Redentorista
Para que, conscientes del llamado que hemos recibido,
podamos trabajar por la salvación todas las criaturas,
hasta que todos los pueblos crezcan como una sola familia
y se reconozcan pueblo de tu propiedad
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Redentor.

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UN SOLO CUERPO es un texto de oración propuesto por el Centro de Espiritualidad Redentorista.

Esta reflexión fue escrita por: John NGUYỄN NGỌC HẢI, CSsR.

Traducción: Cristian Bueno, CSsR

Para más información: Piotr Chyla CSsR (Director del Centro de Espiritualidad, Roma) – fr.chyla@gmail.com.

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