La cruz ¿Buena Noticia?

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(El texto original en español está publicado en el Blog de la Academia Alfonsiana)

Las teólogas mujeres, desde diferentes enfoques, se han preguntado si Jesucristo1, por ser varón y por las interpretaciones patriarcales y machistas de su evento, podría tener un valor salvífico para las mujeres2 y, en este sentido, se han preguntado además si la cruz, como símbolo y realidad histórica, podría ser un evento redentor, una «buena noticia» para las mujeres. Desde ya, se podría decir que una cierta comprensión del misterio de la muerte de Jesucristo, donde se han subrayado en demasía el aspecto sacrificial, de satisfacción, de sufrimiento, de obediencia ciega, de dolorismo, en aras de un cielo prometido, solo después de haber “necesariamente” sufrido («atravesando este valle de lágrimas»), no hace justicia al corazón de la revelación, por ende, no es «buena noticia» ni para las mujeres ni para nadie.

El mensaje que el sufrimiento debe ser aceptado, soportado, dentro de un esquema de “sumisión” a Dios y a los que detentan su poder o representación, en las Iglesias cristianas ha hecho mucho más que solo daño “espiritual”. Ha violentado personas y consciencias, ha dañado física y psicológicamente a mujeres y a hombres, a niñas/os y adultos3. Muchos discursos sacrificiales, acompañados con la necesidad de completar los dolores de la pasión sufrida por Jesús, e insistiendo en que nuestro padecer no era nada en comparación con los terribles tormentos sufridos por Nuestro Señor, han generado actitudes sino enfermizas al menos bastante alejadas del mensaje liberador del acontecimiento pascual de Nuestro Redentor4.

Algunas teólogas han buscado repensar los datos teológicos, con relecturas de los evangelios y de la tradición, llegando a proponer algunas posibles interpretaciones superadoras del evento de la cruz en orden a que pudiera ser una «buena noticia» para las mujeres5. Desde los aportes de diferentes teólogas podemos decir que el misterio de la cruz puede ser asumido, solo si se es capaz de liberarse de todas las interpretaciones del misterio de Jesucristo condicionadas por el marco patriarcal, el androcentrismo y la misoginia; y superando aspectos sacrificiales parciales, reductivos y, sobre todo, deshumanizantes. Por eso, ellas han ofrecido relecturas, dado prioridad al evento integrador e incluyente de la Pascua, repensando el tema del sufrimiento y la muerte en cruz; asimismo repensaron la dimensión humana de Jesús, repensando las imágenes clásicas que ofrece la Biblia y reconsiderando desde una perspectiva relacional el papel de la mujer en la revelación y en particular las relaciones de Jesús con las mujeres; además repensaron la corporalidad de Jesús y los aspectos eróticos de la revelación; finalmente, ejerciendo el método deconstructivo-constructivo repensaron la cristología en un sentido más pneumatológico, sapiencial y profético.

Desde una visión de conjunto, que considera los diferentes aportes de la renovación cristológica operada fundamentalmente después del Vaticano II, y considerando de modo privilegiado el aporte de las teólogas, podríamos indicar al menos dos puntos claves para aceptar la cruz como «buena noticia» para todos y todas.

La cruz, ante todo, es signo de la máxima solidaridad del amor encarnado, asumiendo hasta sus últimas consecuencias el misterio del mal en la historia. En este sentido, todas las personas, y especialmente aquellas que sufren las consecuencias de los males deshumanizantes de la historia, pueden encontrar en la cruz no un “refugio”, sino una fuerza sapiencial-profética que les permite ver que el mal, el dolor, el sufrimiento, aunque fuertes y prepotentes, no tienen jamás la última palabra, porque el «amor es más fuerte». Las mujeres han sabido cargar con las/os crucificadas/os de la historia, poniendo como Jesús sus propios cuerpos, de forma comprometida y solidaria, no para rendirles culto, sino para bajarlos de esas cruces, que como todas las cruces a lo largo de la historia son signo de la máxima ignominia y violación de toda dignidad humana.

La cruz, de consecuencia, es la fuente de la vida nueva mediante una praxis de resucitar a las/os crucificadas/os, que conlleva asumir la historia como lugar de realización del reinado de Dios (diría san Alfonso «el paraíso de Dios es el corazón del ser humano»6), buscando presentar la belleza de la vida mediante los entretejidos complejos y contradictorios de la vida misma; las mujeres, en este sentido, llevan sin duda la delantera, no solo especulativa sino sobre todo existencial.

Terminemos dejando hablar a una gran teóloga7, que, con una imagen pascual, nos revela aspectos significativos del misterio de Jesucristo:

Los textos sobre la tumba vacía son ambiguos en la medida en que dejan sin resolver lo que realmente aconteció con el cuerpo de Jesús. Los relatos que contienen dan valor a una práctica compasiva consistente en honrar a quienes se les ha dado muerte de forma injusta. Celebra a las mujeres como testigos fieles que no abandonan su compromiso y solidaridad con los que caen en la lucha en contra de los poderes deshumanizadores. Y lo más importante es que afirman que la lucha de Jesús no terminó con su ejecución y muerte. ¡La tumba está vacía! Pero el Viviente no se «va», no nos deja luchar solos mientras él «sube al Padre» para vivir en la gloria celestial. La tumba vacía no significa una ausencia sino una presencia: anuncia la presencia del Resucitado que va delante en el camino, en un espacio particular de lucha y reconocimiento como es Galilea. El Resucitado está presente en los «insignificantes», en las luchas por sobrevivir de los empobrecidos, hambrientos, encarcelados, torturados y asesinados, en los desgraciados de la tierra. La tumba vacía proclama la presencia del Viviente en la ekklesia de mujer*s reunidas en el nombre de Jesús, en los rostros de nuestras abuelas que han luchado por su supervivencia y por su dignidad. Jesús va delante; no se va: eso es lo que se les dice a las mujeres en los Evangelios, y a nosotros con ellas (…) Si situamos las críticas feministas de la teología de la cruz dentro de tal marco de sentido preconstruido y de carácter masculino-mayoritario, entonces los rechazos teológicos feministas de la comprensión de la muerte de Jesús como autosacrificio, obediencia radical y expiación se vuelven totalmente comprensibles (…) Solo si situamos las articulaciones cristológicas feministas dentro del espacio ambiguamente abierto de la «tumba vacía» y del «camino» abierto «a Galilea», podremos rechazar todas las interpretaciones «platónicas», «espiritualistas» que entienden el sufrimiento y la victimización como «reveladoras» de una realidad más elevada, más importante, de una vida mayor y más valiosa que las vidas de los que son «crucificados» diariamente.

p. Antonio Gerardo Fidalgo C.Ss.R.


1 Cf. Elisabeth SCHÜSSLER FIORENZA (1938), Cristología feminista crítica. Jesús, Hijo de Miriam, Profeta de la Sabiduría, Trotta, Madrid 2000, espec. 141-182; JOHNSON, Elizabeth A. C.S.J. (1941), Consider Jesus. Waves of Renewal in Christology, Crossroad, New York 1990; La cristología hoy. Ola de renovación en el acceso a Jesús, Sal terrae, Maliaño 2003; Julie M. HOPKINS (1956), Verso una cristologia femminista. Gesù di Nazareth, le donne europee e la crisi cristologica, Queriniana, Brescia 1996; Milena MARIANI – Mercedes NAVARRO PUERTO (1951), Percorsi di cristologia femminista, San Paolo, Roma 2022; Recorridos de cristología feminista, Trotta, Madrid 2023.

2 Cf. Rosemary RADFORD RUETHER (1936-2022), Sexism and God-Talk. Toward a Feminist Theology, Beacon Press, Boston: 1983, spec. 116-138; Doris Jean DYKE (1930-2021), Crucified Woman, United Church Publishing, Toronto 1991; Mary C. GREY (1941), Christian Feminist Spirituality of Redemption as Mutuality-in-Relation (PhD thesis), University of Louvain, Louvain 1987; Feminism, Redemption and the Christian Tradition, Twenty-Third, Mystic (CT) 1990.

3 No pocas teólogas desde estas experiencias no han reconocido valor alguno en la cruz para las mujeres: Joanne Carlson BROWN (1975) – Carole R. BOHN (eds.), Christianity, Patriarchy and Abuse. A Feminist Critique, Pilgrim Press, Nueva York 1989. Rita NAKASHIMA BROCK (1950), Journeys by Heart. A Christology of Erotic, Power Crossroad, Nueva York 1988.

4 Cf. François-Xavier DURRWELL (1912-2005), Cristo Nuestra Pascua, Ciudad Nueva, Madrid 2003, espec. «Jesús constituido redentor», 47-68; Jon SOBRINO (1938), La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas, Trotta, Madrid 1999.

5 Cf. Nicole SLEE, «Visualizing, Conceptualizing, Imagining and Praying the Christa», in Feminist Theology 21 (2012) 71-90; Women’s Faith Development. Patterns and Processes, Routledge, New York 2004; Elizabeth A. JOHNSON (1941), Creation and the Cross. The Mercy of God for a Planet in Peril, Orbis Books, New York 2018.

6 ALFONSO DE LIGUORI, Modo di conversare alla famigliare con Dio, in ID., Opere ascetiche, vol. I, Redentoristi, Roma 1933, 316, n. 5.

7 E. SCHÜSSLER FIORENZA, Cristología feminista crítica, 180-181. Sobre la Autora ver un significativo artículo, en: https://www.osservatoreromano.va/it/news/2023-03/dcm-003/teologia-femminista-una-pietra-miliare.html

(el texto es una referencia al original no autorizado para su publicación)