La vocación redentorista es una llamada que nos empuja a servir a los más pobres y abandonados de nuestro tiempo

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¡Quien ama su vocación la promueve!

Promover la propia vocación es, ante todo, amar el proyecto al que fuimos llamados y querer que este proyecto siga vigente en el tiempo. Es un signo de amor a la propia vocación, como nos dicen las Constituciones Redentoristas:

“…Todos los cohermanos, por tanto, en la medida de la estima y el amor a la propia vocación, se dedican al apostolado de la promoción de las vocaciones para la Congregación” (Const. 79).

Asumir tu vocación es encontrar tu lugar en el mundo.

Por eso, en este día queremos recordar el valor de nuestra vocación, que se resume en dar por el Reino de Dios, buscando anunciar el Amor y la Misericordia de un Dios que quiere vida para todos y vida en abundancia (Juan 10:10), es decir, la Copiosa Redención.

La vocación es don

El propio San Alfonso ya advertía en sus Cartas Circulares: “Tened en gran estima de vuestra Vocación, la gracia más grande que Dios os pueda dar después del beneficio de la Creación y de la Redención. Agradece cada día a Nuestro Señor, llenándote de gran temor de perderla” (Carta Circular, 8 de agosto de 1754).

La vocación es servicio.

Asumir tu vocación es encontrar tu lugar en el mundo. Es darnos cuenta de que Dios nos guía y quiere contar con nosotros en su proyecto de amor a la humanidad. Por tanto, continuamos la acción de Jesús Redentor hoy en nuestra historia cuando asumimos, con fe y valentía, la llamada que Él nos hace: “Id y haced discípulos” (Mt 28, 19).

La vocación es misión

Cada llamada nos sitúa en una dimensión misionera. Nuestra Vocación Redentorista es una llamada que nos impulsa a servir a los más pobres y abandonados de nuestros tiempos para que, como el mismo Redentor, podamos dar vida nueva a las personas, devolviéndoles su dignidad de persona humana, criatura amada por Dios. !

Por eso, como Redentoristas, Dios nos da el don de servir en la Misión. Es una vocación llena de una experiencia única de estar entre la gente, asumiendo la humildad, la sencillez y la atención de Jesús hacia las personas. ¡Somos, por tanto, memoria viva del Redentor! Este es un don que debe reflejarse en el servicio para no obstaculizar la Misión de Jesús. ¡Vale la pena ser Redentorista!

P. Lucas Emanuel, C.Ss.R.
(www.a12.com)

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