Con motivo de la Navidad de 2025, el P. Rogério Gomes, Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor, dirige a toda la Familia Redentorista un mensaje lleno de fe, gratitud y urgencia misionera. En el Jubileo de la Esperanza y del 300 aniversario del nacimiento de San Gerardo, el P. Gomes recuerda que el Niño de Belén no es solo el símbolo de la cercanía y la ternura de Dios, sino también el impulso que nos envía a la misión.
Inspirándose en el Evangelio de la misericordia y en el carisma de San Alfonso, el Superior General anima a los Redentoristas a vivir la misión con pobreza evangélica, itinerancia y confianza, convirtiéndose en «misioneros de la esperanza siguiendo los pasos del Redentor», especialmente allí donde la guerra, la pobreza y el sufrimiento parecen apagar toda luz.
El padre Rogério expresa además su profunda gratitud a todos los que apoyan y encarnan esta misión: el Consejo General, los colaboradores de la Curia, los Superiores Mayores, los hermanos en contextos diversos y a menudo difíciles, los miembros enfermos y sufridos, los obispos, los formandos, los colaboradores laicos, las hermanas contemplativas y la más amplia Familia Redentorista. «Vuestro testimonio —escribe el P. Gomes— es un signo concreto de la Redención en un mundo sediento de esperanza».
Para concluir, el Superior General encomienda la Congregación a la intercesión de María, Madre del Redentor, y a los santos redentoristas, para que todos los miembros de la Familia Redentorista puedan seguir siendo verdaderamente «misioneros de la esperanza siguiendo los pasos del Redentor».
A continuación se reproduce el texto íntegro del mensaje del P. Rogério Gomes CSsR:
Roma, 25 de diciembre 2025
Solemnidad de la Natividad del Señor
Misioneros de la Esperanza tras las huellas del Redentor
AÑO DEDICADO A LA MISIÓN
El Señor nos envía como misioneros y peregrinos de la Esperanza en un mundo herido
Lc 4,16-19, Mc 6,7-12, Lc 9,2-6, Sal 130,7 Const. 1-20, Est. 01-020
Queridos Cohermanos, Obispos, formandos y Familia Redentorista:
- Al celebrar el misterio luminoso de la Navidad, somos invitados a contemplar, con corazón reverente, al Dios que, por amor, se hizo uno de nosotros. El Niño de Belén nos revela la cercanía divina, la ternura de la Redención y la esperanza que nunca defrauda (cf. Jn 1,14; Lc 2,10-12; Is 9,5-6; Rom 5,5).
- En el contexto del Jubileo de la Esperanza, del Año de la Misión y de la conmemoración de los 300 años del nacimiento de san Gerardo, el misterio del nacimiento de Cristo resuena con fuerza renovada como impulso vital de nuestra fe: Dios viene a nuestro encuentro para enviarnos en misión. Así como Jesús, que «vino a anunciar la Buena Noticia a los pobres, a proclamar la liberación a los cautivos, a devolver la vista a los ciegos y a poner en libertad a los oprimidos» (Lc 4,16-19), también nosotros somos llamados a continuar su misión, viviendo en espíritu de pobreza, itinerancia y confianza en la providencia (cf. Mc 6,7-12; Lc 9,2-6), como verdaderos discípulos enviados al mundo.
- De este modo, la vida de cada cohermano, marcada por la simplicidad evangélica y la entrega pastoral, expresa el ideal de nuestras Constituciones, que nos exhortan a ser «firmes en la fe, alegres en la esperanza, fervorosos en la caridad, encendidos en celo, humildes y siempre dedicados a la oración» (Const. 20). Por medio de la predicación, la escucha, la comunión de vida y la presencia entre los más olvidados, damos testimonio auténtico de Cristo Redentor, razón de nuestra consagración y modelo de nuestra misión. Como cuerpo misionero, estamos llamados a anunciar la copiosa Redención con un lenguaje accesible, corazón compasivo y la audacia evangélica heredada de san Alfonso.
- En esta ocasión tan especial, deseo expresar mi profunda gratitud a todos aquellos que, con generosidad y espíritu de servicio, han colaborado a lo largo de este año en favor de nuestra misión redentorista en los distintos lugares donde estamos presentes.
- Agradezco de manera particular al Consejo General por su trabajo incansable y en equipo, así como por la confianza, la disponibilidad y el espíritu de colaboración. A los oficiales y colaboradores de la Curia General, y a los diversos secretariados y comisiones, expreso igualmente mi gratitud por su servicio competente, generoso y discreto, realizado con constancia y dedicación en favor de la animación de la vida apostólica de nuestra Congregación.
- Con sincera estima, extiendo mi agradecimiento a los Superiores Mayores y a los Coordinadores de las Conferencias, quienes, con sabiduría, discernimiento y celo pastoral, han sido signo de comunión y dinamismo en la animación de los cohermanos en las más diversas realidades. De modo especial, agradezco su empeño en conducir el proceso de reestructuración para la misión, buscando responder con fidelidad creativa a la lectura de los signos de los tiempos y afrontando con coraje los desafíos que este momento histórico nos presenta.
- A cada cohermano redentorista, en las diversas labores pastorales que sirven, expreso mi sincero agradecimiento por la fidelidad, la dedicación y el entusiasmo con que mantienen vivo el ardor de nuestro carisma, anunciando la Buena Nueva a los más pobres y abandonados, especialmente en contextos de guerra, sufrimiento y extrema pobreza. Por medio de su testimonio de vida, se convierten en presencia misericordiosa de Cristo, signo concreto de esperanza y verdadero refugio para quienes más sufren, cumpliendo generosamente la misión de dar a conocer la copiosa Redención.
- Recuerdo de modo especial a los cohermanos enfermos, quienes, con el don de su sufrimiento, continúan, en medio del dolor y del silencio, ofreciendo su vida dies impendere pro redemptis(Const. 55). Su presencia silenciosa es fuente de gracia y un elocuente signo de fidelidad. Recuerdo también, con ternura y solidaridad, a aquellos que atraviesan momentos de prueba en su vida personal, en la misión o en su camino vocacional. Que se sientan sostenidos por la oración de la Congregación y fortalecidos por la ternura del Redentor.
- A los cohermanos obispos, que ejercen el ministerio episcopal con espíritu redentorista, expreso mi sincera gratitud por su dedicación generosa en la animación del Pueblo de Dios en las más diversas realidades pastorales. Que la ternura del Redentor continúe iluminando y fortaleciendo el ministerio de cada uno, a la luz de nuestro carisma misionero.
- Dirijo una palabra especial a los formandos, quienes, con entusiasmo y alegría, avanzan con decisión en el camino de la consagración al Redentor. Su presencia entre nosotros es un signo elocuente de renovación y esperanza para toda la Congregación. ¡Que el Señor los fortalezca cada día en la perseverancia y en la fidelidad a su llamada!
- A los laicos y laicas asociados a nuestra misión, a las Hermanas Redentoristinas por acompañarnos con sus oraciones y a toda la Familia Redentorista, expreso nuestra gratitud por la fraterna comunión y el compromiso compartido en la misión evangelizadora. Juntos somos una expresión viva, fecunda y actual del carisma de san Alfonso en el mundo de hoy.
- En esta Navidad, que María, Madre del Redentor y estrella de la misión, nos acompañe con su tierna y constante intercesión. Que nuestros santos, mártires y beatos redentoristas nos inspiren con el testimonio de su fidelidad y entrega total al Evangelio para que, guiados por su ejemplo, sigamos siendo verdaderamente «misioneros de la esperanza tras las huellas del Redentor».
¡FELIZ NAVIDAD A TODOS Y UN BENDECIDO AÑO NUEVO!
Fraternalmente,
P. Rogério Gomes, C.Ss.R
Superior General
Original: español




