El sábado 7 de febrero de 2026, unos 70 cohermanos se reunieron en línea con el Padre General, P. Rogério Gomes, y los miembros del Consejo General para un momento de agradecimiento y reflexión sobre el papel misionero de la enseñanza redentorista.
El encuentro, dirigido a los profesores redentoristas que trabajan en universidades, facultades, institutos, seminarios mayores y a los profesores eméritos, fue una oportunidad para celebrar el servicio académico y la misión educativa de la Congregación. El Padre General, P. Rogério Gomes, abrió el encuentro expresando su gratitud por la participación de todos.
«Vuestra presencia manifiesta de manera concreta el aprecio por la misión común y el sentido de corresponsabilidad en la vida y la misión de la Congregación», afirmó el P. Rogério, destacando la importancia de un servicio que va más allá de la mera transmisión de contenidos científicos.
En su discurso, el Padre General ofreció una profunda reflexión sobre el papel del profesor redentorista, que no se limita a enseñar, sino que acompaña a los estudiantes en el desarrollo integral de la persona humana. La misión educativa, subrayó, es una formación de la conciencia, arraigada en el carisma redentorista y orientada a valores como la justicia, la solidaridad y la esperanza.
«Considero fundamental reforzar nuestro diálogo institucional y hacer más visible la contribución específica de la ciencia redentorista que brota de nuestro carisma», afirmó el P. Rogério, animando a los profesores a estimular en los jóvenes una sana curiosidad intelectual y una formación sólida, entendida como responsabilidad ética, humana y eclesial.
En un mundo marcado por la superficialidad, la fragmentación de la información y la pérdida de la memoria histórica, el Padre General recordó que la formación no es un mero cumplimiento académico, sino una obligación moral para quienes se inspiran en el carisma redentorista.
Tras el discurso del Padre General, el P. Andrzej Wodka, profesor de la Pontificia Academia Alfonsiana y moderador del encuentro, guió el diálogo invitando a los participantes a compartir sus experiencias, preocupaciones y esperanzas. Algunos hermanos y una misionera laica aprovecharon la ocasión para aportar su testimonio, enriqueciendo el diálogo con ideas para la reflexión y propuestas concretas.
El Padre General, que participó activamente en el diálogo con gran atención, agradeció finalmente a los participantes su generoso servicio y su compromiso con la formación de las personas. Concluyó el encuentro con una breve oración y una bendición.
A continuación publicamos el texto completo del discurso del Padre General Rogério Gomes.
Scala News
MENSAJE PARA LOS PROFESORES REDENTORISTAS
Estimados hermanos Profesores:
1. En primer lugar, me gustaría expresar mi sincero agradecimiento por la presencia de cada uno de ustedes en este momento tan importante de encuentro, aunque sea en línea. Les agradezco especialmente su disponibilidad y espíritu de colaboración, que los llevó a reservar este tiempo, aun siendo sábado. Soy muy consciente de que, durante la semana, los numerosos compromisos académicos, pastorales y comunitarios hacen muy difícil conciliar las agendas. Por esta razón, su presencia manifiesta de forma concreta el aprecio por la misión común y el sentido de corresponsabilidad en la vida y misión de la Congregación.
2 Deseo expresar un sincero agradecimiento a todos quienes hicieron posible la realización de este encuentro: a los miembros del Consejo General por su presencia, al Secretario General por la dedicada organización, al servicio de Comunicación de Scala News y a los traductores, cuyo trabajo fue fundamental para el buen desarrollo de la jornada. Un reconocimiento especial merece el P. Andrzej Wodka, profesor de la Pontificia Academia Alfonsiana, quien aceptó amablemente moderar este encuentro.
3. Esta es una iniciativa sencilla, pero marcada por una profunda intencionalidad: expresar reconocimiento y gratitud por la labor que cada uno de ustedes realiza en ámbitos múltiples y diversos: en las casas de formación redentoristas, en escuelas, institutos, facultades y universidades; en la asesoría especializada; en la reflexión teológica al servicio de distintos sectores; en las funciones administrativas y de gestión institucional; así como en contextos secularizados y en un diálogo fecundo con otros saberes. Es, sin duda, una verdadera misión, ejercida con competencia, fidelidad y espíritu apostólico. Recuerdo con cariño y estima a todos los profesores eméritos por el trabajo realizado, así como a aquellos que entregaron su vida y hoy están con el Padre celestial. Recuerdo de manera especial a nuestro cohermano, el Prof. Andreas Resch, C.Ss.R., quien nos ha dejado en estos días a la edad de 92 años. A todos, un sincero agradecimiento.
4. No es casual que esta reunión forme parte del tema anual de la Congregación: «El Señor que nos envía como misioneros y peregrinos de esperanza en un mundo herido». Se trata, por tanto, de un reconocimiento por parte del Gobierno General de la importancia y relevancia del servicio que ustedes realizan. El trabajo académico a menudo no se percibe plenamente, ya que se desarrolla en el silencio de la reflexión, en la investigación paciente y, no pocas veces, en pequeños grupos. Sin embargo, es una labor fundamental, pues muchas otras vocaciones y servicios dependen de la misión del profesor y, a través de ella, la Congregación continúa sirviendo a la Iglesia y al mundo con inteligencia, fe y esperanza.
5. La misión del profesor es creer en el potencial del ser humano, incluso cuando los resultados no son inmediatos ni visibles. Esto recuerda una escena de la película Mr. Holland’s Opus (1995), en la que el profesor Holland, ya al final de su vida profesional, descubre que su obra más grande no fue una composición musical escrita en partituras, sino las vidas que ayudó a formar. Entre líneas, la película narra la historia silenciosa de un educador que, con paciencia, dedicación y amor, siembra talentos, despierta vocaciones, acompaña fragilidades y transforma destinos, a menudo sin aplausos inmediatos.
6. En una escena icónica, una de sus alumnas, Gertrud Lang, a pesar de tres años de esfuerzo, sigue desafinando al tocar el clarinete y comienza a pensar en abandonar la música. Ante su frustración y después de un hermoso diálogo sobre la música, el profesor le pregunta: «Cuando te miras al espejo, ¿qué es lo que más te gusta de ti misma?». Ella responde: «Mi cabello». «¿Por qué?», insiste él. «Porque mi padre siempre dice que parece un atardecer». Entonces el profesor le dice: «El sonido del atardecer. Cierra los ojos». A partir de esta invitación sencilla y profunda, la estudiante supera sus dificultades, descubriendo que aprender también significa confiar, sentir y creer en sí misma.
7. Como en toda misión educativa, la verdadera labor del profesor no se mide solo por los contenidos transmitidos, sino por la confianza que deposita en sus estudiantes y por la esperanza que mantiene viva, creyendo que cada persona puede crecer, cambiar y florecer mediante una educación humanizada. Una educación humanizada va más allá de la simple transmisión de contenidos: busca el desarrollo integral de la persona, articulando capacidades personales, morales y sociales. Involucra a profesores y estudiantes en una manera de vivir, estudiar y actuar inspirada en el humanismo solidario; promueve el encuentro y el diálogo, valora la diversidad de talentos y se abre a la realidad social, generando solidaridad, comunión y participación. Creo que todo esto está profundamente vinculado con el concepto mismo de redención.
8. A la luz de estos elementos, podemos afirmar que el profesor redentorista se inspira en ideales académicos y en los principios de una vida auténticamente humana. Es un educador que enseña a pensar a la luz de la fe, promoviendo una inteligencia crítica profundamente unida al discernimiento evangélico. Su servicio educativo ayuda al estudiante a buscar la verdad que libera e integrar el conocimiento con el sentido de la vida y de la misión. Educa de manera integral, articulando el saber académico, la conciencia moral, la espiritualidad y el compromiso social, formando hombres y mujeres capaces de unir competencia profesional, solidez ética y sensibilidad pastoral. No se limita a transmitir contenidos, sino que acompaña procesos personales y formativos con cercanía y misericordia, reconociendo el potencial y la fragilidad de cada estudiante, con especial atención a los más vulnerables, al estilo del Buen Pastor.
9. Como misionero de esperanza, transmite valores evangélicos como la justicia, la solidaridad, la responsabilidad, la compasión y la esperanza, manteniendo a los pobres y abandonados —destinatarios privilegiados de la misión redentorista— en el centro de la formación. Al mismo tiempo, abre horizontes misioneros, ayudando al estudiante a leer la historia y la realidad a partir de los signos de los tiempos, despertando una conciencia crítica frente a la injusticia y una disposición concreta para servir. Consciente de que, en el carisma redentorista, la vida del educador no puede separarse de su misión formativa, sabe que esta es parte constitutiva de la pedagogía misma y expresión concreta de caminar, junto con otros, tras las huellas del Redentor.
10. La Constitución Apostólica Sapientia Christiana recuerda que los profesores, en virtud de la responsabilidad particular que se les confía en el ejercicio de un verdadero ministerio de la Palabra de Dios, están llamados a ser, para los estudiantes, maestros en la fe; para sus oyentes y los demás fieles, testigos de la verdad viva del Evangelio; y, para toda la comunidad eclesial, ejemplos de fidelidad a la Iglesia.
11. Vivimos tiempos complejos, marcados por rápidas transformaciones y por una multiplicidad de discursos que a menudo generan confusión y desorientación. Este es nuestro tiempo. No debemos temerlo. Es precisamente en él donde estamos llamados a actuar, trabajando con las categorías heredadas de nuestra investigación, pero también desarrollando nuevas, a partir de una lectura atenta de los signos de los tiempos y de los tiempos de los signos.
12 En este contexto, el pensador francés Edgar Morin nos desafía, a través de la teoría de la complejidad, a comprender la realidad más allá de visiones fragmentadas y reduccionistas, tanto del conocimiento como de la sociedad. Su reflexión nos ayuda a superar enfoques excesivamente cartesianos y dualistas, propios de un pensamiento polarizado, abriéndonos a una lectura más integrada de la realidad. Conocer, por tanto, no significa separar, sino relacionar las distintas dimensiones de la realidad entre sí y con la vida humana en sociedad.
13. Como redentoristas, en este horizonte, se nos impone una verdadera misión redentora: la formación de la conciencia. Y hablar de formación de la conciencia significa ir mucho más allá de su aspecto estrictamente moral. Se trata de promover y articular diversos niveles y tipos de conciencia: una conciencia histórica, capaz de comprender los procesos, las rupturas y las continuidades de la realidad; una conciencia bíblica, profundamente enraizada en la Palabra de Dios y atenta a su interpretación en el hoy de la historia; una conciencia misionológica, sensible a los contextos, a los destinatarios y a las nuevas fronteras de la misión; una conciencia litúrgica, capaz de expresar y alimentar la fe de la Iglesia, destacando siempre el misterio pascual de Cristo; una conciencia moral, orientada por el discernimiento evangélico y por la responsabilidad del actuar personal y comunitario; una conciencia catequética, orientada a la transmisión significativa de la fe; y, finalmente, una conciencia abierta al pensamiento transdisciplinar, capaz de integrar los saberes, superar fragmentaciones y favorecer una lectura más amplia, crítica y sapiencial de la realidad y de la misión.
14. Los profesores redentoristas cumplen una doble función esencial: formar ad intra y ad extra. Sin embargo, en el ámbito ad intra, en algunos contextos, la realidad educativa muestra su fragilidad. No es raro encontrar un reconocimiento insuficiente del papel específico de los profesores en la vida de la Congregación, tensiones en la comprensión de la misión formativa frente a la misión pastoral directa, así como cierta rigidez en la articulación entre el magisterio académico y el servicio apostólico. Estas dinámicas terminan empobreciendo la vida institucional y favorecen el aislamiento de la comunidad académica respecto del conjunto de la vida y misión de la Congregación. Esta situación nos interpela a un esfuerzo consciente de integración y mejora. Resulta esencial que los responsables locales y los organismos de gobierno reconozcan esta dimensión constitutiva de la misión redentorista y puedan contar con personas calificadas, capaces de contribuir de manera articulada y complementaria en los diversos ámbitos del saber y de la práctica pastoral.
15. En un contexto más amplio, es necesario reconocer y valorar el magisterio redentorista presente en las cinco Conferencias de la Congregación, insertado en distintos contextos culturales, eclesiales y misioneros. A través de su servicio académico, los profesores redentoristas realizan una contribución significativa a las Iglesias locales, participando en la formación de futuros sacerdotes, agentes pastorales y liderazgos eclesiales, así como en la formación teológica, bíblica y pastoral de los laicos. En muchos contextos, este servicio va más allá del ámbito estrictamente académico y se expresa en acompañamiento, asesoría, producción intelectual y procesos formativos que fortalecen la fe y el compromiso misionero. Se trata, en gran medida, de una labor silenciosa, sin visibilidad ni reconocimiento institucional explícito, pero que expresa con claridad la dimensión misionera del carisma redentorista y la fidelidad a la opción preferencial por los más pobres y abandonados, también en el ámbito de la formación y del pensamiento.
16. Estimados hermanos profesores, considero esencial fortalecer nuestro diálogo institucional y hacer más visible la contribución específica del pensamiento redentorista que brota de nuestro carisma. Animo a los profesores de cada instituto redentorista a cultivar un diálogo constante, tanto ad intra como ad extra, promoviendo alianzas para la producción conjunta de artículos, libros y materiales pastorales. Estamos llamados a identificar y recorrer caminos de mayor interacción y colaboración institucional, superando iniciativas aisladas. Contamos también con herramientas importantes para la difusión de nuestro conocimiento académico, como revistas especializadas y diversas plataformas de comunicación y medios digitales, que pueden ampliar el alcance y el impacto de nuestra formación y servicio misionero.
17 Les ruego que animen a nuestros jóvenes, especialmente a quienes están en formación, a ser audaces en el cultivo de una sana curiosidad intelectual, capaz de examinar el conocimiento con seriedad y profundidad. Vivimos en una sociedad marcada por la superficialidad, la fragmentación de la información y el debilitamiento de la lectura crítica, lo que a menudo conduce a la pérdida de la memoria histórica y del sentido de la tradición. Frente a este contexto, resulta aún más urgente recordar a los jóvenes que una formación sólida no es simplemente el cumplimiento de un requisito académico, sino una responsabilidad ética, humana y eclesial, e incluso una obligación moral. Como profesores de institutos redentoristas, de otras facultades y de seminarios, estamos llamados a dar testimonio y a transmitir la convicción de que la preparación intelectual, espiritual y pastoral es indispensable, pues trabajamos con vidas humanas concretas y ponemos nuestro servicio al servicio del Evangelio y de la misión de la Iglesia. Así, formando conciencias lúcidas y corazones ardientes, sigamos los pasos del Redentor y colaboremos para que la esperanza se haga anuncio concreto y liberador en la vida de las personas a las que estamos llamados a servir.
18. Una vez más, agradezco a cada uno de ustedes su participación en este encuentro y el generoso servicio que ofrecen en la formación de las personas desde el carisma redentorista. Este compromiso nos califica e identifica a través de una pedagogía propia, marcada por la cercanía, la esperanza y el celo misionero. Que el ejemplo y la intercesión de san Alfonso, doctor zelantissimus, inspiren y sostengan a cada uno de ustedes en esta exigente y fecunda misión, para que, como verdaderos misioneros de esperanza tras las huellas del Redentor, sigamos formando conciencias, corazones y vidas al servicio del Evangelio y de los más pobres y abandonados. Que la Madre del Perpetuo Socorro sea la gran pedagoga que nos ayude a comprender más profundamente la misión del Redentor y a hacerla concreta en el mundo actual.
P. Rogério Gomes, C.Ss.R.
Superior General
Roma, 7 de febrero de 2026
Original: italiano









