Meditación misionera ante el icono de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro

0
1947

1.- Introducción

Con motivo de los 150 años de la llegada del icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro a la Congregación del Santísimo Redentor y del mandato del Papa Pío IX, “dadla a conocer” queremos proponer una meditación misionera. Trataremos de adentramos en el misterio de la imagen respetando el lenguaje iconográfico. La belleza de los iconos surge del mensaje teológico asentado en la revelación bíblica, el magisterio y la tradición de la Iglesia, por ello es tan importante no falsear ningún aspecto. Siendo fieles al misterio revelado  en el icono mariano, presentamos una meditación en clave misionera. Como un manantial de sentido, el icono es una ventana abierta a la redención. Contemplarlo  enriquece  nuestra  vida y  al  mismo tiempo,  es  un  vehículo para exponer estéticamente el rico contenido de la misión. La contemplación y meditación frente al icono embellece la vida espiritual de los misioneros y de las comunidades. Nuestro desafio es actualizar dicho mensaje para proponerlo estéticamente como un instrumento misionero.

2. Acercamiento iconográfico al Perpetuo Socorro

2.1. El lenguaje de los iconos

Los iconos de estilo bizantino son un verdadero regalo de Dios para su pueblo. Ellos son fruto de la oración y reflexión de la lglesia a través de la historia. La contemplación de los misterios de Dios  y  su posterior elaboración teológica dieron como fruto estético la iconografia(1).  Por esta misma razón, la elaboración de un icono sintetiza la acción de Dios y la interpretación de la Iglesia. Así, estas sagradas imágenes no son fruto de la inspiración de un individuo, sino del nuevo lenguaje nacido del  encuentro entre Dios y  su Pueblo. La tarea del iconógrafo es un ministerio eclesial, él no está plasmando un contenido o inspiración individual, sino el desarrollo  del  misterio  entendido  por la Iglesia. Aquel que escribe (pinta) un icono lo hace desde la fe y en el marco eclesial  que  asegura  la  canonicidad  de la obra.  Los iconos  no  llevan  firma, porque el autor es el Espíritu Santo, que escribe el misterio desde el corazón de la Iglesia. Precisamente como la Iglesia es la responsable de transmitir la belleza del misterio de Dios por los iconos, el acceso a dicha verdad supone la fe. La persona que quiere leer el mensaje del icono accede a su teofánica luz desde la fe. Un hombre sin el don de la fe puede extasiarse frente a la belleza u ojetivamente leer el mensaje, pero nunca alcanzará a contemplar y experimentar  la profundidad espiritual revelada. Así, los iconos son expresiones de la fe de la Iglesia en el misterio plasmado y cumplen una misión catequística.  Se puede decir que estas imágenes son parte de la pedagogía estética de Dios.

(1) Siempre nos referiremos exclusivamente a imágenes de estilo bizantino.

En este sentido la iconografia desarrolla un lenguaje estético teológico que dista de toda  pretensión de realizar una  teología  estética(2). Este idioma es el resultado de la verdad revelada en la Sagrada Escritura e interpretada en los dogmas eclesiales, por ello, la lectura de un icono siempre es dogmática. De la misma manera que todos los idiomas tienen palabras para expresar una idea o definir una cosa, el lenguaje y la interpretación de los iconos también se abre a una exégesis temporal del misterio estéticamente expresado. Pero tendríamos que afirmar que de similar forma que nos expresamos verbalmente en un idioma para definir una realidad, el lenguaje iconográfico tiene sus reglas y ortografía propias. La gramática iconográfica no es verbal, sino visual, la santa imagen llama al silencio de palabras y a ver. Estéticamente, el mensaje se puede leer y contemplar en la profusión de colores y formas. El idioma de los iconos es profundamente humano y tiene la función de objetivar.

(2) cf. BALTHASAR VON, Hans Urs; “De la teología estética a la estética teológica” en: Gloria T.I, Madrid, Ed. Encuentro,76-110.

Así como traducimos la idea e imagen de una madera cuadrada con cuatro patas como “mesa”, de la misma manera para mostrar al Espíritu Santo, en la iconografía, lo hacemos por medio de la forma de una paloma o con el color verde. En éste mundo de luz, colores y formas no hay lugar para interpretaciones subjetivistas del iconógrafo ni de aquél que contempla la imagen . El lenguaje iconográfico tiene sus reglas y si lo aprendemos podremos entender y contemplar su bello mensaje.

Nuestro artículo no tiene la posibilidad de profundizar en el lenguaje iconográfico, pero queremos invitar a los amantes de los iconos a introducirse en el aprendizaje de los significados de cada color y forma que se expresan en el Perpetuo Socorro. Hay mucha y buena bibliografia al respecto, que como todo conocimiento verdadero invita a la práctica, en nuestro caso a la contemplación. Los principios del lenguaje iconográfico tienen que estar acompañados por una lectura profunda de las formas o esquemas expresados en la obra, que fluyen desde el mensaje bíblico o la tradición de la Iglesia.

2.2. El esquema mariano del Perpetuo Socorro

En la iconografía mariana, de tradición bizantina, existen los esquemas de las fiestas marianas o cristológicas y los propiamente marianos. En todas ellas el centro del icono es Cristo. María ocupa el lugar designado por Dios en su plan de salvación. Los fundamentos de las formas y personajes, en las fiestas marianas son bíblicos, combinados muchas veces, con la tradición eclesial. Los principales iconos de las fiestas marianas son: La natividad de la Madre de Dios, la Presentación de Maria en el Templo, la Anunciación, la Visitación, la Natividad de Jesús, la Presentación de Jesús, y la Dormición de la Madre de Dios. Los esquemas propiamente marianos tienen un sólido fundamento bíblico y están marcados por la teología de la Madre de Dios y son tres: Odí guítria (del camino), Eleoúsa (misericordiosa) conocida en occidente como de la ternura y del Signo (3) (la orante). A su vez los tres esquemas principales se subdividen en otros muchos. La Virgen del Perpetuo Socorro pertenece a un sub-esquema de la Virgen Odigutíria, llamada Virgen de la Pasión. Este esquema mariano de origen cretense conjuga la intercesión de Maria y la cruz de Cristo. Si bien hay otros iconos que muestras el tema de la pasión de Cristo, como la Crucifixión y el Descenso de la Cruz, la virtud de nuestro icono radica en que es mariano. Estas dos vertientes (intercesión mariana y pasión de Cristo) se ven conjugadas para resaltar la pasión del Señor en su humanidad, proyectada sobre la humanidad de su Madre que intercede por los discípulos que contemplan el icono. Junto a la cruz de Cristo, esta la cruz de María y la Iglesia. Posiblemente este esquema mariano de la Virgen de la Pasión sea, dentro de la iconografía-bizantina, el más singularmente profundo de toda la teología de la Madre de Dios. La Teothokos por su intercesión y prototipo de la Iglesia es co-redentora asociada a Cristo y a toda la humanidad. El icono del Perpetuo Socorro tiene mucho que decimos sobre la misión, para ello, nos pondremos en silencio frente a ella y la dejaremos hablar.

(3) Is. 7,14

3. Que nos dice María sobre la misión

3.1. Lectura orante del icono

Sintéticamente hemos abordado el tema del lenguaje de los iconos y el esquema mariano del Perpetuo Socorro. Ahora trataremos de hacer una meditación a partir del mensaje escrito en la imagen. Si ya realizamos alguna vez la lectio divina, podremos de la misma forma leer, rumiar, orar y contemplar el icono. El lenguaje no es verbal, es una introducción al silencio y la luz de los colores y formas.

Primero nos detendremos brevemente en los personajes y los colores. En el centro del icono se encuentra Maria y Jesús adolecente, muy cercano al estampa del Emmanuel (no es un niño). La Virgen lleva túnica roja y manto azul oscuro y una singularidad del Perpetuo Socorro; el Mariafhor (manto) es verde en su interior. El azul oscuro del manto muestra la humanidad redimida de María, sin pecado concebida, madre, esposa y discípula. El azul que camina al cerúleo nos habla de la divinidad pero cuando se hace oscuro por la mezcla con la tierra, como en nuestro caso, la divinidad se encuentra con la humanidad. En Maria, su ser es preservado de toda mácula por la íntima relación con Dios. Ello se expresa en el interior del manto de color verde, signo del Espíritu Santo que mantiene una relación íntima con la Virgen de Sión y sella su interioridad. El rojo oscuro de la túnica nos habla de la divinidad trinitaria presente en María, ella es la madre de Dios. La iluminación del manto y túnica están asistidos en oro, color solar por excelencia y reflejo de la gloria de Dios. El mismo color y significado tiene el fondo del icono, desde donde se refleja el mensaje en perspectiva invertida (se proyecta hacia el que mira).

Jesús esta vestido con túnica verde y manto marrón claro ceñido por un cíngulo rojo. Los colores son bastantes originales dado que tradicionalmente se representa a Cristo con las gamas del rojo y az ul, marrón, o blanco puro,  pero pocas veces podemos apreciar estos tres tonos combinados (verde-rojo-marrón). La intención del iconógrafo es muy clara. Jesús es el enviado y esta sostenido por el Padre (rojo), es hombre verdadero (marrón tierra) y Dios verdadero (verde­ rojo), en intima comunión con el Espíritu Santo (verde). El lenguaje nos acerca al misterio trinitario y la relación de comunión entre las Personas Divinas en Jesús. En contemplación podremos quedarnos en algunos de estos aspectos para orar junto al Señor, y compartir su pasión y gloria.

Los Arcángeles Miguel (Quién como Dios) y Gabriel (Dios es fuerte) están en la misma tonalidad del verde-rojo de Jesús, que como mensajeros del Padre y del Espíritu, muestran al joven Jesús los instrumentos de la pasión: cruz, clavos, lanza y esponja-vinagre. Ellos están mirando a Jesucristo y él contempla los instrumentos de la pasión. En la cruz del Señor sus discípulos vislumbramos el camino de la salvación y recordamos aquellas palabras de Pablo: “porque nosotros  predicamos  un  Cristo cruciticado” (4). El  mensaje de  los  Arcángeles es también para María y toda la humanidad; la redención comienza al  pie de  la cruz.

(4) 1Cor. 1,23

Si las miradas de los Arcángeles esta en relación con Jesús, los ojos de la Madre se proyectan hacia afuera sosteniendo un diálogo silencioso con nosotros. Maria ubicada en el centro de la escena, tiene la misión de señalar con su mano derecha y sostener con la izquierda a Jesús. Estas dos funciones de señalar y sostener están en correspondencia con la vocación mariana de intercesión. Más adelante nos detendremos en estos aspectos relacionados con la misión. Los ojos grandes y pacificados de la Virgen descansan sobre los nuestros y como dice el proverbio popular una mirada basta para decirlo todo … así, entramos en comunicación-comunión con el misterio de la pasión del Hijo de Dios. Jesús que se aferra a la mano de su madre contempla junto a nosotros los crueles instrumentos de la muerte. Su cuerpo está en movimiento, los pies y las manos unidas expresan un sentimiento profundamente humano: el miedo. Es el adolecente que enseña a los sabios de Israel, es el Mesías y misionero que anuncia el reino por los polvorientos caminos de Galilea o Judea, pero es el hombre-Dios que suda sangre frente al sacrificio de la cruz en Getsemaní. María nos señala “el camino, la verdad y la vida”(5) que comienza junto al madero de la cruz; ella es madre en Belén y el Gólgota. Estos aspectos iconográficos sintetizan el mensaje del Perpetuo Socorro. Así, introducidos en su lenguaje estético­ teológico, podremos interiorizar la imagen y dejar que ella hable a nuestro corazón, para ello es imprescindible silenciarnos.

(5) Jn. 14 ,6

Para orar leyendo al Perpetuo Socorro es importante hacer silencio interior y superar las especulaciones y distracciones. Así, dejar hablar al icono en nuestro interior, abriendo la mente y el corazón. Esta imagen salvadora venida de las entrañas del Altísimo iluminará nuestra vida y  dará sentido  a  nuestras cruces, nos recordará que el mismo Espíritu que habita en María es nuestro  dulce huésped y alma de la Iglesia. Tenemos que recordar siempre que los iconos son instrumentos de oración y como tales destinados a fundirse(desaparecer) en la comunión del orante y Dios. Dejar que Dios hable en nosotros  por  los  iconos, nos introduce por la senda del silencio. Dios habla en silencios pero necesita La apertura espiritual del hombre. Como podemos ver, los iconos desde su lenguaje, nos conducen en el silencio de la contemplación, pero  nos  hacen  reflexionar sobre la Sagrada Esciitura, el magisterio y la tradición de la Iglesia. El  idioma  de los iconos es teológico.

3.2 Actualización del mensaje iconográfico

Hace 150 años que los redentoristas misionamos junto a María del Perpetuo Socorro, sabiendo que el anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo , como  dice San Alfonso, lo vemos plasmado en la primera  discípula. El  mandato del  papa Pío IX “dadla a conocer”  providencialmente conjugó  el  anuncio carismático  de la congregación y el mensaje de la Virgen de la Pasión. Dicha consonancia se actualiza constantemente, así como el mensaje de la redención debe ser traducido a las nuevas realidades sociales. En éste ensayo trataremos de  agiornar  el mensaje del Perpetuo Socorro a partir del lenguaje de la iconografia. Nuestro punto   de   partida,   como   en   toda    actividad    misionera   será   la oración contemplativa.

Vivimos en una cultura dominada especialmente por la imagen, que en sus rasgos negativos es narcisistas y en muchos casos exhibicionista. La hipercomunicación mediática e intemet ha trasformado la cultura y la vida de las personas en las últimas décadas. Las sociedades se estructuran desde estos nuevos paradigmas que han dejado de ser solo fenómenos juveniles. En nuestras comunidades una imagen vale más que mil palabras, sobretodo cuando están en consonancia con el testimonio de vida. Otro aspecto-valor de nuestra cultura contemporánea es la estética, que como nunca en la historia de la humanidad es accesible a las inmensas mayorías de los pueblos. Casi todos estamos a un click del arte y la belleza. Esta cultura de la imagen, en sus aspectos positivos proporciona a la misión un verdadero desafio. Dicho reto consiste en canalizar el mensaje de la “copiosa redención”, utilizando los aspectos positivos de la cultura de la imagen. Esta posibilidad de catequizar con los iconos es pedagógica, dado que nos introduce a otros aspectos, descuidados o negados por nuestra cultura, como el silencio. Para ver-leer un icono es necesario silenciarnos. De ese silencio y encuentco nace la palabra y amalgamados surge la acción (misión).

Primero nos concentraremos en la figura de María y luego en la de Jesucristo. Una de primeras actividades del misionero es mostrar el camino del encuentro de Dios con los hombres. Jesucristo es el camino de salvación y mediador entre Dios y los hombres. La Virgen con su mano derecha direcciona el camino redentor y fija sus ojos en nosotros estableciendo un diálogo de intercesión. Este camino señalado por los misioneros tiene en el Perpetuo Socorro una impronta de cruz. Nos deberíamos preguntar desde nuestra tarea misionera, ¿es posible anunciar el camino de encuentro con Jesús separado de la cruz? La propuesta de vida cristiana o discipulado tienen, como nos muestra el icono, la condicionalidad de la cruz: “el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”(6). Esta actitud mariana de proponer el camino mirándonos personalmente y en comunidad tiene que estar presente en la espiritualidad misionera. El misionero señala a Jesucristo como única propuesta de salvación y esa buena nueva es un mandato del mismo Señor: “vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación”(7). La vocación misionera, consagrada o laica!, tiene marcado profundamente este quehacer de señalar y mostrar con la palabra y el testimonio a Jesucristo desde el kerigma. El Perpetuo Socorro nos recuerda también, que toda actividad misionera es necesariamente una tarea de intercesión y por ello, es una obra abnegada y sacrificada. Maria participa de la cruz del Redentor y en su particular intercesión por todos los discípulos nos señala la misión. El misionero se asocia a los sufrimientos  y a  la ofrenda del Padre en  Jesucristo.

(6) Mt. 16,24
(7) Mc. 16,15

La  Virgen  del Perpetuo Socorro esta al pie de la cruz. Toda la teología mariana  del  evangelio  de San Juan es aplicable a nuestra imagen. En el momento de contemplar al icono, podremos fijar la mirada en la mano derecha de la Virgen y darle sentido y consistencia a todos los desvelos y trabajos misioneros. Allí agradecer, pedir sabiduría y abnegación(8) para la misión de señalar-mostrar interceder. Los ojos de la Madre esta fijos en los nuestros, su mirada no es superficial y no  tiene señales de melancolía o tristeza; Ella en paz señala el camino de la cruz. Así, recordar que la paz que necesitamos para mirar y asumir las realidades crucificadas de nuestro pueblo, nace del  encuentro con  el  Crucificado  y  Resucitado: “les dejo mi paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. !No se inquieten ni teman!”(9) Siguiendo en el rostro de Maria podemos contemplar la nariz pronunciada, que en los iconos es signo de la  inspiración  del  Espii tu Santo. El Espíritu es el aire de Dios, que como en la respiración: inspiramos su presencia y expiramos su acción(10). El verde interior del manto revela y acentúa estos  rasgos espirituales de Maria.  Ella  es la  esposa-madre-discipula en relación íntima con el Espíritu de Dios.

(8) cf. CC. 20
(9) Jn. 14,27
(10) Podemos relacionar este aspecto con la técnica llamada Oración de Jesús.

Continuando con la meditación podemos adentramos en la relación que existe entre el Abogado y la misión encomendada, haciendo memoria(11) de la vocación de Jesús y la nuestra. Podemos buscar la misma inspiración y expiración espiritual de la Virgen, discípula y misionera del Espíritu, para abordar la oración por la misión de la iglesia(12). La boca pequeña y cerrada de los -iconos acentúa los rasgos hieráticos de la imagen y en consonancia con todo el rosto transmiten paz y magnanimidad. En ella no hay palabras superfluas, solo intercesión desde el sigilo. El silencio de Maria no es mudez, es valiente testimonio de las maravillas de Dios. La oración nos llevará a preguntamos sobre la eficacia de nuestras palabras y la relación de estas con el testimonio misionero. Posiblemente podremos implorar el don de la palabra justa rechazando las habladurías del mundo. La misión nace en sintonía con la actitud de Maria, su callado testimonio purifica nuestra inclinación al ruido y la verborragia. Palabra y silencio se destacan en el icono y Maria intercede-señala como en las bodas de Caná: “Hagan todo lo que él les diga”(13). Continuando en el rostro del Perpetuo Socorro se observa, como en todos los iconos griegos la tés oscura, cercana a la oliva. Es característico el sin rubor de los iconos que expresa la falta de artificialidad y ornato. Maria se identifica con las mujeres sencillas del pueblo, acostumbradas al trabajo bajo el sol, en contraposición con la pálidas mujeres   de   los   palacios(14). Aquí   nuestra   meditación   misionera   nos   puede conducir, junto a la Virgen y su Hijo, a la reflexión sobre la opción preferencial por los más pobres(15) y las realidades crucificadas de nuestro pueblo. La iglesia misionera sale al encuentro de los hermanos necesitados y junto a la pobre de Nazaret nuestra cercanía es con los más necesitados de Dios. Aquí la oración se puede hacer extensiva a las realidades más urgentes de redención.  Para ser fieles a la misión precisarnos aferramos y sostenernos dando la vida junto a Jesús y María por la abundante redención.

(11) Cf. texto fundacional de la CSsR; Lc. 4, 18 -19.
(12) La espiritualidad misioneratiene un vínculo inquebrantable con el Espiritu Santo y es necesario desarrollar más esta unidad desde la teología. Esta tarea, sobre todo, debe llegar de una manera comprensible a los grupos misioneros y comunidades de laicos. La definición del bautizado como discípulo y misionero en América latina (Aparecida 19), implora canales de mayor comprensión y asimilación para no quedarse en enunciados. La formación popular para una espiritualidad misionera necesita por ejemplo evolucionar y crecer con planes de formación o escuelas de misión.
(13) Jn. 2,5
(14) Cf. Cant 1,5-6
(15) En la CssR ver CC 3-6. El episcopado Latinoamericano Aparecida; 391-398.

La mano izquierda de la Madre sostiene a su Hijo frente a la visión de los instrumentos de la crucifixión. El corazón de la Virgen y el de Jesús están en consonancia, pareciera que laten al mismo ritmo. El alma de María  esta traspasado por el dolor y asociado a los sufrimientos de Cristo. Una de  las grandes tentaciones de los misioneros es renunciar al camino por el cansancio y el desánimo frente a la dimensión de la tarea y a la infinidad de dolores  y pobrezas de los crucificados o las limitaciones personales. Muchas veces los dolores son fruto de patologías individuales o institucionales, otras, fruto del aislamiento personalista o simplemente por el vacío espiritual. Frente a todas las fatigas e incertidumbres, la imagen nos revela el miedo de Jesús y como Maria lo sostiene de una manera profundamente maternal. La actitud de la Virgen es serena frente al horizonte de la cruz. En la tarea misionera de la Iglesia, necesitamos ser sostenidos por la Madre del Señor frente a los cansancios y los sinsabores del dolor, especialme nte cuando se reviste  de  aparente  fracaso. Nuestra oración nos lleva a considerar y preguntarnos qué, quién y quiénes nos sustenta como misioneros. Ante el icono nos sentimos sostenidos por el  Espíritu de Jesús y por el Perpetuo Socorro de Maria; figura ella, de la maternidad de la Iglesia. Allí, nos quedamos amparados en el corazón de María y Jesús que laten junto al corazón misionero de la Iglesia: “Si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los albañiles; si el Señor no custodia la ciudad en vano vigila el centinela”(16).

(16) Sal. 127, 1

La figura de Jesús, el misionero del Padre, es dominada por los tres colores que lo definen como el Mesías de Dios; verde (Espíritu Santo), marrón (humanidad) y rojo intenso (divinidad). Jesucristo es el prototipo del misionero y en la meditación podemos contemplar estos distintos aspectos. Las manos del Señor se aferran a su madre frente a la visión de la cruz. En sus manos redentoras, como misioneros, reconocemos la maternidad de María y la Iglesia. La meditación nos puede llevar a identificarnos en la misión, con las actitudes de las manos de Jesús: trabajadoras, orantes, sanadoras, pacíficas, serviciales, ungidas, fraternas, crucificadas y resucitadas. Siguiendo nuestro camino podemos detener nuestra mirada sobre los pies de Señor. Ellos están en movimiento, como todo el cuerpo frente al mensaje de los Arcángeles. De la misma manera como misioneros, contemplamos los pasos del Redentor enviado a anunciar la liberación de los oprimidos. Nos identificamos en la tarea de salir al encuentro, buscar a la oveja perdida, predicar la conversión y el perdón de los pecados, sanar la heridas del prójimo y en profundo sentido de humidad y servicio lavar los pies de los hermanos. Junto a los pies de Jesús podemos permanecer y ungirlos con las lágrimas del arrepentimiento y la súplica de perdón por nuestros pecados y los de la Iglesia. Los pasos del Salvador son una invitación a no quedarnos inmóviles o perplejos frente a los desafios de la misión encomendada. El rostro de Jesús, al contrario del cuerpo, se encuentra sereno frente a los instrumentos de la pasión. Aquí la teología paulina sobre la cruz encuentra un cauce estético de meditación frente al icono. Como el Padre ofrenda a su Hijo por la salvación de los hombres, todo misionero es una ofrenda asociada al sacrificio de Cristo y enviada al mundo , para que el mundo se salve.

En el rostro del Redentor nos identificamos con la misión de anunciar a Cristo crucificado y al mismo tiempo proclamamos la victoria del Resucitado.

4.- Conclusión

La meditación y contemplación de la imagen del Perpetuo Socorro es muy rica y abierta a una permanente actualización  respetando  el  lenguaje iconográfico. Desentrañar sus distintos aspectos es una tarea de las comunidades en la diversas realidades culturales. El mensaje del icono es eclesial y como tal, necesita ser traducido como respuesta de Dios a los signos de los tiempos. Hace 150 años el Perpetuo Socorro de María salió de la oscuridad para hacerse icono­ misionero, nosotros que compartimos dicha misión debemos nutrimos de su riqueza y belleza para anunciarla al mundo.

Padre Roberto Etcheverry CSsR., Iconografo de la Provincia de Buenos Aires.

Breve Bibliografia:

  • DONADEO, MARÍA,     ICONOS    DE     LA    MADRE     DE    DIOS,    MADRID, PAULINAS,1991
  • ETCHEVERRY, ROBERTO C.SS.R., UNA VENTANA PARA ORAR: ICONO DE NTRA. SRA. DEL PERPETUO SOCORRO, SALTA, ED. REDENTORISTAS, 2006
  • EVDOKJMOV, PAUL,EL ARTE DEL ICONO , MADRlD. CLARET[ANAS. 1991.
  • SÁEZ, ALFREDO S.J., EL ICONO ESPLENDOR DE LO SAGRADO, BUENOS AIRES, GLADlUS, 1997.
  • SENDLER, ERGON J., L’ICONA lMMAGINE DELL INVISIBLE, MILANO, SAN PAOLO, 1985.
Print Friendly, PDF & Email