La Oración y el Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro

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El 26 de abril de 2016, el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro completa oficialmente 150 años de caminar con el pueblo de Dios en la Iglesia Redentorista de San Alfonso en Roma. Durante este siglo y medio, es bueno ver cómo nuestra Madre en este Icono de Amor ha obrado cambios en la vida de aquellos que rezan con ella.

En estos tiempos, hay muchas maneras fáciles de capturar cada acción o evento. Con un simple teléfono móvil, uno puede tomar una foto de todo y de todos. Además, las fotografías, retratos y pinturas hacen que la gente mire más profundamente en la imagen que comunica un mensaje. Cada fotografía o trabajo artistíco tiene muchos factores o características. En primer lugar, podrían ser presentados como fruto de un talent particular. Pueden proyectar un mensaje o un sentimiento. Cuando una persona se siente tan cautivada puede decidir mantener o quedarse con él porque la imagen expresa algo que él/ella no puede articular. O una persona puede gustar una particular imagen, debido a la singularidad o la memoria que la imagen es capaz de representar.

Todas estas indicaciones pueden ser también verdad en referencia a un icono. Sin embargo, y más allá de ser el fruto de un talento, es ante todo el fruto de la oración profunda de un alma que quiere permanecer en unión con Dios y que desea proclamar un mensaje divino. Por un momento, todas las demás obras artisticas, incluso la más abstracta, pueden ser interpretadas por las personas que están también dotadas para ver más allá que una simple imagen. Por otro lado, el icono habla continuamente y sin cesar, a los ojos y el corazón de cada persona que lo contempla. Por ello, el icono no es sólo un pedazo de una obra de arte, sino que se convierte en un portavoz de Dios. Y cuando una persona mira el icono y permite que Dios hable le a él mismo/ella misma, esta persona entra en un verdadero encuentro con el Divino – que llamamos oración.

El Papa Pío IX al entregar el icono al P. Nicolás Mauron, Superior General de los Redentoristas, hace 150 años, dijo: “Denla a conocer al mundo”. Es evidente que él no ve el icono como un objeto sino como una persona, la persona misma de María, con el título de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro. En algunas tradiciones, ella es llamada “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro” o “Nuestra Virgen del Perpetuo Socorro”. En cualquier caso, el icono no es una cosa, sino una persona que nos invita a ser parte de esta vida y de este viaje: ella nos invita a entrar en una relación de amor, en una relación con Dios, que es amor.

Con esto, podemos ver que la oración y el Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro tienen un denominador común, es decir, Dios. Con este ensayo, la autora pretende profundizar en la comprensión de la oración como una experiencia ante el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro.

La oración como una relación

¿Cómo entendemos la oración? En las dificultades de la vida, podemos estar atrapados con todo tipo de problemas y preocupaciones, que a menudo, nos dejan confundidos y desconectados de quienes somos realmente, como cristianos. Podemos olvidar que somos personas, amorosamente creadas por Dios, hijos e hijas del Padre, redimidos por el hijo y templos del Espíritu Santo. En medio de problemas y crisis, podríamos tener la gracia de volver a nuestros sentidos y recordar pedir a Dios ayuda en la oración. ¿Es ésta la manera de entender la oración?

El diccionario nos da variadas definiciones de la palabra “oración”: una petición devota a Dios o un objeto de culto o una comunión espiritual con Dios o un objeto de culto, como súplica, accion de gracias, alabanza, adoración, o confesión. La introducción del Catecismo de la Iglesia Católica, tiene una cita de los Manuscritos Autobiográficos de Santa Teresita de Lisieux, “Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto en la tristeza como en la alegría”. Esto va seguido de una explicación clara de la oración como un regalo, como una alianza y como comunión. Con todas estas definiciones, incluso el significado tan aparentemente secular dado por el Dictionary.com, podríamos resumir definiendo la oración como una relación.

Para hacer una petición a Dios o entrar en comunión espiritual con él en súplica, accion de gracias, alabanza, adoración o confesión – implica una relación de confianza y transparencia. Santa Teresita menciona la palabra “corazón”, la dinámica de comunicación con Alguien a quien conoce y quien la escucha. También manifiesta relación y unicidad. Si la oración es un don, una alianza y una comunión, es porque existe una relación entre dos personas que se comunican o están en un encuentro en la oración.

La oración y la imagen de Dios

Cuando una relación es promovida por una comunicación frecuente, ésta crece más fuerte. La oración es algo dinámico. Sin embargo, ambas partes tienen que abrirse, el uno al otro, con el fin de fortalecer la confianza mútua. La forma en que uno se relaciona con otro depende mucho de cómo ella/él conoce a la otra persona. Por lo tanto, la oración refleja mucho, concretamente, la imagen de Dios.

Puesto que la oración es una actividad de toda la persona, cuando rezamos, incluso mientras hacemos otras cosas – la mente, el corazón y el cuerpo están de acuerdo en la misma imagen de Dios. Tim Jennings, M.D. reporta estos hallazgos en su libro, “The God Shaped Brain (El Dios en forma de cerebro)”. La investigación científica reciente en realidad confirma que ¡nuestras creencias acerca de Dios cambian nuestros circuitos cerebrales! Cuando adoramos al verdadero Dios con nuestros corazones, esto activa rutas y regiones cerebrales superiores que nos ayudan a ser más como Jesús, más compasivo, sabio, humilde y confiado. Pero menos visiones o relaciones con Dios corresponden a la actividad en regiones del cerebro más primitivas que activan egoísmo, temor e ira.

Si uno conoce a Dios como un Padre amoroso que simplemente ama sin condiciones, independientemente de las deficiencias y pecados, la oración y el modo de relacionarse sería un camino de verdadera confianza y verdad. Una persona que se siente tan amada no puede sino responder de otra manera sino amando a este Dios en reciprocidad. El amado no quiere ofender a Dios, sino busca siempre lo que es agradable delante de él y el deseo de hacer sólo su voluntad y nada más. Esta persona está convencida de que la verdadera felicidad y paz está sólo en Dios.

Por otro lado, una pobre imagen de Dios se refleja en una vida de oración que es rutinaria y sin profundidad. Esta relación es fría e indiferente y esta persona conoce a Dios de una manera muy superficial. No hay mucho esfuerzo en responder al Dios que él/ella apenas conoce. Esto a veces se observa en la falta de sinceridad o en la tendencia a la hipocresía como Jesús advirtió en Lucas 12. La mediocridad es también fruto de un mal conocimiento de Dios que podemos ver en la semilla que cayó sobre la tierra rocosa y entre espinos (Mateo 13:1-9).

La oración, como una relación, es el fruto de un encuentro con Dios en las experiencias de nuestro día a día como lo buscamos en su palabra, en la Iglesia y en el mundo alrededor de nosotros y en nuestra propia vida.

Uno puede relacionarse con Dios como Creador, Rey y Señor, como Padre, como Amigo o como Salvador. Una persona también puede reconocer a Dios en formas diferentes como él/ella llegue a conocerlo mejor. La imagen de Dios como Padre debe crecer y profundizarse en una manera que -a pesar de los fracasos y el dolor en las experiencias de las relaciones humanas, uno sea capaz de identificar la presencia de Dios, su bondad, fidelidad, misericordia y amor en la propia vida.

La oración, pues, como una relación es de hecho un don. ¿Qué sería de la vida sin ser parte de una relación? Además, una relación con Dios es el don más hermoso que uno puede tener. “Una cosa al Señor solo le pido, la cosa que yo busco: que yo pueda habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para meditar en su templo” (Sal. 27:4).

Orante como una persona, uno que ora!

La oración nos invita a una relación y esto lo vemos en la dinámica de las relaciones entre las personas que son visibles en el Icono, lo veremos brevemente a continuación. Así, hoy podemos dar otro paso en la definición de la oración, es decir, desde “la oración como una relación” a “orante como persona”, es decir, uno que ora.

En la mayoría de los idiomas, es bastante fácil de entender algunas palabras por saber simplemente el verbo, que es la base para el sustantivo correspondiente. Un cantante es una persona que canta, una bailarina una que baila. Así también, podemos decir que orante es una persona que reza.

La oración, por lo tanto, implica una acción y un modo de ser y de actuar. Un verdadero cantante o bailarín puede ser reconocido por la forma en que él/ella interpreta una canción o un ritmo. Lo mismo es cierto para una persona cuya autenticidad de la oración se manifiesta en la vida diaria – donde la presencia de Dios es constantemente sentida y experimentada. Esto puede llevarnos a una relación más profunda con la persona del Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, incluso cuando contemplamos los diferentes personajes que aparecen en el icono. El que reza, ahora puede ser llamado el orante!

Las personas en el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro

Los Arcángeles en el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro

El icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, tiene una historia para contar. Antes de que uno empiece interpretando o comprendiendo su mensaje, es bueno saber que entre las personas presentes en el icono, existe una relación dinámica y continuamente viva en ellas. Antes de que uno pueda reclamar una relación con María y Jesús, e incluso los ángeles con Jesús y María en el icono, es bueno identificar las diferentes personas en el icono y su relación con las demás.

El Arcángel Gabriel

El arcángel Gabriel, visto en el lado derecho del icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, anunció a María que ella ha sido elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo” (Lc 1, 28-33). Pero María expresa su incertidumbre sobre el mensaje del ángel (1:34). Gabriel explicó el mensaje y señaló el embarazo de Isabel como un signo. (1:35-37). María ofreció entonces su perpetuo “Sí” a Dios con su fiat: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra” (1:38).

El ángel le dijo a María que su hijo Jesús (en hebreo: “Dios salva”), sería grande y reinará sobre la casa de Jacob para siempre. El mismo ángel, manteniendo y mostrando la cruz al Niño Jesús también le reveló la manera en que iba a llegar a ser grande y cómo él podría realmente salvar al pueblo de Dios.

Jesús valientemente acepta la voluntad del Padre, mirando la cruz que el ángel le está mostrando. En esto, él se hace eco del Sí/fiat de su madre en la Anunciación: “Hágase en mí según tu palabra”. Esto lo repitió varias veces: enseñando (Mt. 6:10); en su oración “hágase tu voluntad” (Mt. 6:33); en el momento de la agonía, “Padre mío, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad!” (Mt. 26:42); en la cruz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46). María y Jesús nos mostraron que la plenitud de la vida sólo puede ser obtenida cumpliendo la voluntad del Padre. Uno que de corazón y humildemente contempla el icono lentamente llega a esta disposición. Incluso si la oración comenzó con una petición o solicitud, acabará por terminar con “que se haga la voluntad de Dios”.

El Arcángel Miguel

El Arcángel Miguel (en hebreo “el que es como Dios?”) es mencionado tres veces en el libro de Daniel, y es referido como “el gran príncipe que está con los hijos de tu pueblo”. La presencia de Miguel en el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, sosteniendo la lanza y la esponja para presentarlos a Jesús es, en realidad, una afirmación de la constante presencia divina en la vida de su hijo, especialmente en su desamparo, impotencia y experiencia de abandono. La esponja empapada en vinagre en una ramita de hisopo y que la pone en su boca, es para calmar su sed (Jn. 19:29). Podríamos decir que la sed no fue sólo de agua, sino por la misericordia y la compasión por los que sufren. La lanza clavada en el costado lateral del Cordero inocente representa, que dio su vida por la salvación del mundo.

También se recuerda a María lo que Simeón, le dijo:” y a tí una espada te atravesará” (Lc. 2:35). Miguel, con estos instrumentos, da un recordatorio del amor fiel de Dios para todas las personas cuyos corazones están destrozados y sus vidas frustradas a causa de las injusticias, la traición y el egoísmo en el mundo.

La persona de Jesús en el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro

Cuando reconocemos la oración como relación y persona, nos abrimos a una experiencia más profunda para entrar en la ventana de lo Divino. Tras reconocer los arcángeles en el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, ahora vamos a centrar nuestra atención en la persona de Jesús. Él es el único por quien la Madre quiere constantemente comunicar el amor a cada uno de nosotros, que es el Perpetuo Socorro en sus brazos…

María, nos demuestra que la persona en el centro de la imagen – es su Hijo, Jesucristo, el Redentor. Cada vez que contemplamos este icono, descubrimos el gran amor y respeto, de María para Jesús y cómo quiere que lo recibamos completamente en nuestra vida. Esto es justo lo que nuestro Señor ha deseado por nosotros en la cruz, cuando se la encomendó a Juan y a todos nosotros, sus discípulos.

Observa las manos de María cuando ella sostiene a Jesús en sus brazos. Tú podrías ver en él, el momento de la consagración en la Eucaristía y así encontrar un paralelo. Al mirar a María cuando lleva a Jesús, nos podemos permitir escuchar en el silencio de nuestro corazón – las palabras de la consagración: “Tomad, y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros. Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la nueva y eternal alianza, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria mía”. “María, con toda su vida junto a Cristo y no solamente en el Calvario, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía” (Carta Encíclica “Ecclesia de Eucharistia” de su Santidad el Papa Juan Pablo II, Nº 56).

Ella nos invita en este icono para tener a Jesús en nuestra vida y extender su Perpetuo Socorro al mundo. Ella también nos recuerda continuamente en el icono algunas importantes verdades proclamadas  especialmente durante la Eucaristía: “Por Cristo, con él y en él, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y gloria por los siglos de los siglos al Padre todopoderoso”. Ella nos recuerda que el amor de Dios perdura para siempre (Ps. 36). La gloria de Dios a través de la resurrección de Su Hijo se refleja en el fondo del icono. Nuestra Madre nos dice que tenemos que mirar más allá de nuestros sufrimientos y dolores en la vida como Jesús miró a la Cruz y aceptó su pasión y muerte. Sin embargo, lo hizo con la viva esperanza de que a pesar de todo esto, y más bien, precisamente a través de todo esto, él resucitará de entre los muertos para tener vida eterna en unión con el Padre en el cielo.

Cuando ofrecemos y nos unimos en la Eucaristía, también nos permitimos ser partidos como el pan para los hambrientos, porque sabemos que los alimentos traen la vida a muchos. María expresa a todo aquel que se acerca a ella en el icono que todos estamos llamados a ser comida para los hambrientos. Es oportuno recordar la canción “Ahora quedamos nosotros” (Now we remain) por David Haas:

Miremos la muerte del Señor en lo profundo de nuestros corazones.

Viviendo, ahora seguimos con Jesús, el Cristo.

1. Una vez fuimos un pueblo miedoso, perdido en la noche.

    Por tu cruz hemos sido salvados.

     La muerte se convirtió en vida, vida desde tu entrega.

 

2. Algo que hemos conocido,

    algo que hemos tocado, lo que hemos visto con nuestros ojos:

    esto que hemos escuchado, la palabra vivificante.

 

3. Él escogió darse a sí mismo, se convirtió en nuestro pan.

     Partido para que vivamos. Amor más allá del amor, dolor de nuestro dolor.

 

4. Estamos en la presencia de Dios. Este es nuestro llamado.

   Ahora para convertirnos en pan y vino: comida para el hambriento, vida para los cansados, porque para vivir con el Señor, debemos morir con el Señor.

 

Esta es la canción es María que resume su mensaje en el Evangelio: su Sí/fiat en la Anunciación; su Magnificat en la Visitación; su constante ponderación de los caminos de Dios en su vida, en la Natividad, en la Presentación y Hallado en el Templo; su ser una y unida a Jesús en su misión desde el día en que lo concibió en su seno hasta la cruz y hasta cada momento que contemplamos en el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, y hasta el final de los tiempos, pues ella es la Madre del Emmanuel, del Perpetuo Socorro.

La persona prominente en el icono – María

Una persona que ve el icono por primera vez, aparentemente piensa que el protagonista en el icono es María ya que ella ocupa un espacio mayor. Ella es, sin duda, la que se comunica directamente con la persona que mira el icono porque sus ojos están dirigidos a cada persona que lo mira. Ella, como hemos reflejado, proclama el mensaje de Dios pero el centro del icono es Jesús mismo. Su cuerpo está completo en la imagen a diferencia al de María. Muy interesante! Entonces, ¿qué acerca de María? Ella está con nosotros y entre nosotros, dondequiera que estemos, camina con nosotros y ella cumple la voluntad del Hijo en la cruz: “Mujer, he ahí a tu hijo” (Jn 21, 15). 19, 26). Ella es nuestra Madre. En la aparición de Maria en Guadalupe, recordó a Juan Diego: “¿No estoy aquí yo que soy tu madre?”. En todas las apariciones de María, podemos ver claramente y sentir su maternal preocupación por sus hijos, cuando ella nos invita a la penitencia, a construir un lugar de culto común como una familia unida en el amor de Dios, la paz y la unidad, etc.

Un Redentorista australiano que sirvió en las Filipinas notó que mientras observaba a las personas arrodilladas y suplicando ante el icono de nuestra Madre María, él la imaginaba haciendo lo imposible para abrazar y bendecir a sus hijos que lloran en el sufrimiento. Ella consolaba a cada uno con su abrazo maternal asegurandoles la misericordia y el amor de su Hijo Jesucristo, el Perpetuo Socorro. Ella dice continuamente a sus hijos: “Haced lo que él os diga” (Jn. 2, 5).

María es un ejemplo de oración como una persona que atesora cada relación con la que ha sido donada. Esto es lo que la mantiene unida a Dios y que le ayuda a conservar fielmente su Sí/Fiat, es decir, para hacer la voluntad de Dios para siempre. Con esto en mente, las palabras de un eslogan popular en el Santuario de Baclaran, Filipinas suena verdadero: un devoto se convierte en misionero o la dinámica de la devoción a la misión. Por lo tanto, un devoto es invitado a convertirse en un misionero.

Cada persona que desarrolla una estrecha relación con el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, se dará cuenta de que allí hay consecuencias. Tarde o temprano, la oración como una relación nos llevará a convertirnos en personas que necesitan poner en acción el profundo conocimiento y experiencia del Perpetuo Socorro de María, nuestra Madre. La persona que está convencida de ser un verdadero hijo de María entiende que Dios ama a todos sus hijos y que él/ella tiene que hacer algo para que todo el mundo lo conozca y experimente. Esta persona entiende que en la familia de Dios con María, nuestra Madre del Perpetuo Socorro, que está en medio de nosotros, junto con el Cristo Redentor, mucho se puede hacer y queda mucho por hacer. Por lo tanto, la verdadera justicia, la reconciliación, la paz, la alegría y la abundante misericordia debe ser disfrutada por cada hijo e hija del Padre.

Espiritualidad alfonsiana y el Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro

La espiritualidad que fluye desde San Alfonso a los Redentoristas se resume en el icono que se les encomendó 134 años después de que la Congregación fuera fundada. Es importante discutir estos elementos en el icono para el beneficio de cada orante como persona.

Una espiritualidad arraigada en el evangelio: cuatro (4) palabras que explican esta espiritualidad (P. Dennis Billy, C.Ss.R. Curso corto sobre espiritualidad alfonsiana, https://youtu.be/bA6VCzTnam8): Pesebre, Cruz, Eucaristía y María. Estas palabras sirven como guías para ayudar a las personas a entrar en la narrativa del evangelio.

El Pesebre remite al misterio de la Encarnación, con el cual Dios ha entrado en nuestro mundo en la persona de Jesucristo. Dios no es alguien que está lejos de nosotros, él siempre quiere estar unido con nosotros y lo hace entrando en nuestro mundo en el misterio de la Encarnación. Encontramos este elemento en el icono en la presencia del Niño Jesús, a quien María lleva en sus brazos.

Ahora, él no sólo entró en nuestro mundo, sino que se ha dado completamente a nosotros hasta el punto de morir por nosotros. La Cruz, que es el segundo elemento importante en la espiritualidad alfonsiana representa el misterio de la Pasión de Jesús, su muerte y su resurrección. Aquí, Jesús nos muestra que él no está sólo con nosotros, sino que Él sufrió por nosotros hasta el punto de aceptar el sufrimiento definitivo hasta su muerte en la cruz. En el icono, este elemento se muestra claramente en los instrumentos de la pasión y muerte del Señor que los arcángeles Gabriel y Miguel están sosteniendo.

El tercer elemento es para recordarnos que Jesús no sólo entró en nuestro mundo y sufrió por nosotros, sino también se hizo nuestro alimento al darnos la Eucaristía, Sacramento de Salvación. En este sacramento, “recibimos” a Jesús y llegamos a ser como él. Como señalado anteriormente, la manera en que María sostiene a Cristo, en la forma de consagrarse a él así como nos lo ofrece, nosotros, por lo tanto, reconocemos este particular elemento en el icono. María nos dice que hagamos lo que Él nos dice, para llevarlo a nuestra vida y que nosotros, como hijos suyos, seamos como su Hijo Jesús.

Por último, Jesús es nuestra fuente de esperanza. Dennis Billy explica que en el cuarto elemento, es decir, María se convierte en ese momento de esperanza por haber acompañado a Jesús en cada instante de su vida. Una madre es una esperanza hecha visible. Normalmente, cualquier niño que tenga la madre junto a él/ella se siente seguro y sabe que todo estará bien. Es la misma seguridad que María, en el icono de nuestra Madre del Perpetuo Socorro, nos da cada vez que venimos ante ella y la llamamos nuestra Madre. En las bodas de Caná podemos ver esa gran confianza que ella tiene en su hijo Jesús. A pesar de que Jesús le dijo, “Mujer, qué quieres de mí? Todavía no ha llegado mi hora” (Jn 2:4), ella creía que iba a hacer y dar lo mejor de sí a cada uno.

Después de comprender estos cuatro elementos, es importante tener en cuenta que éstas no sólo son propias de los Redentoristas, sino de cada persona que reconoce a María como nuestra Madre del Perpetuo Socorro. La persona ante el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, debe seguir creciendo en el conocimiento del Evangelio, de modo que él/ella radicalmente pueda poner en práctica la fe, la esperanza y el amor que María nos enseña a través del icono. La persona ante el icono así, eventualmente, puede convertirse en un pequeño icono para otros al compartir el mensaje del Evangelio a través de su vida y dejando que los demás sepan de la presencia e unidad del Señor con aquellos que sufren en el espíritu de solidaridad, compasión y amor desinteresado.

La oración con Nuestra Madre del Perpetuo Socorro

Aquí, podemos resumir todas estas reflexiones con la oración no ‘a’, sino ‘con’ nuestra Madre del Perpetuo Socorro. Estamos felices de hacer de este hito del 150 aniversario de la restauración al público de la devoción de su icono original en el año 2016. Como hijos de esta siempre Madre amorosa, continuemos haciendola conocer con nuestra dedicación a orar sinceramente a nuestra Madre del Perpetuo Socorro, pero sobre todo por la difusión del mensaje de este icono, viviendo nuestra oración:

P- profunda: una persona de oración, es alguien que es profundo, que ora desde el corazón. La felicidad no está en las cosas que se desvanecen sino en buscar y discernir siempre la voluntad de Dios. Esto es porque él/ella cree que es lo mejor. Esta persona sabe trascender sus experiencias, porque tiene conciencia de la presencia de Dios en cada evento de su vida.

R – redimida: Una persona que ha experimentado el amor redentor de Cristo y lo manifiesta con una actitud correcta. Estas son las actitudes de alegría, el coraje, la compasión por los necesitados y de servicio humilde, todos en el ejemplo del Redentor.

A- auténtica: Una persona apoya la verdad y no tiene miedo a enfrentarla, siguiendo el ejemplo de Jesús en el icono que valientemente mira a la cruz. Esta persona se sostiene en el Señor, que es el Camino, la Verdad y la Vida cuando él/ella se enfrenta a los diferentes desafíos de la vida.

J (Y) – jóvenes: Una persona que está siempre abierta a aprender, a ser enseñada y corregida; con la mente y el corazón que están abiertos y confiados como un niño.

E – evangélica: Una persona que está arraigada en los valores del Evangelio, es decir, las opiniones, decisiones y acciones son guiadas por las enseñanzas y los ejemplos de Jesús. Ella/Él es sencillo, un amigo, un hermano/hermana para todos, especialmente, para los pobres y los que sufren… Como María, uno invita a otros, a través de su forma de vida, para venir a Jesús y aceptarlo en su vida. El Papa Francisco lo dijo en el Ángelus en la solemnidad de Todos Los Santos: “Quien quiera seguir a Jesús por el camino del Evangelio, puede encontrar una guía segura en María. Ella es una madre atenta y solícita a quien podemos confiar cada deseo o dificultad”.

R – radical: el testimonio de los valores del reino es radical. María acompañó a Jesús hasta la cruz. Jesús aceptó todos los sufrimientos por su gran amor por nosotros y por la obediencia a su padre. Una persona que es radical en el seguimiento de Cristo soportará los dolores, la verguenza, las incomodidades y el abandono por el amor de Cristo, quien lo ha amado inmensamente. Esta radicalidad es motivada por el amor. Un verdadero hijo de nuestra Madre del Perpetuo Socorro, es una persona de amor como el icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro que, por supuesto, es un icono del amor.

El icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro ha viajado con el pueblo de Dios durante 150 años, desde que se lo dio a conocer oficialmente por los Redentoristas. El icono continuará visitando, tocando y siendo parte de la vida de muchas personas, que continuarán a hacerla conocer a través de sus vidas aprendiendo de Cristo, el Redentor y el Perpetuo Socorro con su Madre.

Hna. María Victoria V. Flores, MPS

(Misioneras de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Filipinas)

Traducido por Pe Miguel Ángel Martínez Cantero CSsR (Provincia de Paraguay)

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