Argentina: el Vía Crucis Extremo, un viaje al interior de uno mismo

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La localidad chaqueña de Villa Ángela fue escenario, el pasado 27 de marzo, de la primera edición argentina del Vía Crucis Extremo (VCE): 77 fieles de Villa Ángela, Charata y Presidencia Roque Sáenz Peña recorrieron 43 kilómetros nocturnos en silencio, desde la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús hasta el Santuario de la Virgen de la Laguna.

Una práctica nacida en Polonia

El VCE es una iniciativa puesta en marcha en Polonia en 2009 que consiste en recorrer unos 40 kilómetros por la noche, en silencio y recogimiento, de forma solitaria o en pequeño grupo. Fue trasladada a la Argentina por el P. Marcin Zubik, misionero redentorista, quien la adaptó a la realidad local. Más que un recorrido físico, se trata de un acontecimiento espiritual: un viaje al interior de uno mismo.

El recorrido

Los peregrinos partieron de la iglesia parroquial en dirección al Santuario local de la Virgen de la Laguna y atravesaron en su mayor parte caminos rurales del Chaco en completo silencio y soledad. A lo largo del trayecto, el VCE combinaba meditación y esfuerzo físico, invitando a vivir profundamente cada estación. Los materiales de reflexión, extraídos de la versión original polaca, fueron adaptados para la ocasión argentina.

Un papel especial correspondió al grupo de los «Guerreros de María», quienes acompañaron a los peregrinos indicando las estaciones y ofreciéndoles agua, siempre respetando el espíritu de silencio. Una de las participantes los evocó con estas palabras: «Creo que ellos eran los rostros del Cireneo, de Verónica y de las mujeres que Jesús encontró en su camino, compartiendo con Él el Vía Crucis».

El final: la Misa en el Santuario

La última estación tuvo lugar en el Santuario de la Virgen de la Laguna, donde la experiencia concluyó con la celebración de la Santa Misa, a la que también se unieron fieles llegados desde la parroquia.

Transformación interior

Muchos participantes compartieron testimonios de profunda transformación espiritual: sintieron que el VCE los ayudó a liberarse, a confiar y a abandonar la mediocridad, y que los materiales de reflexión parecían escritos especialmente para cada uno de ellos. Otros destacaron la belleza de contemplar a Dios en la oscuridad de la noche chaqueña, iluminada por la luna y las estrellas, al ritmo del canto de los grillos, las chicharras y los pájaros tero.

Una experiencia que mira al continente

La primera edición del VCE en Argentina se cierra con la esperanza de que esta experiencia continúe en los próximos años y se extienda por todo el continente sudamericano.

Luz Maria Avila