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La REDEnción

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Communicanda II – 2003-2009


Communicanda 2

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La REDEnción

4 de junio de 2006
Solemnidad de Pentecostés

Introducción

Mis queridos Cohermanos:

¡Porque del Señor viene la misericordia y la redención copiosa! (Sl 130, 7)

  1. Es un considerable desafío compartir con ustedes las presentes reflexiones sobre el tema de la redención. Digo esto no simplemente porque se trate de un tema difícil y exigente. La empresa es sobrecogedora porque hablar o escribir sobre la redención es tocar el propio corazón de nuestra fe cristiana y, obviamente, el centro vivificante de la propia Congregación. Durante el pasado año, muchos cohermanos compartieron sus ideas sobre este tema y me ofrecieron una profusión de notas y sugerencias. Los miembros del Consejo General han trabajado también muy intensamente, y durante largo tiempo, para elaborar sus aportaciones personales al tiempo que me pidieron que escribiera la versión final. A todos, mi gratitud: a ustedes pertenece el mérito de la profundidad y de la sabiduría teológica de este documento. Pero, al final, soy yo quien asume la responsabilidad de reunir todo el conjunto partiendo de la perspectiva pastoral de mi oficio. Esto quiere decir también que soy yo quien asume la responsabilidad de cualquier menoscabo en las aportaciones originales así como en las demás deficiencias que puedan encontrarse.

La urgencia experimentada en el XXIII Capítulo General

  1. El encargo de esta Communicanda lo hizo el XXIII Capítulo General en octubre de 2003. En aquella ocasión me impresionó el sentido de urgencia expresado por los Capitulares al considerar los desafíos que deben afrontan los Redentoristas para vivir nuestro carisma en todo el mundo. Subrayaron la necesidad de reflexionar sobre las dimensiones esenciales de nuestra vocación misionera a fin de responder fielmente a dichos desafíos. Como ustedes recuerdan, instaron a la Congregación a dedicar una atención especial a la calidad de nuestra consagración apostólica al Redentor. La fe en Jesús, nuestro Redentor, es la frase decisiva que se convierte en principal razón para nuestra elección [del tema del sexenio]. La convicción fundamental que movió a los Capitulares entonces fue vigorosamente respaldada: Sabemos por experiencia que si mantenemos los ojos fijos en Jesús, ninguna tormenta que nos rodee nos hundirá. [1] El tema del sexenio, Dar la vida por la abundante redención, adquiere desde esta perspectiva un profundo significado ya que la situación del mundo está requiriendo de nosotros la mayor dedicación y convicción. La calidad de nuestra consagración apostólica al Redentor determina la forma en que debemos vivir el carisma que se nos ha confiado.
  2. Los miembros del Capítulo vieron que era urgente una profundización de nuestra comprensión sobre la redención a fin de reforzar el fundamento de nuestro compromiso religioso y el carácter dinámico de nuestra respuesta misionera a los desafíos del mundo. Pienso que los Capitulares percibieron que los Redentoristas pueden no haberse dado cuenta de cuánto ha cambiado nuestra comprensión de la redención. Puede ser que también estemos tan ocupados que no tengamos tiempo para profundizar – o siquiera para pensar – sobre la relación de Dios con el mundo. Sin esta reflexión, el Evangelio que predicamos corre el riesgo de no ser “noticia”, y menos aún ¡“buena”! Debido a esto, los Capitulares pidieron que se escribiera una Communicanda sobre la redención. Esta tarea se hacía urgente dado que las nuevas antropologías y comprensiones del mundo y de la fe exigen una clarificación del concepto y su contenido. Esta Communicanda ofrecería a los Redentoristas los elementos necesarios para discernir su significado y revitalizar la vida apostólica. [2]
  3. La revitalización de nuestra vida apostólica como una de las metas de la reflexión es un elemento clave para la decisión del Capítulo. Los Capitulares se refieren a la comprensión fundamental de la vida redentorista como vita apostolica, expresión técnica que tiene un significado preciso en nuestras Constituciones: nuestra vida comprende a la vez la vida de especial consagración a Dios y la actividad misionera de los Redentoristas (Const. 1). Lejos de ser una especie de dualismo, el carisma de nuestra Congregación nos llama a una unidad fundamental entre lo que somos y lo que hacemos. La espiritualidad, la vida comunitaria y el trabajo pastoral no son componentes separados de nuestra vocación. El estudio y la reflexión teológica también son parte integrante de este conjunto dinámico. Todas estas dimensiones de nuestra vida se entrelazan de forma armoniosa y conjuntamente representan nuestra misión específica en la Iglesia. Toda reflexión sobre la redención forma parte de este proceso. Debe fortalecer y dar sentido a toda nuestra vida.
  4. Es claro que un tratado sistemático de la redención va más allá de la naturaleza y el propósito de cualquier Communicanda. Por tanto, este documento no pretende ser una exposición exhaustiva, ni siquiera tratar todas las cuestiones más importantes del tema. Una reflexión sobre un tema tan fundamental como la redención debe ser un proceso continuo, compartido por toda la Congregación y los otros miembros de la familia redentorista. Se trata de una tarea que debemos asumir como parte de nuestra vida personal y comunitaria. Más aún, a mi modo de ver, cada Unidad y cada Región están llamadas a contemplar la noción de redención a partir de su contexto histórico y de sus peculiares expresiones culturales.

Los Capítulos Generales anteriores nos ayudaron a conectar entre sí los temas sobre la identidad, la espiritualidad y la misión. Sería muy provechoso retomar dichas propuestas. También podría ser beneficioso echar una ojeada a las anteriores Communicanda que trataron los temas de nuestra espiritualidad, del testimonio de nuestra vida comunitaria, de la solidaridad y del apostolado. Estos documentos nos suministran un telón de fondo y el contexto propio para esta reflexión sobre el tema de la redención. [3]

El papel esencial de la metáfora

  1. Antes de comenzar la reflexión, consideremos el tipo de lenguaje que se usa para hablar sobre la redención. En la Palabra de Dios y en toda la historia de la Iglesia se usan metáforas para referirse a la redención. Este hecho tiene importantes implicaciones. Una metáfora es una figura retórica por la cual una palabra o frase, que literalmente se refiere a un determinado tipo de objeto o idea, se usa para designar otra cosa distinta o bien para sugerir una semejanza o analogía. Las metáforas son esencialmente símbolos. Por eso, graves confusiones pueden ocurrir cuando se las interpretan literalmente o de forma aislada. Una metáfora no puede ser tomada como expresión que agote el sentido de una determinada verdad. Además, en el lenguaje cotidiano o en la reflexión, las metáforas pueden expresar diversas dimensiones de una realidad y una verdad teológica. Sin embargo, la metáfora en sí no puede abarcar la totalidad de dicha realidad o verdad. El hecho de que se usen numerosas metáforas para hablar de la redención ilustra cómo ninguna de ellas, de forma aislada, es totalmente adecuada.
  2. Más aún, no podemos perder de vista el hecho de que el modo como la Biblia habla de redención está condicionado por diferentes contextos culturales, sociológicos y religiosos. Las diversas expresiones usadas no deben considerarse en pugna o en oposición mutua, sino como esfuerzos diversos para hacer comprensible la verdad de la fe. Por ejemplo, encontramos en S. Pablo el uso de las categorías hebreas de culpabilidad y expiación. Lucas y las Cartas Pastorales, por su parte, se remiten al pensamiento helenístico. El propósito original de los textos bíblicos fue el de proclamar el misterio de Jesucristo y el misterio de la redención de modo que fuesen entendidos por comunidades concretas. Un enfoque respetuoso de la Palabra de Dios revelada debe animarnos a no escatimar esfuerzo alguno para hacer comprensible el mensaje de la redención en los numerosos contextos culturales e históricos en los que la Congregación evangeliza hoy.
  3. Algunos modos de hablar de la redención, fuertemente influenciados por una piedad inadecuada aunque entusiasta, pueden desorientarnos e incluso impedirnos dar una respuesta eficaz a los problemas de nuestros días. Nuestra propia práctica pastoral y nuestra predicación nos hacen tomar conciencia de la insuficiencia de algunas interpretaciones y enfoques. Probablemente dedicamos una buena parte de nuestro servicio misionero a corregir ciertas perspectivas teológicas que han desorientado o incluso esclavizado al Pueblo de Dios.
  4. Esta Communicanda no pretende ser un comentario teológico que explique todos los temas. Al iniciar de nuestro diálogo, recordemos que la historia de la teología y la de la evangelización se caracterizan por la búsqueda de un lenguaje que nos ayude a hablar de la redención. Dicha búsqueda ha llevado a los misioneros a reflexionar constantemente sobre el misterio de la redención mientras buscaban metáforas que pudieran servir a la proclamación de la Buena Nueva. Sería muy bueno que en la Congregación se organizaran espacios de discusión y diálogo donde los miembros de la Familia Redentorista puedan compartir una reflexión continua. Se propicia así el mutuo enriquecimiento a partir de las perspectivas de nuestras diversas regiones.

I. Beber de nuestro propio pozo

  1. Los Redentoristas tenemos una manera instintiva y pastoral de entender y anunciar la redención, a pesar de las diferencias teológicas y culturales entre nosotros. Esta manera de entender la redención nos viene de San Alfonso y puede ser encontrada en nuestra tradición espiritual y pastoral. No escatimamos esfuerzo alguno para ayudar a la gente a comprender que la redención es siempre iniciativa de Dios, quien nos ama de un modo prácticamente inconcebible por la imaginación humana y, a cambio, desea nuestro amor. En nuestro ministerio, la redención se proclama como liberación del pecado y como llamada de Dios a vivir en una relación de amor con él. Generalmente, somos conocidos por nuestra cercanía al pueblo, especialmente a los pobres más abandonados. La misericordia generosa, el perdón y la reconciliación son notas características de nuestro ministerio. Jesús invitaba a las gentes a cambiar sus corazones y sus mentes, así también nuestra predicación tradicionalmente incluye una insistente llamada a la conversión. El apostolado del confesionario es apreciado por nosotros porque la celebración de este sacramento ofrece a la gente una experiencia tangible de la redención. La mayoría de los Redentoristas establece una conexión fundamental entre la redención y las exigencias de la justicia social, del reconocimiento de los derechos humanos y del respeto por la integridad de la creación.
  2. En general, los Redentoristas entendemos la redención de acuerdo con la proclamación de la Buena Nueva de Jesús. Esta proclamación ofrece la salvación a todos, con una opción preferencial por los pobres. Entre los pronunciamientos del Magisterio sobre la redención, posiblemente sea el Papa Pablo VI, quien en su exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, resuma el contenido de la predicación de Jesús de un modo que habla al corazón de los Redentoristas precisamente por su perspectiva pastoral, y en particular por su énfasis en la necesidad de la conversión:

Como núcleo y centro de su Buena Nueva, Jesús anuncia la salvación, ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a El. Todo esto tiene su arranque durante la vida de Cristo, y se logra de manea definitiva por su muerte y resurrección; pero debe ser continuado pacientemente a través de la historia hasta ser plenamente realizado el día de la venida final del mismo Cristo, cosa que nadie sabe cuándo tendrá lugar, a excepción del Padre.

Este reino y esta salvación – palabras clave en la evangelización de Jesucristo – pueden ser recibidos por todo hombre, como gracia y misericordia; pero a la vez cada uno debe conquistarlos con la fuerza, “el reino de los cielos está en tensión y los esforzados lo arrebatan”, dice el Señor (24), con la fatiga y el sufrimiento, con una vida conforme al Evangelio, con la renuncia y la cruz, con el espíritu de las bienaventuranzas. Pero, ante todo, cada uno los consigue mediante un total cambio interior, que el Evangelio designa con el nombre de metanoia, una conversión radical, una transformación profunda de la mente y del corazón. [4]

  1. Una manera redentorista de entender la redención es la que comienza con San Alfonso. No tan diferente a nuestra propia época, la sociedad en la que Dios llamó a Alfonso de Liguori a proclamar la abundante redención presentaba enormes desafíos. Él vivió un cambio trascendental de época, en el punto crítico de la transición de la sociedad medieval al nuevo y audaz mundo de la Ilustración. Alfonso tomó conciencia de los pobres más abandonados que, demasiado frecuentemente, eran olvidados en las prioridades políticas, económicas y culturales de su tiempo. Era consciente, a la vez, de su propia necesidad de conversión si quería responder fielmente a la llamada de Dios.

Muchos de sus contemporáneos se encontraban alejados de Dios debido a las ideas equivocadas que se les proponían sobre Dios y a un legalismo opresor en la espiritualidad y en la moral. Alfonso combatió estas distorsiones del Evangelio con una robusta práctica pastoral imbuida de un espíritu clarividente de la oración y de la contemplación. Su predicación sobre la redención tocó los corazones de las gentes que habían llegado al punto de imaginar a Dios, en el mejor de los casos, como muy lejano e indiferente; y en el peor de los casos, como un tirano cruel.

  1. Para Alfonso, la totalidad de la vida cristiana se centra en Jesús y en su obra redentora. Si queremos entender la intuición espiritual de nuestro Fundador, pienso que el enfoque crítico no es el de una redención como categoría abstracta, sino más bien la persona del Redentor. Para Alfonso, es indispensable un enfoque cristológico ya que es el Redentor quien revela la redención. El Redentor representa la verdadera esencia de Dios en toda su plenitud. ¿Quién es Dios? ¿Qué piensa Dios sobre los seres humanos? Alfonso une su voz a la de Jesús en el Evangelio de Juan: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3, 16-17).

El Redentor es el propio amor que desea tocar y transformar todo ser humano de manera que todos puedan encontrar plenitud y felicidad verdaderas. Jesús vino para que todos “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 10). Sin embargo, no escatimando nada para amar y ser amado, el Redentor se “despoja de sí mismo”, primero en la Encarnación y después en la muerte, incluso “una muerte de cruz”. La opción del Redentor por el camino de la kenosis absoluta está destinada a destruir todas las ideas falsas sobre Dios, al mismo tiempo que destruye el muro del orgullo y la suspicacia humana sobre Dios y sobre su plan sobre nosotros.

El misterio de la redención no consiste en que nosotros nos hagamos dignos de Dios, sino más bien en que, en Cristo Jesús, Dios nos hace dignos de sí (Cl. 1, 12-14; Ef. 1, 3-14). Esta comprensión del deseo de Dios de transformar a los seres humanos a través del amor es un elemento importante de la visión de Alfonso. La redención se convierte así en entrega libre del hombre en un acto de admiración y gratitud hacia el amor que Dios nos ha dado en Cristo Jesús por medio del Espíritu.

  1. Una comprensión del Redentor como expresión de la compasión de Dios que se manifiesta en la kenosis influye en Alfonso a la hora de la promoción de las devociones tradicionales de su tiempo. Pesebre, Cruz, Eucaristía y María son expresiones de la profundidad del misterio del Redentor. La Encarnación demuestra el compromiso compasivo de Dios para con la humanidad a través del amor que se da libre e incondicionalmente. En la Cruz contemplamos un amor sin límites al darse a sí mismo o bien en su capacidad de perdonar. En la Eucaristía, la humanidad recibe el supremo don del amor: el Señor resucitado que decide permanecer para siempre entre sus amados como fuente de gracia transformadora y como fuerza para la comunión. María es amada por Alfonso en cuanto cauce a través del cual fluye el río de la gracia que da el Padre en el Redentor.
  2. Para que apreciemos su forma de entender la redención, la perspectiva a partir de la cual debemos leer a San Alfonso es la de los “abandonados”, la de aquellos que están obligados a vivir al margen de la sociedad o incluso de la Iglesia. Este es el punto de vista que da matiz a las estrategias pastorales de Alfonso y condiciona también indeleblemente su reflexión teológica. Su visión en orden a la Congregación es tan grande como ningún otro podía tenerla, ya que su punto de referencia es la entera misión de Jesús. ¿Por qué Dios se hizo hombre en Jesucristo? En la respuesta a esta pregunta encuentra Alfonso también la raison d’ être (la razón de ser) de su Instituto. Descubre en el cuarto capítulo del Evangelio de Lucas una cierta definición de la misión de Jesús, un resumen del sentido y del significado de toda su vida. La perspectiva teológica de Alfonso es aquí profundamente pastoral y misionera:

El que es llamado a la Congregación del Santísimo Redentor no será jamás un verdadero seguidor de Jesucristo y ni tampoco llegará jamás a ser santo si no tiende al objetivo de su vocación y no tiene el espíritu del instituto, que consiste en salvar almas, las almas más destituidas de ayuda espiritual como son los pobres campesinos. Fue ésta era la verdadera razón de la venida del Redentor, que dijo de sí: El Espíritu del Señor…. me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los pobres. [5]

Alfonso establece una clara conexión entre la persona de Jesús y la Congregación: ella está en razón de la venida del Redentor.

La misión de los Redentoristas es llevar a las gentes al punto crucial de la vida cristiana: el amor de Dios que es poderosamente revelado en Jesucristo. En el centro de la vida y del ministerio de la Congregación está el propio misterio de la redención. Nosotros, Redentoristas, hemos nacido en el corazón de un ardiente discípulo de Jesús, que estaba inflamado de celo por la redención de todos, con especial preferencia hacia los pobres abandonados.

  1. A través de Jesús, el amor redentor del Padre alcanza a cada persona individualmente. En la perspectiva de Alfonso, el amor de Dios no es anunciado de modo abstracto, sino por medio de historias que ilustran el amor personal de Dios a cada uno y espera también de cada uno una respuesta de conversión. La transformación del mundo se realiza por un cambio personal del corazón y por la obediencia al plan de Dios tal como fue revelado en Jesús. Como seres humanos, también nosotros tenemos una necesidad básica de pertenencia, de ser parte de un proyecto más amplio que nos lleve más allá de nuestros pequeños mundos personales. El amor redentor de Dios provoca un cambio en nuestras relaciones, uniéndonos como comunidades en la Iglesia (Const. 12), que nos confía la misión de comunicar a los demás el amor que experimentamos en el Redentor.
  2. Alfonso percibió como suya la vocación de proseguir la obra de Jesús Redentor predicando la Buena Nueva a los pobres más abandonados. Su misión fue vivir en permanente solidaridad con ellos. Su propia experiencia personal de Dios estuvo íntimamente ligada a dicha idea. Escribió a las comunidades de Scifelli y Frosinone en 1774:

Atiendan a las almas, de modo más especial a los pobres, a los campesinos y a los más abandonados. Recuerden que Dios evangelizare pauperibus misit nos (que Dios nos envió a evangelizar a los pobres) en estos nuestros días. Graben esto firmemente en sus corazones y busquen solamente a Dios entre los pobres abandonados, si es que quieren agradar a Jesucristo. [6]

  1. Alfonso no se empeñó en llevar a los abandonados a la Iglesia, sino que, más bien, trató de llevar la Iglesia a esas gentes que ella había abandonado. S. Alfonso enfatizaba repetidamente que su Instituto había optado concientemente por fundar sus casas entre los pobres. Supongo que dicha opción no fue simplemente para posibilitar a los pobres aprovecharse de nuestros servicios. Alfonso sabía que el estar entre los pobres haría cambiar a sus compañeros justamente como los cabreros y los pastores lo cambiaron a él para siempre.

II.Lidiando con el misterio
    en el mundo de hoy

  1. En la primera parte de esta carta traté de subrayar algunos elementos que considero importantes para un enfoque redentorista de la redención. Dichos elementos pueden enraizarnos sólidamente en una tradición que continúa alimentando nuestra vocación misionera. Pero dichas raíces deben arraigar hoy en un nuevo suelo. Podría decirse que nos encontramos al final del momento histórico que comenzó a asumir una forma concreta justamente durante el tiempo en que vivió Alfonso. El final de una época y el principio de otra representa la aparición de problemas nuevos, de nuevas preocupaciones, de nuevas cuestiones y de nuevas oportunidades.
  2. Para que nuestra reflexión no termine en un mero ejercicio teórico, es fundamental considerar el mundo en que vivimos y trabajamos. Solamente si estamos dispuestos a mantener esa actitud atenta hacia la realidad seremos capaces de discernir los angustiosos interrogantes de la gente y descubrir cómo Dios se está revelando realmente en ellos y dando a conocer su plan (cf. Const. 19). Esa misma Constitución, inspirándose en la audaz doctrina del Concilio Vaticano Segundo, declara cómo incumbe a los Redentoristas revelar la “obra de la redención en su totalidad” [7] . Para gran parte del mundo, la redención es una categoría sin sentido. La multiforme crisis del cristianismo puede – y probablemente debe – reducirse a un denominador común de naturaleza soteriológica, es decir, a la pérdida de su relevancia salvífica. El cristianismo ve debilitado su potencial para ser signo de la salvación. Y la Iglesia deja de ser Iglesia si no puede comunicar la salvación. Se podría invertir el axioma de S. Cipriano: extra salutem nullus Christianismus (fuera de la salvación no hay cristianismo). [8]
  3. Así que dicha reflexión es una tarea fundamental – pero nunca fácil – porque nuestro mundo está constantemente cambiando. Hoy en día existe una percepción de que el cambio cultural es acelerado y profundo, llevando a algunos a observar que vivimos en un cambio de época, no simplemente en una época de cambios. Las categorías de pensamiento y de interpretación constatadas por el tiempo son limitadas en su capacidad de ayudarnos a comprender lo que está sucediendo. Las gentes se preguntan si de hecho existen puntos fijos de referencia o valores absolutos. Aunque el capitalismo mantiene un gran poder de atracción, el hecho es que parece que se van extendiendo la decepción ante las actuales instituciones, el colapso de las ideologías y la falta de esperanza en un futuro mejor prometido por la modernidad. Crece la capacidad destructiva de la humanidad llevando a muchos a preguntarse “¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Quién nos salvará de nosotros mismos?”

La búsqueda de sentido y el ansia de espiritualidad

  1. En algunas partes del mundo moderno, aunque la gente niegue su pertenencia a cualquier denominación, utiliza, sin embargo, el lenguaje religioso para expresar una búsqueda de sentido en la vida. Un sociólogo contemporáneo describe la situación de Europa Occidental como un “creer sin pertenecer.” [9] Se puede percibir un ansia por algo más en la vida, una búsqueda de sabiduría, un interés por las nuevas formas de espiritualidad, una pasión por la justicia, un aprecio de la belleza y del valor esencial de las relaciones interpersonales. Los cohermanos que estudian las tendencias contemporáneas en la literatura, el cine, el arte y la música, vislumbran en dichas expresiones culturales una búsqueda persistente de una experiencia de algo parecido a la redención. Diferentes expresiones de religiosidad popular manifiestan un ansia y una búsqueda semejantes.
  2. El hambre de redención se percibe también en clamores reprimidos y anhelos sofocados. Podemos oírlos en el desamparo y en la frustración de los marginados, de los excluidos y de los así llamados “nuevos pobres”. Una percepción muy extendida de la fragmentación de la vida moderna, en la que sus distintos aspectos parecen estar desconectados entre sí, provoca también un efectivo malestar y una tímida esperanza de alivio. Las personas angustiadas, solitarias, y sufrientes de todo tipo tienen la vaga sensación de que “falta algo”; de que debe haber un modo mejor de vivir.
  3. El anhelo de “algo más” puede anestesiarse o incluso sofocarse. Algunos consiguen vivir con un cómodo sentido de autosuficiencia, sin sentir ninguna necesidad apremiante de cambio alguno. Es de preguntarse por cuánto tiempo puede una existencia estéril, aislada y manifiestamente centrada en sí mismo satisfacer el corazón humano hambriento.
  4. Aunque sea verdad que mucha gente puede sentir hambre de un cierto tipo de redención, esto no lo lleva necesariamente a la búsqueda de un Redentor. A menudo, la respuesta es procurarse un tipo de auto-redención como se comprueba por la variedad de programas de autoayuda que no están vinculados a un Redentor. Se busca alivio a las ansiedades de la vida moderna también mediante el recurso al folclore, a lo mágico o a la superstición.

La realidad del pecado y del mal

  1. La experiencia del mal es muy fuerte en la historia humana. Nuestros cohermanos en la India, en Sri Lanka, en Tailandia, en Nueva Orleáns y, más recientemente, en Indonesia, pueden atestiguar la dramática destrucción como resultado de un mal impersonal desencadenado por las fuerzas de la naturaleza y ante el cual la humanidad se doblega impotente. Por otro lado, todos conocemos demasiado bien la maldad del pecado personal que amenaza con separarnos de Dios y de los demás y que, por tanto, tiene serias repercusiones en nuestras comunidades y en la sociedad. Además de las opciones equivocadas de los individuos, también reconocemos la crueldad que causan las estructuras sociales que generan injusticias y muerte, incluso cuando están gobernadas por gentes bien intencionadas. El lujo de algunas naciones exige de forma muy real la pobreza de otras. La guerra se hace con nuevas motivaciones: o como instrumento del terrorismo o como ataque preventivo en nombre de la paz.
  2. Las consecuencias de la globalización a todos sus niveles (económico, social, político, cultural y tecnológico) son ambiguas. Por un lado, está la promesa de un nuevo mundo con incontables oportunidades. Sin embargo, el precio es una creciente desigualdad entre las naciones y la creación de nuevas categorías de pobreza. Tanto individuos, como comunidades y hasta naciones enteras se encuentran impotentes ante las estructuras globales de injusticia. Recuerdo lo que me decía un obispo redentorista: que su país, abandonado a sí mismo, tenía poca esperanza. Con sus recursos naturales agotados por el colonialismo y por la mala gestión, el país no puede producir nada para el nuevo mercado globalizado. Su supervivencia depende principalmente de una más intensa solidaridad entre las naciones.
  3. Durante su reciente visita al campo de exterminio de Auschwitz–Birkenau, el Papa Benedicto XVI se propuso hablar con coherencia sobre al mal perpetrado en ese lugar; y el propio Santo Padre se cuestionó sobre el “silencio de Dios.” [10] Una reflexión profunda sobre el problema del mal y del pecado supera indudablemente los propósitos de esta Communicanda. Lo que pretendo decir es que el misterio del mal debe ser abordado en nuestra reflexión y también en nuestra predicación si queremos ser fieles a la revelación y creíbles a la gente. Un análisis lúcido de nosotros mismos y de nuestro mundo, cuando va unido a una profundización llena de gratitud y de fe en la revelación de Dios en Jesús nos lleva a maravillarnos con San Pablo: “Donde abundó el pecado, ¡sobreabundó la gracia!” (Rm. 5, 20). Tal vez la proclamación más primigenia del Evangelio es anunciar con convicción que Dios está vivo, incluso en un tiempo como el nuestro.

Signos y testigos del reino

  1. Este mundo, dividido, fragmentado y herido, en el que millones de personas deben soportar sufrimientos horribles, es todavía el mundo que Dios ama, el mundo al cual y para el cual envió a su Hijo. Dos milenios después de la muerte y resurrección de Jesús, podemos preguntarnos si su misión supuso una verdadera diferencia. Enfrentados al misterio del pecado y del mal, pero conscientes de la iniciativa de Dios, estamos llamados a la contemplación, en un esfuerzo que trata de ver como Dios ve para poder actuar como Dios actúa.
  2. El Instrumentum Laboris del XXIII Capítulo General presenta una lista de desafíos, llamándolos “signos de la presencia del Reino” y “signos de la ausencia del Reino”. El documento destaca específicamente los desafíos que la secularización, la post-modernidad y la globalización plantean a la evangelización. Dicho documento resume bien la situación que enfrenta la Congregación en todo el mundo y la necesidad de que descubramos los medios más eficaces para convertirnos en testigos de la abundante redención. [11]
  3. Una mirada contemplativa sobre nuestro mundo nos lleva a entrever las fuerzas que luchan contra el Reino de Dios, tales como una cultura de la muerte que privilegia el poder, el placer y el poseer, llegando incluso a la deshumanización, a la esclavitud y al desplazamiento general de sociedades enteras. La proclamación de la redención abundante es una llamada a ver este mundo herido y golpeado, desde una perspectiva contemplativa que nos permita descubrir los caminos del Espíritu. Aprendemos a reconocer la presencia de signos de redención que nos permiten proseguir con esperanza y determinación. Al atrevernos a cuestionar si la misión de Jesús marca una diferencia para nuestro mundo, necesitamos también, entonces, tener el valor de asumir una actitud contemplativa y dejar que el Espíritu prometido por Jesús nos guíe a la verdad plena (Jn. 16, 13).

III. “Cooperadores, socios, y servidores
        de Jesucristo en la gran obra…”

  1. Permítanme intentar resumir la reflexión hecha hasta aquí. Nuestro análisis comenzó con la afirmación de que los Redentoristas tienen un modo particular de entender la acción salvífica de Dios en Jesucristo. Esta visión se basa en la experiencia de Dios que animó la práctica pastoral de Alfonso de Liguori. No ha sido nuestra intención hablar de los modos tradicionales con que la teología dogmática ha presentado el tema de la redención. No es que ese debate no tenga importancia, pero el Capítulo General esperaba que la presente Communicanda sirviese de instrumento de discernimiento y contribuyera a revitalizar la vida apostólica de la Congregación [12] . A este fin, intenté anclar la reflexión en la experiencia de nuestro Fundador, que dio energía y urgencia a su predicación, a sus escritos e incluso a la decisión de fundar la Congregación. Alfonso entendió al Redentor como la revelación de la ilimitada compasión de Dios hacia la humanidad. Este amor compasivo lleva a Dios a la kenosis, a despojarse de sí mismo, que Dios hace para la vida del mundo con especial preferencia por los pobres. La lógica de Alfonso es la misma lógica de la carta a los Filipenses: Dios no escatimó esfuerzo alguno para ganar nuestros corazones (Fil. 2, 5-11).

Llevamos la intuición espiritual de Alfonso a nuestra misión de proclamar la abundante redención al mundo de hoy. Esta misión exige de nosotros una mirada contemplativa cuando tratamos de entrever las fuerzas que combaten contra el Reino de Dios e intentamos discernir los signos de la redención que nos permiten continuar nuestra misión con esperanza y determinación, que incluyen la lucha contra todo aquello que pueda esclavizar a hombres y mujeres.

Como Alfonso, también nosotros estamos llamados a la conversión que nos permita participar del dinamismo de la compasión y de la kenosis de Dios. “Dar nuestra vida por la abundante redención” significa entrar de modo íntimo y permanente en la misión de Jesucristo, que es la “gran obra de la redención” a fin de predicar a los pobres la Palabra de la salvación (cf. Const. 2). En esta parte final de la Communicanda, me agradaría indicar algunas consecuencias para la Congregación hoy.

Centralidad de Jesucristo:
en él hay abundante redención

  1. Para dar testimonio de la abundante redención según la inspiración carismática de Alfonso de Liguori, nuestra única opción es fortalecer nuestra relación con el Redentor. Nuestro fundador unió radicalmente nuestra propia raison d’ être a la misión de Jesucristo. Así, la misión de Jesús se convierte en el criterio según el cual juzgamos nuestra propia misión. Debemos estar convencidos de que creer en Jesucristo es tener la misma esperanza de Jesucristo; que seguir a Jesucristo es continuar y prolongar en la historia su misión, y amar como él amó hasta el punto de dar nuestras vidas; que seguirlo es dejarnos cautivar por él y por su causa. [13] Alfonso nos invita a redescubrir al Dios de Jesucristo, un Dios que está apasionadamente enamorado de la humanidad; un Dios que escucha el grito de los pobres y no permanece indiferente a la injusticia. Dios se reveló a sí mismo como Buena Nueva para los empobrecidos, llegando a colmar con la plenitud total de Dios a los seres humanos (Ef. 3, 19) en el auto-despojo solidario de Cristo (Fil 2, 5-11).
  2. Por tanto, la proclamación de la abundante redención en la tradición redentorista no consiste principalmente en la presentación de fórmulas de fe o códigos de moral. Es una invitación a una relación personal con un Dios apasionado, un Dios de amor que, a cambio, necesita ser amado. Para Alfonso, es mucho lo que está en juego. En una de sus oraciones se lamenta de que el mundo esté “lleno de predicadores que se predican a sí mismos [y no a Jesucristo] mientras que el infierno está lleno de almas.” [14] Todavía, con una insistencia que cuestiona nuestra antigua reputación como predicadores del “fuego y azufre”, Alfonso sostiene que las conversiones conseguidas por el miedo al castigo divino no son duraderas. Por tanto, durante las misiones, la tarea principal de todos y cada uno de los misioneros es encender en sus oyentes el fuego del amor divino [15] . Aunque ya no usemos el lenguaje del azufre para captar la atención de nuestros oyentes, podríamos preguntarnos, sin embargo, si nuestra predicación no se ha convertido en insípida o superficial en sus contenidos. ¿Usamos toda la creatividad y pasión a nuestro alcance a fin de predicar a Jesucristo Redentor con un lenguaje que la gente, especialmente los pobres abandonados, sean capaces de entender hoy?
  3. La misión de la Congregación no es algo que nosotros nos inventamos. Tampoco tiene una explicación y justificación interna, sociológica, psicológica o antropológica. Sus orígenes se encuentran fuera de la misma. Dios es el propio origen y fuente de la misión y de su fuerza. Éste es su misterio más íntimo, del que la Congregación bebe su vida, fuerza y visión. Cuando la misión empieza a justificar su raison d’ être de modo diferente; es decir: socio-política o culturalmente, pierde su autenticidad. Si nuestra misión pierde su centralidad en Jesucristo, su luz se extinguirá y ella misma se convertirá en insípida; será como la sal que ya no sirve sino para que la tiren fuera.
  4. Creo que centrar la misión de la Congregación en el misterio de Jesucristo tiene importantes consecuencias para nosotros. Esta identificación debe suscitar una efectiva admiración por nuestra vocación “como cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la redención” (Const. 2), porque participamos de un impulso que encuentra su origen en el misterio de la Santísima Trinidad. La planificación pastoral, que debe prestar atención a las metas, a los objetivos, a los planes de acción y a la evaluación, debe ser también fruto de la oración contemplativa, de la meditación y de la lectio divina, pues ahí estamos tratando con lo sagrado y no simplemente utilizando principios de dirección o administración.
  5. Cuando a través de la entrega de nuestras vidas tratamos de hacer más evidente el ímpetu divino hacia toda la humanidad, no podemos cesar jamás de buscar y de hacer preguntas. No hay espacio para la autosatisfacción o para la autocomplacencia burguesa, en nuestra vocación. ¿Recuerdan la historia que cuenta Alfonso sobre cierto ermitaño que un día conoció a un príncipe en el bosque? El príncipe le preguntó qué estaba haciendo allí. El ermitaño respondió con otra pregunta “Señor ¿y qué hace usted en este lugar solitario?” Cuando el príncipe contestó que estaba cazando animales salvajes, el ermitaño replicó “Y yo estoy cazando a Dios”, y prosiguió su camino. [16] Si es verdad que muchos de nuestros contemporáneos están buscando lo divino o, por lo menos, algún sentido último a sus vidas ¡imagínense el vigoroso testimonio de nuestro trabajo pastoral y de nuestra vida comunitaria donde los hombres están cazando a Dios!

La conversión para la compasión
que se manifiesta en la kenosis

  1. Mons. Pedro Casaldáliga nos invita a pensar también con nuestros pies. Quiero decir: al final, nuestra reflexión debe traducirse en una acción que sea coherente con nuestros valores más profundos. Si queremos entender cómo comprende Alfonso al Redentor y a su obra salvífica, debemos incluir siempre a los pobres, especialmente los pobres abandonados. Como hemos visto, nuestro Fundador asocia su Congregación a la misión de Jesús, que viene a anunciar la Buena Nueva a los pobres. La Constitución 5 refleja esta relación notando que “la evangelización propiamente dicha y la opción por los pobres constituyen para la Congregación su misma razón de ser en la Iglesia y la contraseña de su fidelidad a la vocación recibida”.
  2. Alfonso no tuvo simplemente una intuición teórica de la relación especial entre el Redentor y los abandonados. Su primer biógrafo expresa en términos dramáticos cómo nuestro Fundador “pensó con sus pies” – ¡incluso cuando de hecho montaba en un jumento! En una descripción conmovedora de su éxodo de Nápoles en 1732, él describe a Alfonso haciendo a Jesús el sacrificio total de esa ciudad y de su gloria a fin de vivir y morir en el campo, rodeado por los campesinos y pastores analfabetos. [17] Comentando este hecho, Théodule Rey-Mermet escribe que el comienzo de nuestra Congregación fue primera y principalmente la muerte y el resurgir de un hombre: “El distinguido caballero napolitano ya no existe, aquel que nace es un hombre pobre entre los pobres” [18] . El lenguaje pascual, a la hora de interpretar el éxodo de Alfonso, es instructivo, especialmente cuando recordamos el encuentro que provocó la decisión de Alfonso, cuando a comienzos del verano de 1730 la visión de los pobres abandonados en las alturas de Scala lo transformó para siempre. Movido por la compasión, Alfonso asumió la misma “mente” de Cristo Jesús y se “despojó de sí mismo” (cf. Fil 2, 5b). Alfonso reconoció su propia vocación en la compasión y en la kenosis del Hijo de Dios. La historia de Jesús se convirtió en la historia de Alfonso.
  3. Desde 1732, miles de Redentoristas han entrado en esa misma dinámica, permitiendo que la historia de Jesús se convierta igualmente en la suya propia. Cohermanos como los Beatos Nicholas Mykolay Charnetskyi y Dominick Methodius Trcka vivieron la kenosis en su sentido último, “aceptando incluso la muerte” por amor a la misión. Si bien menos dramáticas, aunque no por eso menos preciosas, son también innumerables las historias de amor desinteresado que han caracterizado la historia de nuestra Congregación: misioneros que, a través de su profesión religiosa, no escatimaron esfuerzo alguno para hacer una total donación de sí mismos (Const. 56).
  4. Creo que hoy la Congregación está llamada a expresar la inspiración carismática de Alfonso en un proceso dinámico de solidaridad. Solidaridad es compasión, pues ella nos compromete con la lucha histórica de los pobres y débiles de este mundo y nos asocia a los que están abandonados y sin esperanza. La Solidaridad nos llama a “prestar atención especial a los pobres, a los de condición más humilde” puesto que su “evangelización es signo de la llegada del Reino de Dios” (Const. 4). Jesús, no solamente decide identificarse de una manera especial con los marginados (Mt. 25, 40), sino que también, en su Encarnación y en su misterio pascual, Dios expresa una solidaridad radical e irrevocable con los seres humanos.
  5. La solidaridad evangélica, que lleva a la Congregación a comprometerse con los pobres, con los desposeídos y oprimidos, encuentra expresión concreta en nuestra comunidad. Los últimos Capítulos Generales hicieron hincapié en que la comunidad redentorista es por sí misma una proclamación de la Buena Nueva. Ella es la tienda que Dios establece para acampar entre los pobres abandonados a fin de comunicar su compasión. Pero nuestra vida común exige también la kenosis Pues “…la comunidad no consiste tan sólo en la cohabitación material de los cohermanos, sino a la vez en la comunión de espíritu y de hermandad” (Const. 21).
  6. La invitación del último Capítulo General a reflexionar sobre la reestructuración de la Congregación es una llamada a la conversión a la abundante redención. [19] No es difícil ver la reestructuración como una especie de auto-despojarse. La reflexión sobre este tema es un rechazo al apego obstinado a las glorias del pasado y a la aceptación pasiva de las limitaciones del presente. Al revés, estamos buscando nuevas formas de solidaridad a fin de expresar la compasión de Dios hacia los pobres abandonados. Este itinerario parece frágil y requiere el tipo de fe y de valor que movieron a Alfonso a dejar atrás Nápoles y partir rumbo a un porvenir desconocido, armado tan solo de la confianza de que era Dios quien lo guiaba.
  7. Continuaremos este itinerario en la esperanza, una “esperanza que no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom 5, 5). Muchos esperan de nosotros un signo de esperanza, como el Papa Juan Pablo II recordó al XXIII Capítulo General: “Si anuncian con alegría y coherencia de vida la abundante redención, suscitarán o reforzarán la esperanza evangélica en los corazones de muchas personas, especialmente de aquellas que tienen mayor necesidad de ella debido a que han sido marcadas por el pecado y sus nefastas consecuencias.” [20]
  8. No podemos perder de vista el hecho de que somos peregrinos que comparten una promesa y un sueño. La solidaridad, que Dios estableció en el Redentor, ya está actuando en una especie de lucha escatológica y, de esta forma, nuestra visión no está limitada por el momento presente y rechazamos el cinismo y la ilusión de las esperanzas infundadas. Dios está haciendo nuevas todas las cosas y nosotros estamos llamados a trabajar juntos al tiempo que mantenemos nuestros ojos fijos en un nuevo cielo y en una nueva tierra que han sido prometidos a través de Cristo.

Compañeros de nuestro viaje

  1. María, la Madre del Redentor y nuestra Madre del Perpetuo Socorro, camina con nosotros y afianza nuestra esperanza. Ella es un modelo de compasión y de amor desinteresado. En los comienzos de la Iglesia, ella acompañó a los Apóstoles y se unió a su oración inquieta. Pienso que debemos confiar en su presencia hoy en el corazón de nuestra Congregación, cuando tratamos de comprender y de anunciar la obra redentora de su Hijo.
  2. Que el ejemplo de San Pablo y los Apóstoles, así como la intercesión de Alfonso y de todos nuestros santos y beatos Redentoristas inflamen nuestro celo. Rogamos para que la fidelidad extraordinaria de los cohermanos que nos han precedido fortalezca nuestra valentía y para que luchemos también por dar nuestra vida por la abundante redención.
  3. En nombre del Consejo General, a todos reitero nuestros más cordiales y fraternos saludos. Tenemos un lugar muy especial en nuestros corazones para las Monjas Redentoristinas así como también para todos(as) los(las) religiosos(as) y laicos(as) que participan de nuestra misión, recordando particularmente a los jóvenes de todo el mundo que están dispuestos y deseosos de seguir a Jesús anunciando la Buena Nueva a los pobres.

En el Santísimo Redentor,

Joseph W. Tobin, C.Ss.R.
Superior General

La lengua del texto original es el inglés.

[1] XXIII Capítulo General de la Congregación del Santísimo Redentor, Mensaje, Orientaciones, Decisiones. Mensaje del Papa Juan Pablo II, Roma: Curia General, 2003; cf. Mensaje, 1-6.

[2] Orientaciones, 7.3.

[3] Gracias al duro trabajo de la Secretaría General y de la Oficina de Comunicaciones, todas las Communicanda del Gobierno General desde 1985 pueden encontrarse ahora en siete idiomas en www.cssr.com.

[4] Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 9-10.

[5] Considerazione XII: Del zelo della salute delle anime che debbono avere i religiosi”, en Considerazioni per coloro che son chiamati allo stato religioso.

[6] Tannoia IV, 44: Aiutate le anime, ma specialmente i poverelli, i rozzi, ed i più abbandonati. Ricordatevi che Dio evangelizzare pauperibus misit nos in questi tempi. Imprimetevi bene questa massima; e cercate solo Iddio ne’ poveri abbandonati, se volete dar gusto a Gesù-Cristo.

[7] Gaudium et Spes, nn. 11, 22, 41.

[8] Javier Vitoria Cormenzana, “Heartened by the Sounds of a Delicate Silence”, en Concilium (2005/3), p. 125.

[9] Grace Davie, Religion in Modern Europe: A Memory Mutates pp. 3, 12 etc.

[10] Benedicto XVI Alocución en el campo del Auschwitz, Auschwitz–Birkenau, 28 de mayo de 2006

[11] Cf. XXIII Capítulo General, Instrumentum Laboris, (Roma, 2003), nn. 5-8.

[12] Cf.. XXIII Capítulo General, Orientaciones, 7.3.

[13] Cf. Domingo Moraleda, CMF, Symbolic and Messianic Role of Consecrated Life, en SEDOS vol. 37, no 11/12 (Roma: noviembre–diciembre 2005), 2005/178.

[14] Selva di materie predicabili ed istruttive, 242.

[15] Foglietto di cinque punti….nelle Missioni, n. 1.

[16] Prattica dell’Amore di Gesù Cristo, II, 8.

[17] A. M. Tannoia, Della vita ed Istituto del Ven. S. di D. Alfonso M. de Liguori, (Napoli 1798), vol. I, p. 66: “Accertato Alfonso della volontà di Dio, si animò, e prese coraggio; e facendo a Gesù Cristo un sacrificio totale della Città di Napoli, si offerse menar i suoi giorni dentro proquoi, e tugurj, e morire in quelli attorneato da’ villani, e da’ pastori”.

[18] St. Alphonsus Liguori: Tireless Worker for the Most Abandoned, (New York: New City Press, 1989), p.259.

[19] Communicanda 1: Llamados a dar la vida por la abundante redención (Roma: 2004), 43.

[20] Mensaje del Papa Juan Pablo II al XXIII Capítulo General, 6.

REVITALIZAR NUESTRA VITA APOSTOLICA:

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Prioridades de Reestructuración para la Misión

Communicanda 1
2016 – 2022

TESTIGOS DEL REDENTOR:
Solidarios para la Misión en un mundo herido

Roma, 9 de noviembre de 2017

SUMARIO

Introducción: Vivir nuestra “Vita Apostolica” como testimonio profético en y hacia un mundo herido
Parte I: El proceso de reestructuración
Parte II: Prioridades
Prioridades Misioneras
Prioridades Apostólicas
Prioridades Fundamentales
Parte III: Criterios
Criterios para el Plan Apostólico y de Reestructuración de las Conferencias
Criterios para el Proceso de Reestructuración y reconfiguración de la Congregación
Parte IV: Comisión de la Conferencia para el Plan Apostólico y de Reestructuración
Conclusión: Abrazando el futuro con esperanza como un cuerpo misionero

JESÚS SE APARECE A SUS DISCÍPULOS:
“Ustedes son mis testigos”

Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: « ¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo». Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.

Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto».
(Lc 24,36-40.45-49)

INTRODUCCIÓN
VIVIR NUESTRA “VITA APOSTOLICA” COMO TESTIMONIO PROFÉTICO EN Y HACIA UN MUNDO HERIDO

1. El 25o Capítulo General presentó a cada cohermano y a toda la Congregación un importante desafío: somos llamados a ser “Testigos del Redentor: solidarios para la misión en un mundo herido”. En el corazón de este desafío, que es el tema de nuestro sexenio, está el llamado al testimonio en solidaridad entre nosotros y con los pobres. Elegimos responder a esta llamada desafiante por nuestra opción de seguir a Jesús. Como consecuencia, no es posible llegar a ser testigos proféticos del Redentor en este mundo herido sin renovar y revitalizar toda nuestra Vita Apostolica Redentorista, lo que constituye nuestro propio “ser” e identidad como Misioneros Redentoristas.

2. El primer testimonio que damos al Redentor como religiosos consagrados es el de leer y asumir nuestra propia historia personal como una historia de Redención Abundante. El llamado de Dios ha hecho que cada una de nuestras vidas sea un signo profundo de la kenosis divina, a través de la cual llama a todo el mundo a abrirse a su amor. Así como Jesús fijó su mirada con amor en el hombre rico y lo llamó a seguirlo (Mc 10,21), también recordamos aquel día, en el nuestro Redentor fijó su mirada en nosotros, nos amó y nos llamó a dejar todo y seguirlo. Sin cuestionarnos por nuestro pasado, sin cuestionar nuestros motivos o nuestra realidad presente, Jesús nos recibió enteramente, así como somos, con nuestros pecados y virtudes. Nos invitó a ser sus discípulos y compañeros, y a ser testigos del amor de Dios encarnado en el mundo actual y ofrecido gratuitamente a todos.

3. Cuando aceptamos nuestra propia historia personal como un lugar concreto de Redención, comenzamos a leer e interpretar nuestra propia vida a la luz del misterio pascual. En cada misionero redentorista, y de hecho, en toda la Congregación, hay una profunda experiencia y memoria de la Abundante Redención. Como los discípulos en camino hacia Emaús, necesitamos recuperar esta experiencia y ponerla en el centro de nuestras vidas y de nuestra Congregación para que “nuestros corazones puedan arder” (Lc 24,32). El Papa Francisco enfatiza el hecho de que cuando encontramos a Jesús como Redentor, la alegría del Evangelio llena nuestros corazones y nuestras vidas (EG 1), somos testigos de esta alegría como religiosos consagrados en nuestro “mundo herido”. Por lo tanto, nos embarcamos en “una nueva etapa de la evangelización marcada por esta alegría”.

4. Sabemos que nuestro mundo está profundamente herido. Sin embargo, nuestra experiencia de redención personal y comunitaria nos anima a ver este mundo herido, no como una amenaza o un peligro, sino más bien como amado por Dios. – “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único” (Jn 3,16). En la historia del encuentro entre Jesús y Nicodemo, Jesús comienza a enseñar al maestro acerca del verdadero sentido de la redención y de la vida eterna – lo que significa nacer de nuevo del agua y del Espíritu. Hoy, Jesús nos invita a esta misma renovación de nuestro mismo ser, y a escuchar atentamente al mundo herido, para que toda nuestra Vita Apostolica sea revitalizada, como individuos, comunidades, y como Congregación. El Redentor nos llama a volver a las fuentes de esta nueva vida – para nosotros, el Evangelio y nuestro carisma fundacional – para que podamos ser guiados por el Espíritu, el Señor de la historia.

5. Guiados por el Espíritu de Jesús, podemos leer los “signos de los tiempos” y vivir nuestro carisma con fidelidad creativa para responder a los nuevos desafíos del presente. Para ser testigos proféticos del Redentor, entonces como Nicodemo, como San Alfonso y tantos otros de nuestros hermanos santos y beatos, debemos salir a encontrar al Señor donde lo podemos encontrar hoy. Debemos encontrarlo así como somos, con nuestros miedos, incertidumbres, esperanzas y sueños, confiados en que nuestro carisma misionero, nacido del Espíritu y concretizado en la fundación de la Congregación, continúa encarnándose en cada cohermano desde los orígenes hasta el presente.

6. El Espíritu continúa guiándonos en el presente. Guiado por este Espíritu, el 25° Capítulo General analizó detalladamente el estado de la Congregación. Escuchamos y discernimos a través de muchas fuentes, incluyendo la participación de una gran mayoría de los cohermanos en este proceso. Los Capitulares se atrevieron a enfrentarse a los desafíos que enfrenta nuestra misión de evangelizar, siguiendo el ejemplo de Cristo, el Redentor, predicando el evangelio de salvación a los pobres (Const. 2). El 25° Capítulo General está convencido de que la Congregación debe continuar este proceso de discernimiento, atentos a las heridas del mundo, para que Dios pueda renovar y revitalizar nuestra Vita Apostolica Consagrada. (Mensaje del Capítulo a la Congregación, 2-4)

7. Los capitulares tomaron muchas decisiones importantes en Pattaya, Tailandia. En esta Communicanda, el Consejo General desea tratar dos decisiones que creemos que son fundamentales para alcanzar la renovación y la revitalización tan importantes para el presente y para el futuro:

a. Continuar el proceso de reestructuración con todas sus implicancias (Decisión 1),
b. Generar criterios para la actividad apostólica a fin de que cada Conferencia pueda desarrollar un Plan Apostólico para su Implementación (Decisión 5).

8. Animamos a cada cohermano y a cada comunidad a estudiar esta Communicanda, pidiendo la asistencia del Espíritu y el coraje de San Alfonso para seguir a Jesús, el Redentor.

Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. (Jn 15,1-4)

PARTE I: EL PROCESO DE REESTRUCTURACIÓN

El Gobierno General, en unión con los Coordinadores de las Conferencias y Unidades de la Congregación, continuará el proceso de reestructuración para la Misión con todas sus implicaciones. Este proceso involucrará a todas las Unidades de la Congregación. Se prestará especial atención al Estatuto General 088. (Decisión 1, 25° Capítulo General, 2016)

9. ¿Qué significa continuar el proceso de Reestructuración en el presente? El Capítulo advirtió que el espíritu de la reestructuración todavía no ha penetrado en la conciencia de muchos cohermanos. Muchos creen que la “reestructuración” es un proceso requerido por la disminución del número de cohermanos en las Provincias del Norte y de Occidente que están envejeciendo, junto con otras Provincias que envejecen en otras sociedades secularizadas en las otras Conferencias. Otros todavía entienden la reestructuración como un proceso para redistribuir el personal y los recursos en toda de la Congregación. Desafortunadamente, muchos cohermanos no han comprendido todavía que una verdadera reestructuración de la Congregación debe comprometer a cada uno de nosotros, y a cada (Vice) Provincia y Región.

10. Cada una de estas formas de comprender contiene una visión parcial del proceso de reestructuración – pero ninguna de ellas expresa el sentido más completo y profundo que fue adoptado por el 24° Capítulo General en 2009. La Reestructuración es en primer lugar y principalmente un tema de conversión personal y comunitaria para poder vivir más plenamente nuestra Vita Apostolica y dar un testimonio más efectivo del Redentor en el presente.

11. Vivimos en un tiempo crítico de cambio de época. Hay signos de este cambio por todas partes, en la sociedad civil y política, así como en la Iglesia. Entre estos “signos” en la sociedad están el surgimiento del fundamentalismo y el crecimiento de la secularización; los movimientos en masa de pueblos en proporciones nunca vistas anteriormente; la transición de una sociedad predominantemente rural a una nueva sociedad urbana; de las familias tradicionales, las comunidades y sus valores; los signos de drásticos cambios en el clima y el ambiente; la amenaza de la guerra y la violencia; la globalización y el acceso universal a Internet. Estos son sólo algunos ejemplos. No es una lista exhaustiva.

12. Al mismo tiempo, la elección del Papa Francisco, su enseñanza y los recientes Sínodos sobre la Nueva Evangelización y la Familia han indicado claramente que la Iglesia debe comprometerse con esta nueva realidad. El Papa Francisco se ha focalizado en la misericordia y la alegría, en crear y alimentar una cultura del encuentro y el diálogo, del acompañamiento y el discernimiento, y de la inclusión. El Papa Francisco ha puesto nuevamente a los pobres y abandonados en el centro de la misión de la Iglesia. Ha llamado a los cristianos a participar en la misión de la Iglesia saliendo, yendo hacia las periferias – geográficas y existenciales. Él enseña que no somos enviados sólo como apóstoles sino principalmente como discípulos misioneros. Esta es una llamada a la conversión – una llamada a reestructurar nuestra comprensión de la evangelización, la misión, la comunidad y la solidaridad.

13. La comprensión de este proceso de reestructuración para la misión como un proceso de conversión personal y comunitaria significa que debemos abrirnos a la novedad del Espíritu. Es un llamado del Redentor a dejarnos guiar por el Espíritu en un proceso de Éxodo de nuestros mundos más conocidos y las “zonas de confort” para que el Redentor pueda sumergirnos en el mundo herido que Dios ama tanto.

14. En esta nueva situación y contexto, los modos tradicionales de pensar y los métodos de la actividad misionera ya no tienen la misma efectividad de antes. De hecho, mientras nos preparábamos para el Capítulo General, escuchamos a muchos cohermanos decir que no sienten que el ministerio en el que están comprometidos siga siendo verdaderamente “misionero”. Expresaron la frustración ante la dificultad para abandonar los compromisos tradicionales para buscar nuevas iniciativas misioneras que respondan más plenamente a las necesidades del mundo actual – en otras palabras, quieren vivir verdaderamente las Constituciones en el presente (ver especialmente la Constitución 15).

15. El 25° Capítulo General decidió “continuar el proceso de Reestructuración para la Misión con todas sus implicaciones. Este proceso involucrará a todas las Unidades de la Congregación” (Decisión 1). Esta decisión afirma que este proceso no es sólo para unas pocas Unidades, principalmente aquellas que están en el mundo del Norte y el Occidente. Debe involucrar activamente a cada cohermano, a cada comunidad y a todas las Unidades.

16. Este proceso continuo de reestructuración debe tener lugar en distintos niveles, comenzando por la conversión y apertura de cada cohermano y cada comunidad, guiados por el Espíritu. Debe involucrar también a cada Unidad en la necesaria reestructuración interna, revisando y renovando sus Prioridades Apostólicas y sus compromisos pastorales, así como su vida comunitaria y su proceso formativo. La reestructuración debe tener lugar también entre (Vice) Provincias y Regiones, llevando a una mayor solidaridad y colaboración, implementando los principios adoptados por los últimos dos Capítulos Generales. Esto supondrá una reconfiguración de las Provincias, Viceprovincias y Regiones de la Congregación. Este proceso de reestructuración debe siempre servir tanto a la misión de la Congregación, como a las necesidades de los cohermanos.

17. Al mismo tiempo, el proceso de reestructuración debe involucrar a cada Conferencia al determinar sus Prioridades Apostólicas y Planes Apostólicos para servir a la misión no sólo en su territorio sino también globalmente. Los movimientos masivos de personas requieren también que la reestructuración se lleve a cabo entre Conferencias. La preocupación por la presencia Redentorista y la misión en Europa y América del Norte también resalta la necesidad de esta colaboración y reestructuración Inter-Conferencial.

18. Este proceso requerirá una reflexión seria acerca de cómo facilitar una reestructuración del Gobierno General y de los Institutos de la Congregación que son responsabilidad del Gobierno General: la Academia Alfonsiana, el Instituto Histórico, el Colegio Mayor, la Casa San Alfonso.

19. Como proceso de conversión permanente, la reestructuración va al encuentro de los deseos de nuestras Constituciones, (cf. 41, 17, 107) de que nuestra Vita Apostolica sea renovada y revitalizada en cada generación de misioneros redentoristas: guiados por el Espíritu, “siguiendo a Cristo Redentor gozosamente” (Const. 20), proclamando el amor de Dios Padre (Const. 6).
20. Ciertamente, este proceso involucrará la reconfiguración de (Vice) Provincias, Regiones y Misiones tanto hacia el interior como con otras Unidades. También requerirá la redistribución del personal y de los recursos en un espíritu de solidaridad misionera. Este proceso debe ir al encuentro de las preocupaciones reales por la disminución y brindar una atención especial a los hermanos adultos y ancianos. Volveremos brevemente a estas dimensiones del proceso de reestructuración más adelante en esta Communicanda. Pero en primer lugar es importante enfatizar que la reestructuración es para la misión. En este espíritu tratamos el tema de las prioridades apostólicas y la planificación apostólica.

Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra. (Hch 1,8)

PARTE II: PRIORIDADES

21. Con la introducción de la institución de las Conferencias en el 24° Capítulo General, y siguiendo los principios de reestructuración que han sido provistos, se requirió a cada Conferencia poder discernir cuidadosamente a quiénes somos enviados a proclamar la “abundante redención”. Habiendo identificado a quiénes somos enviados, se pidió a cada Conferencia que articule las Prioridades Apostólicas con su situación particular. Estos esfuerzos realizados por las Conferencias influyeron profundamente en la decisión del 25° Capítulo General de continuar el proceso de reestructuración.

22. A lo largo de nuestra historia, según las diversas tradiciones, culturas y lenguas, hemos usado distintos términos a la hora de discutir nuestras prioridades apostólicas, pastorales o misioneras. Para desarrollar un lenguaje común en la Congregación, es importante aclarar lo que queremos decir con estos términos, ya que a menudo los usamos intercambiándolos.

23. En esta Communicanda:

• “Prioridades Misioneras” se refiere a aquellos a los cuales somos enviados o los destinatarios preferenciales de nuestra misión – los más abandonados y los pobres.
• “Prioridades Apostólicas” se refiere a nuestra actividad apostólica y a nuestros ministerios – lo que hacemos para servir a aquellos a los que somos enviados.
• El “Plan Apostólico” determina los ministerios prioritarios a través de los cuales desarrollamos esta actividad y a cómo los llevamos a cabo, e indica el lugar dónde esos ministerios estarán ubicados.

24. Vivimos en un este momento histórico de cambio de época como miembros de la familia humana, como cristianos discípulos misioneros de Jesús, y como Misioneros Redentoristas siguiendo al Redentor en el espíritu de San Alfonso “como colaboradores, compañeros y ministros en el gran servicio de la Redención” (Const. 2). Hoy, quizás, más que nunca, es necesario que tomemos decisiones concretas y opciones claras acerca del modo en el que somos llamados a poner en práctica nuestra energía misionera. Es precisamente por esta razón por la que las Constituciones y los Estatutos nos hablan de prioridades y criterios para la evaluación de nuestra fidelidad a la misión (Const. 17-19; 107-108).

25. El 19° Capítulo General de 1979 urgió a cada (Vice) Provincia y Región a iniciar un proceso de discernimiento con el fin de establecer Prioridades Apostólicas que pudieran guiar los planes apostólicos. Los subsiguientes Capítulos Generales volvieron a esta cuestión frecuentemente, tratando la prioridad de la proclamación explícita y el llamado a evangelizar y ser evangelizados por los pobres. Las “Prioridades Apostólicas” de cada (Vice) Provincia y Región requerían la aprobación del Gobierno General, y se convirtieron en el centro de interés de las Visitas del Gobierno General a las Unidades. Los Capítulos Generales recordaron a la Congregación que estas prioridades deben ser revisadas periódicamente por los Capítulos (Vice) Provinciales, y adaptadas/actualizadas cuando sea necesario para responder a las circunstancias cambiantes (Const. 17).

26. Desafortunadamente, ha habido una falta general de claridad en la Congregación acerca de la naturaleza y función de estas prioridades. Muchas Unidades han hecho una lista de sus apostolados más importantes y los han designado como “Prioridades Apostólicas”. Algunas Unidades han incluido cada compromiso Provincial entre sus Prioridades Apostólicas ¡incluyendo la formación y la promoción vocacional! Cuando todo es una prioridad, ¡no hay prioridades reales que puedan brindar criterios para las decisiones y opciones difíciles que estamos llamados a tomar! Muchos de nosotros también recordamos los apasionados debates acerca de nuestro compromiso congregacional con los materialmente pobres y los espiritualmente abandonados. Algunas discusiones se centraban en la prioridad de la predicación de la misión popular como centro del carisma y la única verdadera prioridad de la Congregación.

27. El 25° Capítulo General ha regresado nuevamente a este tema y ha dado al Gobierno General el mandato de ofrecer criterios para la actividad apostólica y el trabajo misionero de la Congregación. La discusión durante el proceso de preparación y la Fase Canónica sugirió que dichos criterios debían reflejar:

a. Los temas más importantes de la enseñanza magisterial del Papa Francisco reflejados en Evangelii gaudium, Laudato si’, y Amoris Laetitiae;
b. Los criterios contenidos en nuestras Constituciones y Estatutos;
c. Las prioridades propuestas por los últimos Capítulos Generales;
d. Los “signos de los tiempos” que nos son revelados por el Espíritu en el mundo actual.

Prioridades Misioneras

28. El rol de las Prioridades Misioneras – aquellos a los que somos enviados o los destinatarios preferenciales de nuestra misión – es fundamental para nuestro proceso de discernimiento y reestructuración. Unas prioridades claras profundizarán y fortalecerán la identidad misionera de toda la Congregación, de cada Comunidad y cohermano. Son fundamentales para renovar y revitalizar toda nuestra Vita Apostolica y nuestra identidad. Nos ofrecen una base para toda la actividad apostólica y para edificar verdaderas comunidades apostólicas, donde hay un genuino compartir en los niveles humano y espiritual (Const. 21). Unas Prioridades Misioneras claras (aquellos a quienes somos enviados) ayudan a clarificar nuestras Prioridades Apostólicas y nuestra actividad (lo que hacemos) y se convierten en el marco de referencia de cada Plan Apostólico y Proyecto de Vida Comunitaria.

29. Una vez aclaradas, las Prioridades Misioneras nos ofrecen criterios para las decisiones y para el proceso de toma de decisiones que incluye a todos los miembros de la familia Redentorista. Nos ayudarán a discernir el modo en el que decidimos acerca de los ministerios a través de los cuales vivimos nuestro carisma misionero. Nos darán criterios para la reconfiguración de la Congregación, y para la reestructuración interna, tan necesaria en cada Unidad. Nos darán mayor claridad en la promoción de la vocación misionera redentorista, y para el discernimiento de aquellos que son llamados a compartir el ministerio con nosotros, incluyendo a los laicos asociados. Y nos ayudarán a dar forma a nuestros procesos y programas de formación inicial y permanente.

30. Leyendo nuevamente las Constituciones y Estatutos a la luz del Evangelio, la enseñanza del Papa Francisco, y los “signos de los tiempos”, parece claro al Consejo General que la elección de prioridades debe comenzar con un discernimiento para determinar aquellos a los que somos enviados hoy (nuestras Prioridades Misioneras). El Estatuto General 09 deja claro que un criterio fundamental para nosotros continúa siendo el de buscar a aquellos “quiénes son los más privados de auxilios espirituales, sobre todo los pobres, los débiles y los oprimidos”. A los Redentoristas “no les es lícito hacerse sordos al clamor de los pobres y de los oprimidos”. Esta preferencia por las situaciones de necesidad pastoral, “y la opción por los pobres constituyen para la Congregación su misma razón de ser en la Iglesia y la contraseña de su fidelidad a la vocación recibida” (Const. 5).

31. Por esta razón, el diálogo entre el Cardenal Bergoglio y el Cardenal Hummes en el Cónclave de 2013 habla con tanta fuerza al corazón de los Redentoristas. Cuando se vio claramente que el Cardenal Bergoglio sería elegido para suceder al Papa Benedicto XVI, el Cardenal Hummes lo abrazó y le susurró, “No te olvides de los pobres”. El Papa Francisco explicó que este encuentro con el Cardenal Hummes lo llevó a elegir el nombre de “Francisco”, por el “hombre de la pobreza”. Cuando explicaba esto a los representantes de los medios de comunicación reunidos en Roma para el cónclave, entonces dijo Francisco: “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!” Este mensaje ha sido el corazón de su pontificado, y es también el corazón de nuestro carisma y vocación misioneras.

32. En los Estatutos Generales 09-15, la Congregación estableció los criterios generales para determinar a quienes somos enviados por el Redentor. Un punto fundamental de esta Communicanda es nuestro compromiso con los más abandonados y especialmente con los materialmente pobres (Const. 1). Es importante también considerar las declaraciones de los Capítulos Generales, que han prestado una atención especial a:

a. Los pobres, materialmente hablando;
b. La juventud y los jóvenes adultos;
c. Los migrantes, y aquellos que han sido afectados por los movimientos masivos de personas, incluyendo a aquellos que fueron abandonados;
d. Los que son víctimas del tráfico de personas;
e. Las víctimas de la violencia, el racismo y la intolerancia;
f. Los que han sido excluidos o están en las periferias de la sociedad, y muchas veces en los márgenes de la Iglesia;
g. África y Madagascar.

Prioridades Apostólicas

33. Una vez que hayamos aclarado las Prioridades Misioneras que determinan a qué personas somos enviados, podemos decidir acerca de nuestras Prioridades Apostólicas, lo que nos permitirá concretar elecciones acerca del servicio misionero y la actividad apostólica que podemos ofrecer a aquellos a los que somos enviados. Nuestras Prioridades Apostólicas nos ofrecen criterios para tomar decisiones acerca de nuestros ministerios específicos y concretos, lo que ofrecemos y cómo llegamos a aquellos a los que somos enviados, así como medidas para afirmar la efectividad de nuestro ministerio.

34. El 19° Capítulo General (1979) identificó la proclamación explícita de la Palabra como una Prioridad Apostólica de la Congregación. La tradición Redentorista de las misiones populares, así como la predicación extraordinaria en nuestros Santuarios y casas de retiro, son ministerios a través de los cuales se desarrolla esta Prioridad Apostólica. Es importante recordar que es comprendida por los Capítulos Generales como una forma privilegiada de evangelizar a los abandonados, especialmente a los pobres. Esta Prioridad Apostólica debe ser siempre evaluada a la luz de aquellos a los que somos enviados y aquellos a los que dirigimos nuestra predicación.

35. El 20° Capítulo General (1985) recordó a los Misioneros Redentoristas que un elemento constitutivo de nuestro ministerio evangelizador es la cercanía y solidaridad con aquellos a los que somos enviados. Se convierten en “interlocutores” (“asociados en el diálogo”) con nosotros en el ministerio de la evangelización. De esta manera, los Misioneros Redentoristas son ellos mismos evangelizados por aquellos a los que son enviados – Evangelizar y ser evangelizados por los pobres. El 25° Capítulo General enfatizó nuevamente esta dimensión, llamándonos a escuchar atentamente “al mundo herido”. La actitud de “escuchar” y de “ser evangelizados” debe ser una dimensión constitutiva de todas nuestras Prioridades Apostólicas.

36. Tanto el 24° como el 25° Capítulo General indicaron también la prioridad de nuestra tradición en la teología moral, en el espíritu de San Alfonso, que sirve a nuestra misión hacia los abandonados y a los pobres. En este sentido, la teología moral debe estar entre nuestras Prioridades Apostólicas, que determinan cómo servimos a aquellos a los que somos enviados. Esta tradición, especialmente por la formación de la conciencia, es relevante hoy como siempre lo ha sido. El bien común, la responsabilidad social, y la solidaridad, son temas importantes de la moral que resuenan entre los Misioneros Redentoristas. Estas preocupaciones también están claramente resaltadas en el mensaje y en la enseñanza del Papa Francisco.

37. Este proceso de discernimiento nos ayudará a concentrar nuestros recursos y energía, y a fortalecer nuestra identidad misionera. Así como cada Conferencia debe asumir este proceso, también este discernimiento debe ser llevado adelante en cada (Vice) Provincia, Región, Misión y, de hecho, en cada comunidad local. Este discernimiento guiará nuestra toma de decisiones para poder determinar qué ministerios fortalecer, y cuáles deben dejarse. Estos criterios también guiarán nuestras decisiones acerca de nuevas iniciativas, tanto en las Conferencias como en las Unidades. Ya que éste es un proceso de discernimiento, debe ser guiado por el Espíritu del Redentor, que continúa llamándonos y enviándonos hoy a la misión.

Tú, que eres mi hijo, fortalécete con la gracia de Cristo Jesús. Lo que oíste de mí y está corroborado por numerosos testigos, confíalo a hombres responsables que sean capaces de enseñar a otros. (2 Tim 2,1-2)

Prioridades Fundamentales para sostener y llevar adelante la Misión: Misión Compartida, Formación, Comunidad, Gobierno, Liderazgo y Administración
38. A pesar de que no son las preocupaciones principales de esta Communicanda, es importante considerar brevemente otras prioridades que son esenciales a nuestra misión en la actualidad.

39. Es muy importante recordar que las Prioridades Misioneras y Apostólicas no son las únicas prioridades esenciales para la Congregación. A fin de apoyar y sostener nuestra misión hoy en el mundo, es esencial que la misión compartida con los laicos y la promoción de la vocación misionera sea una prioridad en cada Unidad y en cada comunidad. Es también fundamental que tengamos los recursos suficientes, humanos y financieros, tanto como las estructuras, para garantizar que no solo podamos cumplir nuestra misión, sino que la podamos sostener en el tiempo. Estas Prioridades Fundamentales deben ser parte de todo plan apostólico.

Misión Compartida con los Laicos

40. La Misión Compartida con los hombres y mujeres laicos es esencial a la misión y al proyecto apostólico de la Congregación en el presente. Sin embargo, no es una “Prioridad Apostólica” en sí misma, sino más bien un medio para llevar adelante nuestras prioridades apostólicas más efectivamente. Comenzando con el 21° Capítulo General (1991), la Congregación del Santísimo Redentor reconoció oficialmente la importancia de la colaboración genuina con los hombres y mujeres laicos en la misión, con base en la asociación. El Capítulo estableció la categoría de “Misionero Laico del Santísimo Redentor” como uno de los medios formales de asociación entre la Congregación y los colaboradores laicos.

41. En la Communicanda 4 (1985), el P. Lasso brindó Líneas Generales para la colaboración con los laicos, así como Normas Generales para los Misioneros Laicos del Santísimo Redentor. Sobre la base de estas líneas guías y normas, y animados por los documentos subsiguientes, la Familia Redentorista ha continuado desarrollando nuestra misión compartida con los abandonados y los pobres.

42. El 25° Capítulo General ha afirmado esta dirección, y ha mandado al Consejo General y a cada Conferencia que integre más plenamente nuestra misión compartida con los laicos en toda su planificación pastoral. El Consejo General afirma que ésta es ahora una prioridad fundamental para la Congregación, en la que cada Conferencia y Unidad deben comprometerse y animar. El Secretariado General para la Evangelización, colaborando estrechamente con la Comisión para la Misión Compartida y el laicado, tanto a nivel General como a nivel de las Conferencias, ofrecerá posterior orientación y animación acerca de cómo integrar más plenamente esta prioridad en nuestra planificación pastoral.

Vocación y Formación de los Misioneros

43. El 25° Capítulo General insistió en que la promoción de la Vocación Misionera Redentorista debe ser una prioridad en la planificación apostólica de todas las Unidades y de cada comunidad local (Decisión 29). En la promoción de nuestra vocación misionera, se debe dar una atención especial a la promoción de la vocación del Hermano Redentorista. Quedó también claro en la Fase Canónica en Pattaya que esta promoción debe incluir la promoción de la vocación de los asociados laicos para la misión compartida con la Congregación (Decisión 11).

44. No podemos preparar un plan apostólico y de reestructuración viable y para implementar nuestras Prioridades Misioneras y para llevar adelante nuestros ministerios prioritarios sin promover nuestra vocación misionera en todos los niveles. Y, por supuesto, esto requiere que nos comprometamos tanto en la formación inicial como en la permanente para la misión (Decisiones 30 a 36). La promoción de la vocación misionera también requiere programas de formación inicial y permanente para preparar a los Misioneros Redentoristas y a los asociados laicos para la misión a la que somos llamados. La prioridad de este ministerio ha sido claramente afirmada por el 25° Capítulo General (Decisiones 30, 31, 11).

45. Esta Prioridad Fundamental será el foco central del Secretariado General para la Formación, en colaboración con la Oficina y la Comisión para la Misión Compartida con nuestros laicos asociados. A pesar de que no puede ser tratado extensamente en esta Communicanda, debe seguir siendo un foco de la renovación y revitalización de nuestra Congregación.

La vida de la Comunidad Apostólica dedicada a Cristo Redentor

46. Otra Prioridad Fundamental para nosotros en la planificación apostólica es nuestra vida en la Comunidad Apostólica. La vida comunitaria Redentorista y nuestra consagración al Redentor son preocupaciones importantes para toda la Congregación y generaron muchas discusiones en el 25° Capítulo General. A pesar de que el Capítulo no tomó muchas decisiones acerca de esta importante área de interés, se refleja tanto en el Mensaje como en las Decisiones 20-21. Ya no es posible “legislar” la auténtica Comunidad Apostólica. Sin embargo, la renovación de nuestra vida comunitaria es fundamental para la revitalización de la vida Apostólica.

47. Nuestro Plan Apostólico y de Reestructuración requieren que estas preocupaciones sean afrontadas a través de la Conferencia y en cada comunidad local, (Vice) Provincia y Región. Como mínimo, el Plan Apostólico y de Reestructuración deben tener en cuenta la necesidad de proveer personal y estructuras adecuadas para una vida comunitaria saludable.

48. Fieles a nuestro Carisma y al rol central que ocupa en las Constituciones la Comunidad Apostólica dedicada a Cristo Redentor (Const. 21,22), tomamos conciencia de que el testimonio de vida (Const. 7-11) es central para la proclamación de la abundante redención. Como afirmó el Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi:

“El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan -decíamos recientemente a un grupo de seglares-, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio” (67). San Pedro lo expresaba bien cuando exhortaba a una vida pura y respetuosa, para que si alguno se muestra rebelde a la palabra, sea ganado por la conducta (68). Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad”. (Evangelii Nuntiandi, 41)
49. En el mundo de hoy, el testimonio de nuestra vida comunitaria es quizás más significativo que nunca. Esto requiere el testimonio de un estilo de vida simple que contrasta con el excesivo materialismo y el consumismo con el que nos enfrentamos, un estilo de vida que es sensible al mundo creado que nos ha sido regalado y al que estamos llamados a cuidar.

50. La Comunidad Apostólica Redentorista, y el rol esencial de la comunidad en la aceptación y desarrollo de un trabajo misionero (Const. 21), es un criterio fundamental en la planificación pastoral en cada Conferencia. Como el P. Lasso, Superior General, escribió en la Communicanda 11 (1988): “La comunidad apostólica redentorista, en la que vivimos y trabajamos juntos, es en sí misma parte del contenido auténtico de nuestra proclamación profética y liberadora de la palabra de Dios a los abandonados, y especialmente a los pobres”.

51. Nuestra planificación apostólica debe también tener en cuenta la realidad presente de disminución de personal en muchas Unidades y Conferencias en la Congregación. La vida Comunitaria Redentorista requiere un número mínimo de cohermanos, – normalmente al menos tres – y hay que recordar que éste es un número mínimo. La experiencia muestra que incluso tres miembros a veces es insuficiente para una vida comunitaria saludable. En algunas Unidades esto se ha hecho muy difícil de lograr. Para ser realmente efectivo, cada plan apostólico debe considerar seriamente la necesidad de redistribuir el personal a través de los límites de nuestras (Vice) Provincias y Regiones, así como más allá de los límites de nuestras Conferencias. Esta redistribución requerirá la cuidadosa preparación de comunidades internacionales e interculturales.

52. Como el Capítulo General declaró claramente, la reconfiguración debe ser en favor de nuestra presencia misionera, incluyendo especialmente nuevas iniciativas misioneras, y no al servicio del mantenimiento de antiguas estructuras y casas, algunas de las cuales ya no son efectivas hoy para la misión. Al mismo tiempo, cada Plan Apostólico debe tener en cuenta el cuidado de los cohermanos ancianos y enfermos.

53. En virtud de nuestra profesión misionera, nuestros cohermanos mayores y enfermos son parte integrante de nuestra Comunidad Apostólica y de nuestro servicio misionero (Const. 55). Como el P. Tobin, Superior General, nos recordaba en la Communicanda 3, n. 4, 2000: “El mayor reto de los redentoristas ancianos, sin embargo, no consiste en atender sus problemas de salud, sino en vivir su consagración religiosa, especialmente cuando se ven obligados a disminuir, o incluso a suspender, sus normales actividades pastorales. En esta etapa de la vida, redefinir o reformular la identidad como misionero puede poner en crisis la propia autoestima”.

Gobierno, Liderazgo y Administración

54. Tampoco se puede sostener la misión de la Congregación sin buen gobierno, liderazgo, y administración responsable de nuestros recursos, para que puedan servir a nuestro Plan Apostólico y de reestructuración, como Congregación, como Conferencias y en cada Unidad. Esto es especialmente importante en un período de disminución. Como se reflejó en las decisiones del 25° Capítulo General, el Gobierno General, las Conferencias y los Superiores (Vice) Provinciales afrontarán también estas áreas de especial preocupación a lo largo del sexenio.

PARTE III: CRITERIOS

Criterios para el Plan Apostólico y de Reestructuración de las Conferencias

55. A fin de revitalizar la Vida Apostólica de la Congregación y de profundizar nuestra identidad misionera en el presente, el 25° Capítulo General estableció que el Gobierno General debía continuar el proceso de reestructuración con todas sus implicaciones, guiado por los Principios de Reestructuración y Solidaridad Misionera (Decisiones 1, 2, 3). El Gobierno General también recibió el mandato de producir criterios en base a los cuales cada Conferencia desarrollará un Plan Apostólico para su implementación (Decisiones 5 y 6). Para llevar adelante este mandato del Capítulo General, el Gobierno General ha instruido a cada Conferencia a fin de que establezca una Comisión Especial que colaborará en esta tarea. Para hacer esto, el Gobierno General ofrece los siguientes criterios y proceso para asistir a estas Comisiones y a toda la Congregación en esta tarea crucial.

Criterios para las Prioridades Misioneras: ¿A QUIÉNES SOMOS ENVIADOS?
56. Como se ha dicho antes en esta Communicanda (ver el parágrafo 23, más arriba), las Prioridades Misioneras responden a la pregunta: ¿A quiénes somos enviados? Designan a las “personas a las que debemos evangelizar” (Estatutos Generales, Art. 1). En los siguientes párrafos, consideraremos las principales fuentes de nuestra tradición Redentorista a fin de determinar a quiénes somos enviados por el Redentor.

57. Enraizados en la misión del Fundador, San Alfonso, estas Prioridades Misioneras están ya articuladas en nuestras Constituciones (cf. 3-6) y Estatutos (009-015). Claramente estos textos merecen nuestra cuidadosa atención mientras la Congregación se embarca en este proceso. Cada cohermano debería leer y considerar nuevamente estos textos. Es claro que el principal criterio es nuestro llamado a ir en búsqueda de los pobres y los abandonados (EG 009). Esta es la contraseña de la fidelidad a nuestro carisma. Este mandato nos dirige hacia la “liberación y salvación de toda la persona humana… promoviendo sus derechos fundamentales de justicia y libertad” (Const. 5).

58. Desde la renovación de nuestras Constituciones mandada por el Concilio Vaticano II, los Capítulos Generales han consistentemente articulado grupos particulares que son designados como “prioritarios” para nuestra actividad misionera:

a. Los que son materialmente pobres;
b. La Juventud y los Jóvenes Adultos;
c. los migrantes, y aquellos que son afectados por los movimientos masivos de personas, incluyendo a aquellos que son abandonados;
d. Las víctimas del tráfico de personas;
e. Víctimas de violencia, racismo e intolerancia;
f. África y Madagascar.

59. Estas declaraciones de los Capítulos Generales enfatizan algunos grupos que tienen una necesidad mayor de nuestra misión de evangelización en el presente. Y nos ofrecen criterios importantes en este momento de nuestra historia en el que la Congregación y cada Conferencia determinan nuestras Prioridades Misioneras.

60. Al mismo tiempo, nuestras Constituciones y Capítulos Generales nos llaman a discernir los “Signos de los tiempos” y a escuchar atentamente el grito del mundo bajo la guía del Espíritu Santo. En particular, el 25° Capítulo General nos pide que profundicemos nuestra solidaridad con el “mundo herido” en el que estamos actualmente inmersos.

61. Fieles a nuestro Carisma, en cada generación debemos discernir las Prioridades Misioneras a las cuales estamos llamados a responder, muy atentos a los criterios ofrecidos por las Constituciones y Estatutos, los Capítulos Generales, y los “signos de los tiempos”. De esta manera, nuestra misión se hará carne en la solidaridad con el mundo herido en el que estamos llamados a servir y a ejercer nuestro ministerio en cada Conferencia.

Criterios para las Prioridades Apostólicas: ¿QUÉ HACER? ¿CÓMO REALIZAR ESTA MISIÓN?
62. Nuestras Prioridades Apostólicas guiarán nuestro proceso hacia el Plan Apostólico y de Reestructuración ayudándonos a contestar las siguientes preguntas: ¿Qué somos enviados a hacer hoy? ¿Cómo realizamos esta misión aquí y ahora? No podemos responder a cada necesidad, y no estamos llamados a ejercer cada posible ministerio. Debemos hacer opciones y tomar decisiones. Los criterios para estas elecciones se toman de las fuentes que ya conocemos bien.

63. Ante todo, dirigimos la atención hacia nuestras Constituciones (cf. 7-17a) y Estatutos (cf. 016-024). El criterio principal que encontramos para ayudarnos a discernir nuestras Prioridades Apostólicas es la cercanía a las personas a las cuales somos enviados, llegando a ser un testimonio vivo a través de la vida y la caridad, para que el Señor pueda abrir la puerta para el anuncio explícito y efectivo del Evangelio. Somos bendecidos para el ministerio de la reconciliación y para fortalecer y desarrollar comunidades Eucarísticas. Estos criterios deben hacerse efectivos en nuevas iniciativas, misiones populares, parroquias, ejercicios espirituales y retiros, promoviendo la justicia y el progreso humano, comunicaciones, la teología moral y todo ministerio que se nos confía, para que llegue a ser verdaderamente misionero.

64. Los últimos Capítulos Generales han ofrecido también importantes indicaciones para establecer los criterios para nuestras Prioridades Apostólicas. Entre otros, nos ofrecen estos criterios para determinar prioridades:

a. Proclamación extraordinaria y explícita de la Palabra;
b. Santuarios e Iglesias como lugares de acogida y encuentro;
c. La teología moral y la formación de la conciencia;
d. Asociación plena y en pie de igualdad con hombres y mujeres laicos;
e. Comunicaciones y Medios;
f. Pastoral Social y Desarrollo Humano;
g. Justicia y Paz, y la integridad de la Creación;
h. Pastoral Juvenil y Vocacional Redentorista.

65. A pesar de que a primera vista podría parecer que estos criterios podrían justificar o racionalizar cualquier actividad pastoral en el que estamos involucrados, es importante que apliquemos estos como un todo – en el Espíritu del Evangelio y de las Constituciones, y teniendo siempre en cuenta a aquellos a los que somos enviados. Las Prioridades Apostólicas deben estar al servicio de nuestras Prioridades Misioneras, aquellos a los que somos enviados.

66. Nuevamente, el discernimiento de los “signos de los tiempos” es esencial para el discernimiento de nuestras Prioridades Apostólicas. En un mundo herido que parece polarizarse y dividirse cada vez más, nuestra Congregación ha discernido un llamado urgente a la Solidaridad. Hoy, quizás más que nunca, somos llamados a una mayor solidaridad al servicio de la misión. Esta llamada requiere solidaridad entre nosotros como Congregación mundial, y también nos desafía a una solidaridad más honda y profunda con los abandonados y los pobres. También hemos presenciado la diferencia positiva que logra dicha solidaridad cuando es vivida con integridad y transparencia.

Criterios para el Plan Apostólico: ¿DÓNDE Y CÓMO NOS IMPLICAMOS EN ESTE APOSTOLADO?

67. El 25° Capítulo General decidió que el Gobierno General inicie el proceso de planificación apostólica ofreciendo criterios para nuestra misión en el mundo de hoy. El Gobierno General animaría entonces a las Conferencias a preparar su Plan Apostólico usando estos criterios, atentas al mundo herido en el que viven. Este Plan Apostólico será implementado luego en cada Conferencia, con implicaciones para cada (Vice) Provincia, Región, Misión y comunidad local. Nuevamente, es importante volver a las fuentes para entender los elementos esenciales del proceso de planificación.

68. Nuestras Constituciones (cf. 17b, 18, 19) y Estatutos Generales (cf. 025) nos ofrecen indicaciones muy claras acerca de cómo debe llevarse adelante este proceso de planificación e implementación. En primer lugar, las decisiones deben ser tomadas en común, en Asambleas y Capítulos, y guiadas por el Gobierno General. La evaluación a plazos regulares es importante. La colaboración con la Iglesia local y universal, y sus programas pastorales, deben ser tenidas en cuenta. Nuestras Constituciones y Estatutos enfatizan que nuestra planificación apostólica nunca es algo individual que los cohermanos hacen aisladamente. Es un ejercicio de la comunidad como “Un Cuerpo misionero”. Este proceso debe involucrar a la Conferencia, a la Unidad, y a la comunidad local, trabajando juntos con complementariedad y colaboración. De la misma manera, asambleas regularmente llevadas a cabo y otras reuniones podrán ayudar a facilitar este proceso y a asegurar que verdaderamente sea un discernimiento de la comunidad

69. Podemos escuchar también la llamada del Espíritu al discernimiento comunitario en las decisiones de los recientes Capítulos Generales. En 1979, el 19° Capítulo General decidió que cada (Vice) Provincia discerniría sus Prioridades Apostólicas y las presentaría al Gobierno General para su aprobación. En 1997, el 22° Capítulo General mandó que cada comunidad local preparase un Proyecto de Vida Comunitaria (PVC), que contendría también su plan pastoral para esa comunidad. En el 2009, el 24° Capítulo General reestructuró la Congregación en cinco Conferencias para un “más amplio discernimiento”, y se requirió a cada Unidad que evaluara sus Prioridades Apostólicas a la luz de las prioridades apostólicas de la Conferencia. En el 2016, el 25° Capítulo General decidió que cada Conferencia desarrolle un Plan Apostólico basado en los criterios ofrecidos por el Gobierno General (Decisión 5), con una aplicación especial a las Conferencias de Europa y América del Norte (Decisión 6).

70. El criterio principal ofrecido por el último Capítulo General es el discernimiento comunitario como un cuerpo misionero, animado por el Gobierno General, y coordinado por las Conferencias y los Coordinadores. Una parte importante de este discernimiento comunitario es la atención esmerada a nuestra situación real a través de toda la Congregación: la lectura de los “signos de los tiempos”. El Consejo General cree que el Documento de Trabajo y el Informe del Superior General al 25° Capítulo General ofrecen información valiosa y una reflexión acerca de la situación de la Congregación en la actualidad.

Criterios para el Proceso de Reestructuración y reconfiguración de la Congregación

71. En orden a poder responder efectivamente al desafío de desarrollar los criterios necesarios que asistirán al desarrollo y a la implementación del Plan Apostólico de cada Conferencia, es necesario incluir criterios para continuar el proceso de reestructuración para la misión tal como fue mandado por el 25° Capítulo General. Involucrarán la reconfiguración de las Unidades y Conferencias de la Congregación, y requerirán también un diálogo Inter-Conferencial.

72. Es importante enfatizar que el proceso de reestructuración es para la misión, para que pueda volver a despertar y fortalecer nuestra identidad misionera, y para enviarnos a una disponibilidad misionera a través de toda la Congregación. Nuestro objetivo es el de fortalecer las Provincias y el de ofrecer estructuras para una mayor libertad y agilidad en el servicio a nuestra misión hacia los abandonados y los pobres. No buscamos preservar o mantener estructuras establecidas o casas que ya no responden efectivamente a nuestra vocación misionera. Como la Decisión 1.2 del 24° Capítulo General nos recuerda, “No todo proyecto apostólico, por loable que éste sea en sí mismo, puede ser reconocido como expresión de nuestras Prioridades Misioneras (cf. Consts. 13-17)”. Mientras que dicha reestructuración y reconfiguración puede crear una sensación de miedo o inseguridad entre algunos de nosotros, es desafiante y entusiasmante, revitalizando nuestro dinamismo misionero y abriéndonos a nuevas posibilidades.

73. Junto con los criterios que encontramos en nuestras Constituciones y Estatutos, y la prioridad dada a este proceso en los anteriores Capítulos Generales, el 24° y 25° Capítulo General nos han dado claros criterios y principios guías. Estos merecen nuestra atención y reflexión orante como individuos y comunidades. Han sido nuevamente articulados en las Decisiones de los Documentos finales del 25° Capítulo General, Fase II, noviembre de 2016 (Decisiones 1-6).

74. Entre otros, estos criterios para la reestructuración incluyen:

a. Los Principios de la Reestructuración y de la Solidaridad Misionera (Decisión 2, 25° Capítulo General);
b. Participación de las Unidades, por el bien de la misión (Decisión 1, 25° Capítulo General);
c. Provincias más fuertes y más ágiles, Viceprovincias, Regiones y Misiones, que puedan implementar efectivamente las Prioridades Apostólicas;
d. Los criterios articulados en el EG 088 acerca del número mínimo de cohermanos y comunidades, así como la estabilidad financiera;
e. Dinamismo y libertad misioneros, que llevan a una “disponibilidad misionera” (C. 14-15);
f. Creación de Comunidades Apostólicas Interculturales, preparadas para implementar las Prioridades Apostólicas y el Plan Apostólico, así como un Proyecto de Vida Comunitaria;
g. “Formación común” que implementa las Decisiones acerca de la Formación del Consejo General (10 de abril de 2015);
h. Promoción de vocaciones misioneras; incluyendo los misioneros laicos y asociados;
i. Requerimientos de la formación para la misión (Decisión 30, 25° Capítulo General);
j. Preparación de formadores suficientes y adecuados;
k. Colaboración genuina con los asociados laicos en la misión como activos compañeros de trabajo y participantes en la vida apostólica de la Congregación (Decisión 60a, 21° Capítulo General; Decisión 11, 25° Capítulo General);
l. Liderazgo y Administración efectivos.

PARTE IV: COMISIÓN DE LA CONFERENCIA PARA EL PLAN APOSTÓLICO Y DE REESTRUCTURACIÓN

75. Los Criterios mencionados más arriba – para las Prioridades Misioneras, las Prioridades Apostólicas, el Plan Apostólico, el Plan de Reestructuración – seguirán el siguiente proceso para desarrollar el Plan Apostólico y de Reestructuración de cada Conferencia.

76. Para asistir al proceso de desarrollar un Plan Apostólico y de Reestructuración para cada Conferencia, el Consejo General ha mandado que se designe una comisión especial con este fin. Estará compuesta por el Coordinador de la Conferencia y el Consultor o consultores de cada Conferencia, con al menos dos miembros propuestos por la Asamblea de la Conferencia en 2017, y designados por el Coordinador y su Consejo.

77. Estas Comisiones ya han comenzado su trabajo en cada Conferencia siguiendo a la Tercera Fase del 25° Capítulo General y la Asamblea. Cada Comisión debe preparar una propuesta para las Prioridades Misioneras y Apostólicas de la Conferencia, que será presentada a la Asamblea de la Conferencia en el 2018. Para preparar esta propuesta, cada Comisión llevará a cabo un exhaustivo análisis del “mundo herido” de la Conferencia. Para guiar este análisis, la Comisión usará los criterios propuestos en esta Communicanda.

78. Cada Comisión preparará también una propuesta para la reestructuración y reconfiguración de las Unidades de la Conferencia, y para la misma Conferencia, que será presentada también a la Asamblea de la Conferencia en 2018. Para preparar esta propuesta deberá llevar adelante un análisis de la situación y el dinamismo misionero de cada Unidad de la Conferencia, con la cooperación de las Unidades, y usando los criterios para la reestructuración ofrecidos en esta Communicanda.

79. En cada Asamblea de la Conferencia en 2018, estas propuestas serán discutidas y revisadas. Serán entonces la base para preparar un borrador del Plan Apostólico y de Reestructuración que será presentado en la Asamblea de la Conferencia de mitad del sexenio en 2019. En esa Asamblea, la Conferencia discutirá, revisará y adoptará el plan. Entonces será presentado al Gobierno General para su aprobación. Si es aprobado, el Gobierno General iniciará la implementación en la Conferencia, en coordinación con el Coordinador de la Conferencia y las Unidades de la Conferencia.

80. Ya que formamos una Congregación, y un cuerpo misionero, el Consejo General espera que estos planes también se refieran a trabajo Inter-Conferencial en red. Los Consejeros Generales y los Coordinadores asegurarán que este trabajo en red se realice, y cuando sea necesario, faciliten la reunión de las Comisiones de la Conferencia para posterior reflexión, discusión y planeamiento.

CONCLUSIÓN: ABRAZANDO EL FUTURO CON ESPERANZA COMO UN CUERPO MISIONERO

Los redentoristas, como hombres apostólicos e hijos genuinos de san Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su palabra, y por la abnegación de sí mismos se mantienen disponibles para todo lo arduo a fin de llevar a todos la redención copiosa de Cristo. (Const. 20)

81. El 25° Capítulo General reconoció que la Congregación, y toda la Familia Redentorista, vive un momento crítico en su vocación misionera. Enfrentando los desafíos de la evangelización en el presente, y plenamente conscientes de nuestros recursos limitados, Dios nos llama a dar testimonio de Jesús Redentor en nuestro mundo herido con coraje y esperanza – y a hacerlo juntos, con un renovado espíritu de comunión y solidaridad. Por esta razón, el Capítulo General nos dio este tema inspirador y dinamizante: Testigos del Redentor: Solidarios para la Misión en un mundo herido. ¡Ojalá escuchemos en este tema el llamado de Dios a renovar y revitalizar nuestra Vita Apostolica para el presente!

82. Sin embargo, el Capítulo General quiso evitar el peligro de que nuestro tema quede sólo en palabras. También ha mandado que respondamos con acciones muy concretas. Cada Conferencia debe desarrollar un Plan Apostólico basado en claras Prioridades Misioneras y Apostólicas, y continuar el proceso de reestructuración, para el bien de esta misión. El Consejo General, en colaboración con la Tercera Fase del Capítulo General, ha determinado que este Plan Apostólico y de Reestructuración sea desarrollado y presentado para su aprobación en las reuniones de mitad de sexenio. De esta manera, cada Conferencia podrá comenzar la implementación de este plan en 2019.

83. Reconocemos que comprometernos totalmente en este proceso sin conocer todavía todas sus implicaciones puede inspirar temor. Parece claro que el Señor nos llama a salir de nuestras zonas de confort y de nuestra realidad presente para entrar en un futuro que todavía no está claro. Esto pide una nueva disponibilidad misionera en la Congregación, y en cada cohermano y comunidad local. Demanda una renovada solidaridad con los abandonados y los pobres de nuestro mundo herido. Nos desafía a una nueva comunión con el “mundo herido” (ver Laudato si’). De muchas maneras, los “signos de los tiempos” nos muestran claramente que Dios está activo y vivo entre nosotros, moviendo nuestros corazones para abrazar esta visión y embarcarnos en una travesía juntos – cohermanos y misioneros laicos, Hermanas y asociados, y todos los que comparten nuestro carisma misionero.

84. Esta Communicanda ofrece criterios para guiarnos en nuestra común travesía. Sin embargo, el Consejo General sabe que esto no nos protegerá de errores, desvíos, y quizás algunos senderos sin salida a lo largo del camino. Esta fue también la experiencia de San Alfonso, de San Clemente, y de tantos otros. Como ellos, aprenderemos de nuestras experiencias. Como un cuerpo misionero, estamos comprometidos en un proceso de discernimiento guiado por el Espíritu Santo mientras escuchamos atentamente al mundo herido y a cada uno de nosotros. El Espíritu Santo nos llama hoy a dejar nuestras zonas de confort, planes y proyectos, para que podamos dar la bienvenida al plan de Dios entre nosotros. Como María, nuestro Perpetuo Socorro que también nosotros podamos responder: “Somos testigos del Redentor. Que se haga en nosotros según tu Palabra”. Mientras abracemos con esperanza esta Palabra, descubriremos vida nueva y abundante.

85. Que Dios, quien nos ha llamado a seguir al Redentor, nos guíe con el poder y la gracia del Espíritu Santo. Que San Alfonso y todos nuestros santos, mártires y cohermanos beatos y santos nos acompañen en la travesía, y que nos inspiren a través de su ejemplo y oraciones. Les ofrezco estas reflexiones en el nombre y de parte del Consejo General. ¡Sigamos rezando y caminando juntos!

Su hermano en Cristo Redentor,

Michael Brehl, C.Ss.R.

Roma, a 9 de noviembre de 2017
Día de la Fundación de la Congregación

Portada y Contraportada Communicanda 1 ES 2 PDF

Communicanda 1 – REVITALIZAR NUESTRA VITA APOSTOLICA – ES PDF